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DIOS JUEGA A LOS DADOS CON EL UNIVERSO

Publicado 23/10/2020 19:18:29  | 19 - FILOSOFÍA CUÁNTICA


El universo holográfico

Este artículo es una reproducción del apartado 3-1 del capítulo “La naturaleza cuántica” de la tercera parte de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA

Desde el surgimiento de la física cuántica, los científicos se han enfrentado a un quebradero de cabeza: la teoría cuántica cuestiona la naturaleza de la realidad. El Principio de Determinismo de la Física no es aplicable a los sistemas descritos a través de la Teoría Cuántica. Cuánticamente, el proceso de la medida afecta al estado sobre el que se mide, haciéndolo además de manera impredecible. Ese problema de interpretación es uno de los problemas más serios que plantea la física cuántica. Un experimento llevado a cabo por Aspect, Dalibard y Roger en 1982 supuso, después de cuarenta y siete años, la materialización práctica del experimento “mental” expuesto en el argumento EPR en 1935. La paradoja de Einstein-Podolsky-Rosen, denominada “Paradoja EPR”, consiste en un experimento mental propuesto por Albert Einstein, Boris Podolsky y Nathan Rosen en 1935. Es relevante históricamente, puesto que pone de manifiesto un problema aparente de la mecánica cuántica, y en las décadas siguientes se dedicaron múltiples esfuerzos a desarrollarla y resolverla.

El argumento EPR no pretendía mostrar que la Teoría Cuántica fuese incorrecta, sino “incompleta”, y que, por lo tanto, debía completarse introduciendo una serie de elementos de realidad (denominados “variables ocultas”) que, debidamente acomodados dentro del formalismo de la teoría, permitiesen elaborar predicciones deterministas, no probabilistas, ya que Einstein pensaba que las probabilidades cuánticas tenían un origen subjetivo como consecuencia de carecer de una información completa relativa a las propiedades de los sistemas estudiados.

La conclusión del experimento “mental” es clara: la descripción física del mundo basada en la idea de una realidad separable ¡falla! Es decir, el primer modo de conocimiento, el dualismo sujeto-objeto en el que está enfrascado el materialismo científico, remite inexorablemente al segundo modo de saber, la no dualidad, la aprehensión mental de la realidad (misticismo), una cuestión que los escépticos reniegan ya sea por ignorancia o por orgullo. La mecánica cuántica ha cambiado radicalmente la noción que tenemos de la realidad, lo cual, también, implica una nueva noción del concepto de causalidad que es posible que tenga profundas implicaciones, incluso de naturaleza filosófica. La ciencia clásica se construyó con el método cartesiano de analizar el mundo descomponiéndolo en partes, y uniendo después esas partes de acuerdo a leyes causales: el reduccionismo. La figura determinista del universo que así resulta estaba íntimamente relacionada con la imagen de la naturaleza funcionando como un reloj preciso, idea muy querida por Einstein. Sin embargo, en física cuántica esa figura mecánica y determinista ya no es posible. En palabras de Hawking: “Dios juega a los dados con el universo. Toda la evidencia lo señala como un jugador empedernido, que tira los dados siempre que tiene ocasión”. Podríamos añadir que, además, y como jugador honrado, no juega con ventaja y hasta él mismo desconoce el resultado que se obtendrá, como postula Garnier en su teoría del desdoblamiento del tiempo.

Nota: Para aquellos lectores interesados en profundizar en las implicaciones filosóficas derivadas de la física cuántica, recomiendo la lectura de dos libros: El universo holográfico de Michael Talbot y El paradigma holográfico de Ken Wilber.



LA REALIDAD ES UNA ILUSIÓN

Publicado 11/06/2020 16:00:59  | 19 - FILOSOFÍA CUÁNTICA


MISTICISMO

Este artículo es una reproducción del capítulo 5-1 de la primera parte del libro LA EDUCACIÓN CUÁNTICA

Según Jean-Pierre Garnier Malet, un doctor en física francés, la teoría del desdoblamiento del tiempo afirma que nuestro cuerpo es una energía con capacidad para proyectarse hacia el futuro, extrayendo información de una realidad paralela y traerla a nuestra existencia. Según este científico, cada instante que vivimos es una información mental que recibimos inconscientemente sobre nuestro futuro, procedente de nuestro “otro yo”, formado de energía cuántica. Según la teoría de Garnier, sería imprescindible cuidar la pureza de nuestros pensamientos pues son los malos pensamientos quienes ponen barreras a la realización de nuestro hipotético mejor futuro. Dicha información subliminal pasaría inadvertida para toda persona sin la preceptiva educación cuántica. ¿Se entiende ahora la importancia de esta?

En este sentido, dice Garnier que hay que tener un pensamiento positivo en la resolución de los conflictos (y añado yo entre los eternos contrarios), ya que el “yo” de la “otra dimensión” nos dará la información correcta mediante una resolución satisfactoria de los problemas. Quien desee profundizar en la propuesta de este científico, puede consultar su obra Cambia tu futuro por las aperturas temporales (Garnier, 2012). Dicho postulado científico es toda una invitación a volver a pensar sobre el pensamiento, una actividad por antonomasia perteneciente a la filosofía.

Quizá tenemos ahí la primera regla del pensamiento cuántico: aprender a pensar. La filosofía y posteriormente las ciencias, en un bucle temporal hegeliano (1), han desembocado en la física cuántica, cuya principal resonancia es evidenciar el fracaso del dualismo que ha imperado en el pensamiento occidental y, subsiguientemente, ha dado luz verde a los místicos cuánticos y la posibilidad por tanto de hacer “filosofía cuántica”. Ya no se puede hacer filosofía sin aludir al campo cuántico. Si bien la “filosofía cuántica” es conceptualmente acorde al actual estadio cognitivo de la humanidad, posibilita también la confirmación de las tesis defendidas por los pensadores que dieron origen al movimiento transpersonal: Abraham Maslow, Carl G. Jung, Stanislav Grof, y Ken Wilber, por citar solo algunos de los más destacados. Ese bucle pensativo de la historia consiste en el abandono del dogmático materialismo científico cual espejismo de la ciencia (Sheldrake, 2013), para abrazar un emergente paradigma pensativo que aúna la razón con el espíritu en el más puro estilo de la filosofía perenne. Así, en la historia del pensamiento se está produciendo una agitada confluencia como jamás vista en la historia: la filosofía tradicional con la filosofía perenne. Lo viejo -materialismo científico- debe ser transcendido, pero, lo nuevo -filosofía transpersonal-, acaba de nacer y necesita consolidarse como ciencia de la conciencia. En dicho vacío cognitivo tiene razón de ser La educación cuántica al abanderar una reconstrucción epistemológica donde el “misticismo cuántico” debe ser reconsiderado como filosofía transpersonal.

El “misticismo cuántico” denostado escépticamente por el materialismo científico, debe imperiosamente ser reinterpretado como filosofía transpersonal. En efecto, la física cuántica ha demostrado la relatividad del tiempo y la inexistencia de la materia y, por lo tanto, lo relativo que es nuestra comprensión del ser humano, pero también de la realidad en su conjunto. Con esto, ha colapsado el paradigma de la ciencia experimental positivista. Entonces, Occidente miró a Oriente (2) y encontró en las antiguas cosmovisiones enormes coincidencias con lo que comenzaba a descubrirse mediante la nueva ciencia cuántica. Ello vino a comprobar científicamente lo que las antiguas tradiciones ya sabían: los límites temporales y espaciales del ser humano son ilusorios y, por lo tanto, la existencia necesariamente también va más allá de estas dimensiones.

NOTAS:

(1) La filosofía de la historia de Hegel está marcada por los conceptos de las “astucias de la razón” y la “burla de la historia”: la historia conduce a los hombres que creen conducirse a sí mismos, como individuos y como sociedades, y castiga sus pretensiones de modo que la historia-mundo se burla de ellos produciendo resultados exactamente contrarios, paradójicos, a los pretendidos por sus autores, aunque finalmente la historia se reordena y, en un bucle fantástico, retrocede sobre sí misma y con su burla y paradoja sarcástica, convertida en mecanismo de cifrado, crea también ella misma, sin quererlo, realidades y símbolos ocultos al mundo y accesibles solo a los cognoscentes, es decir, a aquellos que quieren conocer.

(2) Filosofía oriental y ciencias cognitivas: una introducción. Iker Puente. Universidad Autónoma de Barcelona, Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Enrahonar. Quaderns de Filosofia, 2011, Vol.47 Pág. 15 a 37. Resumen:

“Este ensayo se propone reflexionar sobre la introducción e influencia de la filosofía oriental en el pensamiento occidental, y en particular su relación con las ciencias cognitivas. Se inicia la discusión con un repaso histórico de la introducción de la filosofía oriental en el pensamiento occidental. Después se repasa el progresivo aumento de interés que se produjo a lo largo del siglo XX, propiciado por el interés mostrado por filósofos, lingüistas, psicólogos y físicos occidentales, entre otros. Tras repasar brevemente las principales investigaciones realizadas sobre las diferentes prácticas de meditación, se concluye revisando dos de las principales fuentes de interés hacia la filosofía oriental que aparecieron en la segunda mitad del siglo XX: la psicología transpersonal y las ciencias cognitivas. A partir de este repaso histórico, se concluye que la filosofía oriental puede ser una fuente de inspiración para la psicología y las ciencias cognitivas, y pueden servir de modelo para nuevas formas creativas de entender la relación entre los seres humanos, la mente y la naturaleza.”

