Filtro por tipo noticia:
  Que contenga las palabras
 

PRÓLOGO: 1 - LIBREPENSAMIENTO

Publicado 12/07/2017 22:31:06  | LA EDUCACIÓN CUÁNTICA -Segunda edición-


Cogito

PARTE 1 DEL PRÓLOGO DELA EDUCACIÓN CUÁNTICA (Próxima publicación: julio 2017)


El título de esta obra bien puede pasar por una película de Stanley Kubrick. Este director de cine tenía un control total sobre sus películas para lograr una coherencia artística, y del mismo modo lo intento con mis pensamientos. Kubrick innovó en el empleo de bandas sonoras que dirigió. Como él, soy yo quién toca la melodía de mis pensamientos en un alarde de ser un librepensador. Las películas de Kubrick incorporaban sus propios intereses culturales. Mi sistema filosófico, por supuesto, incorpora también los míos como la economía, la política, la sociología, la psicología, la filosofía y la espiritualidad, todos ellos sustratos intelectuales para comprender este complejo mundo que nos ha tocado vivir. Como Kubrick, reflexiono sobre el hombre y su lucha constante con su entorno, ya sea físico, social, psicológico o metafísico. En definitiva, tanto Kubrick como yo buscamos un perfeccionismo casi imposible.

Es así como, después de varias obras publicadas, me asomo a La educación cuántica en este ensayo. Para estar de acuerdo con los presupuestos planteados en este libro, es requisito casi imprescindible haber asimilado mi sistema filosófico, disponible en la obra Capitalismo y conciencia (Martos, 2012). De lo contrario, lo más fácil, por ignorancia cognitiva sobre mis pensamientos, se podría banalizar no solo con el título, sino también con el contenido sin prestarse mínimamente a profundizar sobre su constructo intelectual.

Soy consciente que filosofar se ha convertido en un pensamiento complejo (Morin, 1994) en orden a tener una comprensión del mundo como sistema entrelazado. Esa complejidad, la expresa certeramente el filósofo francés Edgar Morin al decir que “se trata de enfrentar la dificultad de pensar y vivir en la búsqueda de soluciones a los problemas contemporáneos y la construcción del futuro”. En dicho objetivo está escrita La educación cuántica, como revulsivo cognitivo desde la filosofía transpersonal para aportar algo de luz en esta sombría caverna platónica donde se halla la humanidad. Habiendo realizado las advertencias previas sobre mis intenciones teoréticas emulando a mi admirado Descartes, es pertinente entrar en los contenidos que justifiquen al concepto de “educación cuántica” como título de esta obra.


René Descartes (1596-1650): “Para alcanzar la verdad, es necesario, una vez en la vida, desprenderse de todas las ideas recibidas, y reconstruir de nuevo y desde los cimientos todo nuestro sistema de conocimientos”


BIBLIOGRAFÍA:

Martos, Amador. Capitalismo y conciencia. Madrid: Bubok Publishing, 2012.

Morin, Edgar. Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa, 1994.



PRÓLOGO: 2 - TRANSCENDIENDO A LA MODERNIDAD

Publicado 12/07/2017 22:29:22  | LA EDUCACIÓN CUÁNTICA -Segunda edición-


Transcendiendo a la modernidad

PARTE 2 DEL PRÓLOGO DELA EDUCACIÓN CUÁNTICA (Próxima publicación: julio 2017)

La racionalidad humana, nacida en la era moderna a partir del primer renacimiento humanístico, está tocando fondo en su especulación científica: la física cuántica no puede ir más allá en su investigación sin tener en cuenta a la conciencia del observador; del mismo modo, la teoría de cuerdas postula otras dimensiones inaccesibles a nuestros sentidos pero que rayan con planteamientos filosóficos y espirituales. La conciencia y su expansión a otras dimensiones, parecen ser las consignas epistemológicas que brotan desde la ciencia, todo un acercamiento de la racionalidad pragmática (objeto) a la racionalidad espiritual (sujeto). Por otro lado, esa racionalidad humana ha caído presa del pragmatismo utilitarista fomentado por el sistema capitalista de producción, causando ello el actual colapso civilizatorio tanto en la biosfera como en la noosfera; del mismo modo, la espiritualidad de la humanidad secuestrada por las religiones, se está degradando inexorablemente por el anacronismo de sus dogmas, amén de los escándalos económicos y sexuales de la Iglesia Católica. Por todo ello, por la carencia de completitud del materialismo científico, por la fragmentación del ego durante la postmodernidad, y por la inutilidad de las religiones como causa explicativa del más allá, el mundo se halla ante un colapso social, mental y espiritual, y requiere urgentemente de un revisionismo epistemológico tal como pretende La educación cuántica.

Así, el concepto “educación cuántica” hay que situarlo dentro de ese complejo contexto socio-espiritual y obedece a una nueva mirada de la erudición que ya no centra su atención en el objeto, sino en la conciencia humana como lo acreditan diversas áreas de la ciencia que, inapelablemente, remiten a la rehabilitación de la filosofía perenne . Las categorías científicas están convergiendo en la ciencia por excelencia, a saber, la ciencia de la conciencia. Y en ese campo, la filosofía transpersonal desarrollada por el filósofo Ken Wilber (2005) y la psicología transpersonal como la “cuarta fuerza” de la psicología, están ganando enteros para su reconocimiento académico. Es en este ámbito de investigación donde mis publicaciones Pensar en ser libre (Martos, 2010) y Capitalismo y conciencia (Martos, 2012b) tienen razón de ser, lo cual me permite entrar en materia científica para demostrar cómo, desde la investigación empírica (1), se están dando más que razones para poder afirmar que la mente humana está conectada cuánticamente con el universo (Garnier, 2012), con quién interactúa al modo que ya dijo Platón: “La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma entorno al Ser”. Sin pretender ser petulante, recomiendo como punto de arranque en la investigación de la conciencia mi publicación en el Journal of Transpersonal Research La evolución de la conciencia desde un análisis político, social y filosófico-transpersonal (Martos, 2012a) también insertada a modo de corolario en la citada obra Capitalismo y conciencia .


BIBLIOGRAFÍA:

Garnier, Jean-Pierre. Cambia tu futuro por las aperturas temporales. España: Reconocerse, 2012.

Martos, Amador (2012a). La evolución de la conciencia desde un análisis político, social y filosófico transpersonal . Pág.47 a 68, Madrid: Journal of Transpersonal Research, Vol. 4 (1). ISSN: 1989-6077.

Martos, Amador. Capitalismo y conciencia. Madrid: Bubok Publishing, 2012b.

Wilber, Ken. Sexo, Ecología, Espiritualidad. Madrid: Gaia Ediciones, 2005.


NOTA:

(1) El sentido de Journal of Transpersonal Research es el de promover, reunir y difundir el estudio de la investigación en psicología y psicoterapia transpersonal, así como cualquier campo de estudio relacionado con éste. Esta iniciativa surge desde el ámbito de la psicología académica, para conseguir una serie de objetivos en el estudio de lo transpersonal, como son:

-Continuar el objetivo de estudio serio y científico, con que nació esta disciplina.

-Generar y aumentar la investigación experimental y empírica (tanto cualitativa como cuantitativa), en psicología y psicoterapia transpersonal.

-Ampliar la investigación transpersonal a disciplinas afines y relacionadas con ella, sin ser propiamente llamadas “transpersonales”.

-Dar a conocer más la psicología transpersonal en la psicología académica, a través de la inclusión de esta revista en las bases de datos y directorios académicos nacionales e internacionales.

-Publicar las investigaciones más relevantes que se están llevando a cabo en lengua castellana.

El interés principal de esta revista es la publicación de investigaciones experimentales y empíricas (cuantitativas/cualitativas), para contribuir a la integración de lo transpersonal en la psicología académica.

Todos los artículos publicados en esta revista versan sobre la ciencia e investigación transpersonal, concretamente en la disciplina de psicología, aunque también tienen lugar los trabajos de otras disciplinas del conocimiento que se relacionen con la psicología y/o la psicoterapia a través de su dimensión transpersonal.

El objetivo de esta revista es la difusión, presentación y discusión de la nueva investigación generada, tanto a nivel teórico como experimental (especialmente éste último), en materia de psicología transpersonal, así como cualquier saber relacionado con el dominio transpersonal de la persona.

El público al que está dirigida esta revista, es todo aquel interesado en la investigación de la dimensión espiritual del ser humano, como parte constituyente del mismo, junto con la biológica, psicológica y social.

Journal of Transpersonal Research está avalado por el Departamento de Filosofía, Universidad Autónoma de Barcelona (España), el East West Psychology Department, CIIS, San Francisco, California (U.S.A.) y por el Departamento de Didáctica y Teoría de la Educación, Universidad Autónoma de Madrid (España).



PRÓLOGO: 3 - HACIA UNA NUEVA COSMOVISIÓN

Publicado 12/07/2017 22:28:22  | LA EDUCACIÓN CUÁNTICA -Segunda edición-


Hacia una nueva cosmovisión

PARTE 3 DEL PRÓLOGO DELA EDUCACIÓN CUÁNTICA (Próxima publicación: julio 2017)

Dicha erudición filosófica, ahora, tiene que ser corroborada mediante una renovada visión de la ciencia y la espiritualidad, y a ello vamos a dedicar la presente obra. La filosofía y luego las ciencias, han trabajado arduamente para despejar bastantes incógnitas sobre el conocimiento del sentido de la vida, sin embargo, dicha cuestión para nada está resuelta como acredita el actual declive civilizatorio. La humanidad necesita repensarse a sí mismo: hay una crisis de valores morales por encima de la crisis económica y política. Socialmente, ese repensar colectivo es un incipiente paradigma que se está abriendo paso gracias al movimiento altermundista representado por el Foro Social Mundial, para hacer de contrario, en términos de Heráclito, al pensamiento único neoliberal. Pero filosófica y psicológicamente, es el movimiento “transpersonal”, un paradigma surgido como “cuarta fuerza” de la psicología, quien aporta las bases epistemológicas para hacer frente al caduco pensamiento occidental. La racionalidad pragmática inserta en este depredador capitalismo es un cáncer para las relaciones humanas. El infinito crecimiento económico y la competencia desleal, ambos incentivados por el imperialismo de unos pocos estados mediante las guerras, esclaviza al resto de la humanidad en la más absoluta miseria, pobreza e ignorancia, impidiendo con ello dar un sentido coherente a la vida. Es imperativa una reprogramación de la intelectualidad humana, tesitura que están intentando diversos científicos y pensadores, entre los que me incluyo.

Mi propuesta es que el “sesgo moral” es más importante que el “sesgo científico”, secuestrado este por los poderes fácticos, y haciendo cierto con ello el aforismo anticipado por Aristóteles: “El saber es poder”. Así, las eufemísticas democracias, en realidad, se hallan bajo una plutocracia donde Los amos del mundo ejercen un terrorismo financiero (Navarro, 2012). Hay un racionalismo pragmático desde los poderes fácticos que se sustenta en el secuestro del saber y la democracia (Rubiales, 2005) así como los medios de información (Chomsky, 2002), al servicio ello de un depredador capitalismo. La irremediable consecuencia es que la moralidad ha sido ajada, deviniendo entonces en una “modernidad líquida” al decir del sociólogo Bauman (2007) para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin valores demasiado sólidos, en la que la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos. Lo que antes eran nexos potentes, ahora se han convertido en lazos provisionales y frágiles. En palabras de Marx, sería la perdida de la conciencia de clase.


BIBLIOGRAFÍA:

Bauman, Zigmunt. Tiempos líquidos. Barcelona: Tusquets, 2007.

Chomsky, Noam. Cómo nos venden la moto.Información, poder y concentración de los medios. Barcelona: Icaria editorial, 2002.

Navarro, Vinçens. Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero. Barcelona: Espasa libros, 2012.

Rubiales, Francisco. Democracia secuestrada. Córdoba: Almuzara, 2005.



PRÓLOGO: 4 - UN NUEVO PARADIGMA DE PENSAMIENTO

Publicado 12/07/2017 22:26:56  | LA EDUCACIÓN CUÁNTICA -Segunda edición-


Un nuevo paradigma de pensamiento

PARTE 4 DEL PRÓLOGO DELA EDUCACIÓN CUÁNTICA (Próxima publicación: julio 2017)

Sin embargo, el dominio de la racionalidad pragmática está puesta seriamente en duda por la racionalidad espiritual (obsérvese nuevamente los contrarios propuestos por Heráclito), presente en los despectivamente llamados “místicos cuánticos”, todo un cambio de paradigma en el modo de pensar pero que los materialistas científicos reniegan de su reconocimiento, por el puro ego de creer estar en la verdad, un error epistemológico de hondo calado filosófico.

