EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA (3): El caos es ignorancia

Publicado 01/09/2015 21:07:25  | EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA


El caos es ignorancia

Este es el tercero de una serie de artículos dedicados a la relación entre el caos y al orden. En el primero artículo, contemplé que "No hay caos en el universo". En el segundo artículo que "En todo caos hay un orden". Ahora argumentaré de que "El caos es sinónimo de ignorancia".

Lo más grave de la ignorancia como sinónimo del caos, es que puede llevar este mundo a un genocidio globalizado, según Wilber (2005a: 88):

"La ignorancia respaldada por la tecnología primordial o tribal es capaz de infligir un daño limitado, pero esa misma ignorancia apoyada por la industria es capaz de destruir la totalidad del planeta. Tenemos, pues, que separar estos dos puntos, la ignorancia y los medios de que disponemos para ejercerla, porque con la modernidad y la ciencia tenemos, por vez primera en la historia, una forma de superar nuestra ignorancia, en el mismo instante preciso en que hemos creado los medios para que esa ignorancia resulte globalmente genocida. Finalmente sabemos más pero si no actuamos en concordancia con lo que sabemos terminaremos todos muertos, lo cual aporta un nuevo significado a la frase de Confucio : Que puedas vivir en un tiempo interesante”.

La ignorancia nos puede llevar literalmente al caos. Por tanto, es a la sabiduría donde hay que poner la mirada, la misma filosofía que nos quitan de los colegios, para sustituirla por mera información, que no equivale a conocimiento, y sin conocimiento no hay pensamiento. Eudald Carbonell en el prólogo de la obra La sociedad de la ignorancia (Mayos y Brey, 2011), nos advierte de lo siguiente:

“La tecnología y su socialización generan tensiones y divisiones en nuestra estructuras ecológicas y culturales. No se ha producido, pues, una socialización efectiva del conocimiento, y ello impide que caminemos hacia la sociedad del pensamiento, tal como deberíamos hacer. Debemos trabajar en la perspectiva de generar una nueva conciencia crítica de especie. Solamente con una evolución responsable, construida a través del proceso consciente, podremos convertir el conocimiento en pensamiento, y alejarnos así de la sociedad de la ignorancia”.

Tal ignorancia perdura desde la Ilustración, según Wilber (2005a: 366):

"La rebelión postilustrada o postmoderna comenzó entre los siglos XVIII y XIX. Las profundas contradicciones inherentes al paradigma fundamental de la Ilustración no tardaron en empañar los logros positivos de la modernidad con sus deplorables secuelas negativas. Y cuando ese esplandor de la modernidad se vio eclipsado por sus miserias, “las fuerzas del eco” [Romanticismo de la naturaleza] se alzaron en contra de “las fuerzas del ego” [Ilustración racionalista] y comenzó una terrible batalla entre cuyas humeantes ruinas todavía seguimos viviendo hoy en día. Bajo la violenta ofensiva de la industrialización, la visión del mundo exclusivamente descendente (2) y la gran red de los “ellos” (3) interrelacionados –dentro de la cual todavía vivimos, nos movemos, pensamos y nos sentimos- terminaron imponiéndose a la mente moderna y postmoderna".

Una ignorancia sin buenos presagios para la humanidad, según Wilber (2005a: 442):

"El enfoque exclusivamente descendente (2) desprecia todo camino ascendente (1) y le acusa de ser el culpable de casi todos los problemas que aquejan a la humanidad y a Gaia. Pero el odio es recíproco, porque unos y otros se hallan atrapados en la misma ignorancia de dispersión y exterioridad que ha sido la auténtica causa de todos los problemas de la humanidad. Desde hace unos dos mil años, los ascendentes (1) y los descendentes (2) se hallan enzarzados en la misma batalla, una batalla en la que cada bando reclama ser la Totalidad y acusa al otro de ser el Mal, fracturando así el mundo en una pesadilla de odio y rechazo. Después de tantos años de lucha, los ascendentes (1) y los descendentes (2) siguen atrapados en la misma locura".

La locura esquizofrénica del pensamiento occidental es fundamentalmente una enfermedad de carácter epistemológico: obviar la no dualidad de la conciencia, una integración del camino ascendente con el camino descendente, un objetivo fundamentalmente perseguido por Wilber (2005a: 32) en su obra:

Los ascendentes (1) y los descendentes (2) sólo podrán salvarse, por así decirlo, uniéndose (4). Y quienes no contribuyan a esta integración no sólo destruirá la única Tierra de la que disponemos sino que también dificultan el acceso al único Cielo que, de otro modo, podríamos alcanzar.

Si vivimos en la locura esquizofrénica de un mundo exterior donde sólo hay caos e ignorancia, es preciso buscar el propio orden de cada cual en la profundidad de nuestro ser. Pero esta cuestión será aludida en un próximo artículo.


Referencias:

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairos, 2005a.

Mayos, Gonçal y Brey, Antoni. La sociedad de la ignorancia. Barcelona: Península, 2011

(1) El camino ascendente es el camino puramente trascendental y ultramundano. Se trata de un camino puritano, ascético y yóguico, un camino que suele despreciar- e incluso negar- el cuerpo, los sentidos, la sexualidad, la Tierra y la carne. Este camino busca la salvación en un reino que no es de este mundo. El camino ascendente glorifica la unidad no la multiplicidad.

(2) El camino descendente, por su parte afirma exactamente lo contrario, Éste es un camino esencialmente intramundano, un camino que no glorifica la unidad sino la multiplicidad. El camino descendente enaltece la Tierra, el cuerpo, los sentidos e incluso la sexualidad, un camino que llega incluso a identificar el espíritu con el mundo sensorial. Se trata de un camino puramente inmanente que rechaza la trascendencia.

(3) Wilber hace hincapié de que el cerebro forma parte de la naturaleza, pero la mente no forma parte del cerebro, pues la conciencia es una dimensión interna cuyo correlato externo es el cerebro objetivo. La mente es un “yo” y el cerebro es un “ello”. Sólo es posible acceder a la mente a través de la introspección, la comunicación y la interpretación. Aunque la conciencia, los valores y los significados sean inherentes a las profundidades del Kosmos (Espíritu o Naturaleza), no pueden ser encontrados en el cosmos (naturaleza), es decir, son inherentes a las profundidades interiores. Así fue como el Espíritu se suicidó y terminó convirtiéndose en un fantasma. Ese fue el motivo por el que teóricos como Foucault han atacado con tanta dureza las “ciencias del hombre” que aparecieron en el siglo XVIII, pues los seres humanos eran estudiados en sus dimensiones objetivas y empíricas y, en consecuencia, fueron reducidos a meros “ellos”.


(4) CAMINO ASCENDENTE: Camino ascendente de la conciencia personal, a saber, evolución de la conciencia como posibilidad de lograr más y más conocimientos hasta hallar la sabiduría. (Es lo equivalente a la salida del mundo de las sombras en el Mito de la Caverna de Platón).

CAMINO DESCENDENTE: Camino descendente de la conciencia transpersonal, es decir, todo el saber adquirido en el camino ascendente se revierte en la humanidad en tanto que la conciencia es transmisora de conocimientos a la vez que conciencia solidaria (transpersonal). (Es lo equivalente al retorno al mundo de las sombras en el Mito de la Caverna de Platón).

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"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


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