Nota: Para aquellos lectores interesados en profundizar en las implicaciones filosóficas derivadas de la física cuántica, recomiendo la lectura de dos libros: El universo holográfico de Michael Talbot y El paradigma holográfico de Ken Wilber.



MENTE CUÁNTICA: EL VIAJE DE LA TRANSFORMACIÓN INTERIOR

Publicado 29/08/2019 22:25:11  | 19 - FILOSOFÍA CUÁNTICA


Mente cuántica

Este artículo es una reproducción del capítulo con el mismo nombre de la página 297 de LA EDUCACIÓN CUÁNTICA.

Mente cuántica (1) es el título de una obra del doctor en ingeniería Félix Torán, quien tiene la mención de Doctor Europeo y numerosos reconocimientos internacionales. A través de esta obra, Félix Torán aborda los conceptos más asombrosos que se derivan de la física cuántica de forma clara y, lo más importante, cómo se puede aplicar a nuestro crecimiento personal. Este no es un libro de física cuántica en el más puro sentido, pues no hay fórmulas, matemáticas, etcétera. Sin embargo, se propone divulgar los principales conceptos de la física cuántica y su aplicación al crecimiento personal y profesional, a modo de viaje de transformación interior. “La felicidad no se puede medir directamente”, escribe Félix Torán. “Indirectamente, podemos medir los efectos de la felicidad, pero no la felicidad propiamente dicha. Esta tan solo se puede experimentar. Es por ello que quienes la han experimentado no pueden definirla perfectamente con palabras, puesto que eso vuelve a ser una observación, una aproximación hasta donde el lenguaje nos permite llegar. Quienes experimentan la felicidad coinciden en que se encuentra en nuestro interior y no es nada que tengamos que alcanzar ahí fuera. También coinciden en que se encuentra en el único momento que existe realmente: ahora. Y también están de acuerdo en que lo mejor que se puede hacer con nuestra felicidad es compartirla, pues al hacerlo la felicidad se multiplica”.

Mente cuántica es un libro muy didáctico, claro y útil, que nos ayuda en este cambio de era del viejo mundo moribundo hacia un nuevo mundo por descubrir gracias al empoderamiento consciente de nuestro propio destino. Desde el surgimiento de la física cuántica, han sido innumerables los intentos por buscar un acercamiento y un entendimiento del viaje de la transformación interior, una cuestión que Platón dejó explicada metafóricamente mediante el Mito de la caverna. Así, la mente cuántica , sería un estado propio del místico moderno que, por un lado, hace acopio de las derivaciones cognitivas y prácticas surgidas de la física cuántica y, por otro lado, integra dichos conocimientos científicos con las enseñanzas de la filosofía perenne. Por dicho motivo, son cada vez más numerosos los investigadores y escritores que intentan, desde la racionalidad, hacer comprensible el mundo espiritual. En esta tercera parte del libro, haremos sucesivas referencias a las aportaciones de esos pensadores y cuáles son las posibilidades cuánticas que se pudieran derivar en diversos aspectos como el mental, la naturaleza, la medicina y la educación. En efecto, desde el surgimiento de la física cuántica, todas las estructuras pensativas que describen la realidad tal como la conocemos, han dado un giro copernicano en nuestra percepción y cognición de una nueva realidad por descubrir mediante la mente cuántica.

La mente cuántica es un nuevo paradigma pensativo sustentado en un racionalismo espiritual que, inherentemente, requiere una reinterpretación en el modo de conocer, pensar y actuar. La mente cuántica invita a un revisionismo de la psicología cognitiva mediante el empoderamiento consciente de los pensamientos por parte del sujeto cognoscente. Tales son las derivaciones que se desprenden de los postulados expuestos por los científicos Jean-Pierre Garnier Malet (2) y Joe Dispenza (3) en sus obras Cambia tu futuro por las aperturas temporales y Deja de ser tú, la mente crea la realidad, respectivamente. Así, con estas dos visiones científicas sustentadas en los aportes de la física cuántica, ha cambiado la cosmovisión de nuestra realidad, invitando ambos modelos de cognición al abandono del viejo mundo tal como lo conocemos y abrazar el nuevo mundo por descubrir en el interior de cada uno de nosotros.

REFERENCIAS:

(1) Torán, Félix. Mente cuántica. Málaga: Corona Borealis , 2011.

(2) Garnier, Jean-Pierre. Cambia tu futuro por las aperturas temporales. España: Reconocerse, 2012.

(3) Dispenza, Joe. Deja de ser tú, la mente crea la realidad. . Barcelona: Urano, 2012.

Nota: Para aquellos lectores interesados en profundizar en las implicaciones filosóficas derivadas de la física cuántica, recomiendo la lectura de dos libros: El universo holográfico de Michael Talbot y El paradigma holográfico de Ken Wilber.



EL DOBLE: INTUICIONES, PREMONICIONES E HYPERINCURSIÓN

Publicado 29/08/2019 14:59:39  | 19 - FILOSOFÍA CUÁNTICA


METAFISICA

Este artículo es una reproducción de los capítulos “El doble”, “Intuiciones y premoniciones” e “Hyperincursión", respectivamente de las páginas 255, 300 y 301 de LA EDUCACIÓN CUÁNTICA.

1 – El doble

La teoría del desdoblamiento del tiempo del doctor en física francés Jean-Pierre Garnier Malet, afirma que nuestro cuerpo es una energía con capacidad para proyectarse hacia el futuro, extrayendo información de una realidad paralela y traerla a nuestra existencia. Según este científico, cada instante que vivimos es una información mental que recibimos inconscientemente sobre nuestro futuro, procedente de nuestro “otro yo”, formado de energía cuántica. Según la teoría de Garnier, sería imprescindible cuidar la pureza de nuestros pensamientos pues son los malos pensamientos quienes ponen barreras a la realización de nuestro hipotético mejor futuro. Dicha información subliminal pasaría inadvertida para toda persona sin la preceptiva educación cuántica. ¿Se entiende ahora la importancia de esta?

En este sentido, dice Garnier que hay que tener un pensamiento positivo en la resolución de los conflictos (y añado yo entre los eternos contrarios), ya que el “yo” de la “otra dimensión” nos dará la información correcta mediante una resolución satisfactoria de los problemas. Quien desee profundizar en la propuesta de este científico, puede consultar su obra Cambia tu futuro por las aperturas temporales (1) . Dicho postulado científico es toda una invitación a volver a pensar sobre el pensamiento, una actividad por antonomasia perteneciente a la filosofía.

Quizá tenemos ahí la primera regla del pensamiento cuántico: aprender a pensar. Según Garnier, es nuestra manera de vivir y pensar la que desencadena nuestro desequilibrio y, tan solo nuestra manera de vivir y pensar, puede volver a poner orden en nuestros desórdenes. Así, modificando los pensamientos y sus proyectos, se puede crear y actualizar posibilidades futuras. Desde la física cuántica, Garnier viene a confirmar lo ya dicho por Buda: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”, y también, “ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos”. Así, es cuestión de hacer una especulación metafísica sobre el pensamiento y deducir las reglas por las cuales se rige.

Según Garnier, nuestro “doble” es verdaderamente “otro yo”. El cuerpo visible explora el espacio en nuestro tiempo, el otro, totalmente imperceptible, viaja en los diferentes tiempos de nuestro desdoblamiento. De manera esquemática, podemos decir que un cuerpo energético informa nuestro cuerpo físico. En efecto, nuestro organismo posee una característica común a todo el universo: toda partícula emite y recibe ondas. Así pues, los físicos hablan del carácter ondulatorio y corpuscular de la materia. Todo organismo emite y recibe informaciones para vivir y sobrevivir. Hecho de partículas materiales, llamadas corpusculares, nuestro cuerpo se beneficia de continuo de intercambios de informaciones por su lado ondulatorio. Podemos pues afirmar que tenemos un organismo corpuscular observable en nuestro mundo y un cuerpo ondulatorio encargado de emitir y de captar informaciones vitales, en otro.

Según Garnier, los intercambios de información solo pueden ir del pasado al presente o del presente al futuro, pero nunca del pasado al futuro. Es preciso entender que el pasado, el presente y el futuro son tres realidades simultáneas que evolucionan a velocidades diferentes. El objetivo del desdoblamiento de los tiempos es que el Creador obtenga respuestas a sus preguntas antes de que sus Criatura hayan tenido tiempo de responder a ellas. Cada una de estas respuestas vive en función de las preguntas que forman su conciencia del momento. Las instrucciones que cada célula del organismo recibe a cada momento dan al cuerpo sus instintos de supervivencia. En cuanto a su mente, recibe las sugerencias del Creador en forma de intuiciones y de premoniciones, las cuales desencadenan sus propias interrogaciones. Estas generan respuestas inmediatas en el futuro que no es sino el presente de los dobles. La teoría del desdoblamiento del tiempo así propuesta por el físico Garnier, sin lugar a dudas, augura que son tiempos para el pensamiento cuántico.

