LA SANACIÓN TRASCENDENTAL DEL SER HUMANO

Publicado 14/11/2016 23:21:41  | LA CUESTIÓN EPISTEMOLÓGICA


LA SANACIÓN TRASCENDENTAL DEL SER HUMANO

Es indudable que existen dos modos de saber y que, también, han sido contemplados por los padres fundadores de la relatividad y de la física cuántica (Wilber, 1987) y, correlativamente, aluden los mundos antagónicos entre la ciencia y la religión, respectivamente, entre el saber racional y el metafísico, ambos aunados por los “místicos cuánticos” en un racionalismo espiritual adoptado como filosofía transpersonal (1) (Martos, 2015b), y convirtiéndose en un fundamento epistemológico para un nuevo paradigma de conocimiento integrador de la filosofía con la espiritualidad , en el mismo sentido como lo definiera el inconmensurable Kant en su imperativo categórico (2) .

Kant, mediante La crítica de la razón práctica, nos remite a la esfera práctica o razón moral, la interactuación pragmática, la interrelación en términos que tenemos algo en común, es decir, el entendimiento mutuo. El imperativo categórico de Kant (2006), es una excelsa definición racional del amor, todo un racionalismo espiritual cuya aplicación práctica posibilitaría la sanación trascendental. Efectivamente, el pensamiento kantiano debe ser reivindicado y trascendido por el pensamiento occidental, quien remite al “nosotros” como asignatura pendiente (Martos, 2015a, 276): “Ahí radica el gran fracaso de la actual civilización, la falta de entendimiento y acuerdos para volver a poner al hombre en el centro de nuestro universo, y no simplemente como medio de explotación del hombre por el hombre, una lucha de clases presente en el pensamiento marxista y que, a día de hoy, sigue más vigente que nunca en la historia”.

Por un lado, el dualismo entre ciencia y religión (saber racional y saber revelado), son dos modos de saber que deben ser integrados desde la no dualidad por el sujeto cognoscente en tanto que debe ser objeto de conocimiento de sí mismo, haciendo asertivo el aforismo griego: “Conócete a ti mismo”. Por otro lado, la todavía insuperable filosofía kantiana remite hacia el “nosotros”. El camino a seguir es indudable: por un lado la introspección de los propios pensamientos hasta alcanzar la pretendida sabiduría, y por otro lado, la aplicación práctica de dichos conocimientos mediante el amor. La sabiduría y la compasión son los fundamentos de toda espiritualidad que se precie de ser llamada así (Wilber, 2005a, 389-392): “El camino del Ascenso es el camino de lo Bueno; el camino del Descenso es el camino de la Bondad. (…) Los Muchos volviendo al Uno y uniéndose a Él es lo Bueno, y es conocido como sabiduría; el Uno de vuelta y abrazando los Muchos es Bondad, y es conocido como compasión”.

Sí, efectivamente, El ideal de la sabiduría (Droit, 2011) y el amor son los bálsamos para la sanación trascendental del ser humano (Martos, 2015a, 289): “La sabiduría y el amor no pueden ser encapsulados y prescritos por un médico, sino que deben ser aprehendidos consciente y prácticamente por todo sincero buscador de la verdad. Porque no hay mayor verdad que el amor [espiritualidad], y el amor a la verdad es el camino [filosofía]”.

¿Y cómo es posible integrar esos dos modos de saber? La filosofía perenne (3) propugna la trascendencia del ilusorio dualismo entre cuerpo y mente mediante la meditación, logrando así la unicidad del propio ser humano con el universo, un camino de sabiduría que pretendidamente conduce hasta la iluminación (Wilber, 2005b). En dicho sentido, un equipo de psiquiatras del Hospital General de Massachusetts ha realizado el primer estudio que documenta cómo ejercitar la meditación durante ocho semanas puede afectar al cerebro. Según sus conclusiones, publicadas en Psychiatry Research (Lazar, 2011), la práctica de un programa de meditación durante ocho semanas puede provocar considerables cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés. Es decir, que algo considerado espiritual, nos transforma físicamente y puede mejorar nuestro bienestar y nuestra salud.

Pero si hablamos de iluminación, es imperativo recordar la alegoría del Mito de la Caverna de Platón (Truyol, 1981), que alude al despertar cognitivo del sujeto cognoscente en el Mundo de las Ideas, cuya idea suprema es el Bien. Es el mismo amor profesado por santos, budas, yoguis, místicos, chamanes, sacerdotes y videntes en su interior. Ese camino de crecimiento interior ha sido obviado por Occidente y evidenciado por pensadores cualificados: Baudrillard (2005) con la hiperrealidad, y Bauman (2007) con la sociedad líquida, respectivamente la conciencia fragmentada (del “yo”) y la ausencia de amor (entre “nosotros”), son las causas de todos los males de Occidente (Martos, 2012). A dicha degeneración cultural cabe sumar una razón obnubilada por un pensamiento débil (Vattimo, 2006) que solo apuesta por el individualismo, la competencia y un imposible crecimiento infinito en un mundo finito (Latouche, 2011), y que conduce a la destrucción no solo de la biosfera sino también de la noosfera. La razón (yo-ego) aniquilando al espíritu colectivo (nosotros), esa es la historia de Occidente y, por antonomasia, el fracaso epistemológico de la filosofía materialista (Martos, 2015a). La crisis epistemológica de la filosofía materialista que sustenta a Occidente está propiciando la posibilidad de considerar la perenne espiritualidad, el otro modo de saber. Aunque el saber revelado ha estado secularmente en manos de las religiones, el surgimiento del movimiento conocido peyorativamente como misticismo cuántico, está allanando el sendero hacia la espiritualidad como una dimensión moral que ya fue fundamentada por el inconmensurable Kant (2008).


