"La conciencia, esa gran desconocida y, paradójicamente, tan presente en nosotros como ausente en el mundo"
(Amador Martos)

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HERMENÉUTICA DE LO INCONMENSURABLE

Este artículo es una reproducción del capítulo con mismo título en la página 120 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA.

La historia no es como nos la enseñan, sino que, ella misma, está siendo manipulada por lo menos desde la Segunda Guerra Mundial, como intenta hacernos ver Oliver Stone en sus diez documentales La historia no contada de los Estados Unidos. Hay diversos intentos de buscar otro tipo de verdad en la historia, pero, sin lugar a dudas, quién ha marcado un hito en ese sentido ha sido Naomi Klein con su obra La doctrina del shock. También en el ámbito científico hay rebeldes, tal es el caso de Rupert Sheldrake, uno de los biólogos y escritores más innovadores del mundo.

Rupert Sheldrake es el autor de la teoría de los campos mórficos y la resonancia mórfica y ha desarrollado importantes investigaciones en el campo de la telepatía o la percepción. Sus trabajos conducen a una visión del desarrollo de la vida y el universo radicalmente distinta de la mantenida por los estamentos más académicos. Su trabajo en el campo de la biología se desarrolló en la Universidad de Cambridge en donde fue miembro del Clare College. Por sus aportaciones coherentes, rigurosas y bien fundamentadas, es un autor de referencia en el cuestionamiento del actual paradigma científico.

En su obra El espejismo de la ciencia, Sheldrake analiza diez dogmas científicos y su veracidad, con una intención de fondo: revelar la “cosmovisión” actual de la ciencia y sus limitaciones. Para Sheldrake la “cosmovisión científica” se ha convertido en un sistema de creencias cuyos dogmas condicionan y limitan la labor científica, que debería estar basada en la indagación, la formulación y prueba de hipótesis, la atención a la evidencia, y la discusión crítica. El título del libro claramente lo ha situado en el mercado como un contra-manifiesto de El espejismo de Dios, un famoso ensayo escrito por el etólogo británico Richard Dawkins.

El espejismo de la ciencia es la creencia en que la ciencia ya comprende la naturaleza de la realidad. Las preguntas fundamentales habrían sido ya respondidas y solo quedarían los detalles por completar. En este apasionante libro, el doctor Rupert Sheldrake muestra que la ciencia está oprimida por supuestos que se han consolidado como dogmas. La “perspectiva científica” se ha convertido en un sistema de creencias: toda realidad es material o física; el mundo es una máquina constituida por materia muerta; la naturaleza carece de propósito; la conciencia no es sino la actividad física del cerebro; el libre albedrío es una ilusión; Dios existe solo como una idea en las mentes humanas. Sheldrake examina científicamente estos dogmas y muestra, de forma tan amena como convincente, que la ciencia estaría mejor sin ellos: sería más libre, más interesante y más divertida.

Stone y Klein, en la historia. González, Ruiz, Carrera, Illich, Laval y Mendoza en la educación. Sheldrake y Garnier, entre otros muchos “místicos cuánticos”, en la ciencia. Todos ellos apuntan hacia un obligado revisionismo, respectivamente, de la historia, la educación y la ciencia: el fundamento epistemológico por excelencia pretendido por La educación cuántica. Para tal propósito he seguido el sabio consejo de mi admirado Descartes: “Para alcanzar la verdad, es necesario, una vez en la vida, desprenderse de todas las ideas, y reconstruir de nuevo y desde los cimientos todo nuestro sistema de conocimientos” (conocimiento académico). Pero también seguí el consejo del filósofo chino Confucio: “Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro” (conocimiento esotérico). La consecuencia en la observancia de dichos preceptos fue mi obra Capitalismo y conciencia. Es por ello que puedo proclamar a los cuatros vientos: la historia del pensamiento no es como nos la enseñan en nuestro actual sistema educativo occidental, sino que está amputada de su otra mitad, la filosofía perenne. De ahí la necesidad de La educación cuántica como nuevo paradigma de conocimiento, para enseñar bien ello.