2 – Intuiciones y premoniciones

Según Garnier, nuestro presente es una actualización permanente de futuros potenciales que no necesitan ninguna reflexión: no necesitamos reflexionar ni para andar, comer, digerir, ver, oír, sentir, sudar o respirar, ni para pensar, desear o querer un porvenir de acuerdo con nuestros deseos del momento. Debido a la diferenciación de los tiempos, el inconsciente es en realidad un consciente memorizable, pero en instantes tan rápidos que siempre parece fuera de nuestra conciencia (recordemos en este sentido los experimentos neurocientíficos de Benjamín Libet, donde el inconsciente ha tomado las decisiones hasta en seis segundos antes de que lo hagamos de forma consciente). Esas informaciones provenientes de esas “aperturas temporales” llegan bajo forma de intuiciones, sugerencias y premoniciones. El cuerpo se ve obligado a seguir esas informaciones por puro instinto de supervivencia permanente. Al ignorar dichas informaciones, se produce un estrés cuya inevitable secuela son las preocupaciones y las angustias que causan desordenes físicos o psíquicos. El equilibrio de la mente solo es posible junto con el cuerpo, y eso es posible si sabemos volver a poner nuestros pensamientos bajo el control consciente de nuestras intuiciones y de nuestros instintos.

Los planteamientos de Garnier tienen unas connotaciones que trastocan los supuestos cognitivos del materialismo científico. Según Garnier, los sueños nocturnos, aplicando correctamente el modo de empleo para dormirse bien, nos permiten volver a poner en orden cualquier desorden en nuestra vida, como la salud, por ejemplo. Ello parecería un planteamiento pseudocientífico, si no fuera porque sale de la boca de un físico con el suficiente prestigio científico. Al ignorar el funcionamiento de la teoría del desdoblamiento, nos pasamos el tiempo en la ignorancia, en vez de conociéndonos. Así, también Garnier apunta hacia el empoderamiento consciente para salir de la ignorancia mediante el despertar de la conciencia.

3 – Hyperincursión

Garnier necesitó nueve años de trabajo intensivo, de noches en vela, para obtener la recompensa tan esperada: el Tiempo iba a ser coronado por una teoría universal pudiendo ir más allá de lo imaginable, explicando paradojas, barriendo postulados, dando por fin sólidas certezas científicas a confusas aproximaciones esotéricas o a creencias ancestrales, empíricas, metafísicas o religiosas. En 1998, los experimentos de Saul Perlmutter y Brian Schmidt, por fin le dieron la razón: una energía desconocida fue descubierta en el universo y la observación de la misma permitía decir que representaba el 66,6 % de la energía total. El teorema de Garnier (gravitación 33,3%, antigravitación 66,6 %, equilibrio 0,1%) relacionado con las tres energías de desdoblamiento, fue por fin aceptada. Ciertamente, no fue sencillo que ello fuera aceptado todo de golpe, sobre todo, el hecho de que la información se desplaza más rápido que la velocidad de la luz. Desde Einstein, este era un postulado intocable. En el año 2003, nuevos experimentos científicos, probaban la exactitud de su demostración: la información entre elementos desdoblados, o la energía necesaria para desplazarla, iba mucho más rápida que la luz. Con esta famosa propiedad del tiempo, rigurosamente puesta en evidencia (2), la memorización de futuros potenciales se volvió científicamente posible, lo cual confirmaba la “hyperincursión”-noción todavía demasiado reciente para ser difundida en el amplio público-, del que hablaban los científicos a la cúspide de la investigación en cibernética e informática. La hyperincursión permite anticipar y memorizar un futuro sin vivirlo en el presente.

Entonces, ¿por qué no se serviría el hombre de esa facultad de anticipación? La utilizamos de continuo sin saberlo, pero tan mal que cansamos nuestro organismo y enfermamos. Este principio universal que nos hace vivir en el futuro antes de tomar acción en el presente es verdaderamente imprescindible y fundamental. Es innato en todos los seres vivos: un animal no reflexiona para sobrevivir, sus instintos naturales le mantienen con vida. La ley del desdoblamiento del tiempo, nos dice Garnier, era ya conocida al principio de nuestra era, puesto que San Juan, en el Apocalipsis, hablaba de ello sin ningún misterio: “Yo soy el Alfa y el Omega, dice el señor Dios, Él es, Él era, y Él vendrá”. Bien conocida antiguamente, esta idea del pasado, presente y futuro sigue siendo una definición perfecta del desdoblamiento de los tiempos. También Platón, como los egipcios, enseñaban la división de un Creador Único por desdoblamiento de los tiempos: “Yo soy el Ayer y yo conozco el Mañana”. “El ayer me dio la luz, he aquí que yo creo los Mañanas”. Algunos pueblos africanos también hablan de su “doble”, como los chamanes de América del Norte, o los “bushmen” de Namibia, y los aborígenes australianos utilizan su “imagen” para viajar en los sueños.


REFERENCIAS:

(1) Garnier, Jean-Pierre. Cambia tu futuro por las aperturas temporales. España: Reconocerse, 2012.

(2) La teoría del desdoblamiento de Jean-Pierre Garnier Malet ha sido publicada en cuatro artículos científicos sucesivos bajo arbitraje científico internacional:

1 - J.P. Garnier-Malet, 1998, Modelling and Computing of Anticipatory System: Application to the Solar System, International Journal of Computing Anticipatory Systems. Vol 2. 132-156, Ed. by D.M. Dubois, Publ. By CHAOS, Liège-Belgium.
2 - J.P. Garnier-Malet, 1999, Geometrical Model of Anticipatory Embedded Systems, International Journal of Computing Anticipatory Systems. Vol 3. 143-159, Ed. by D.M. Dubois, Publ. By CHAOS, Liège-Belgium.
3 - J.P. Garnier-Malet, 2000, The Doubling Theory, International Journal of Computing Anticipatory Systems Vol 5. 39-62, Ed. by D.M. Dubois, Publ. By CHAOS, Liège-Belgium.
4 - J.P. Garnier-Malet, 2001, The Three Time Flows of Any Quantum or Cosmic Particle, International Journal of Computing Anticipatory Systems Vol 10. 311-321, Ed. by D.M. Dubois, Publ. By CHAOS, Liège-Belgium

Le siguieron tres publicaciones científicas sobre las aplicaciones de la teoría del desdoblamiento:

5 - J.P. Garnier Malet and al., 2002, The Doubling Theory Can Explain Homeopathy, International Journal of Computing Anticipatory Systems, Ed. By D.M.Dubois, Publ. By CHAOS, Liège-Belgium.
6 - J.P. Garnier Malet and al., 2003, The Relativistic Correction According to the Doubling Theory, Physical Interpretation of Relativity Theory (PIRT VIII) Ed. Michael C. Duffy, University of Sunderland, London.
7 - J.P. Garnier Malet and al., 2003 The Explanation of the E.P.R. Oaradox and the Big Bang, According to the Doubling Theory, Physical Interpretation of Relativity Theory (PIRT IX) Ed. Michael C. Duffy, University of Sunderland, London.7.

En el 2006, escribe un artículo detallado sobre cómo su teoría explica los nuevos planetas (o planetoides) descubiertos recientemente en nuestro sistema solar, más allá de Plutón:

8 - J.P. Garnier Malet, 2007, The Doubling Theory Corrects The Titius Bode Law and Compute the Fine Structure Constant in The Solar System, American Institute of Physics, Melville, New York.

Un resumen en francés de las cuatro primeras publicaciones puede consultarse en la página www.garnier-malet.com

Nota: Para aquellos lectores interesados en profundizar en las implicaciones filosóficas derivadas de la física cuántica, recomiendo la lectura de dos libros: El universo holográfico de Michael Talbot y El paradigma holográfico de Ken Wilber.



¿QUÉ ES EL ENTRELAZAMIENTO CUÁNTICO?

Publicado 26/04/2018 21:44:03  | 19 - FILOSOFÍA CUÁNTICA


ENTRELAZAMIENTO

Este artículo es una reproducción de la nota 115 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.).

Existe un curioso experimento mental que fue formulado por los científicos Albert Einstein, Boris Podolsky y Nathan Rosen, acerca de un fenómeno cuántico realmente asombroso: el entrelazamiento cuántico.

En palabras sencillas, se trata de que podemos crear pares de partículas en un estado que llamamos “entrelazados”. Hecho esto, podemos situar las partículas a la distancia que deseemos, por elevadísima que sea, y al modificar el estado de una partícula, este se transmite de manera instantánea a la otra partícula. Y esto ocurriría a cualquier distancia, incluso años luz. Se trata de una interconexión por algún medio que se desconoce. Es como si una partícula supiera inmediatamente lo que le ocurre a la otra. Tomamos una medida en una partícula, y lo que le ocurre a esta partícula como resultado, le ocurre inmediatamente a la otra.

A Einstein le resultaba muy difícil aceptar que se pueda actuar sobre una partícula de forma inmediata. Se negó a aceptarlo y lo tacho de paranormal, algo que dejaría lugar a explicar fenómenos como la telepatía, etcétera. Estaba seguro de que había errores en la mecánica cuántica, y eso no podía ser cierto.

Einstein había formulado la teoría de la relatividad especial, y por tanto, asumía que nada puede viajar a mayor velocidad que la luz. Por tanto, para que dos eventos estén unidos por una relación de causa y efecto, es absolutamente necesario que una señal haya podido viajar a la velocidad de la luz entre la ocurrencia del primer evento, y la ocurrencia del segundo. Si no es así, entonces, la relación entre dichos eventos es acausal. A esto se le llama localidad en física. Sugiere que un cuerpo solo es afectado por sus inmediaciones de forma inmediata, y solo ocurre si intercambia información con otro cuerpo.