La educación cuántica, en dicha significación, es una cruzada intelectual en toda regla que solo busca sanar un ego desorientado: las conciencias individuales han sido fragmentadas en su ego por el sistema capitalista, a la vez que han sido disociadas de la colectividad, viviendo así en una “hiperrealidad”, un concepto para describir la forma en que la conciencia define lo que es verdaderamente “real” en un mundo donde los medios de comunicación pueden modelar y filtrar de manera radical la manera en que percibimos un evento o experiencia. Con el desarrollo de Internet y las nuevas tecnologías se pueden crear, casi literalmente, nuevos mundos de los que, en cierto sentido, se puede decir que no necesitan de la materia prima del mundo real para existir e interactuar. Según Baudrillard (2005), uno de los expertos más famosos en hiperrealidad, los bienes de consumo adquieren un valor de signo, es decir, que indican algo sobre su poseedor en el contexto de un sistema social. Este consumismo, por su dependencia del valor de signo, es un factor que contribuye en la creación de la citada hiperrealidad. La conciencia es engañada, desprendiéndose de cualquier compromiso emocional verdadero al optar por una simulación artificial. La satisfacción y la felicidad se hallan, entonces, a través de la simulación e imitación de lo real más que a través de la realidad misma. Ese “yo”, fragmentado en miles de imágenes como reflejo del ser interno, es recogido por la psicología postmoderna en el intento de reconstrucción del “yo” egoísta e individualista mediante medicamentos psiquiátricos y técnicas de relajación. Pero, en esencia, se ha obviado que ese “yo” ha sido disociado del “nosotros”, siendo esta disociación la causa de los males de nuestra civilización actual. Consecuentemente, se necesita imperativamente un bálsamo de sabiduría perenne para recuperar el auténtico sentido de la vida, que no es otro que la compasión y el amor.

BIBLIOGRAFÍA:

Baudrillard, Jean. Cultura y simulacro. Barcelona: Kairós, 2005.



PRÓLOGO: 5 - VIVIR, PENSAR, AMAR

Publicado 12/07/2017 22:25:28  | LA EDUCACIÓN CUÁNTICA -Segunda edición-


Vivir, pensar, amar.

PARTE 5 DEL PRÓLOGO DELA EDUCACIÓN CUÁNTICA (Próxima publicación: julio 2017)

Así, las personas han perdido de vista que el verdadero sentido de la vida está en el amor que profesamos a nuestra familia, amigos, sociedad o comunidad, todo ellos amenazados por la fiebre del dinero. Todo vale con hacer dinero, destruir este finito planeta, comerciar con los recursos naturales, causar guerras por motivos económicos, hasta llegar a la más ignominia moralidad. La noosfera no solo está destruyendo la biosfera, sino a ella misma, un contra sentido holístico de la naturaleza. De ahí las causas de la presente crisis civilizatoria como jamás habido en la historia occidental y el presumible fin de una era (Jalife-Rahme, 2008).

La humanidad se halla ante un paradigmático cambio de pensamiento, solo comparable al cogito cartesiano. Descartes rescato la razón de las garras de la fe. Ahora se trata de rescatar la razón del ego plutocrático, un enfermo depredador de la biosfera y la noosfera. Más que nunca son tiempos de volver a decir aquello de que “pienso, luego existo” , un contra sentido ontológico para todas las personas que sufren la depredación por los poderes fácticos que controlan el planeta. La esclavitud económica es el signo de identidad del sistema capitalista, tantas veces muerto y luego resucitado.

Desde que Kant diferenció mediante sus Tres críticas a la ciencia, la profundidad intelectual y la moralidad, se han producidos los temores que manifestó en su ensayo ¿Qué es la ilustración? (Kant, 2007), unos temores que no ha resuelto ni la postmodernidad ni la actual plutocracia. Esa diferenciación kantiana del mundo material, mental y espiritual ha desembocado en la actual enfermedad social, intelectual y moral, respectivamente, Dios libre de culpa al inconmensurable Kant. Es una enfermedad muy grave, pues requiere reconstruir pensativamente nuestro mundo, ya que no solo lo estamos destruyendo, sino que nos estamos destruyendo a nosotros mismos. Es una enfermedad terminal que necesita de un milagro pues el cáncer se está extendiendo de la biosfera a la noosfera; una enfermedad que afecta a nuestro modo de vivir, pensar y amar, actualmente en manos de los poderes fácticos que, a su vez, hacen acopio del saber científico para eternizar el eufemístico pensamiento único neoliberal. Así es como se ha llegado a La sociedad de la ignorancia (Mayos et al., 2011) .

Consecuentemente, por el bien de nuestra propia libertad a decidir nuestro modo de vivir, pensar y amar, no se puede consentir el incumplimiento descarado de los Derechos Humanos (Pau, 2011), porque la miseria humana afecta ya a la totalidad de la humanidad. En tiempos de los imperialismos históricos, había mucho mundo todavía por explotar. Pero el imperialismo económico ha llegado al límite permitido, pues roza con la enfermedad más grave de todos los tiempos: un ego fragmentado y disociado de la colectividad, que está herido de muerte y no puede sobrevivir sino con la contemplación de una unión con el “nosotros” kantiano . Es la propia noosfera que, en una putrefacta disociación entre la razón y el espíritu, aboga por una aniquilación de la actual civilización. Y ello, la naturaleza no lo va consentir, pues al decir del filósofo griego Aristóteles: “La naturaleza nunca hace nada sin motivo” (1).


BIBLIOGRAFÍA

Jalife-Rahme, Alfredo. El fin de una era: turbulencias en la globalización. México: Libros del Zorzal, 2008.

Kant, Inmanuel. ¿Qué es la ilustración? Madrid: Alianza, 2007.

Mayos, Gonçal et al. La sociedad de la ignorancia. Barcelona: Península, 2011.

Pau, E.d. Alerta 2011.Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz. Barcelona: Icaria, 2011.


NOTA:

(1) A finales de la década de 1990, la escritora estadounidense de ciencias naturales Janine Benyus acuñó el término “biomímica” para referirse a las innovaciones inspiradas en la flora y la fauna. Los orígenes modernos de la Biomímica, también conocida como Biomimética o Biónica, suelen atribuirse al ingeniero Richard Buckminster Fuller, aunque previamente también se han dado casos de desarrolladores que intuitivamente se basaron en la naturaleza para alcanzar algún hallazgo. La biomímica postula que, con 3.800 millones de años de evolución de la vida en la Tierra, la naturaleza ya ha encontrado soluciones para muchos de los desafíos a los que nos enfrentamos los seres humanos en la actualidad. Ejemplos de dichas soluciones halladas por los hombres emulando la naturaleza son:

-la Torre Eiffel que imita al fémur humano;

-los puentes en suspensión que se inspiraron en los tendones;

-el velcro como consecuencia de la fascinación del ingeniero suizo George de Mestral con los pequeños cardos de puntas ganchudas de las bardanas que se habían enganchado en su perro y en su ropa después de un paseo;

-el plástico antirreflectante: los ojos de las polillas no reflejan la luz gracias a unas diminutas protuberancias, y por ello pasan más desapercibidas para los depredadores;

-la tela inteligente: imitando las escamas de las piñas, que se abren y cierran en función del calor o del frío;

-el tren bala: los ingenieros rediseñaron la nariz del tren bala inspirándose del pico del Martín pescador, y así redujeron el ruido y el consumo de energía eléctrica;

-la superficie de las lanchas: una nueva cubierta exterior imita a la piel de tiburón en las lanchas, con pequeños rectángulos y púas, para así impedir que se adhieran algas y percebes;

-el ahorro energético: las mariposas Morpho se distinguen por sus alas de color azul iridiscente. El tono tornasolado es una ilusión óptica llamada “color estructural”, una interferencia entre haces de luz a causa de la cual solamente se reflejan algunos colores. El estudio de esta propiedad ha derivado en aplicaciones para monitores de ordenador, agendas electrónicas, teléfonos inteligentes y vestimenta hecha con fibras de poliéster y nailon que “reflejan” toda la gama del arco iris sin necesidad de colorantes;

-las alas transformables, basándose en ciertas especies de aves que utilizan este sistema para realizar vuelos más eficientes;

-el superpegamento: a partir de la clonación de cinco proteínas de mejillón para desarrollar un adhesivo natural resistente al agua.

Como se puede apreciar, la naturaleza es sabia y nos lleva ventaja en la búsqueda de soluciones. Como aseverara Aristóteles: “Dios y la naturaleza no hacen nada inútilmente”.



LA CONCIENCIA DE UNIDAD

Publicado 11/07/2017 12:01:47  | LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


Conciencia de unidad

Ken Wilber (1985: 184-208) en La conciencia sin fronteras, argumenta que la conciencia de unidad es conciencia del momento intemporal, está totalmente presente en el ahora, y como es obvio, no hay manera de alcanzar el ahora, de llegar a lo que ya es. En efecto, la iluminación resplandece en toda su claridad en este momento y en todos los demás. No hay sendero hacia la conciencia de unidad pues no se trata de una experiencia entre otras, no es una experiencia que se oponga a una experiencia ínfima, sino más bien la experiencia presente. ¿Y cómo se puede entrar en contacto con la experiencia presente?

Los verdaderos sabios proclaman que no hay sendero hacia el Absoluto, no hay camino para alcanzar la conciencia de unidad. Al parecer, nuestra dificultad es la misma que la del individuo que va saltando de ola en ola en busca de la acuosidad. No nos aquietamos durante el tiempo suficiente para entender nuestra condición presente, y al buscar en otra parte, en realidad nos apartamos de la respuesta. Nuestra búsqueda misma, nuestro propio deseo, nos impide el descubrimiento. En otras palabras, siempre estamos intentando apartarnos de la experiencia presente, cuando en realidad esta experiencia es la que siempre constituye la clave de nuestra búsqueda: en lugar de buscar la respuesta lo que hacemos es huir de ella. He aquí la gran paradoja de la conciencia de unidad: no se puede hacer nada para conseguirla, y creo que esto, por el momento, está totalmente claro.

Llegamos así a un punto esencial de las principales tradiciones místicas, a saber, que hay condiciones especiales apropiadas, pero no necesarias, para la realización de la conciencia de unidad. Y además, estas condiciones no conducen a la conciencia de unidad, sino que ellas mismas son una expresión de la conciencia de unidad. La conciencia de unidad no es un estado futuro que resulte de alguna práctica, porque la conciencia de unidad está eternamente presente. La conciencia de unidad es nuestra “iluminación original”, original no porque haya ocurrido en tiempos pasados, sino porque es el origen y fundamento de este instante. La iluminación es el origen de la firma presente y la práctica espiritual es el movimiento o actividad de este origen. La verdadera práctica espiritual surge de la iluminación, no va hacia ella.

Pero lo anterior plantea una cuestión. ¿Por qué, entonces, debemos practicar, si ya tenemos la naturaleza búdica, la iluminación original o el Cristo interior? Lo verdaderamente importante es que ejercitar las condiciones especiales de la práctica espiritual es una expresión apropiada de la conciencia de unidad. A medida que una persona va ejercitando las condiciones especiales de una práctica espiritual, empieza a darse cuenta, cada vez con mayor claridad y certidumbre, de un hecho exasperante, pero inconfundible: nadie quiere la conciencia de unidad. En términos teológicos, estamos siempre resistiéndonos a la presencia de Dios, que no es otra cosa que el presente total, en todas sus formas. Si le disgusta algún aspecto de la vida es que hay algún aspecto de la conciencia de unidad al cual está resistiéndose. Así, activamente aunque en secreto, negamos la conciencia de unidad y nos resistimos a ella. La comprensión de esta resistencia es la clave fundamental para la iluminación. En realidad, cada nivel importante del espectro de conciencia está constituido de un modo particular de resistencia. Al analizar el descenso desde el nivel de la persona al nivel del ego, lo primero con que tropezamos fue la resistencia a la sombra. Por eso Freud, investigador genial de la sombra, escribió: “Toda la teoría psicoanalítica se asienta, en efecto, en la percepción de la resistencia que ejerce el paciente cuando intentamos hacer que tome conciencia de su inconsciente”. Lo que confunde especialmente al individuo atrapado en esta resistencia, es que él, como persona, no cree, sinceramente, ofrecer resistencia. Lo hace de una manera por entero inconsciente.

Ese fue el primer tipo de resistencia que descubrimos. La persona se resiste a la sombra, con lo que impide el descubrimiento y la emergencia de un ego preciso. Y cuando descendemos al siguiente nivel importante del espectro de la conciencia, nos encontramos con que el propio ego exhibe una resistencia: la del ego a la atención sensible del centauro. Esta resistencia es en parte una incapacidad de mantener la percepción verdaderamente centrada en el presente (o atención sensible) durante el tiempo que sea. Como la percepción consciente del centauro se asienta en el presente pasajero, la resistencia del ego al centauro es una resistencia al aquí y ahora inmediato. Empezamos así a ver que cada nivel del espectro se caracteriza, entre otras muchas cosas, por una manera distinta de resistencia: en el nivel de la persona, nos resistíamos a la unidad con la sombra en todas sus formas; en el nivel del ego, nos resistíamos a la unidad con el centauro y a todas sus cualidades; y extendiéndonos hasta las bandas transpersonales, encontramos la resistencia fundamental y primordial: la resistencia a la conciencia de unidad. Así, nos encontramos de nuevo en el punto que nos importa: mediante las prácticas espirituales apropiadas, empezamos a aprender exactamente de qué manera nos resistimos a la conciencia de unidad. La práctica espiritual hace que esta resistencia fundamental aflore a la superficie de nuestra conciencia y comenzamos a ver que en realidad no queremos la conciencia de unidad, sino que estamos siempre eludiéndola. Ver nuestra resistencia a la conciencia de unidad es ser capaz, por primera vez, de enfrentarnos con ella y, finalmente, de desprendernos de ella, con lo que apartaremos el obstáculo secreto a nuestra propia liberación.