Hacer filosofía pura es bien difícil hoy en día, pero no imposible, como pretende este pensador mediante La educación cuántica. Argumentar y contagiar sobre la necesidad de un nuevo paradigma de conocimiento no será tarea fácil. El reto pedagógico es muy ambicioso, pero no imposible. La cuestión, quizá, más difícil, es hacer entender al neófito en filosofía que está viviendo bajo la mentira del pensamiento único neoliberal, quien condiciona la vida, el intelecto y la libertad de las personas y los pueblos, impidiendo así alcanzar la autorrealización o felicidad. Hay una masa crítica anestesiada por los poderes fácticos que necesita urgentemente el despertar de la conciencia, a lo que alienta La educación cuántica y la filosofía transpersonal. Más que nunca la humanidad necesita también de una renovada pedagogía filosófica, un segundo renacimiento: el “yo” racional surgido del cogito cartesiano, habiendo agotado su discurso en la naturaleza -“ello”- mediante el materialismo científico, redirige ahora su mirada hacia el “nosotros” kantiano . La razón ha sido histórica y psicológicamente segregada del espíritu humano, de ahí la divergencia cognitiva entre el materialismo científico y el conocimiento revelado que postulan las religiones. Sin embargo, es la física cuántica quien posibilita dicho segundo renacimiento al darse de bruces con una realidad superior: el sujeto y el objeto son una y la misma cosa; yo y el Universo somos uno; tú y yo somos uno. Nosotros somos uno.

En virtud de lo anterior y merced a las “astucias de la razón” y la “burla de la historia” en palabras de Hegel (1), el imperativo categórico kantiano tiene ahora su formulación científica: la mecánica cuántica ha desintegrado la “rígida estructura” del materialismo científico (dualidad objeto-sujeto) como único modo de explicarnos la realidad, remitiendo inexorablemente al misticismo contemplativo (no dualidad entre objeto y sujeto) como un nuevo paradigma de conocimiento que contempla la unión de todos los seres. En dicha senda donde todos somos uno, es necesaria más que nunca una educación cuántica que explicite ese nuevo paradigma de conocimiento, y requiere por tanto de una renovada pedagogía filosófica para enseñar bien todo ello.

NOTA:

(1) La filosofía de la historia de Hegel está marcada por los conceptos de las “astucias de la razón” y la “burla de la historia”: la historia conduce a los hombres que creen conducirse a sí mismos, como individuos y como sociedades, y castiga sus pretensiones de modo que la historia-mundo se burla de ellos produciendo resultados exactamente contrarios, paradójicos, a los pretendidos por sus autores, aunque finalmente la historia se reordena y, en un bucle fantástico, retrocede sobre sí misma y con su burla y paradoja sarcástica, convertida en mecanismo de cifrado, crea también ella misma, sin quererlo, realidades y símbolos ocultos al mundo y accesibles solo a los cognoscentes, es decir, a aquellos que quieren conocer.
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sentido de la vida

EL SENTIDO DE LA VIDA ES BUSCAR EL SENTIDO DE LA VIDA

1 - ¿Una tautología?

El título de este artículo pudiera parecer una tautología, pero no lo es en absoluto. Andaba viendo el documental Todos somos uno cuando, cercano al final, se hacía esta pregunta a la mayoría de los intervinientes: ¿Cuál es el sentido de la vida? Las respuestas fueron de lo más dispar, cada una de ellas con su lógica interna, sin embargo, quedaba patente que no había una única respuesta sino tantas respuestas como personas intentaban responder a esa pregunta. Unas respuestas me gustaron más que otras, no obstante, mi mente se quedó absorta por esa pregunta a la que nadie pudo dar una respuesta satisfactoria. Con esa dubitativa cuestión me fui a dormir.

Fue a las tres y treinta minutos de la madrugada cuando me desperté y pude observar a mi mente esbozar el esquema de este artículo que ahora escribo. Otras veces anteriores, cuando me llegaban estos flashs intuitivos en la mitad de la noche, solía levantarme para anotar todos esos pensamientos en una hoja de papel. Pero en esta ocasión, la disertación mental era tan clara y distinta como diría mi admirado Descartes, que sabía que todo quedaría registrado en mi subconsciente y que podría redactarlo en la mañana siguiente, que es este presente.