A Einstein no podía gustarle el entrelazamiento cuántico, porque sugería la no-localidad. En general, no le gustaba lo que planteaba la mecánica cuántica. Pensaba que si la mecánica cuántica no era capaz de hacer predicciones precisas, y solo podía trabajar con probabilidades, era porque estaba olvidando algunas variables ocultas que resolverían el problema.

Para ello, planteó un experimento mental, que más bien tenía el objetivo de criticar a la mecánica cuántica. En él, se planteaba que si tomamos dos partículas entrelazadas, y las colocamos a distancia, si mido la posición y la velocidad de una partícula, estaré entonces midiendo la posición y la velocidad de la otra, lo cual carece de sentido. Salvo que el espacio y el tiempo carezcan de importancia para las partículas, y la información pueda viajar a mayor velocidad que la de la luz… Este experimento mental parecía quitarle la razón al entrelazamiento cuántico.

Pero, más tarde, el físico John S. Bell demostró que esa paradoja se podía comprobar de forma científica. Planteó que entre dos partículas entre las que no existe ninguna relación causa-efecto (en otras palabras, que guardan relación acausal), y que pueden estar separadas a cualquier distancia en el universo, existe una conexión. Esa conexión viene dada por un oscuro mecanismo no-local. Viene a decir que, en el mundo cuántico, el espacio y el tiempo tal como lo concebimos, son irreales. Es como si no existieran. Einstein había apuntado a que debían existir algunas variables locales desconocidas que lograban que apareciera ese efecto falsamente. Pero Bell proponía que no es así. Proponía que existe cierta energía que no conocemos, y que logra transmitir la información de una partícula a la otra. Así una partícula sabe inmediatamente lo que le está ocurriendo a la otra.

Sin embargo, en las últimas décadas, se han realizado diferentes experimentos muy serios y rigurosos, que han demostrado científicamente que Bell tenía razón, y por tanto han dado la victoria a la física cuántica frente a lo que defendía Einstein. Desde luego, si algo se puede afirmar es que la teoría cuántica es muy robusta, y se encuentra sostenida por infinidad de rigurosas demostraciones experimentales, que demuestran su validez, y su elevado grado de precisión.

Obviamente, uno de los principales problemas que veía Einstein era que el entrelazamiento cuántico parece violar la teoría de la relatividad. Si se puede transmitir a años luz una información entre partículas, de forma inmediata, entonces la velocidad máxima ya no es la luz… ¿Es eso cierto? Bueno, es necesaria alguna explicación. Si hablamos de ondas, es decir, de energía, entonces es así. Pero de lo que habla Bell no es de energía, sino de información. La energía se transmite en el vacío a la velocidad de la luz, pero la información parece poderlo hacer de forma instantánea. Por ello, no está violando necesariamente la teoría de la relatividad.

Es importante resaltar que el entrelazamiento cuántico es aplicable a los sistemas cuánticos. Por tanto, en los sistemas macroscópicos, por decoherencia, se pierden los efectos cuánticos, y el entrelazamiento no es posible. En otras palabras, dos personas no pueden estar cuánticamente entrelazadas, por la sencilla razón de que no son sistemas cuánticos, y por lo tanto, la física cuántica no es aplicable.

Sin embargo, lo que todo esto ha revelado acerca de la no-localidad da mucho que pensar fuera del contexto de la física cuántica, y abre las puertas al mundo espiritual. Al parecer, al observar el mundo cuántico, nos damos cuenta de que existe la posibilidad de que estemos interconectados, tal como se viene diciendo en el mundo espiritual desde hace milenios. El propio Einstein reconoció que no tenemos derecho a negar la posibilidad de que cosas como la telepatía sean ciertas. Ni siquiera desde un punto de vista científico, puesto que al observar el mundo de las partículas, aparecen argumentos a favor…

En este texto no hablo de telepatía, ni de ningún fenómeno paranormal en particular. Pero sí que estoy convencido de que todos estamos interconectados, y que somos uno. Intercambiamos información de forma que desconocemos, a través del tiempo y el espacio, y de forma acausal. Esto es lo que hace posible que existan las sincronicidades, esas conexiones o aparentes casualidades que ocurren de forma acausal.

Una sincronicidad ocurre cuando diversos sucesos, que no guardan ninguna relación de causa y efecto, establecen una relación a través de su significado. Detrás de dichos sucesos, como tejido de fondo y nexo de unión, hay uno o más pensamientos. Desde luego, ser consciente de las sincronicidades que ocurren cada día en nuestra vida es una gran ventaja para nuestro crecimiento personal. Las sincronicidades, por tanto, responden a nuestros pensamientos.

Para que la sincronicidad tenga sentido y todo encaje, es necesario asumir que todo está conectado. Que el universo es un todo del cual somos parte íntegra. Que todos somos uno. Todo está intercomunicado de forma instantánea. En el mundo macroscópico funcionamos de forma natural creando separaciones, así que nos cuesta aceptar algo así.

Sin embargo, al observar lo más pequeño, la física cuántica nos confirma que en un sistema cuántico, esa unión trasciende todas las barreras del espacio y el tiempo. Algo debe haber que lo une todo, eso es obvio. Nosotros no somos sistemas cuánticos… Pero, desde luego, si hay algo que une las partículas y que es capaz de intercomunicarlas de forma instantánea, tiene sentido pensar que ese algo existe en todo el universo, y por tanto nos une a nosotros también con todo el universo. Esto ya no es física cuántica, pero lo que observamos en el mundo cuántico le otorga sentido. Es un importante cambio de paradigma, pues no estamos acostumbrados a ver las cosas así. (Cita extraída de Mente cuántica, capítulo VIII: Entrelazamiento cuántico y la paradoja EPR, una obra de Félix Torán, editorial Corona Borealis).

Nota: Para aquellos lectores interesados en profundizar en las implicaciones filosóficas derivadas de la física cuántica, recomiendo la lectura de dos libros: El universo holográfico de Michael Talbot y El paradigma holográfico de Ken Wilber.



EL MISTERIO DE LA VIDA

Publicado 08/07/2017 00:04:17  | 19 - FILOSOFÍA CUÁNTICA


El misterio de la vida

Este artículo está reproducido en el capítulo 2-4 de la tercera parte de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA

La paradoja de nuestro tiempo es que la física cuántica remite al sujeto cognoscente como centro del universo por conocer, remitiendo a su profundidad intelectual y espiritual. Así fue como en los años setenta del siglo pasado, el doctor en física teórica Fritjof Capra (2000) con su obra El Tao de la física, explora los paralelismos entre la física cuántica y los principios del aprendizaje místico oriental.

Fritjof Capra considera que en el intento por comprender el misterio de la vida, el ser humano ha seguido diferentes caminos, entre ellos el del científico y el del místico, una cuestión vista en los dos modos de saber de la mano de Ken Wilber (2005). La tesis que plantea Capra es: los conceptos de la física moderna llevan a una visión del mundo muy similar a la de los místicos de todas las épocas y tradiciones. La finalidad del ensayo es explorar la relación entre tales conceptos, motivado por la creencia de que los temas básicos que utiliza para comparar la física con el misticismo serán confirmados, más que invalidados por futuras investigaciones. Capra aclara la naturaleza del conocimiento que se va a comparar y el lenguaje en el cual ha sido expresado dicho conocimiento. Compara el conocimiento racional con el intuitivo: en la física se utiliza el método científico y como técnica la experimentación; en el misticismo el método es el yoga o la devoción y la técnica, la meditación. Una magistral lección de Capra.

Así, son cada vez más los científicos que se alinean con dicha visión que aúna la ciencia con la espiritualidad, como es el caso de Amit Goswami, uno de los pensadores pioneros en ciencia y espiritualidad. Lleva enseñando física cuántica desde hace más de treinta años. Fue profesor de Ciencia Teórica en la Universidad de Oregón, y actualmente es investigador residente en el mundialmente reconocido Instituto de Ciencias Noéticas. Goswami es autor de numerosos libros, entre los que se encuentra La física del alma (Goswami, 2008a), una obra donde la ciencia y el alma se dan la mano. El doctor Amit Goswami utiliza el lenguaje y los conceptos de la física cuántica para estudiar y demostrar científicamente las teorías metafísicas de la reencarnación y la inmortalidad. En su otra obra La ventana del visionario: física cuántica para la iluminación espiritual (Goswami, 2008b), nos ayuda a comprender el modelo de realidad de la física cuántica y las profundas creencias de las milenarias tradiciones espirituales y religiosas del mundo, demostrando que se apoyan esencialmente las unas a las otras. El resultado es una visión cosmogónica amplia, excitante y rica que integra por primera vez en un sistema coherente mente, espíritu y ciencia. En Ciencia y espiritualidad: una integración cuántica, Goswami (2011) muestra no solo que las paradojas de la física cuántica pueden resolverse tomando como base un universo espiritual, sino también las paradojas de la vida, la mente y la salud. Con una igualmente competente exposición de teoría científica y datos experimentales, y prácticas y cosmologías espirituales, nos conduce a una exploración científica de la espiritualidad realmente impresionante. Se abordan incluso ideas relativas a la supervivencia después de la muerte, la reencarnación y la inmortalidad. Las monumentales tradiciones de la India, el Vedanta, el Yoga y el Tantra se tornan vivas en su conexión con esta nueva ciencia en el seno de la conciencia. En la obra Dios no ha muerto, Goswami (2010) demuestra que la existencia de Dios se puede descubrir a través de los indicios que nos ofrece la física cuántica, ayudando a superar el condicionamiento materialista basado en el paradigma newtoniano, y a liberarse de él mediante la comprensión y la experiencia cuántica. En dicha obra, aboga por un activismo cuántico que nos lleve a una vida equilibrada y a una visión integral y a experimentar la naturaleza de la realidad, la existencia del alma, el poder de los sueños, la universalidad del amor, la posibilidad de la percepción extrasensorial y la propia mente de Dios.