Mientras que no veamos exactamente de qué manera nos resistimos a la conciencia de unidad, todos nuestros esfuerzos por “alcanzarla” serán en vano, pues lo que tratamos de alcanzar es también aquello a lo que, inconscientemente, ofrecemos resistencia y tratamos de impedir. Nos resistimos secretamente a la conciencia de unidad, fabricamos de manera encubierta los “síntomas” de la no-iluminación, de la misma manera que producíamos en secreto todos nuestros demás síntomas en los diferentes niveles del espectro. Y el hecho de entenderlo así puede proporcionar un atisbo de la conciencia de unidad, porque aquello que ve la resistencia está, en sí mismo, libre de resistencia.

La resistencia primaria, como las demás resistencia que operan en toda la extensión del espectro, no es algo que nos sucede, ni que sucedió en el pasado, ni tampoco nada que sucede sin nuestro consentimiento. Es más bien una actividad presente, algo que estamos haciendo sin darnos cuenta, y esta actividad primaria es la que tiende a bloquear la conciencia de unidad. Brevemente enunciado, es una falta de disposición global a mirarlo todo, tal como es, en este momento. En concreto, en este presente hay algo que no queremos mirar. Tenemos, pues, una mala disposición global a mirarlo todo, en conjunto, exactamente tal como es, en este momento. Tendemos a desviar la vista, a retirar la atención de lo que es, a evitar el presente en todas sus formas. Y como tendemos a mirar hacia otra parte, tendemos a movernos hacia otra parte, a apartarnos. Con esta resistencia sutil, con ese mirar y movernos hacia otra parte, parece que bloqueamos la conciencia de unidad, que “perdemos” nuestra verdadera naturaleza. Y esta “perdida” de la conciencia de unidad nos arroja a un mundo de demarcaciones, espacio, tiempo, sufrimiento y mortalidad.

De modo que aunque lo único que desea fundamentalmente el individuo es la conciencia de unidad, lo único que siempre hace es resistirse a ella. Siempre estamos en busca de la conciencia de unidad, pero de tal manera que siempre obstaculizamos el descubrimiento: buscamos la conciencia de unidad apartándonos del presente. Imaginamos que, de alguna manera, este presente no está bien del todo, no es exactamente lo que queremos, y por eso no descansamos globalmente en él, sino que empezamos a apartarnos de él hacia lo que imaginamos que será un presente nuevo y mejor. En otras palabras, empezamos a saltar olas, a movernos en el espacio y en el tiempo para asegurarnos una ola fundamental y definitiva, la que finalmente extinga nuestra sed, la que nos dé por fin “acuosidad”. Al buscar la acuosidad en la próxima ola de experiencias, nos la perdemos siempre en la ola presente. Buscar eternamente es errar eternamente.

En el momento en que nos resistimos al único mundo de la experiencia presente, necesariamente lo dividimos en una experiencia interior, que sentimos como el que ve, experimenta y actúa, opuesto a una experiencia externa, que sentimos como lo que vemos y experimentamos, como aquello sobre lo cual actuamos. Nuestro mundo se escinde en dos, y entre lo que uno es, el que experimenta, y lo que uno no es, lo experimentado, se establece una demarcación ilusoria. La evolución del espectro ha comenzado: se ha iniciado la guerra de los opuestos. Apartarse continuamente del presente global implica que hay un futuro que aceptará este movimiento. Nos apartamos porque imaginamos la existencia de otro tiempo hacia el cual podemos movernos. Apartarse es, por tanto, un mero moverse en el tiempo. En realidad, es crear tiempo, pues al apartarnos de la experiencia intemporal y presente (o más bien, al intentar apartarnos), generamos la ilusión de que, de alguna manera, la experiencia misma pasa junto a nosotros. Mediante nuestra resistencia, el presente global y eterno se reduce al presente fugitivo. Por tanto, apartarse es crear un antes y un después, un punto de partida en el pasado, desde donde nos movemos, y un puerto de destino en el futuro, hacia el cual nos movemos. Nuestro presente se reduce al movimiento, a la huida silenciosa. Nuestros momentos pasan.

Desde cualquier ángulo que se mire, apartarnos es separarnos de la experiencia presente y proyectarnos en el tiempo, la historia, el destino y la muerte. Esta es, pues, nuestra resistencia primaria: la mala disposición a contemplar la experiencia, como un todo, tal como es, en este momento. Esta resistencia global es lo que se descubre, y luego se frustra, con las condiciones especiales de la práctica espiritual. Cuando una persona asume las condiciones, empieza a darse cuenta de que siempre está apartándose del presente global. Comienza a ver que al apartarse siempre, no hace más que resistirse e impedir la conciencia de unidad… o la voluntad de Dios, el fluir del Tao, el amor del Gurú o la iluminación original. De cualquier manera que lo llame, se resiste a su presente. Mira hacia otra parte, se va hacia otro lado y, por consiguiente, sufre.

Llegado a este punto, las cosas parecen realmente desalentadoras. El individuo no parece ser más que una trampa montada para atraparse perpetuamente a sí mismo. Se inicia la noche oscura del alma, y parece como si la luz de la conciencia le diera la espalda hasta desaparecer sin dejar rastro alguno. Todo parece perdido, y en cierto sentido, lo está. La oscuridad sigue a la oscuridad, el vacío conduce al vacío, la medianoche se eterniza. En este punto mismo donde absolutamente todo parece desacertado, todo se arregla de un modo espontáneo. Cuando el individuo ve realmente que todo movimiento que haga es un apartarse, una resistencia, el mecanismo de la resistencia se queda sin cuerda. Cuando uno ve esta resistencia en cada movimiento que hace, entonces, de manera totalmente espontánea, abandona por completo la resistencia. Y el abandono de esta resistencia es la apertura a la conciencia de unidad, la realización de la conciencia de aquello que no tiene fronteras. Como si despertara de un sueño largo e incierto, se encuentra con lo que siempre supo: él, como ser separado, no existe. Su verdadero ser, el Todo, jamás ha nacido y jamás morirá. Solo hay, en todas direcciones, Conciencia como Tal, absoluta y omnímoda, que irradia en y a través de toda condición, la fuente y esencia de todo lo que surge a cada momento, absolutamente anterior a este mundo, pero no distinta a él. Todas las cosas no son más que una onda en este estanque, todo surgimiento es un gesto de este uno.

Cuando ya no se resiste a la experiencia presente, ya no tiene motivo para separarse de ella. El mundo y el yo regresan como una única experiencia, no como dos diferentes. Dejamos de saltar de ola en ola, porque no hay más que una ola, y está en todas partes. Dejar de resistir al presente es ver que no hay nada más que el presente; sin comienzo, sin fin, sin nada por detrás ni nada por delante. Cuando tanto el pasado de la memoria como el futuro de esperanza se ven como hechos presentes, los límites de este presente se derrumban. Las demarcaciones que rodean a este momento se hunden dentro de este momento, y entonces no hay nada más que este momento, y ningún otro lugar adónde ir. Así vemos claramente por qué la búsqueda de la conciencia de sí era tan exasperante. Todo lo que intentábamos estaba mal porque todo estaba ya, y eternamente, bien. Nunca hubo, ni jamás habrá, ningún momento más que Ahora.

La verdadera práctica espiritual no es algo que hagamos durante veinte minutos, ni durante dos horas, ni durante seis horas al día. No es algo para hacer una vez al día, por la mañana, ni una vez por semana, los domingos. La práctica espiritual no es una entre tantas otras actividades humanas; es el fundamento de todas las actividades humanas, su fuente y su validación. Es un compromiso previo con la Verdad Trascendente, vivida, respirada, intuida y practicada durante veinticuatro horas del día. Intuir lo que verdaderamente somos es comprometernos íntegramente en la realización de eso que verdaderamente somos en todos los seres, de acuerdo al voto primordial: “Por innumerables que sean los seres, hago voto de liberarlos; por incomparable que se la Verdad, hago voto de realizarla”. Para quien sienta este profundo compromiso con la realización, el servicio, el sacrificio y la entrega, en todas las condiciones presentes y hasta el infinito mismo, la práctica espiritual será, naturalmente, el camino. Que esa persona reciba la gracia de encontrar en esta vida un maestro espiritual y de conocer la iluminación en el momento.



BIBLIOGRAFÍA:

Wilber, Ken. La conciencia sin frontera. Barcelona: Kairós, 1985


EL MISTERIO DE LA VIDA

Publicado 08/07/2017 00:04:17  | ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA


El misterio de la vida

La paradoja de nuestro tiempo es que la física cuántica remite al sujeto cognoscente como centro del universo por conocer, remitiendo a su profundidad intelectual y espiritual. Así fue como en los años setenta del siglo pasado, el doctor en física teórica Fritjof Capra (2000) con su obra El Tao de la física, explora los paralelismos entre la física cuántica y los principios del aprendizaje místico oriental.

Fritjof Capra considera que en el intento por comprender el misterio de la vida, el ser humano ha seguido diferentes caminos, entre ellos el del científico y el del místico, una cuestión vista en los dos modos de saber de la mano de Ken Wilber (2005). La tesis que plantea Capra es: los conceptos de la física moderna llevan a una visión del mundo muy similar a la de los místicos de todas las épocas y tradiciones. La finalidad del ensayo es explorar la relación entre tales conceptos, motivado por la creencia de que los temas básicos que utiliza para comparar la física con el misticismo serán confirmados, más que invalidados por futuras investigaciones. Capra aclara la naturaleza del conocimiento que se va a comparar y el lenguaje en el cual ha sido expresado dicho conocimiento. Compara el conocimiento racional con el intuitivo: en la física se utiliza el método científico y como técnica la experimentación; en el misticismo el método es el yoga o la devoción y la técnica, la meditación. Una magistral lección de Capra.

Así, son cada vez más los científicos que se alinean con dicha visión que aúna la ciencia con la espiritualidad, como es el caso de Amit Goswami, uno de los pensadores pioneros en ciencia y espiritualidad. Lleva enseñando física cuántica desde hace más de treinta años. Fue profesor de Ciencia Teórica en la Universidad de Oregón, y actualmente es investigador residente en el mundialmente reconocido Instituto de Ciencias Noéticas. Goswami es autor de numerosos libros, entre los que se encuentra La física del alma (Goswami, 2008a), una obra donde la ciencia y el alma se dan la mano. El doctor Amit Goswami utiliza el lenguaje y los conceptos de la física cuántica para estudiar y demostrar científicamente las teorías metafísicas de la reencarnación y la inmortalidad. En su otra obra La ventana del visionario: física cuántica para la iluminación espiritual (Goswami, 2008b), nos ayuda a comprender el modelo de realidad de la física cuántica y las profundas creencias de las milenarias tradiciones espirituales y religiosas del mundo, demostrando que se apoyan esencialmente las unas a las otras. El resultado es una visión cosmogónica amplia, excitante y rica que integra por primera vez en un sistema coherente mente, espíritu y ciencia. En Ciencia y espiritualidad: una integración cuántica, Goswami (2011) muestra no solo que las paradojas de la física cuántica pueden resolverse tomando como base un universo espiritual, sino también las paradojas de la vida, la mente y la salud. Con una igualmente competente exposición de teoría científica y datos experimentales, y prácticas y cosmologías espirituales, nos conduce a una exploración científica de la espiritualidad realmente impresionante. Se abordan incluso ideas relativas a la supervivencia después de la muerte, la reencarnación y la inmortalidad. Las monumentales tradiciones de la India, el Vedanta, el Yoga y el Tantra se tornan vivas en su conexión con esta nueva ciencia en el seno de la conciencia. En la obra Dios no ha muerto, Goswami (2010) demuestra que la existencia de Dios se puede descubrir a través de los indicios que nos ofrece la física cuántica, ayudando a superar el condicionamiento materialista basado en el paradigma newtoniano, y a liberarse de él mediante la comprensión y la experiencia cuántica. En dicha obra, aboga por un activismo cuántico que nos lleve a una vida equilibrada y a una visión integral y a experimentar la naturaleza de la realidad, la existencia del alma, el poder de los sueños, la universalidad del amor, la posibilidad de la percepción extrasensorial y la propia mente de Dios.

Desde luego, hay una revolución en marcha en la ciencia, un genuino cambio de paradigma. Mientras que la ciencia tradicional se mantiene en su visión materialista, cada vez crece un mayor número de científicos que apoyan y desarrollan un nuevo paradigma basado en la supremacía de la conciencia. Estamos en los albores de dejar de ver a la mente humana como puramente biológica (Lipton, 2007) sino abierta a otras interpretaciones con connotaciones cuánticas (Garnier, 2012), es decir con conexión al universo entero.