2 - La razón dualista

Entrando ya en materia reflexiva, como he citado al principio, el título “El sentido de la vida es buscar el sentido de la vida” parece una tautología, y por tanto pudiera parecer muy absurdo para quien lo lee. Sin embargo, invito al lector a seguir mi razonamiento. Cuando en el documental se hacía la pregunta “¿Cuál es el sentido de la vida?”, ello implicaba una respuesta desde la mente racional y puede ser de diversa índole: social, política, religiosa, filosófica, antropológica, ateísta, etcétera. Sea cual sea la respuesta, junto a la pregunta es, implícitamente, un dualismo desde la razón. Y quienes siguen mis investigaciones y mis pensamientos, ya saben que el mayor de los dualismos creado por la razón es la dicotomía entre ciencia y religión, entre la razón y el Espíritu, siendo dicha dicotomía cognitiva la causa del fracaso epistemológico de la filosofía occidental.

En consecuencia, intentar dar una respuesta a la pregunta “¿Cuál es el sentido de la vida?” desde la razón, es caer nuevamente en los dualismos que imperan en Occidente desde la Filosofía Griega, a pesar de que la racionalidad sea un atributo divino más comúnmente conocido como “Logos” en la filosofía de Heráclito (1). Es así como dicho Logos se manifiesta en todo ser finito en busca de la verdad mediante la razón humana, a partir de la cual surgió la filosofía y posteriormente las diferentes categorías científicas (física, química, biología, medicina, neurociencias, etcétera) para intentar dar respuesta a la cuestión fundamental de lo que es la vida en sentido universal. Y digo intentar dar una respuesta a lo que sea la vida porque, la ciencia actual, devenida en un cientificismo como dogma de fe, cree haber hallado todas las respuestas para explicarnos lo que sea la vida, cuando en realidad, desde el surgimiento de la física cuántica, hay más dudas que certezas tal como han expresados los físicos más famosos de la nueva ciencia cuántica. La ciencia tan solo puede buscar una aproximación al conocimiento de lo que sea la vida mediante la epistemología de lo conmensurable, pero no tiene respuestas para la hermenéutica de lo inconmensurable. No habiendo consenso desde el ámbito científico, más bien una fuga de científicos hacia el “misticismo cuántico”, es evidente que la respuesta a la pregunta inicial “¿Cuál es el sentido de la vida?”, resulta cuanto menos complicada de responder por los entrevistados del documental en cuestión. Ciertamente, como ya decía Einstein: “Cada día sabemos más y entendemos menos”.

3 - La metafísica

Consecuentemente en primer lugar, si la ciencia aún no conoce los secretos que subyacen en el fenómeno de la vida, pues no puede dar respuestas concluyentes y consensuadas acerca de los fenómenos psíquicos de la subjetividad, la conciencia y la espiritualidad, no es de extrañar que cada vez más personas se aproximen a temas metafísicos como la meditación, las experiencias cercanas a la muerte, las ciencias noéticas, el movimiento transpersonal y la reencarnación, temas todos ellos inaccesibles desde la razón cartesiana, dualista hasta la médula.

Y en segundo lugar si, como es reconocido en la propia ciencia, la materia no existe realmente como una realidad estable sino más bien sujeta a un flujo cambiante de vibraciones, tiene sentido aludir que toda nuestra realidad es en sí misma un estado vibratorio. Consecuentemente, la epistemológica de lo conmensurable, es decir el conocimiento de la naturaleza objetiva mediante el método científico, es un callejón sin salida para los escépticos materialistas científicos, pues es evidente que la razón dualista no puede acceder al conocimiento de la realidad "verdadera" si es que existiera, una cuestión anticipada por el propio Kant al proponernos un giro copernicano en el modo de saber hacia el idealismo trascendental.

4 - Sólo sé que no sé nada

Hasta aquí, pienso, que el avispado lector se ha rendido a la evidencia de la futilidad del pensamiento dualista mediante la razón, pues desligar la razón de la metafísica, no nos ofrece garantía alguna para dar respuesta a la pregunta inicial “¿Cuál es el sentido de la vida?”. De hecho, cada pensador o científico, cuando investigan la realidad por descubrir, pasan toda una vida para lograr un efímero descubrimiento intelectual o científico, posteriormente trascendido por otros descubrimientos de otros tantos pensadores y científicos: es por ello que se puede hablar con propiedad y certeramente de la historia de la filosofía y de la historia de la ciencia, ambas impartida en un sistema educativo actualmente en crisis de identidad.