Desde luego, hay una revolución en marcha en la ciencia, un genuino cambio de paradigma. Mientras que la ciencia tradicional se mantiene en su visión materialista, cada vez crece un mayor número de científicos que apoyan y desarrollan un nuevo paradigma basado en la supremacía de la conciencia. Estamos en los albores de dejar de ver a la mente humana como puramente biológica (Lipton, 2007) sino abierta a otras interpretaciones con connotaciones cuánticas (Garnier, 2012), es decir con conexión al universo entero.

Imperceptiblemente todavía para muchos, hay un subyacente cambio de paradigma pensativo: la contraposición entre la racionalidad y la espiritualidad, de un modo psicológico e histórico, ha consistido en el sometimiento de la razón a la fe religiosa durante más de veinte siglos. Sin embargo, la supremacía espiritual en manos de las religiones está puesta en cuestión por los propios científicos, como Fritjof Capra, Amit Goswami, Rupert Sheldrake, Joe Dispenza, Jean-Pierre Garnier Malet, por citar solo algunos pensadores que nos proporcionan una renovada racionalidad envuelta en una espiritualidad cuántica. Sin olvidar en ese viaje espiritual, a la psicología transpersonal (Jung, Maslow, Grof, etcétera), ni a Ken Wilber como propulsor de la filosofía transpersonal.

En ese viaje espiritual, los científicos peyorativamente denominados como “místicos cuánticos” desde el materialismo científico, están despejando el horizonte del conocimiento y la espiritualidad mediante un activismo cuántico que proporciona una renovada visión de la naturaleza, del ser humano y del universo.


BIBLIOGRAFÍA:

Capra, Fritjof. El tao de la física. Malaga: Sirio, 2000.

Garnier, Jean-Pierre. Cambia tu futuro por las aperturas temporales. España: Reconocerse, 2012.

Goswami, Amit. La física del alma. Barcelona: Obelisco, 2008a.

Goswami, Amit. La ventana del visionario: física cuántica para la iluminación espiritual. Madrid: Palmyra, 2008b.

Goswami, Amit. Dios no ha muerto. Barcelona: Obelisco, 2010.

Goswami, Amit. Ciencia y espiritualidad: una integración cuántica. Barcelona: Kairós, 2011.

Lipton, Bruce. La biología de la creencia. Madrid: Palmyra, 2007.

Wilber, Ken. (2005). “Dos modos de saber”. En: Wilber, El espectro de la conciencia (pp.35-59). Barcelona: Kairós.

Nota: Para aquellos lectores interesados en profundizar en las implicaciones filosóficas derivadas de la física cuántica, recomiendo la lectura de dos libros: El universo holográfico de Michael Talbot y El paradigma holográfico de Ken Wilber.



EL PARADIGMA HOLOGRÁFICO

Publicado 17/03/2017 22:35:52  | 19 - FILOSOFÍA CUÁNTICA


EL PARADIGMA HOLOGRÁFICO

Este artículo está reproducido en el capítulo 9 de la obra FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

Desde el cambio de paradigma de la física clásica a la cuántica, han corrido ríos de tinta contra los “místicos cuánticos” procedentes de los científicos ortodoxos. Se abrió así una brecha epistemológica que aún perdura a día de hoy y que deja al Criterio de demarcación científico más dividido que nunca entre los materialistas científicos y los místicos cuánticos.

Tras más de un siglo de diálogo entre filósofos de la ciencia y científicos en diversos campos, y a pesar de un amplio consenso acerca de las bases del método científico, los límites que demarcan lo que es ciencia, y lo que no lo es, continúan siendo profundamente debatidos. Dicha dicotomía cognitiva es un tema apasionante: en El paradigma holográfico (Wilber, 1987), eminentes pensadores de diversas tendencias afrontan el gran tema de la relación entre Cerebro y Mente, Materia y Espíritu. En suma, estamos presenciando un inexorable acercamiento de la ciencia en las cuestiones espirituales hasta ahora en poder de las religiones, y que es preciso abordar: en la introducción de El paradigma holográfico, Wilber nos ofrece una panorámica digna de tener en consideración por la relevancia de su contenido en cuanto a la intrínseca (o posible) relación entre ciencia y religión. Wilber (1987: 7-11). Dice así:

El diálogo histórico, general, entre ciencia y religión se remonta al menos a Platón, Aristóteles y Plotino (aunque el término “ciencia” no significaba exactamente lo mismo que ahora). Sin embargo, las discusiones se solían centrar antes en torno a las diferencias entre ciencia y religión, sus conflictos, sus pretensiones encontradas y aparentemente irreconciliables de verdad. Pero he aquí que, de repente, en la década de los setenta, surgieron algunos investigadores y científicos muy respetados, sobrios y cualificados -físicos, biólogos, fisiólogos, neurocirujanos- y que no hablaban con la religión, sino que hablaban de religión, y, lo que aún era más extraordinario, lo hacían en un intento por explicar los datos firmes de la propia ciencia. Los hechos mismos de la ciencia, decían, los verdaderos datos (desde la física a la fisiología) solo parecían tener sentido si se asume cierto tipo de fundamento implícito, unificador, o trascendental por debajo de los datos explícitos. (…) Estos investigadores y teóricos de las “ciencias exactas” decían que sin la suposición de este fundamento trascendental, a-espacial y a-temporal, los propios datos, los propios resultados de sus experimentos de laboratorio, no admitían ninguna explicación sólida. Más aún, y aquí estaba lo sorprendente, este fundamento trascendental, cuya existencia misma parecían exigir los datos científicos-experimentales, parecía ser idéntico, al menos en su descripción, al fundamento a-temporal y a-espacial del ser (o “divinidad”), tan universalmente descrito por los místicos y sabios, ya sean hindúes, budistas, cristianos o taoístas.

La investigación pionera del neurocirujano de Stanford Karl Pribram con su libro Languages of the Brain se ha reconocido ya como un clásico moderno. Los estudios de Pribram sobre la memoria y el funcionamiento del cerebro le condujeron a la conclusión de que, en muchos aspectos, el cerebro opera como un holograma. En otras palabras (…), la parte está en el todo y el todo está en la parte, una especie de unidad-en-la-diversidad y diversidad-en-la-unidad. El punto crucial es sencillamente que la parte tiene acceso al todo. (…) Y según Pribram, este campo podría ser muy bien el dominio de la unidad-en-la-diversidad trascendental descrito (y experimentado) por los grandes místicos y sabios del mundo.

Fue aproximadamente por entonces cuando Pribram conoció las obras del físico inglés David Bohm. El trabajo de Bohm en la física subatómica y en el “potencial cuántico” lo llevó a la conclusión de que las entidades físicas que parecían separadas y discretas en el espacio y en el tiempo estaban realmente vinculadas o unificadas de una manera implícita o subyacente. En términos de Bohm, bajo la esfera explicada de cosas y acontecimientos separados se halla una esfera implicada de totalidad indivisa, y este todo implicado está simultáneamente disponible para cada parte explicada. Dicho en otras palabras, el universo físico parecía ser un holograma gigantesco, estando cada parte en el todo y el todo en cada parte.

Aquí es donde nació el “paradigma holográfico”: el cerebro es un holograma que percibe y participa en un universo holográfico. En la esfera explícita o manifiesta del espacio y del tiempo, las cosas y los acontecimientos son verdaderamente separados y discretos. Pero bajo la superficie, digamos, en la esfera implícita o de frecuencia, todas las cosas y acontecimientos son a-espaciales, atemporales, intrínsecamente unos e indivisos. Y, según Bohm y Pribram, la verdadera experiencia religiosa, la experiencia de la unidad mística y la “identidad suprema”, podría ser muy bien una experiencia genuina y legítima de este fundamento implícito y universal.

En cierto modo, este paradigma parecía marcar la culminación de una tendencia histórica discernible: desde la “revolución cuántica” de hace cincuenta años, varios físicos han descubierto intrigantes paralelismo entre sus resultados y los de ciertas religiones místico-trascendentales. Heisenberg, Bohr, Schrödinger, Eddigton, Jeans, y hasta el propio Einstein, tuvieron una visión místico-espiritual del mundo. Con la gran afluencia de las religiones orientales a Occidente (iniciadas principalmente con los Essays in Zen Buddhism de D.T. Suzuki), estas analogías resultaban cada vez más claras y enérgicas. A nivel popular, Alan Watts empezó a utilizar la física moderna y la teoría de sistemas para explicar el budismo y el taoísmo. El libro The Medium, the Mystic, and the Physicist, de Lawrence LeShan, era una aproximación más académica. Pero tal vez no hubo libro que ocupase más el interés de eruditos y laicos por igual que el de Fritjof Capra (2000), El Tao de la Física, que tuvo un éxito enorme.