Imperceptiblemente todavía para muchos, hay un subyacente cambio de paradigma pensativo: la contraposición entre la racionalidad y la espiritualidad, de un modo psicológico e histórico, ha consistido en el sometimiento de la razón a la fe religiosa durante más de veinte siglos. Sin embargo, la supremacía espiritual en manos de las religiones está puesta en cuestión por los propios científicos, como Fritjof Capra, Amit Goswami, Rupert Sheldrake, Joe Dispenza, Jean-Pierre Garnier Malet, por citar solo algunos pensadores que nos proporcionan una renovada racionalidad envuelta en una espiritualidad cuántica. Sin olvidar en ese viaje espiritual, a la psicología transpersonal (Jung, Maslow, Grof, etcétera), ni a Ken Wilber como propulsor de la filosofía transpersonal.

En ese viaje espiritual, los científicos peyorativamente denominados como “místicos cuánticos” desde el materialismo científico, están despejando el horizonte del conocimiento y la espiritualidad mediante un activismo cuántico que proporciona una renovada visión de la naturaleza, del ser humano y del universo.


BIBLIOGRAFÍA:

Capra, Fritjof. El tao de la física. Malaga: Sirio, 2000.

Garnier, Jean-Pierre. Cambia tu futuro por las aperturas temporales. España: Reconocerse, 2012.

Goswami, Amit. La física del alma. Barcelona: Obelisco, 2008a.

Goswami, Amit. La ventana del visionario: física cuántica para la iluminación espiritual. Madrid: Palmyra, 2008b.

Goswami, Amit. Dios no ha muerto. Barcelona: Obelisco, 2010.

Goswami, Amit. Ciencia y espiritualidad: una integración cuántica. Barcelona: Kairós, 2011.

Lipton, Bruce. La biología de la creencia. Madrid: Palmyra, 2007.

Wilber, Ken. (2005). “Dos modos de saber”. En: Wilber, El espectro de la conciencia (pp.35-59). Barcelona: Kairós.
















SABER O NO SABER, ESA ES LA CUESTIÓN

Publicado 06/07/2017 19:44:56  | LA CUESTIÓN EPISTEMOLÓGICA


Saber o no saber, esa es la cuestión

Puedo afirmar, con poco riesgo a equivocarme, de que el verdadero sentido que hay que dar cada cual a su vida, depende en gran medida del determinismo histórico, las circunstancias exógenas sociales y biológicas, así como de una certera educación que permita el empoderamiento consciente de esos condicionantes, de modo que el educando sea un ser libre en sus decisiones con conocimiento de causa sobre el pasado, el presente y el futuro de la humanidad.

En este respecto, los dos mil años de cristianismo solo han reportado un sometimiento de la razón a la fe. Podríamos creer que la razón colectiva ha logrado su máxima expresión mediante las democracias. Sin embargo, es innegable que vivimos bajo una plutocracia en connivencia con las jerarquías eclesiásticas. Los mercaderes y los curas, sin olvidar a las monarquías, como siempre en la historia, tienen el dominio sobre la humanidad, esclavizando a esta ultima en la caverna platónica mediante el materialismo científico como único modo de saber. El pasado es la historia del hombre esclavizado a la fe hasta el desvelamiento del cogito cartesiano y, desde entonces, la libertad generada con el surgimiento del racionalismo, ha estado en manos del ego plutocrático. Sin embargo, el presente es la lucha por la genuina libertad cooperativa frente al libertinaje del egocentrismo, y el futuro solo puede pertenecer a los hombres que luchan por la libertad con conocimiento de causa. Y en ese camino liberador, la física cuántica ha jugado un crucial papel al girar la mirada desde el “ver para creer” (método científico) al “creer para ver” (método trascendental), dos modos de saber que diferencian epistemológicamente al viejo mundo del nuevo mundo, respectivamente.

Gracias a la física cuántica, las cuestiones espirituales ya no son del pleno dominio de las religiones, sino que son los propios científicos quienes postulan una integración de la razón con el espíritu. Así, el giro copernicano que se está produciendo en la historia del pensamiento, es que el viejo mundo sustentado en el materialismo científico y el racionalismo pragmático está agotado, y un nuevo mundo emerge gracias a un racionalismo espiritual, una integración de la razón y el espíritu tal como postula la filosofía transpersonal. Enseñar ello en una clase de filosofía, y además en un solo folio, es dar al estudiante un conocimiento contextual de la historia del pensamiento para que pueda ubicarse existencial, racional y espiritualmente con conocimiento de causa. Así, fuera las imposiciones educativas orientadas a satisfacer las demandas de un sistema de producción que solo crea miseria; también fuera de la educación el adoctrinamiento ideológico desde los dogmas religiosos. Saber y educar ello hará a todo estudiante un ser libre con conocimiento de causa para dar el mejor de los sentidos a su vida. Cada uno hace lo que puede con lo que sabe para dar el mejor de los sentidos a su vida, pero cuando ese saber es reconvertido en una democracia secuestrada, entonces no hay duda que se vive en una ignorancia inducida histórica y socialmente por las misma castas que se transmiten el poder generacionalmente entre ricos, y entre papas en la curia eclesiástica. Saber ello es la antesala de la libertad y la preconización de la muerte del viejo mundo. Porque solo el saber hará de nosotros hombres libres. Entre la vida y la muerte solo hay saber: nacemos para aprender y moriremos con alguna lección aprendida.

Entonces, ¿Tiene sentido la vida?

Cuando algo muere, inherentemente en el plano psicológico, se tiende a pensar que ha desaparecido para siempre, siendo una concepción materialista de la vida. Por otro lado, hay personas que creen que hay vida tras la muerte, siendo entonces una concepción idealista o espiritual. Esa dicotomía psicológica entre el materialismo y el idealismo, los contrarios por antonomasia, es una apertura ontológica para que toda persona tenga que dar un sentido a su vida, libre e inexorablemente, en función de sus propias creencias así como los conocimiento adquiridos. Pero la cuestión fundamental en la interpretación de lo que es la vida, es que debe ser comprendida desde una correcta lectura del pasado e interpretación del presente para poder decidir certeramente sobre el futuro. Por tanto, la primera regla es tener un “mapa” lo suficientemente fidedigno, emulando a Descartes, para no perderse en el camino de la investigación de la verdad. Tal fue la primera regla que aprendí en el Discurso del método. El mundo tan complejo en el cual vivimos es una maraña que presenta confusión y nihilismo en las personas, principalmente, porque la actividad filosófica ha sido denostada, pisoteada y arrinconada. Sin un referente educativo fiable que invite a la reflexión, ¿cómo emprender la reconstrucción pensativa sobre este viejo mundo moribundo? ¿Cómo dar el mejor de los sentidos a la nueva vida?


PRESENTACIÓN DEL LIBRO "KEN WILBER Y LOS NUEVOS PARADIGMAS DE LA HUMANIDAD" EN EL II CONGRESO INTERNACIONAL DE LA RED ESPAÑOLA DE FILOSOFÍA "LAS FRONTERAS DE LA HUMANIDAD"

Publicado 05/07/2017 17:12:38  | Eventos


Ken Wilber y los nuevos paradigmas de la humanidad

El Congreso tendrá lugar en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza (Pedro Cerbuna, 12, 50009 Zaragoza, España), del 13 al 15 de septiembre de 2017.

El Congreso incluirá dos conferencias plenarias, una de apertura y otra de clausura; doce secciones temáticas, con sus correspondientes mesas de comunicaciones; varios simposios, talleres, presentaciones de libros y otras publicaciones, a propuesta de los participantes y previa selección por el Comité científico; y la Asamblea General de la REF.

PRESENTACIÓN LIBRO "KEN WILBER Y LOS NUEVOS PARADIGMAS DE LA HUMANIDAD"

Fecha y horario: 13 de septiembre de 2017. A partir de las 18 horas.

Lugar: Seminario 21 – Pabellón Filología



FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

Publicado 02/07/2017 17:36:11  | FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL


La humanidad transracional

La filosofía transpersonal, vuelvo a recordar, es una disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia así como los estudios de la conciencia, sin embargo, es una actividad investigativa muy reciente en la historia del pensamiento (Wilber, 2005). Con el surgimiento de las ciencias psicológicas y la “cuarta fuerza” de la psicología transpersonal, se ha iniciado una camino esperanzador de trascendencia de la conciencia egóica hacia la espiritualidad o “transpersonalidad”.

Sin embargo, el término “transpersonal” no es todavía de dominio popular y menos aún su asunción académica para una futura educación generacional. No obstante, si la humanidad ha evolucionado de lo mítico a lo racional, como apunta Wilber (1), estamos ahora situados en el filo de la percepción transracional. En dicho sentido, cabe destacar el artículo de Álvaro B. Márquez-Fernández y Zulay C. Díaz-Montiel (2011) La complejidad: hacia una epísteme transracional, cuyo resumen es el siguiente:

"En las ciencias sociales la crisis del paradigma positivista, es el resultado de su insuficiencia experimental para dar cuenta de la transformación de la experiencia del pensamiento en su interpretación de la realidad natural e histórica de la existencia. En la modernidad no fue posible consolidar un paradigma universalista que sólo diera cuenta de espacios objetivados de la realidad a través de modelos racionales reduccionistas. Tal como lo señalan Morin, Najmanovich, Sotolongo-Codima Boaventura de Sousa, Reynoso, en sus postulados teóricos-metodológicos, cuando afirman que la experiencia del pensar racional es mucho más compleja y transdiciplinar, pues considera la realidad como un proceso en curso de estructuras que se recrean poiéticamente sin sujeción a causalidades predeterminadas. Esto es lo que explica, desde la perspectiva de una espíteme crítica, por qué las contingencias materiales de la experiencia racional y las formas de intercambios entre sistemas de diversa índole, le atribuyen al fenómeno del pensamiento una múltiple y transversal racionalidad a partir de la cual se desustantiva el mundo de los objetos y hace presente la subjetividad cognitiva del sujeto de pensamiento. Hacia ese inédito dominio de los procesos de la espíteme transracionales es que se orienta el pensamiento complejo como un momento de superación del positivismo."

Destaco también la conclusión final de dicho artículo:

"Es necesario que esta riquísima cosmovisión que nos revela el aura de una nueva racionalidad para pensar y rehacer el mundo, se convierta en un programa transdisciplinar de investigaciones que logren desplazar nuestra experiencia deconstructiva de los fenómenos de la realidad en todos los órdenes del conocimiento hacia éticas epistémicas. La infinitud de formas posibles a las que apuntan las redes complejas de conocimiento, no es más que la posibilidad humana y natural de entender los ciclos y procesos de la vida en sentido generativo, nunca progresivo ni lineal."

En esa línea de pensamiento transracional, María Alejandra Rodríguez (2017), Docente universitario en el departamento de Filosofía de la Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad de Carabobo (Venezuela), aborda el papel de La filosofía educativa en el ámbito universitario, un punto de vista que bien puede ser extrapolable a cualquier universidad del mundo por sus inherentes principios universales:

"La educación superior en Venezuela, como fundamento formativo para el desarrollo educativo, cultural, filosófico y social puede ser un punto de referencia crucial en función de la construcción de una sociedad humana, justa y libre. Se trata de educar más allá del bienestar individual y colectivo propuesto por una sociedad del éxito personal y del consumo, trabajar en función del porvenir de la civilización y la supervivencia de la raza humana y del planeta; ya que una persona consciente de su compromiso existencial puede alcanzar grandes logros e impactar en el bienestar de los demás gracias a un humanismo trascendental y verdadero. Por eso la educación universitaria debe considerarse como el modo formativo humanista para emprender cualquier objetivo elevado, verdaderamente humano, comunitario y social, sea a través del currículo de carácter ético-espiritual de todas las profesiones, o de una formación filosófica en torno a las dimensiones antropológicas existenciales del sentido de la vida desde el compromiso social."

Dicha cosmovisión de una nueva racionalidad para pensar y rehacer el mundo mediante una educación transracional inquiere que el educando aprehenda la síntesis de saberes mediante una genuina intuición espiritual: la integración de la conciencia (yo), la ciencia (ello) y la moral (nosotros) -las tres esferas del saber diferenciadas por Kant mediante sus Tres críticas- como una intuición moral básica para orientar éticamente sus actos, pensamientos y sentimientos. Una ética epistémica en toda regla bajo una epísteme transracional.



NOTA:

(1) Wilber en Sexo, Ecología, Espiritualidad (p.617):

"El mundo de la modernidad está un poco loco: mitos para los campesinos, naturalismo plano para la intelectualidad. Es más que irónico que sea la ciencia, la ciencia descendida la que en las últimas décadas del siglo XX redescubra la naturaleza autoorganizada y autotrascendente de la evolución misma. Es más que irónico que unir las “dos flechas” del tiempo hace de Eros el único y omnipenetrante principio de manifestación. Es más que irónico que la ciencia prepare el camino para una evolución más allá de la racionalidad, ya que ha demostrado claramente que la evolución no se detiene para nadie, que cada estadio pasa a un mañana más amplio. Y si hoy es la racionalidad, mañana será la transracionalidad; ningún argumento científico puede estar en desacuerdo con esto, y todos deben favorecerlo. Ahí estamos en la racionalidad, situados en el filo de la percepción transracional, una scientia visionis que está trayendo aquí y allá, cada vez con más claridad y a todo tipo de gente y por todas partes, poderosos destellos de un verdadero Descenso de la omnipenetrante Alma del Mundo."