Notas:

(1) La filosofía transpersonal es una disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia así como los estudios de la conciencia. El filósofo Ken Wilber es un emblemático representante del movimiento transpersonal que surge del encuentro entre la psicología occidental (en particular de las escuelas psicoanalíticas, junguiana, humanista y existencial) y las tradiciones contemplativas de Oriente (en especial el budismo zen, el taoísmo y el hinduismo).

(2) El imperativo categórico kantiano, nacido en la razón y con una finalidad eminentemente moral, tiene tres formulaciones. El imperativo categórico es un concepto central en la ética kantiana, y de toda la ética deontológica moderna posterior. Pretende ser un mandamiento autónomo (no dependiente de ninguna religión ni ideología) y autosuficiente, capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones. Kant empleó por primera vez el término en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). Según Kant, del imperativo categórico existen tres formulaciones: 1- “Obra solo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”. 2- “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca solo como un medio”. 3- “Obra como si, por medio de tus máximas, fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines”.

(3) Según el psicólogo transpersonal Iker Puente (2011,18):

"La idea de una filosofía perenne aparece a lo largo de toda la filosofía occidental, y ha ido tomando diversas formas a lo largo de su historia. El término philosophia perennis fue empleado por primera vez por Agustino Steuco en 1540 en su libro De perenni phi¬losophia, un tratado de filosofía cristiana en el que defendía la existencia de un núcleo común en la filosofía de toda la humanidad que se mantiene idéntico a través del curso de la historia. (…) Esta unidad en el conocimiento humano deriva, según los partidarios de la filosofía perenne, de la existencia de una realidad última que puede ser aprehendida por el intelecto en determinadas condi¬ciones especiales".

Dicha dimensión espiritual y trascendente de la naturaleza humana y de la existencia, en el ámbito de la psicología, tiene su correlato con el surgimiento de la psicología transpersonal como “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista. Según Iker Puente (2011, 24):

"La psicología transpersonal nació a finales de los años sesenta en los EE.UU. a raíz del interés de un grupo de psicólogos, psiquiatras y psicotera¬peutas (entre los que se encontraba Anthony Sutich y Abraham Maslow, fun¬dadores de la psicología humanista, y el psiquiatra Stanislav Grof) en expandir el marco de la psicología humanista más allá de su centro de atención sobre el yo individual, interesándose por el estudio de la dimensión espiritual y trascendente de la naturaleza humana y de la existencia. Sus fundadores pretendían realizar una integración de las tradiciones místicas occidentales y orientales con la psicología humanista. La orientación transpersonal surge, pues, del encuentro entre la psicología occidental (en particular de las escuelas psicoanalí¬ticas junguiana, humanista y existencial) y las tradiciones contemplativas de Orien¬te (en especial el budismo zen, el taoísmo y el hinduismo)".



Bibliografía:


Baudrillard, Jean (2005), Cultura y simulacro, Kairós, Barcelona.

Bauman, Zygmunt (2007), Tiempos líquidos,Tusquets, Barcelona.

Droit, Roger-Pol (2011), El ideal de la sabiduría, Kairós, Barcelona.

Kant, Immanuel (2006), Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Tecnos, Madrid.

Kant, Immanuel (2008), La crítica de la razón práctica, Losada, Buenos Aires.

Latouche, Serge (2011), La hora del decrecimiento, Octaedro, Barcelona.

Martos, Amador (2012), Capitalismo y conciencia,Bubok, Madrid.

Martos, Amador (2015a), La educación cuántica, Corona Borealis, Málaga.

Martos, Amador (2015b), “Filosofía transpersonal”, en: Martos, La educación cuántica (pp.67-75), Corona Borealis, Málaga.

Truyol, Antonio (1981), La república, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid.

Vattimo, Gianni (2006), El pensamiento débil,Ediciones Cátedra, Madrid.

Wilber, Ken (1987), Cuestiones cuánticas,Kairós, Barcelona.

Wilber, Ken (2005a), Sexo, Ecología, Espiritualidad,Gaia Ediciones, Madrid.

Wilber, Ken (2005b), “Aquello que está siempre listo”, en: Wilber, El espectro de la conciencia (pp.375-432), Kairós, Barcelona.

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"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


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