Otras voces se sumaron a las suyas: Stanley Krippner en parapsicología, Keneth Pelletier en neurofisiología, Sam Keen en la “conexión cósmica”, John Welwood en psicología, Willis Harman en la nueva ciencia, John Battista en teoría de la información y psiquiatría, y muchos más. Mención especial merecen, sin embargo, las aportaciones de Marilyn Ferguson y Renée Weber. Marilyn Ferguson (1998), cuyo libro más reciente La conspiración de acuario, supone una aportación importante a todo este tema, contribuyó materialmente (a través del Brain/mind Bulletin) a iniciar el propio diálogo general. Y Renée Weber, además de contribuir con numerosos artículos e ideas, efectuó hábiles entrevistas a Bohm y Capra que ayudaron mucho a clarificar las cuestiones fundamentales.

Uno puede estar de acuerdo o no con el nuevo paradigma, y tanto los argumentos a favor como en contra están bien representados en este libro. Y “el” propio paradigma es susceptible de toda clase de interpretaciones. Algunos investigadores han creído necesario introducir dimensiones jerárquicas y evolutivas en el paradigma. Otros no han visto una identidad estricta entre ciencia y misticismo, sino únicamente algunas analogías importantes. Otros, en fin, han cuestionado si un nuevo mapa mental o paradigma, con independencia de su aparente unidad, puede llevar realmente a la trascendencia de la mente misma (que es el verdadero objetivo del misticismo genuino). Todos estos temas se debatieron en ReVision, y todos ellos quedan recogidos en las páginas siguientes.

Mi punto de vista es este: se esté o no de acuerdo con el (los) nuevo(s) paradigma(s), hay una conclusión clara: como mucho, la nueva ciencia requiere espíritu; como poco, deja un amplio espacio para el espíritu. En cualquier caso, la ciencia moderna ya no niega el espíritu. Y eso es lo que hace época. Como ha observado Hans Küng, la respuesta normal a la pregunta de “¿Cree usted en el espíritu?” solía ser “Claro que no, soy científico”. Pero muy pronto podría ser ésta: “Claro que creo en el espíritu. Soy científico”.

Este libro, como la misma ReVision, constituye uno de los primeros pasos que prepara el terreno para esa segunda, y más iluminadora respuesta.


REFERENCIAS:

Capra, Fritjof. El tao de la física. Málaga: Sirio, 2000.

Ferguson, Marilyn. La conspiración de acuario. Barcelona: Kairós, 1998.

Wilber, Ken. El paradigma holográfico. Barcelona: Kairós, 1987.

Nota: Para aquellos lectores interesados en profundizar en las implicaciones filosóficas derivadas de la física cuántica, recomiendo la lectura de dos libros: El universo holográfico de Michael Talbot y El paradigma holográfico de Ken Wilber.



EL LÚCIDO MISTICISMO PLATÓNICO

Publicado 17/03/2017 00:42:44  | 19 - FILOSOFÍA CUÁNTICA


El lúcido misticismo platónico

Este artículo está reproducido como nota número 23 en la obra FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

Este artículo también está reproducido como nota 36 en la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.).

Wolfgang Pauli, premio Nobel de Física en 1945, realizó profundas contribuciones positivas a la física, incluyendo el famoso “principio de exclusión” y la predicción de la existencia del neutrino veinte años antes de que fuera descubierto. Pauli insistía en que la racionalidad tenía que venir complementada por la mística, y su amigo personal y colega Werner Heisenberg escribió un bello resumen que es recogido por Ken Wilber (2013) en Cuestiones cuánticas, una obra que recoge los escritos místicos de los físicos más famosos del mundo.

Para Pauli, un primer tema central de reflexión filosófica fue el proceso mismo de conocimiento, especialmente del conocimiento natural, que encuentra su última expresión racional en el establecimiento de leyes de la naturaleza matemáticamente formuladas. Pauli no se daba por satisfecho con la concepción puramente empirista, según la cual las leyes naturales únicamente pueden derivarse de los datos experimentales. Más bien estaba de parte de quienes “subrayan el papel de la intuición y el manejo de la atención en la estructuración de los conceptos e ideas necesarios para establecer un sistema de leyes naturales”. Ideas que, por lo general, van mucho más allá de la mera experiencia. Pauli, por tanto, buscaba el lazo de la conexión entre las percepciones sensoriales, por una parte, y los conceptos, por otra.

Todos los pensadores consecuentes han llegado a la conclusión de que la pura lógica es fundamentalmente incapaz de construir dicho lazo entre las percepciones sensoriales y los conceptos. Lo más satisfactorio, al entender de Pauli, es introducir en este punto el postulado de que en el cosmos existe un orden distinto del mundo de las apariencias, y que escapa a nuestra capacidad de elección. Lo cierto es que la relación entre la percepción sensible y la Idea sigue siendo una consecuencia del hecho de que tanto el alma como lo que se conoce por medio de la percepción están sujetos a un orden objetivamente concebido. El puente que conduce desde los datos experimentales, inicialmente desordenados, hasta las Ideas, lo ve Pauli en ciertas imágenes primigenias que preexisten en el alma, los arquetipos de que habla Kepler y también la psicología moderna. Estas imágines primordiales -aquí Pauli está de acuerdo en gran medida con Jung- no están localizadas en la conciencia, ni están relacionadas con ideas concretas formuladas racionalmente. Son, más bien, formas que pertenecen a la región inconsciente del alma humana, imágines dotadas de un poderoso contenido emocional y que no brotan a través del pensamiento, sino que son contempladas, por así decir, imaginativamente. Esta concepción del conocimiento natural proviene, obviamente, en lo esencial, de Platón .

Como dice Pauli: “La mente parece moverse a partir de un centro interior hacia fuera, por un movimiento como de extraversión hacia el mundo físico, donde se supone que todo sucede de modo automático, de manera que se diría que el espíritu abarca serenamente al mundo físico con sus Ideas”. Así pues, la ciencia natural de la época moderna implica una elaboración cristiana del “lúcido misticismo” platónico, para el cual el fundamento unitario del espíritu y la materia reside en las imágenes primordiales, donde tiene también lugar la comprensión, en sus diversos grados y clases, incluso hasta el conocimiento de la palabra de Dios. Pero Pauli añade una advertencia: “Este misticismo es tan lúcido que es capaz de ver más allá de numerosas oscuridades, cosa que los modernos no podemos ni nos atrevemos a hacer”.

En el centro del pensamiento filosófico de Pauli estaba el deseo de una comprensión unitaria del mundo, una unidad en la que estuviese incorporada la tensión de los opuestos, por lo cual saludó a esa interpretación de la teoría cuántica como a la inauguración de un nuevo modo de pensar, que permita expresar aquella unidad con mayor facilidad que entonces. Pauli llegó a pensar que el terreno árido atravesado por la moderna física atómica y por la psicología moderna permitía intentar una vez más emplear ese único lenguaje: “En la física actual tenemos una realidad invisible (la de los objetos atómicos) en la que el observador interviene con una cierta libertad (viéndose por ello enfrentado a alternativas de “elección y sacrificio”); por otra parte, en la psicología del inconsciente nos encontramos con procesos que no pueden atribuirse siempre sin ambigüedad alguna a un sujeto determinado. Habríamos encontrado así un modo de expresar la unidad entre todos los seres, que trascendería la causalidad de la física clásica como forma de correspondencia (Bohr); unidad, de la cual son casos especiales la interrelación psicofísica y la coincidencia de las formas instintivas de ideación a priori con las percepciones externas.

Sin embargo, dice Pauli, creo que a todo aquel para quien un racionalismo estrecho ha perdido todo atractivo, y para quien tampoco resulta suficientemente poderoso el encanto de una actitud mística, que considera sencillamente ilusoria la oprimente multiplicidad del mundo exterior, no le queda más remedio que exponerse a la intensa acción de los opuestos (1) y sufrir los conflictos consiguientes. Precisamente obrando así, puede el sujeto encontrar más o menos conscientemente un camino interior de salvación. Lentamente surgen entonces imágenes, fantasías o Ideas internas que compensan la situación exterior y revelan como posible la aproximación entre los polos de la antítesis. Considera Pauli que el anhelo de superación de los opuestos, extensivo al logro de una síntesis que abarque a un tiempo a la comprensión racional y a la experiencia mística de la unidad, constituye el mito, confesado o no, de nuestro tiempo y de la época actual.


REFERENCIAS:

Wilber, Ken. Cuestiones cuánticas. Barcelona: Kairós, 2013.