BIBLIOGRAFÍA:

Márquez Fernández, Álvaro B.; Díaz Montiel, Zulay C. “La complejidad: hacia una epísteme transracional”. Telos, vol. 13, núm. 1, enero-abril, 2011, pp. 11-29. Universidad Privada Dr. Rafael Belloso Chacín Maracaibo, Venezuela.

Rodríguez, María Alejandra. La filosofía educativa en el ámbito universitario. Departamento de filosofía, Universidad de Carabobo, Venezuela, 2017.

Wilber, Ken. El espectro de la conciencia. Barcelona: Kairós, 2005.


EL CEREBRO Y YO

Publicado 29/06/2017 19:39:26  | LA CUESTIÓN EPISTEMOLÓGICA


El cerebro y yo

Sin lugar a dudas, a la ciencia le queda muchas preguntas por responder: ¿Dónde residen la inteligencia y las emociones? ¿Quiénes somos? ¿De qué soy consciente en cada momento? ¿Se corresponde lo que percibimos con la realidad? ¿Puede el cerebro humano entenderse a sí mismo? Estas preguntas han intrigado a los hombres desde tiempos inmemorables.

Muchas civilizaciones otorgaron al corazón tales privilegios. Lo que ahora parece una obviedad, que el cerebro está detrás de los procesos mentales, es un conocimiento relativamente nuevo aunque muy asumido. Con el libro Cómo percibimos el mundo, Ignacio Morgado (2012), una de las grandes referencias en el campo de la neuropsicología, nos desvela aspectos de la mente humana y los procesos sensoriales y perceptivos que no tenemos tan asumidos y que, incluso, llegan a sorprendernos.

Ignacio Morgado nos sumerge en los secretos del cerebro y analiza con detalle y rigor la mente humana y el mundo de los sentidos. Dicha obra explica el fenómeno de la consciencia, sus contenidos y los mecanismos cerebrales que lo hacen posible. Explora las características de todos y cada uno de nuestros sentidos, muchas de ellas desconocidas, y describe el modo en que el cerebro recibe y procesa la información. Según Morgado, las percepciones son una creación del cerebro y de la mente humana. Eso significa que lo que percibimos no necesariamente coincide con lo que pueda haber fuera de nosotros, que no es más que materia y energía. Las percepciones no existen fuera de nuestra mente. Dicho de otro modo, el cerebro es el que ve, oye, siente: fuera de nosotros no hay luz, gusto o tacto. Todo son sensaciones que crean nuestro cerebro a partir de la materia y la energía, como si viviéramos engañados. Es el cerebro quien lee e interpreta las sensaciones. El cerebro transforma las sensaciones percibidas por los sentidos y las convierte en percepciones conscientes. Pero esa percepción consciente es diferente en cada persona. Y aunque haya diferencias individuales entre el cerebro de las personas, hay suficientes coincidencias para que nos entendamos y tengamos percepciones muy similares . A modo de ejemplo, los atenienses tenían un cerebro para pensar, razonar y tomar decisiones muy parecido al que tenemos ahora. Sin embargo, los elementos sociales y ambientales en que se basaban para hacerlo son muy diferentes a los nuestros, sobre todo la tecnología. Nosotros vivimos en una sociedad tecnológicamente muy desarrollada y ellos no, volviéndonos más inútiles y dependientes de esas máquinas, atontando así a los individuos y provocando con ello una involución del cerebro.

Sin embargo, para Morgado, ello no debería ser una preocupación, pues el mundo que llegamos a conocer, percibir y sentir es el que nuestro cerebro nos permite. Lo que haya más allá, si es que hay algo, no está a nuestro alcance. Según él, el alma no está al alcance de la ciencia, sino que es propio de la teología. Todavía no sabemos cómo lo material, las neuronas, produce el pensamiento, la subjetividad. Como no sabemos cómo se produce este cambio tan fuerte, y tiene sus dudas de que el cerebro humano pudiese entenderlo -niega el empoderamiento consciente-, la magia que hay en ese no entender el cambio lleva al ser humano a creer en cosas sobrenaturales, creer en algo que además permite dar un sentido a la vida -niega toda espiritualidad-. Si algún día el cerebro humano evoluciona lo suficiente para entender esto, entonces aparecerán nuevas preguntas que quizás serán más difíciles de responder. Será el precio que los seres de ese tiempo tendrán que pagar por haber evolucionado hasta entender lo que ahora somos incapaces de entender.

Es conveniente recordar a Morgado que, según Ken Wilber, el cerebro es un “ello” (externo, naturaleza) y la mente es un “yo” (interno, conciencia). La epistemología de lo conmensurable tiene como objeto de estudio al “ello” mediante la ciencia, pero la interpretación cultural ("nosotros") y de la conciencia subjetiva ("yo") pertenecen propiamente a la hermenéutica de lo inconmensurable, una perenne disputa histórica entre ciencia y religión. Como dijera Einstein: “Cada día sabemos más y entendemos menos”. Pero, principalmente, porque Morgado y tantos escépticos como él no han comprendido aún que hay dos modos de saber: el método científico y el trascendental. Es posible hacer una síntesis de ambos modos de saber mediante una genuina intuición espiritual (Martos, 2016).

BIBLIOGRAFÍA:

Martos, Amador. Ken Wilber y los nuevos paradigmas de la humanidad. Tarragona: Amazon, 2016.

Morgado, Ignacio. Cómo percibimos el mundo. Barcelona: Ariel, 2012.


EL KARMA SEGÚN KEN WILBER

Publicado 21/06/2017 14:45:56  | LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


El karma según Ken Wilber

Para comprender de un modo psicológico y filosófico el concepto de “karma”, es conveniente aludir a la trascendencia de los dualismos, siendo un eje de responsabilidad a afrontar por cada persona a lo largo de su vida. En su obra El espectro de la conciencia, Ken Wilber diferencia explícitamente cuatro dualismos que, inexorablemente, debería trascender e integrar toda persona:

El dualismo cuaternario: persona contra sombra. El individuo se oculta a sí mismo (inconscientemente) aquellos rasgos de su personalidad con los que no se encuentra nada contento; traza una frontera entre lo que le gusta de sí mismo (persona) y lo que no le gusta (sombra). Hasta que el individuo no acepte su sombra estará incompleto y siempre en lucha consigo mismo (el enemigo está en el mismo). Si el individuo se acepta e integra su sombra alcanza el siguiente nivel.

El dualismo terciario: psique contra soma, o mente contra cuerpo. La frontera se traza entre el ego (persona + sombra) y su cuerpo. En este nivel el individuo es inconsciente de su cuerpo, piensa en sí mismo sin tener en cuenta su cuerpo o lo considera como un objeto. Si el individuo consigue eliminar esta frontera será más consciente de lo que él es en realidad y alcanzará el nivel del centauro (el centauro es un ser mitológico mitad humano mitad animal).

El dualismo segundario: la vida contra la muerte, el ser contra el no ser. La frontera se traza entre el centauro (ego + cuerpo) y el resto del universo, la frontera ahora es nuestra propia piel. El individuo es ahora más consciente que nunca de su finitud (en el espacio y en el tiempo). La lucha no acabará hasta que desaparezca la última frontera y se acceda al último nivel.

El dualismo primario: organismo contra medio ambiente, o yo contra otro. Se accede al Espíritu. La frontera ha desaparecido, se acabo la lucha inconsciente. El individuo ha vuelto al lugar de donde salió, o mejor, al lugar donde siempre estuvo. Es el concienciamiento de que sujeto y objeto son lo mismo, es la no dualidad. La corriente externa e interna no son dos, sino una sola realidad que se reduce al misticismo contemplativo.

Según Wilber (cito textualmente de la página 428), con la curación del dualismo primario, aceptamos la responsabilidad de todo lo que nos ocurre, porque ahora lo que nos sucede es obra nuestra. Esto se debe a que mis actos son los actos del universo y viceversa, de modo que cuando yo y el universo hemos dejado de estar separados, lo que “ello” me hace a “mí” y lo que “yo” le hago a “ello” han pasado a ser un mismo acto. Si cae una piedra sobre mi cabeza, ha sido obra mía. Si alguien me dispara por la espalda, ha sido obra mía. De modo que en cada nivel parece que las cosas y los acontecimientos me suceden contra mi voluntad, cuando en realidad soy yo quien se lo hace a sí mismo, aunque pretendiendo con toda sinceridad que son “ajenos” a mí. Finalmente, en el nivel de la Mente, no hay nada ajeno a mí, de modo que la última palabra es que hay una sola voluntad: mía y de Dios. Este es el significado profundo del karma, que lo que te ocurre es tu propia obra, tu propio karma.


LOS PARADIGMAS DE LA HUMANIDAD

Publicado 19/06/2017 20:39:34  | ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA


Los paradigmas de la humanidad

Por antonomasia, al hablar de paradigma es ineludible referirse a Thomas Kuhn, quien en 1962 publicó La estructura de las revoluciones científicas, un libro en el que proporcionaba una visión sociológica de la evolución científica. Según Kuhn, en el avance científico hay largos períodos de estabilidad en los que la comunidad científica comparte un modelo consensuado al que denominó “paradigma”. En esos períodos, los científicos exploran el paradigma vigente, buscan su aplicación a situaciones aún no estudiadas cada vez más complejas o extremas. En ese proceso se van encontrando desajustes, resultados que no encajan con el paradigma. Esos resultados se van acumulando y, cuando son muchos, generan una sensación de inestabilidad que concluye con una revolución, realizada por algunos científicos especiales y que da lugar a un nuevo paradigma mejorado, que es capaz de explicar los resultados del anterior más los que no encajaban. Tras la revolución comienza un nuevo período de estabilidad basado en el nuevo paradigma.

En la física de principios del siglo XX se pueden encontrar multitud de ejemplos que encajan bien en esa explicación, y que son explicitados en La educación cuántica. Sin embargo, dicha teoría sociológica sobre el cambio de paradigma también puede extenderse más allá de la ciencia como al actual modelo social, a su educación, la filosofía y la espiritualidad. Como se puede comprobar, la humanidad no solo se halla ante un cambio de paradigma epistemológico desde el materialismo científico al “misticismo cuántico” sino que, también, se está produciendo un cambio de paradigma social debido a la creciente divergencia entre los ricos y los pobres; otro cambio de paradigma a sumar es el secuestro de la libertad y de los derechos naturales de las personas mediante leyes al servicio de los poderes fácticos y, por tanto, es una clara conciencia de esclavitud económica (plutocracia) frente a la natural libertad de las personas que se halla secuestrada mediante la política y la religión. Es harto evidente que vivimos bajo dogmas científicos (materialismo científico), intelectuales (neoliberalismo) y religiosos (la razón obnubilada por la fe) que, pienso, están dando sus últimos coletazos en la historia de la humanidad, pero a qué precio. Consecuentemente, se ha secuestrado el pensamiento crítico, es decir, la humanidad vive en una caverna platónica manipulada por unos poderes fácticos que ahogan el libre pensamiento de los ciudadanos. Así, sin pensamiento crítico y en cautividad, tal es el actual estado de la humanidad, a merced del imperialismo económico sustentado en guerras por los recursos naturales y en el eterno endeudamiento de los pueblos y las personas por la oligarquía financiera que domina el planeta.

Inadvertidamente para muchos, la humanidad se halla ante varios cambios de paradigmas: del materialismo científico al “misticismo cuántico” (epistemológico), los ricos frente a pobres (existencial), de la esclavitud económica a la libertad personal (moral), y de la ignorancia hacia la sapiencia (filosófico). Tantos cambios de paradigma que afectan no solo a las instancias sociales, económicas y políticas sino, fundamentalmente, a la ideología intelectual (neoliberalismo) y espiritual (dogmas religiosos) dominantes en el mundo. Así pues, nos hallamos ante un cambio de paradigma pensativo de tal calibre como fue el primer renacimiento humanístico. Entonces, la razón se zafó de las garras de la fe, pero dirigió la mirada hacia la materia, hasta descomponerla en tantas partes como disciplinas científicas existan. Sin embargo, con la física cuántica se produjo un deslumbramiento espiritual en muchas mentes científicas, siendo muchos de estos genios denostados como “místicos cuánticos” por la ortodoxa comunidad científica. Este incipiente cambio de paradigma científico desde el materialismo científico al racionalismo espiritual pasa desapercibido para muchos de mis congéneres, pues son elucubraciones filosóficas de hondo calado que, seguramente, no interesa al común de los mortales.

Sin embargo, la anterior reflexión es de una importancia extrema pues afecta a la visión que cada cual tiene sobre el sentido que tiene que dar a su vida. ¿Acaso alguien nos ha enseñado a pensar para actuar con conocimiento de causa y dentro de una libertad moral al tiempo que se le da el mejor de los sentidos a nuestra vida? En otras palabras: ¿alguien nos ha enseñado a pensar certeramente en el ejercicio de la libertad hasta hallar la felicidad como propósito supremo de todo ser humano? Este reto vital se presenta como inaccesible pues la asignatura del pensamiento, otrora llamada filosofía, tiene que ser rehabilitada por la sapiencia humana para evitar la más que presumible decadencia civilizatoria. Es decir, más que nunca no solo hay que pensar, sino pensar bien para actuar con conocimiento de causa y en libertad. Y en esa cuestión del pensar también hay un cambio de paradigma desde la filosofía tradicional (racionalismo pragmático) a la filosofía transpersonal (racionalismo espiritual). Tantos cambios que afectan, inexorablemente, a la psicología humana, también en tránsito de paradigma desde la psicología positivista (ego) a la psicología transpersonal (trascendencia del ego).