Consecuentemente, para no perder el hilo discursivo, la pregunta “¿Cuál es el sentido de la vida?” no puede ser respondida de un modo unívoco por la razón dualista, pues ésta solo puede conocer al Espíritu manifestado objetivamente en la naturaleza (epistemología de lo conmensurable), pero la razón no puede acceder al reino metafísico pues éste pertenece propiamente a la hermenéutica de lo inconmensurable. Y en dicho sentido es como la hermenéutica tiene su razón de ser en las cuestiones metafísicas de la subjetividad: como un Espíritu subjetivo que quiere y anhela conocer al Espíritu Absoluto.

5 - El conocimiento místico del Uno

Esa dialéctica en la búsqueda de la "verdad" si es que existe, es un camino solitario e inefable que se manifiesta en la conciencia transpersonal mediante intuiciones espirituales, es decir, son experiencias místicas que son estudiadas desde la psicología transpersonal y que, remiten inevitablemente, al despertar espiritual en una visión no-dual en la que se percibe a la realidad como conciencia de unidad. Sobre estas experiencias trascendentales, la ciencia ortodoxa tiene poco o nada que decir pues pertenecen al mundo de lo numinoso, tal como ya lo planteó Platón en la Séptima Epístola:

“Esto es lo que puedo afirmar de cualquier escritor presente o futuro que pretenda saber de los asuntos de los que me ocupo [el conocimiento místico del Uno]; a mi juicio, es imposible que tengan comprensión alguna del tema. No es algo que pueda ser puesto en palabras como cualquier otra de las ramas del conocimiento; solo después del prolongado compartir de una vida en común [comunidad contemplativa] dedicada a este aprendizaje la Verdad se revela al alma, como una llamada encendida al saltar una chispa. A este respecto no hay ningún escrito mío, ni lo habrá.”

6 - La no-dualidad

Volviendo entonces a la disertación acerca de las plausibles respuestas sobre la cuestión de “¿Cuál es el sentido de la vida?”, dichas respuestas no pueden provenir desde el dualismo mental propugnado por la razón pues habría tantas respuestas como personas creen poseer la razón, sino desde la aprehensión no-dual del sujeto cognoscente. En ese sentido, el Mito de la caverna de Platón, cobra más vida que nunca para evidenciar que el materialismo científico sólo puede estudiar las sombras de las genuinas ideas, tal como argumenta el físico Pauli. Si, además, como demuestra la física cuántica, cada persona percibe la realidad de un modo diferente, es evidente entonces que existen tantas verdades como puntos de vistas personales, lo cual nos lleva inevitablemente a una locura aperspectivista cuando buscamos responder a la pregunta “¿Cuál es el sentido de la vida?”.

Efectivamente, hay tantos sentidos de la vida como personas hay en el mundo, pues cada cual es una entidad subjetiva que persigue su propia “verdad” si es que existe y sea posible. Pero la Verdad, la Bondad y la Belleza platónicas posteriormente reflejadas en las Tres críticas de Kant y los cuatro cuadrantes de Ken Wilber, solamente pueden ser aprehendidas mediante una intuición moral básica que permita entonces trascender la epistemología de lo conmensurable mediante la hermenéutica de lo inconmensurable, como dos modos de saber sintetizado desde la no-dualidad. Ciertamente una inconmensurable tarea que implica trascender la ignorancia procedente de la realidad ilusoria exterior, sustentada dicha ilusión en los dualismos que han llevado al fracaso epistemológico de Occidente.

7 - La experiencia mística

Consecuencia de lo anterior, para dar respuesta a la pregunta “¿Cuál es el sentido de la vida?”, tal inconmensurable tarea puede llevarnos toda una vida hasta que, en una súbita iluminación cognitiva y espiritual, tenemos la idea clara y distinta de que la Sabiduría (el Bien que aspiramos a saber) se manifiesta en una compasiva Bondad hacia los demás pues todos somos Uno, un imperativo categórico en palabras de Kant más comúnmente conocido como Amor por los sabios, místicos, profetas y eruditos espirituales que ha dado la historia.