(1) Heráclito de Éfeso fue un filósofo griego. Nació hacia el año 535 a. C. y falleció hacia el 484 a. C. Era natural de Éfeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor (actual Turquía). Como los demás filósofos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en gran parte se conocen sus aportes gracias a testimonios posteriores. Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa: se refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas. Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Logos. Este Logos no sólo rige el devenir del mundo, sino que le habla al hombre, aunque la mayoría de las personas “no sabe escuchar ni hablar”. El orden real coincide con el orden de la razón, una “armonía invisible, mejor que la visible”, aunque Heráclito se lamenta de que la mayoría de las personas viva relegada a su propio mundo, incapaces de ver el real. Si bien Heráclito no desprecia el uso de los sentidos (como Platón) y los cree indispensables para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia. Era conocido como “el Oscuro”, por su expresión lapidaria y enigmática. Ha pasado a la historia como el modelo de la afirmación del devenir y del pensamiento dialéctico. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres: todo fluye. Los dos pilares de la filosofía de Heráclito son: el devenir perpetuo y la lucha de opuestos. Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el logos, la razón universal, lo rige: “Todo surge conforme a medida y conforme a medida se extingue”. El hombre puede descubrir este logos en su propio interior, pues el logos es común e inmanente al hombre y a las cosas.

Nota: Para aquellos lectores interesados en profundizar en las implicaciones filosóficas derivadas de la física cuántica, recomiendo la lectura de dos libros: El universo holográfico de Michael Talbot y El paradigma holográfico de Ken Wilber.



LA NATURALEZA ES MENTAL: VUELTA A PLATÓN

Publicado 08/11/2016 23:38:35  | 19 - FILOSOFÍA CUÁNTICA


La naturaleza es mental

Este artículo está reproducido en el capítulo 5-1 de la segunda parte de la obra FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

Este artículo también está reproducido en la nota 116 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.).

“Según la neurociencia y la física cuántica, solamente es real nuestro mundo mental, el de las ideas, como ya expusiera Platón” (Amador Martos, filósofo transpersonal).

La naturaleza mental es certeramente expresada por el físico y astrónomo Sir James Jeans: “Todos los conceptos revelados hoy como fundamentales para la comprensión del universo-un espacio finito, un espacio vacío, cuatridimensional, espacios de siete y más dimensiones, un espacio en permanente expansión, leyes de la probabilidad en vez de la causalidad- todos estos conceptos resultan ser, a mi modo de ver, estructuras de pensamiento puro, imposibles de entender en ningún sentido propiamente material”.

“Por ejemplo, cualquiera que haya escrito u haya dado conferencias sobre la finitud del espacio está acostumbrado a la objeción siguiente consistente en afirmar que el concepto de un espacio finito es en sí algo contradictorio y sin sentido. Si el espacio es finito, dicen nuestros críticos, debe ser posible ir más allá de sus propios límites, ¿y qué es lo que podemos encontrar más allá de ellos, sino más espacio, y así ad finitum? Lo cual demuestra que el espacio no puede ser finito. Y además, añaden, si el espacio está en expansión, ¿hacia dónde puede estar expansionándose, si no es hacia un mayor espacio? Lo que, una vez más, demuestra-en su opinión- que lo que está en expansión solamente puede ser una parte del espacio, de modo que la totalidad del espacio no puede expandirse en modo alguno”.

“Los críticos de nuestro siglo (1931) comparten todavía la actitud mental de los científicos del siglo XIX; dan por supuesto que el universo debe ser susceptible de representación material. Si partimos de sus premisas, debemos, también, creo yo, compartir sus conclusiones-que estamos diciendo tonterías-, pues su lógica es irrefutable. Pero la ciencia moderna no puede en modo alguno compartir sus conclusiones, e insiste en la infinitud del espacio a toda costa. Eso significa, naturalmente, que tenemos que negar las premisas de que parten por ignorancia quienes formulan ese tipo de críticas. El universo no es susceptible de representación material, y la razón, creo yo, es que se ha convertido en un concepto puramente mental”.

“Es lo mismo que ocurre, creo yo, con otros conceptos más técnicos, caracterizados por el “principio de exclusión”, lo que parece implicar una especie de “acción” a “distancia” a la vez en el espacio y en el tiempo, como si cada porción del universo supiese lo que las demás porciones a distancia están haciendo, y actuase de acuerdo con ello. En mi opinión, las leyes a las que obedece la naturaleza sugieren menos aquellas a las que obedece el movimiento de una máquina, que aquellas a las que se ajusta un músico al componer una fuga, o un poeta al componer un soneto. Los movimientos de los átomos y de los electrones se parecen más a los bailarines en un cotillón, que a los de las diversas partes de una locomotora. Y si “la verdadera esencia de las substancias” no puede llegar a ser conocida jamás, entonces, no importa si el baile del cotillón tiene lugar en la vida real, o en la pantalla de cine, o en un cuento de Boccaccio. Si todo es así, entonces la mejor forma de describir el universo, aunque todavía muy imperfecta e inadecuada, consiste en considerarlo con un pensamiento puro, como el pensamiento de quien, a falta de otro concepto más abarcativo, podríamos describir como un pensador matemático”.

“Y de esta forma nos vemos introducidos en el núcleo del problema de las relaciones entre la mente y la materia,… pero es mucho menos fácil entender cómo una perturbación atómica material puede hacer surgir un pensamiento poético entorno a la puesta del sol, debido a la entera disparidad de su respectiva naturaleza. Por esta razón Descartes llegó a sostener la existencia de dos mundos distintos, el de la mente y el de la materia, que seguían, por así decirlo, cursos independientes sobre raíles paralelos sin encontrarse jamás. Berkeley y los filósofos idealistas estaban de acuerdo con Descartes en que, si la mente y la materia eran de naturaleza distinta, no podían jamás interactuar entre sí. Pero, para ellos, esas interacciones eran de hecho continuas. Por consiguiente, argüían, la esencia de la materia debe ser también el pensamiento, no la extensión”.

“Ahora bien, los pensamientos o las ideas, para existir, necesitan de una mente en la cual existan. Podemos decir que algo existe en nuestra mente mientras somos conscientes de ello, pero este hecho no acredita su existencia en los periodos en que no somos conscientes de ello. No importa si los objetos existen en mi mente, o en la de cualquier otro espíritu creado o no; su objetividad proviene del hecho de subsistir en la mente de algún Espíritu Eterno” (1).

Para los más escépticos en esta cuestión de la naturaleza mental, recomiendo la lectura de la nota de Ken Wilber respecto al citado texto de Jeans. Wilber, sinópticamente, señala que la idea de que el reino de lo físico es una “materialización del pensamiento” cuenta con un apoyo sumamente amplio en la filosofía perenne. Explica de un modo sencillo la “involución” y la “evolución” que atraviesa toda la Gran Cadena del Ser mediante la materia, la vida, la mente, el alma y el reino espiritual. Para hacer evidente la jerarquía de la mente sobre el reino de lo natural, Wilber formula certeramente el siguiente axioma: “Todos los procesos naturales fundamentales pueden ser representados matemáticamente, pero no todas las formulaciones matemáticas son susceptibles de aplicación material”. Así, prosigue Wilber, “la materia es una sombra en el sentido platónico, pero, como dice Jeans, lleva impresas en sí algunas de las formas propias de los dominios antológicamente superiores, fórmulas matemáticas en este caso”.

Para rematar la argumentación de que la naturaleza es mental, qué mejor que recordar la frase favorita de Sir James Jeans: “Dios es matemático, y el universo está empezando a parecerse más a un gran pensamiento que a una gran máquina”. Por tanto, el pensamiento científico, en boca de Jeans, viene a coincidir con lo ya dicho por Buda: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”, remitiendo así, inexorablemente, a la sabiduría perenne. La postulación de Jeans sobre la naturaleza mental del universo es exactamente la misma enseñanza presente en la filosofía hermética, también conocida como los “siete principios del hermetismo”, cuyo primer principio es Mentalismo. El Todo es mente. El universo es mental. En efecto, como acredita la física cuántica, no se puede acceder al desciframiento de la materia si no es desde la percepción mental del observador. Con el cambio de paradigma científico desde la física clásica a la física cuántica, como argumenta Jeans entre otros muchos pensadores, el universo no es susceptible de representación material, sino se ha convertido en un concepto puramente mental.

Este giro copernicano de la mirada desde la representación material a la mental, finalmente, viene a dar la razón a Platón, una vez más, en su postulación del Mundo de las Ideas, una cuestión que el propio Jeans argumenta del siguiente modo: “…es el reconocimiento universal de que aún no nos hemos puesto en contacto con la realidad última. Por emplear los términos del conocido símil de Platón, seguimos estando prisioneros en la caverna, de espalda a la luz, y sólo podemos ver las sombras que se reflejan en el muro. Por el momento, la única tarea que la ciencia tiene inmediatamente ante sí consiste en estudiar esas sombras, clasificarlas y explicarlas del modo más simple posible”.