Por todo ello, el fundamental cambio de paradigma propugnado es la transformación interior de las personas mediante la trascendencia del ego hacia una genuina espiritualidad atolondrada en el fondo de su ser. Todo un cambio de paradigma en la profunda psicología a descubrir por toda persona que se precie de saber pensar. La filosofía, por antonomasia la ciencia del pensamiento, es un humilde rescoldo donde se puede propugnar tantos cambios de paradigmas que afectan a nuestro modo de vivir, pensar y amar, todo un segundo renacimiento desde el racionalismo pragmático (la razón enfrascada en la materia) al racionalismo espiritual (la razón ensimismada con el amor). Quien aprehenda cognitiva, sapiencial y espiritualmente dicha reflexión sobre los cambios de paradigmas antes expuestos, se hallará casi con toda seguridad en el camino ascendente de su conciencia hacia la sabiduría.


Avance de la segunda edición revisada y ampliada: LA EDUCACIÓN CUÁNTICA. Un nuevo paradigma de conocimiento.(Publicación: julio 2017)

Publicado 12/06/2017 22:32:20  | LA EDUCACIÓN CUÁNTICA -Segunda edición-


La educación cuántica .Un nuevo paradigma de conocimiento.

Avance de la segunda edición revisada y ampliada:

LA EDUCACIÓN CUÁNTICA

Un nuevo paradigma de conocimiento


(Publicación: julio 2017)



“Para alcanzar la verdad, es necesario, una vez en la vida, desprenderse de todas las ideas recibidas, y reconstruir de nuevo y desde los cimientos todo nuestro sistema de conocimientos”.

René Descartes (1596-1650)




LA CRISIS DE LAS HUMANIDADES EN LA ACTUALIDAD: CAUSAS Y CONSECUENCIAS

Publicado 17/05/2017 18:02:14  | FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL


Educar con amor

Hay una interrelación de causas históricas, filosóficas, científicas, sociológicas, psicológicas, educacionales y espirituales implicadas en la crisis epistemológica que padece la cultura occidental. La trascendencia de dicho abismo cultural no puede provenir de una filosofía materialista ni de una ciencia positivista sino de las Humanidades y, más concretamente, mediante una paradigmática evolución desde la académica filosofía tradicional hacia la filosofía transpersonal, lo cual propugna inherentemente una educación transracional como misión espiritual para una sanación trascendental del sujeto cognoscente.

La filosofía tradicional se sustenta en una epistemología de lo conmensurable mediante el dualismo sujeto-objeto que ha dominado en el pensamiento Occidental hasta la llegada de la física cuántica (“ello”), y requiere de una complementación cognitiva mediante la hermenéutica de lo inconmensurable cuyos campos de estudio son la profundidad del “yo” y la intersubjetividad de todos “nosotros”. En la modernidad, estas tres esferas (ello-yo-nosotros) fueron diferenciadas por Kant mediante sus Tres Críticas: la naturaleza (ello), la conciencia (yo) y la cultura (nosotros). Y la misión de la postmodernidad mediante las humanidades es integrar los individuos (yo) en una conciencia colectiva (nosotros) mediante una filosofía transpersonal que incorpore una ética epistémica bajo una episteme transracional.

Así, la brecha epistemológica de Occidente es una brecha entre la racionalidad y la espiritualidad, y requiere de una renovada interpretación de la historia del pensamiento, su ciencia y la propia espiritualidad pero, eminentemente, desde un revisionismo de la psicología cognitiva y educativa. Tantos cambios de paradigmas vislumbran la convergencia de la ciencia, la moral y la estética como primer objetivo humanístico a ser impartido en las universidades mediante una educación transracional que contemple a la filosofía transpersonal. La filosofía transpersonal es una disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia así como los estudios de la conciencia, y propone la integración entre la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable mediante una intuición moral básica aprehendida desde la no dualidad por el sujeto cognoscente.

La filosofía tradicional surgida de la modernidad (razón egóica) ha desembocado en el pensamiento único neoliberal y ha secuestrado a la racionalidad colectiva expresada en las democracias occidentales mediante el yugo de una plutocracia. Del mismo modo que la filosofía escolástica supeditó la razón a la fe, el economicismo neoliberal ha sometido la razón al servicio de la fe ciega en los mercados económicos globalizados a manos de Los amos del mundo, todo un terrorismo financiero contra la humanidad. Al reincorporar la espiritualidad en la razón humana, la filosofía transpersonal es una renovada visión y una superación paradigmática de la filosofía tradicional y, por tanto, un giro participativo hacia el misticismo y el estudio de las religiones (Teología), cuestiones que convergen inevitablemente con la metafísica (Filosofía).



EN BUSCA DE LA COHERENCIA INTERNA

Publicado 01/04/2017 19:58:01  | LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


En busca de la coherencia interna

Este artículo está inspirado en una pregunta que me ha realizado una amiga llamada Lorena, y dice así: "Tengo una gran pregunta, ¿Todo lo que escribes lo aplicas?". Mi agradecimiento a Lorena por su perspicaz pregunta que ha supuesto para mí todo un reto de introspección y reflexión.

“¿Todo lo que escribes lo aplicas?” es efectivamente una gran pregunta, y requiere de una respuesta coherentemente reflexionada para colmar esa expectativa planteada. Esa pregunta no puede ser respondida con un simple sí o no. Responder “sí” implicaría un cierto aire de vanagloria, presunción y estado de perfección a los ojos de los demás, algo a mi entender harto difícil de alcanzar; mientras que responder “no” llevaría a creer que el que escribe es incoherente en sus actos con lo pensado y lo escrito, lo cual echaría por tierra todo el planteamiento teorético de sus escritos. Entre el “sí” y el “no” así expresados taxativamente, se vislumbra la posibilidad de una dialéctica ética que permita superar las limitaciones entre la teoría expresada en los escritos y su aplicación en la praxis.

Mi respuesta a la pregunta es ésta: Todo lo que escribo tiene su origen en la aplicación de los principios en los que creo. Pero todos los principios sobre lo que escribo no implica necesariamente que puedan ser llevados efectivamente a la práctica, y ello requiere indagar sobre el por qué de esa posibilidad o imposibilidad de que exista una coherencia entre lo que se escribe y piensa y lo que se aplica efectivamente. Aunque esta respuesta parezca un trabalenguas, no lo es en absoluto. Veámoslo con algunos ejemplos razonados.

Por ejemplo, creer en el principio de la búsqueda de la sabiduría me lleva a escribir sobre ella. Pero escribir acerca de la sabiduría no implica que yo sea sabio pues, para ello, debe haber una coherencia interna entre lo que siento (buscar la sabiduría), lo que pienso (pensar como un sabio) y actuar como un sabio. Cuando una persona siente una cosa, piensa otra y actúa diferente se pierde la coherencia interna, se pierde la conciencia de unidad interna, se produce una gran contradicción. Las contradicciones están en el origen de la falta de sentido en la vida, pues sentimos una cosa, pensamos otra diferente y actuamos contradictoriamente.

Otro ejemplo puede ser el principio de saber escuchar la “voz interior” -“Logos” en términos del filósofo Heráclito- (1) que nos habla pero que pocas personas saben escuchar, o nuestro “doble” como defiende el físico francés Garnier. Sin embargo, escribir sobre ese principio de la escucha interna no implica necesariamente que sea fácil llevarse a la práctica, pues requiere plena atención presente en el aquí y en el ahora, implica una plena intencionalidad en la introspección de la propia mirada interna para crear una predisposición receptiva en forma de certeras intuiciones y no meras divagaciones de la imaginación. Para llevar este proceso de escucha interna a la práctica es preciso ejercer la meditación, aquietar la mente de los ruidos mundanos que nos distraen y convertirse en un observador más allá de nuestra propia mente.

Un ejemplo más puede ser el principio del amor como eje teorético de todos mis escritos. Pero escribir sobre el amor tampoco implica que en todo momento tenga la predisposición mental de la compasión y menos aún en su aplicación práctica. Sentir el amor, pensar amorosamente y actuar compasivamente debería ser un estado unitivo de la conciencia como máxima coherencia interna para todo ser humano, sin embargo, las guerras y las injusticias del mundo externo tienen su origen en las contradicciones internas de los hombres y mujeres pues sienten la llamada compasiva pero piensan y actúan egoístamente y, consecuentemente, es causa de sufrimiento.

Así, con estos tres ejemplos anteriores, los principios de toda persona constituyen sus propias creencias sobre las que edifican su unipersonal “visión de la vida” y serían legítimamente sus máximas aspiraciones para dar un sentido a la vida. Y mucho se ha escrito, como yo lo hago, sobre todos los principios rectores del sentido de la vida (la sabiduría y el amor, entre las más importantes). Sin embargo, si a pesar de haberse escrito tantos libros de filosofía y literatura sobres los principios rectores de la humanidad e, incluso, que dispongamos de una carta de los Derechos Humanos, ¿por qué entonces no tenemos un mundo en paz y feliz para todas las personas?

Mi respuesta es que no logramos alcanzar una coherencia interna entre lo que sentimos, lo que pensamos y lo que hacemos, es decir, vivimos entre permanentes contradicciones. Superar esas contradicciones internas es un reto que yo me he propuesto de modo que, escribir, se ha convertido para mí en una psicoterapia a través de la cual expreso los principios en los que creo y, aunque sea difícil pensar en ello con rectitud ética y una aplicación práctica virtuosa, debería ser nuestra máxima aspiración. De alguna manera entonces, mi máxima aspiración es pensar y actuar acorde a los más nobles principios en los que creo, siento y sobre los que escribo pero, no obstante ello, como imperfecto humano que soy y consciente de mi incompletitud, sufro mucho cuando no lo consigo.

Por tanto, sin ánimo de justificarme sino de buscar una mayor perfección, en respuesta a la pregunta de mi amiga Lorena que ha suscitado esta reflexión, no siempre aplico lo que escribo, pero siempre escribo sobre los principios que deberían ser las guías orientadores de nuestras acciones en relación con las demás personas. Y ello se convierte entonces en la aspiración de alcanzar una sabiduría que te permita pensar y actuar en coherencia con lo que sientes, es decir, un “camino ascendente hacia la sabiduría” no exento de dificultades a las que nos enfrentamos existencialmente mediante nuestra propia conciencia .

Gracias amiga Lorena por permitirme, con tu perspicaz pregunta, conocerme un poco más a mí mismo.

REFERENCIA:

(1) Heráclito de Éfeso fue un filósofo griego. Nació hacia el año 535 a. C. y falleció hacia el 484 a. C. Era natural de Éfeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor (actual Turquía). Como los demás filósofos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en gran parte se conocen sus aportes gracias a testimonios posteriores. Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa: se refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas. Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Logos. Este Logos no solo rige el devenir del mundo, sino que le habla al hombre, aunque la mayoría de las personas “no sabe escuchar ni hablar”. El orden real coincide con el orden de la razón, una “armonía invisible, mejor que la visible”, aunque Heráclito se lamenta de que la mayoría de las personas viva relegada a su propio mundo, incapaces de ver el real. Si bien Heráclito no desprecia el uso de los sentidos (como Platón) y los cree indispensables para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia. Era conocido como “el Oscuro”, por su expresión lapidaria y enigmática. Ha pasado a la historia como el modelo de la afirmación del devenir y del pensamiento dialéctico. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres: todo fluye. Los dos pilares de la filosofía de Heráclito son: el devenir perpetuo y la lucha de opuestos. Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el logos, la razón universal, lo rige: “Todo surge conforme a medida y conforme a medida se extingue”. El hombre puede descubrir este logos en su propio interior, pues el logos es común e inmanente al hombre y a las cosas.


LIBERTAD, SUFRIMIENTO Y LA RAZÓN TIRÁNICA

Publicado 25/03/2017 21:09:03  | LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


Libertad, sufrimiento y la razón tiránica

Este artículo está inspirado en una conversación con un amigo, Emilio Diego, a quién le decía yo que “no hay mayor libertad que la libertad interior, la que nos libera de todo sufrimiento exterior”; a lo cual me preguntó Emilio Diego: “¿La libertad presupone sufrimiento? Ciertamente es una pregunta pertinente de ser analizada y respondida con la debida extensión que requieren esos dos temas así relacionados: la libertad y el sufrimiento.La libertad es un tema complejo y extenso, y así lo traté en mi obra Pensar en ser libre, no obstante, se pueden apuntar algunas generalidades para el objetivo de este artículo.

Según Wilber, una de las principales ironías de la modernidad fue que la misma diferenciación del Gran Tres (1) -que permitió el gran paso adelante hacia el logro de una mayor libertad- propició también el colapso en el mundo chato (2) y absurdo de las meras superficies. ¡Una mayor libertad para ser superficial! Para Platón, Plotino, Emerson y Eckhart, la naturaleza es una expresión del Espíritu pero, la ontología industrial que solo reconocía a la naturaleza, invadió y colonizó todos los otros dominios, provocando el hundimiento del Kosmos (3) en un mundo empírico. El hecho es que el marco de referencia descendente destruyó el Gran Tres -la mente, la cultura y la naturaleza- y perpetuó su disociación, su falta de integración, sembrando la tierra con sus fragmentos. La salvación -si es que es posible- reside en la integración del Gran Tres: la naturaleza (ello), la moral (nosotros) y la mente (yo).

De modo que, a partir de la modernidad, la razón egoica fue imponiendo su particular visión e interpretación de la realidad, hasta el punto de negar la trascendencia espiritual que había dominado mediante los ascendentes en el transcurrir temporal desde San Agustín al Renacimiento. Ahora la razón, incluso, era motivo para las revoluciones en contra del Estado y la Iglesia, facilitando así el surgimiento de las democracias. La razón, así, propició la libertad de los individuos, una libertad que con el discurrir de los siglos se ha convertido en el actual libertinaje.

La libertad, pues, ejercida desde la razón ha posibilitado los mayores logros de la humanidad en el terreno científico y el conocimiento del mundo objetivo pero, sin embargo, esa misma libertad ha sido ejercida para los más abominables crímenes contra la humanidad en toda la historia. En nombre de la razón, cualquier ideología puede ser abanderada para ejercerla libremente: así ocurrió con las cruzadas católicas en nombre de Dios, también el nazismo invocó a la superioridad de una cierta raza para justificar un holocausto humano; la libertad de los mercados económicos en un mundo globalizado, asimismo, también ha soslayado la libertad de los pueblos y de los individuos para someterlas a los intereses plutocráticos; la pretendida libertad de las democracias, cómo no, tampoco es cierta pues la galopante corrupción de los partidos políticos al servicio de la oligarquía financiera socava la pretendida libertad colectiva de los Estados; y cómo no aludir al imperialismo norteamericano que ha intervenido por doquier en todo el mundo con la pretendida excusa de potenciar la libertad de los pueblos, cuando en realidad había una subyacente intención de someter al mundo a un dominio unipolar y militarizado. En función de los anteriores ejemplos, es innegable que en nombre de una pretendida libertad se ha infligido mucho sufrimiento a las personas y los pueblos en general a través de la historia y que, en pleno siglo XXI, todavía imperan guerras a diestro y siniestro. Por tanto, la libertad ha sido reconvertida en un libertinaje mediante una razón tiránica.

Así, la tesis a modo de pregunta citada al principio, a saber, que la libertad genera sufrimiento, no es una entelequia sino una realidad muy viva a través de la historia y en nuestra era contemporánea también. La cuestión de fondo es saber ¿cómo y por qué se produce tanto sufrimiento en nombre de la libertad? Cabe señalar que todos los sistemas éticos surgidos desde las religiones así como en el derecho, apuntan a un intento de paliar dicho sufrimiento. La ética religiosa queda circunscrita al ejercicio voluntario de sus correspondientes fieles y, por tanto, concierne a la moralidad de los individuos en el ejercicio de su libertad. Sin embargo, en derecho, ese amplio margen moral de los individuos es restringido y traducido a leyes que, en la medida de lo posible, tratan de impartir justicia allí donde los individuos causan sufrimiento en el ejercicio de su libertad. Pero es obvio que, dicha justicia humana, tampoco es “justa” pues la libertad judicial es ninguneada por los políticos de turno que interfieren en la configuración ideológica afín en las propias estructuras judiciales, amén de la potestad del gobierno de turno en poder indultar a sus propios corruptos. De ahí que haya una justicia de primer y según orden, una para ricos y otra para pobres y, consecuentemente, el sufrimiento y las injusticias también están regidas en cierto modo por la capacidad adquisitiva de cada persona. Si la justicia no es igual para todos, el sufrimiento acaecido por el correspondiente ejercicio de la libertad, tampoco es equitativo cuando se trata de imponer las correspondientes penas judiciales.

Así, consecuentemente, es cierto que el ejercicio de la libertad genera un sufrimiento y, como tesis del inicio de este artículo, se trata de un sufrimiento acaecido en el ejercicio de la libertad exterior, mediante los actos de cada cual. De un modo ontológico, la libertad “exterior” es aquella ejercida en el dualismo “sujeto-objeto”, es decir, la persona contra el mundo, una proyección hacia el sufrimiento que se inicia, según muchos teóricos, con la alienación del sujeto durante el proceso del nacimiento del yo emocional, como origen de la conciencia fragmentada. Y dicho sufrimiento, siguiendo la teoría de la evolución de la conciencia de Ken Wilber, no se puede paliar hasta alcanzar los dominios supraconscientes, momento en el cual es posible la liberación del sufrimiento inherente al espacio, el tiempo y los objetos, y emanciparse así del terror intrínseco al valle de lágrimas denominado samsara (Forma o mundo manifiesto). Así pues, como decía al principio, “no hay mayor libertad que la libertad interior, la que nos libera de todo sufrimiento exterior”.

La línea divisoria, por decirlo de alguna manera, entre el sufrimiento y el no sufrimiento, se halla correlativamente en la libertad ejercida desde el egoísmo humano (el típico y ya clásico ego) y la trascendencia de dicho ego mediante una libertad ejercida desde la compasión. Dicho de otro modo, cualquier argumentación desde la razón tiránica (religiosa, política, narcisista, institucional o cualquier otra forma en que la razón disfraza la libertad para el ejercicio de cualquier ideología), se convierte en una causa de sufrimiento pues solo sirve al ego del teórico que defiende una pretendida libertad en el ejercicio de su propia razón. Así, todo aquel que quiera tener la “razón”, al tenerla con o sin razón, ya está causando sufrimiento en aquellos que pretendidamente carecen de ella, pues como dijera el mismo Descartes acerca del reparto igualitario del buen sentido:

"El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él que aun los más difíciles de contentar en cualquier otra cosa no suelen desear más del que tienen. Al respecto no es verosímil que todos se equivoquen, sino que más bien esto testimonia que la capacidad de juzgar bien y de distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que se llama el buen sentido o la razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y así la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que los otros, sino solamente de que conducimos nuestros pensamientos por distintas vías y no consideramos las mismas cosas. Pues no se trata de tener el ingenio bueno, sino que lo principal es aplicarlo bien. Las almas más grandes son capaces de los mayores vicios, tanto como de las mayores virtudes; y los que andan muy despacio pueden avanzar mucho más, si siguen el camino recto, que los que corren pero se alejan de él."

Evidentemente, esa razón egoica que provoca tanto sufrimiento es más propia de los enfoques occidentales. Las escuelas orientales, por otra parte, suelen mostrar un mayor interés por el nivel mental, eludiendo así por completo los niveles egocéntricos. En pocas palabras, el propósito de las psicoterapias occidentales es el de “reparar” el yo individual, mientras que en los enfoques orientales se proponen trascender el yo. Si deseamos ir más allá de los confines del yo individual, encontrar un nivel de conciencia todavía más rico y generoso, aprendamos entonces de los investigadores del nivel mental, en su mayoría “orientales”, que se ocupan del concienciamiento místico y de la conciencia cósmica. El objetivo primordial de los enfoques orientales no son el de reforzar el ego, sino el de trascenderlo de un modo total y completo, para alcanzar la liberación y la iluminación. Estos enfoques pretenden conectar con un nivel de conciencia que ofrece una libertad total y la liberación completa de la raíz de todo sufrimiento.

La inmensa mayoría de la gente, especialmente la sociedad occidental, no está preparada, dispuesta o capacitada para seguir una experiencia mística, ni es conveniente empujarla a dicha aventura. Sin embargo, como queda acreditado mediante la meditación, solo una libertad enfocada al mejoramiento personal, a la evolución de la propia conciencia desde el ego personal hacia la transpersonalidad, puede posibilitar una auténtica revolución generada desde el interior de los individuos. Y en ese sentido, cada vez que nuestra razón tiránica haga acto de presencia, deberemos estar lo suficientemente alertas para que no sea ejercida de un modo déspota sino, en su lugar, dejar que fluya la libertad compasiva para evitar así infligir sufrimiento en los demás mediante nuestros actos, pero también en nosotros mismos pues todo sufrimiento generado a los demás es como si nos lo hiciéramos a nosotros mismos. No en vano, el imperativo categórico kantiano (o “nosotros kantiano”) (4) sigue siendo la asignatura pendiente de superar por la filosofía occidental, y la causa más que probable de todo el sufrimiento que Occidente ha propagado desde la modernidad.

Como decíamos pues al inicio de este artículo, la diferenciación del Gran Tres -la mente, la cultura y la naturaleza- y su perpetua disociación está en el origen de tanto sufrimiento en este mundo y, la salvación, solo puede provenir de la integración de la ciencia (ello), la moral (nosotros) y la persona (yo). Y dicha integración solo es posible mediante el ejercicio de la genuina filosofía platónica resumida sucintamente en esta cita: “La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma entorno al Ser”. Y ese diálogo interior debe enfocarse principalmente a la evolución de la conciencia de cada cual, pues como dijera el inconmensurable Sócrates: “Aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a sí mismo”.

Es bajo dichas premisa que, yo personalmente, trato de evitar que la razón tiránica haga acto de presencia en el ámbito familiar, social, en los diversos foros de las redes sociales y, en general, en cualquier actividad discursiva donde deba intervenir la palabra. Y es así como pienso que “no hay mayor libertad que la libertad interior, la que nos libera de todo sufrimiento exterior”, pues como dijera el insigne Aristóteles, “El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”.


REFERENCIAS:

(1) La visión racional-industrial del mundo sostenida por la Ilustración cumplió con funciones muy importantes como la aparición de la democracia, la abolición de la esclavitud, el surgimiento del feminismo liberal, la emergencia de la ecología y las ciencias sistémicas, entre algunas más, pero sin duda, la más importante puesta en escena fue la diferenciación entre el arte (yo), la ciencia (ello) y la moral (nosotros), el Gran Tres diferenciado por Kant a través de sus Tres críticas.

Tras el Renacimiento surgió la Edad de la Razón o Filosofía Moderna cuyo uno de sus máximo exponente fue Kant. Con las Tres críticas -La crítica de la razón pura (Kant, 2005), La crítica de la razón práctica (Kant, 2008) y La crítica del juicio (Kant, 2006a)-, se produce una diferenciación de tres esferas: la ciencia, la moralidad y el arte. Con esta diferenciación, ya no había vuelta atrás. En el sincretismo mítico, la ciencia, la moralidad y el arte, estaban todavía globalmente fusionados. Por ejemplo: una “verdad” científica era verdadera solamente si encajaba en el dogma religioso. Con Kant, cada una de estas tres esferas se diferencia y se liberan para desarrollar su propio potencial:

-La esfera de la ciencia empírica trata con aquellos aspectos de la realidad que pueden ser investigados de forma relativamente “objetiva” y descritos en un lenguaje, es decir, verdades proposicionales y descriptivas (ello).

-La esfera práctica o razón moral, se refiere a cómo tú y yo podemos interactuar pragmáticamente e interrelacionarnos en términos que tenemos algo en común, es decir, un entendimiento mutuo (nosotros).

-La esfera del arte o juicio estético se refiere a cómo me expreso y qué es lo que expreso de mí, es decir, la profundidad del yo individual: sinceridad y expresividad (yo).

(2) Wilber (2005: 177):

Los grandes e innegables avances de las ciencias empíricas que tuvieron lugar en el periodo que va desde el Renacimiento hasta la Ilustración, nos hicieron creer que toda realidad podía ser abordada y descrita en los términos objetivos propios del lenguaje monológuico del “ello” e, inversamente, que si algo no podía ser estudiado y descrito de un modo objetivo y empírico, no era “realmente real”. Así fue como el Gran Tres terminó reducido al “Gran Uno” del materialismo científico, las exterioridades, los objetos y los sistemas científicos [denominado por Wilber como una visión chata del mundo].

(3) Wilber examina el curso del desarrollo evolutivo a través de tres dominios a los que denomina materia (o cosmos), vida (o biosfera) y mente (o noosfera), y todo ello en conjunto es referido como “Kosmos”. Wilber pone especial énfasis en diferenciar cosmos de Kosmos, pues la mayor parte de las cosmologías están contaminadas por el sesgo materialista que les lleva a presuponer que el cosmos físico es la dimensión real y que todo lo demás debe ser explicado con referencia al plano material, siendo un enfoque brutal que arroja a la totalidad del Kosmos contra el muro del reduccionismo. Wilber no quiere hacer cosmología sino Kosmología.

(4) El “nosotros” kantiano se debe interpretar como la esfera práctica o razón moral, es decir, a cómo tú y yo podemos interactuar pragmáticamente e interrelacionarnos en términos que tenemos algo en común, es decir, un entendimiento mutuo. La obra La crítica de la razón práctica de Kant (2008) trata de la filosofía ética y moral que, durante el siglo XX, se convirtió en el principal punto de referencia para toda la filosofía moral. El imperativo categórico es un concepto central en la ética kantiana, y de toda la ética deontológica moderna posterior. Pretende ser un mandamiento autónomo (no dependiente de ninguna religión ni ideología) y autosuficiente, capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones. Kant empleó por primera vez el término en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (Kant, 2006b). Según Kant, del imperativo categórico existen tres formulaciones: 1- “Obra solo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”. 2- “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca solo como un medio”. 3- “Obra como si, por medio de tus máximas, fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines”.