La anterior argumentación converge con el objetivo epistemológico de mi obra La educación cuántica (2), precisamente, para intentar demostrar que el discurso del materialismo científico (dualismo objeto-sujeto) es una verdad a medias, pues estudia las sombras producidas por las luminosos ideas presentes en la filosofía perenne, obviando por tanto al misticismo contemplativo (no dualidad entre objeto-sujeto) como un nuevo mundo cognitivo a descubrir por cada cual mediante el camino ascendente de su conciencia hacia la sabiduría. Todo un viaje iniciático de la transformación interior donde, el racionalismo pragmático sustentado en el materialismo científico, debe ser trascendido hacia el racionalismo espiritual o Mundo de las Ideas donde, el Amor, es la idea suprema. Este giro copernicano del materialismo al idealismo (3) donde el ego debe trascenderse hacia la conciencia transpersonal, es un proceso de autopoiesis (4) de la naturaleza imperceptible para la mayoría de mis coetáneos. Sin embargo, como profetiza James Jeans, “¿quién sabe cuántas veces aún tendrá que girar sobre sí misma la corriente del saber?”. Tal es el objetivo epistemológico pretendido por La educación cuántica: dilucidar y evidenciar que la humanidad se halla ante un Segundo Renacimiento Humanístico consistente en la trascendencia del cogito cartesiano (“yo”) (5), más allá de la naturaleza (“ello”), hacia el “nosotros” kantiano (6), un proceso de autopoiesis entre los eternos contrarios postulados por el filósofo Heráclito (7), y que propugna los cambios de paradigmas desde la física clásica a la cuántica, de la filosofía tradicional a la transpersonal, de la psicología tradicional a la transpersonal, de la conciencia personal a la transpersonal y, socialmente, del neoliberalismo al altermundismo.

En suma, tantos cambios de paradigmas imperceptibles todavía para muchos, pero que pueden ser aprehendidos de un modo hermenéutico (8) por todo sincero buscador de la verdad histórica y filosófica, la cual se encamina al cambio de paradigma por excelencia: un Segundo Renacimiento Humanístico desde el “yo” al “nosotros”, desde la Razón al Espíritu.


Referencias:

(1) Extracto del artículo titulado En la mente de algún Espíritu Eterno, publicado en Cuestiones cuánticas, una obra editada por Ken Wilber donde se recogen escritos místicos de los físicos más famosos del mundo.

(2) La educación cuántica es un libro con ideas transgresoras: propone una reinterpretación de la historia del pensamiento occidental mediante la recuperación de la sabiduría presente en la filosofía perenne; replantea las relaciones entre la ciencia y la espiritualidad a la luz de las diferentes interpretaciones de la mecánica cuántica; cuestiona el tradicional sistema educativo y propone una pedagogía activa y libertaria; reivindica el asesoramiento filosófico junto a la psicoterapia transpersonal como guía cognitiva para dar un sentido a la vida. El pensamiento divergente propuesto por el autor se atreve con postulaciones metafísicas en aras de satisfacer inquietudes epistemológicas que la sociedad occidental no puede solucionar desde el dogmático materialismo científico. En su lugar, invita al lector a descubrir la filosofía transpersonal, como un ejercicio de trascendencia para superar los contrarios a los que todo ser humano debe enfrentarse: la pobreza y la riqueza, la esclavitud y la libertad, el mal y el bien, la ignorancia y la sabiduría, la desdicha y la felicidad, la vida y la muerte, la materia y la mente. En suma, esta obra aborda los cambios de paradigmas que sufre la actual civilización en el ámbito epistemológico, sociológico, psicológico, intelectual, filosófico y espiritual, proponiendo un nuevo paradigma de conocimiento para todo sujeto cognoscente que se precie de saber pensar.La obra reivindica devolver a la filosofía su operatividad, su originaria dimensión terapéutica y su relevancia para la vida cotidiana. Para tal fin, La educación cuántica propone una renovada filosofía de la mente en oposición a la visión mecanicista, industrial y positivista de la escolarización tradicional.

(3) El materialismo es una corriente filosófica que, en oposición al idealismo, resuelve el problema cardinal o fundamental de la filosofía acerca de la relación entre el pensar, el espíritu y la naturaleza, postulando que la materia es lo primario. Según la visión materialista, la conciencia y el pensamiento es una emergencia material a partir de un estado altamente organizado. Según esta concepción, el mundo es material y existe objetivamente, independientemente de la conciencia. Sin embargo, el neurocientífico Francisco J. Rubia, Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, viene a decir todo lo contrario: “Los órganos de los sentidos nos han engañado desde siempre y lo sabemos, como ya lo sabían los filósofos griegos de la naturaleza de las colonias jónicas en Asia Menor.La neurociencia moderna nos dice que ni los colores ni los olores, ni los gustos ni los sonidos existen en la naturaleza, sino que son creaciones del cerebro”. Según Rubia, la revolución neurocientífica modificará los conceptos del yo y de la realidad. Los hallazgos realizados en este campo en los últimos años han sido múltiples y podrían producir lo que él denomina “la cuarta humillación humana”, tras el final del geocentrismo, la aparición de la teoría de la evolución y el descubrimiento del inconsciente. Estos hallazgos llevarían, de hecho, a cuestionarse conceptos tan fundamentales para nuestra cosmovisión como la naturaleza de la realidad o del yo o la existencia del libre albedrío (paradójicamente, lo mismo que hizo Kant en sus Tres críticas). (Declaración efectuada en una conferencia dentro del marco del 43º Congreso de la European Brain and Behaviour Society de Sevilla, sobre los últimos avances de la neurociencia).

(4) La autopoiesis es un término de origen griego para aludir a la creación de sí mismo. Es un neologismo donde un sistema es capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo. Fue propuesto en 1972 por los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, para definir la química de auto-mantenimiento de las células vivas. Una descripción breve sería decir que la autopoiesis es la condición de existencia de los seres vivos en la continua producción de sí mismos. Desde entonces el concepto ha sido también aplicado en los campos de la teoría de sistemas y la sociología, y como principio epistemológico aplicable al mundo de las ideas en mi obra La educación cuántica. Porque son las ideas las que dominan el mundo, y en ese sentido, la historia del pensamiento está dando un salto cualitativo como jamás visto en la historia. Que la razón deje de mirar la materia para dirigirse hacia el espíritu es un cuadro histórico que ya Platón nos iluminó con su alegoría del Mito de la Caverna. Consecuentemente, la humanidad está replanteándose salir de la caverna para dirigirse hacia la luz, pero en ese camino será necesario una renovada pedagogía como pretende La educación cuántica.

(5) La locución latina “cogito ergo sum”, que en castellano se traduce frecuentemente como “pienso, luego existo”, es un planteamiento filosófico de René Descartes (1596-1650), el cual se convirtió en el elemento fundamental del racionalismo occidental. “Cogito ergo sum” es una traducción del planteamiento original de Descartes en francés: “Je pense, donc je suis”, encontrado en su famoso Discurso del método (1637). La frase de Descartes expresa uno de los principios filosóficos fundamentales de la filosofía moderna: que mi pensamiento, y por lo tanto mi propia existencia, es indudable, algo absolutamente cierto y a partir de lo cual puedo establecer nuevas certezas.

(6) En este ensayo se hará sucesivas referencias al “nosotros” kantiano, el cual hay que interpretar como la esfera práctica o razón moral, es decir, a cómo tú y yo podemos interactuar pragmáticamente e interrelacionarnos en términos que tenemos algo en común, es decir, un entendimiento mutuo. La obra La crítica de la razón práctica de Kant (1724-1804) trata de la filosofía ética y moral que, durante el siglo XX, se convirtió en el principal punto de referencia para toda la filosofía moral. El imperativo categórico es un concepto central en la ética kantiana, y de toda la ética deontológica moderna posterior. Pretende ser un mandamiento autónomo (no dependiente de ninguna religión ni ideología) y autosuficiente, capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones. Kant empleó por primera vez el término en su obra Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). Según Kant, del imperativo categórico existen tres formulaciones: 1- “Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”. 2- “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio”. 3- “Obra como si, por medio de tus máximas, fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines”.

(7) Heráclito de Éfeso fue un filósofo griego. Nació hacia el año 535 a. C. y falleció hacia el 484 a. C. Era natural de Éfeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor (actual Turquía). Como los demás filósofos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en gran parte se conocen sus aportes gracias a testimonios posteriores. Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa: se refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas. Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Logos. Este Logos no sólo rige el devenir del mundo, sino que le habla al hombre, aunque la mayoría de las personas “no sabe escuchar ni hablar”. El orden real coincide con el orden de la razón, una “armonía invisible, mejor que la visible”, aunque Heráclito se lamenta de que la mayoría de las personas viva relegada a su propio mundo, incapaces de ver el real. Si bien Heráclito no desprecia el uso de los sentidos (como Platón) y los cree indispensables para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia. Era conocido como “el Oscuro”, por su expresión lapidaria y enigmática. Ha pasado a la historia como el modelo de la afirmación del devenir y del pensamiento dialéctico. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres: todo fluye. Los dos pilares de la filosofía de Heráclito son: el devenir perpetuo y la lucha de opuestos. Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el logos, la razón universal, lo rige: “Todo surge conforme a medida y conforme a medida se extingue”. El hombre puede descubrir este logos en su propio interior, pues el logos es común e inmanente al hombre y a las cosas.

(8) El término “hermenéutica” significa “interpretar”, “esclarecer” y “traducir”, es decir, cuando alguna cosa se vuelve comprensible o lleva a la comprensión, un objetivo pretendido por La educación cuántica mediante el revisionismo de la historia del pensamiento, y cuya conclusión es que la humanidad ha tocado fondo en su dialéctica materialista y necesita urgentemente repensarse a sí misma, como postula la filosofía transpersonal: es el actual encontronazo intelectual entre el materialismo científico y el “misticismo cuántico”.

Nota: Para aquellos lectores interesados en profundizar en las implicaciones filosóficas derivadas de la física cuántica, recomiendo la lectura de dos libros: El universo holográfico de Michael Talbot y El paradigma holográfico de Ken Wilber.



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"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


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