BIBLIOGRAFÍA:

Kant, Immanuel. La crítica de la razón pura. Madrid: Taurus, 2005.

Kant, Immanuel. La crítica del juicio. Barcelona: Espasa libros, 2006a.

Kant, Immanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Madrid: Tecnos, 2006b.

Kant, Immanuel. La crítica de la razón práctica. Buenos Aires: Losada, 2008.

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairós, 2005.


1 - EN EL CAMINO HACIA LO GLOBAL: LA INCUBACIÓN DEL YO FÍSICO (FULCRO 1)

Publicado 22/03/2017 17:17:30  | LA EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA SEGÚN KEN WILBER


La incubación del yo físico (Fulcro 1)

Sinopsis de La evolución de la conciencia según Ken Wilber (2005: 214-318) en Breve historia de todas las cosas (1 de 10).

Hoy en día se habla mucho de “perspectiva global”, de “conciencia global”, de pensar globalmente y de actuar localmente. Sin embargo, según Wilber, un mapa global es una cosa y un cartógrafo capaz de vivir de acuerdo a él otra completamente diferente. Una perspectiva global no es algo innato, el niño no nace con ella. Una perspectiva global es algo tan excepcional e infrecuente que hay pocos individuos que realmente la posean. La utilidad de los mapas supuestamente globales o sistémicos son mapas de la Mano Derecha, por el contrario, el asunto crucial consiste en el desarrollo de la Mano Izquierda (1), en suma, promover el desarrollo de los individuos hasta el punto en el que estén en condiciones de asentarse en una conciencia global. Es desde dentro y más allá de esta perspectiva global desde donde emergen los estadios genuinamente espirituales o transpersonales (2) en la medida en que el Espíritu comienza a reconocer sus dimensiones globales. Por tanto es necesario un proceso de desarrollo y evolución que conduce hasta el Yo global, una escalera que es preciso subir peldaño a peldaño y que consta de nueve estadios de evolución de la conciencia.

Fulcro 1: La incubación del yo físico

En el momento del nacimiento, el bebé es un organismo fundamentalmente sensioromotor, un holón (3) que incluye y trasciende a las células, las moléculas y los átomos que lo componen. En términos de Piaget, el bebé está identificado con la dimensión sensoriofísica, lo cual explica que ni siquiera pueda distinguir entre interior y exterior: el yo físico y el mundo físico se hallan fundidos, es decir, todavía no se han diferenciado. Este temprano estado de fusión suele denominarse “matriz primordial” porque es la matriz que irá diferenciándose a lo largo del proceso de desarrollo subsiguiente. La matriz primordial es simplemente la fase 1 del fulcro 1. Recordemos que, en cada uno de los fulcros del desarrollo, el yo debe atravesar un proceso trifásico (1-2-3): identificación con un determinado peldaño, diferenciación de ese peldaño hasta trascenderlo y, por último, integración e incluyéndolo en su propia estructura.

Pero alrededor de los cuatro meses de edad, el niño comienza a diferenciar entre las sensaciones físicas del cuerpo y las del entorno que le rodea. El niño muerde una sabana y no le duele, pero se muerde el pulgar y sí le duele. Entonces es cuando empieza la diferenciación del fulcro 1, una fase que suele completarse en el primer año de vida, habitualmente entre los cinco y nueve meses de edad y se constituye en un proceso de “incubación” hasta el “nacimiento real”, por así decirlo, del yo físico -o fase 2 del fulcro 1-.


REFERENCIAS:

(1) Según Ken Wilber (2005:139):

La hermenéutica es el arte de la interpretación. La hermenéutica se originó como una forma de comprender la interpretación misma porque cuando usted interpreta un texto hay buenas y malas formas de proceder. En general, los filósofos continentales, especialmente en Alemania y en Francia, se han interesado por los aspectos interpretativos de la filosofía, mientras que los filósofos anglosajones de Gran Bretaña y Estados Unidos han soslayado la interpretación y se han dedicado fundamentalmente a los estudios pragmáticos y empírico-analíticos. ¡La vieja disputa entre el camino de la Mano Izquierda y el camino de la Mano Derecha! (la Mano Izquierda se refiere a “lo intencional” y a “lo cultural”, que tienen que ver con la profundidad interior a la que solo se puede acceder mediante la interpretación; y la Mano Derecha se refiere a “lo empírico” y “perceptual”). Así pues, recuerde, que la “hermenéutica” es la clave que nos permite adentrarnos en las dimensiones de la Mano Izquierda. La Mano Izquierda es profundidad y la interpretación es la única forma de acceder a las profundidades. Como diría Heidegger, la interpretación funciona en todo el camino de descenso para el cual el mero empirismo resulta casi completamente inútil.

(2) Etimológicamente el término transpersonal significa “más allá” o “a través” de lo personal, y en la literatura transpersonal se suele utilizar para hacer referencia a inquietudes, motivaciones, experiencias, estadios evolutivos, modos de ser y otros fenómenos que incluyen pero trascienden la esfera de la individualidad y de la personalidad humana, el yo o ego (Ferrer, 2003). Entre sus intereses centrales se encuentran “los procesos, valores y estados transpersonales, la conciencia unitiva, las experiencias cumbre, el éxtasis, la experiencia mística, la trascendencia, las teorías y prácticas de la meditación, los caminos espirituales, la realización (...) y los conceptos, experiencias y actividades con ellas relacionados” (Vaughan y Walsh, 1982:14). Entre sus objetivos principales se encuentra la delimitación de las fronteras y las variedades de la experiencia humana consciente (Rowan, 1996). (Cita extraída de la Tesis Doctoral titulada Complejidad y Psicología Transpersonal: Caos, autoorganización y experiencias cumbre en psicoterapia, de Iker Puente Vigiola, Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Barcelona, 2014).

Sin embargo, a los efectos prácticos de este artículo, el concepto de conciencia transpersonal se implementa también con la siguiente definición: En los estados modificados de consciencia estudiados por la psicología transpersonal se producen cambios en el flujo del pensamiento, en la percepción de la realidad y a nivel emocional. En estos estados pueden ocurrir experiencias de catarsis y, sobre todo, experiencias místicas o extáticas, que diversos autores han definido como religiosas, trascendentes, transpersonales o experiencias cumbre. En estas vivencias el mundo se percibe como una totalidad, en la que el propio individuo está inmerso. Se produce, al mismo tiempo, una sensación subjetiva de unidad, en la que el Yo individual se diluye, desapareciendo toda distinción significativa entre el Yo y el mundo exterior. Esta experiencia es vivida por la persona como algo positivo, y autores como Maslow o Grof señalan que puede tener efectos beneficiosos y terapéuticos. Sin embargo, la disolución del Yo previa a la sensación subjetiva de unidad, puede ser vivida por el sujeto como un momento de caos, de desequilibrio y desestructuración, de pérdida de los puntos de referencia habituales. Diversos autores se han referido a esta experiencia como muerte del ego. (Grof, 1988; Wilber, 1996; Fericgla, 2006). (Cita extraída del artículo titulado Psicología Transpersonal y Ciencias de la Complejidad: Un amplio horizonte interdisciplinar a explorar, de Iker Puente, Journal of Transpersonal Research, 2009, Vol. 1 (1), pp 19-28 ISSN: 1989-6077).

Por tanto, en este artículo, el paso de la conciencia personal a la conciencia transpersonal, debe interpretarse como la muerte del ego en su viaje iniciático hacia la percepción unitaria del sujeto cognoscente con el mundo (no dualidad entre sujeto y objeto), donde las emociones egoístas e individualistas dejan paso a la compasión. Se trataría, en suma, de un ascendente viaje iniciático-cognitivo similar al descrito como salida del mundo de las sombras en el Mito de la Caverna de Platón, para luego transmitir de un modo descendente la sabiduría adquirida en el Mundo de las Ideas, donde la reina es el Amor.

(3) La realidad está compuesta de totalidades/partes, u “holones”. Arthur Koestler acuño el término “holón” para referirse a una entidad que es, al mismo tiempo, una totalidad y una parte de otra totalidad. Y si usted observa atentamente las cosas y los procesos existentes, no tardará en advertir que no son solo totalidades sino que también forman parte de alguna otra totalidad. Se trata, pues, de totalidades/partes: de holones.

Todos los holones poseen cuatro capacidades (individualidad, comunión, autotrascendencia y autodisolución); el motor de la evolución es el impulso autotrascendente y su desarrollo es holoárquico, es decir, que procede trascendiendo e incluyendo (las células, por ejemplo, trascienden e incluyen a las moléculas que, a su vez, trascienden e incluyen a los átomos, etcétera). El impulso autotrascendente del Kosmos va creando holones de una profundidad cada vez mayor y que, cuanta mayor es la profundidad del holón, mayor es también su nivel de conciencia.

Pero cuanta mayor es la profundidad mayor es también el riesgo de que aparezcan problemas. Los perros, por ejemplo, pueden padecer cáncer, cosa que no ocurre, obviamente en el caso de los átomos. No se trata pues de que el proceso evolutivo discurra de una manera apacible y tranquila sino que, en cada uno de sus pasos, se encuentra sujeto a un proceso dialéctico.

Pero los holones no solo tienen un interior y un exterior, también existen de manera individual y colectiva, lo cual significa que cada holón presenta cuatro facetas diferentes, a las que Wilber ha denominado cuatro cuadrantes (intencional, conductual, cultural y social).


BIBLIOGRAFÍA:

Fericgla, José M. Los chamanismos a revisión. Barcelona: Kairós, 2006.

Ferrer, Jorge. Espiritualidad creativa: una visión participativa de lo transpersonal. Barcelona: Kairós, 2003.

Grof, Stanislav. Psicología Transpersonal: nacimiento, muerte y trascendencia en psicoterapia. Barcelona: Kairós, 1988.

Rowan, John. Lo transpersonal: psicoterapia y counselling. Barcelona: La Liebre de Marzo, 1996.

Vaughan, F. y Walsh, R. Más allá del ego. Barcelona : Kairós, 2000.

Wilber, Ken. El proyecto Atman. Barcelona: Kairós, 1996.

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairós, 2005.


2 - EN EL CAMINO HACIA LO GLOBAL: EL NACIMIENTO DEL YO EMOCIONAL (FULCRO 2)

Publicado 22/03/2017 17:16:28  | LA EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA SEGÚN KEN WILBER


El nacimiento del yo emocional

Sinopsis de La evolución de la conciencia según Ken Wilber (2005: 214-318) en Breve historia de todas las cosas (2 de 10).

Fulcro 2: El nacimiento del yo emocional

Una vez atravesado el fulcro 1, el niño ha trazado ya las fronteras de su yo físico pero todavía no ha establecido las fronteras de su yo emocional. Puede diferenciar su yo físico del entorno físico pero todavía no puede diferenciar su yo emocional de su entorno emocional, lo cual significa que su yo emocional permanece fundido o identificado con quienes le rodea, especialmente con la madre: esta es la fase de fusión con la que se inicia el fulcro 2. El hecho de que no pueda diferenciarse del mundo emocional y vital que le rodea le lleva a considerar al mundo como una extensión de sí mismo y, precisamente, éste es el significado técnico del término “narcisismo”. Un narcisismo, en este estadio, que no es patológico sino perfectamente normal pues es todavía incapaz de pensar por sí mismo. Dicho de otro modo, su perspectiva es la única de la existencia y por ello, cuando juega al escondite, se cubre los ojos creyendo que si él no le ve a usted, usted tampoco podrá verle a él. Su identidad es biocéntrica porque se halla fundido con la biosfera interna y externa y, por tanto, sumamente egocéntrico pues carece de fronteras emocionales.

Pero en algún momento entre los 15 y los 24 meses, el yo emocional comienza a diferenciarse del entorno emocional, lo que puede llamarse el “nacimiento psicológico del niño”. Es precisamente en ese momento en el que el yo pasa de la fase de fusión inicial a la fase de diferenciación del fulcro 2, cuando tiene lugar el “nacimiento emocional” del niño y comienza a despertar al hecho de que es un yo separado que existe en un mundo separado. Muchos teóricos consideran que éste es el comienzo de la alienación, de la enajenación profunda, el dualismo básico, la escisión entre sujeto y objeto, el origen de la conciencia fragmentada. El mundo manifiesto es un lugar atroz y cuando los humanos toman conciencia de este hecho sufren terriblemente, y ese doloroso proceso es denominado como despertar. En ese momento, está comenzando a adentrase en el mundo del dolor y del sufrimiento, una pesadilla infernal ante la que solo tiene dos alternativas: regresar a la fusión anterior en la que no era consciente de la alienación, o seguir creciendo hasta llegar a superar esta alienación en el despertar espiritual. Cuando despertamos como yo emocional separado, con todo el gozo y el terror que ello implica, hemos trascendido realmente el estado de fusión anterior, hemos, en cierto modo, despertado, hemos ganado en profundidad y en conciencia, lo cual tiene su propio valor intrínseco.


BIBLIOGRAFÍA:

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairós, 2005.



volver

página siguiente


"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


Copyright © pensarenserrico.es  |  Aviso legal  |  Mapa web