Esos insignes pensadores han dedicado toda su vida a escribir magnos tratados filosóficos y científicos. Todo genuino pensador dejará su obra mediante mapas conceptuales a través de la razón filosófica o científica, aunque no sean del todo comprendidos o compartidos por sus coetáneos. Pero los mapas conceptuales no son el territorio. Ese inefable territorio de lo numinoso maginíficamente definido por Platón anteriormente, también intenta ser expresado desde el arte (poesía, pintura, música, etcétera) como una experiencia íntima e intransferible que cada cual debe experimentar por sí mismo, en eso mismo consiste las experiencias místicas, en trascender la razón e ir hacia una actitud contemplativa tal como subyace en la filosofía perenne.

8 - La conciencia de unidad

Llegado a este punto, se puede afirmar que el sentido de la vida universal (la cual trasciende a todos los mortales) es que cada cual debe hallar su propio sentido de la vida individualmente, aunque la vida parezca un sinsentido pues, como hemos aludido anteriormente mediante la física cuántica, hay tantas percepciones de la realidad como personas hay en el mundo. Es así como el título de este artículo tiene su razón de ser al afirmar que “El sentido de la vida (en su acepción universal) es buscar el sentido de la vida (en una acepción individual)”. Y ello no es una tautología, pues aquel sujeto cognoscente que no se plantee cuál es el sentido de la vida (universal y/o individual) vive, obviamente, bajo un dualismo racional, un mapa conceptual que provoca ilusión y separación de los demás, sufrimiento y nihilismo, es decir, vive en la tan aludida caverna platónica, como si la vida fuera un sueño del que hay que despertar irremediablemente tarde o temprano.

Sin embargo, aquella persona que se plantee buscar el sentido a la vida (universal y/o individual), por el mero hecho de tener esa actitud proactiva hacia la sapiencia, ya se está planteando salir de esa noche oscura del alma, para dirigirse hacia la luz y la Bondad en términos platónicos. Y aunque esa titánica tarea de buscar el sentido de la vida puede llevar paradójicamente toda una vida, como es el caso de este escritor, se puede afirmar concluyentemente que “El sentido de la vida es buscar el sentido de la vida”. Y, si una cosa tiene en común todas nuestras vidas, así como las epifanías espirituales de los grandes místicos, filósofos y científicos que ha dado la historia de la humanidad, es que el despertar espiritual lleva inexorablemente a la intuición espiritual de que el Amor es el nexo de unión de todos los seres, en una percepción no-dual como conciencia de unidad.

9 - La intuición moral básica del amor

La sapiencia individual así percibida desde la no-dualidad obliga, inherentemente, a extender y promulgar esa expresión de la divinidad a todos los seres mediante una intuición moral básica con la posibilidad, entonces, de trascender el dualismo cartesiano que impera en la filosofía tradicional occidental hacia una filosofía transpersonal para ser impartida mediante una educación transracional, es decir, una educación que implemente la razón con el corazón pues, el saber sin amor, es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo. Dicho de otro modo, es hora de que el imperativo categórico kantiano pueda ser impartido educacionalmente a través de la meditación que cada vez más centros escolares están incorporando en sus planes de estudios.

Podemos concluir, entonces, que el sentido de la vida (en su acepción universal) es que cada cual busque el propio sentido a su vida (en una acepción individual). Pero, si debe existir algún tipo de consenso racional y metafísico que merece de la pertinente atención y aplicación práctica, ello es que no puede haber ningún sentido de la vida sino es mediante la contemplación de la Verdad, y su expresión a través de la creativa Belleza para ser comunalmente compartida mediante la Bondad: un camino ascendente hacia la sabiduría que cada cual debe emprender para hallar el verdadero y auténtico sentido de su vida. Dicho de otro modo, la intuición moral básica argumentada por el inconmensurable Ken Wilber se postula como una comunión espiritual, no solo para dar algún sentido a la vida personal de cada cual sino, inherentemente, para dar un sentido a la vida cultural de la humanidad como jerarquía que debe incluir y trascender la vida de todos nosotros en una conciencia de unidad colectiva donde, el amor, es la más alta motivación que nos alienta a vivir, una cuestión ahora reconocida y evidenciada desde la neurobiología y la sociobiología. Porque, el saber sin amor, es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo.


REFERENCIA:

(1) Heráclito de Éfeso fue un filósofo griego. Nació hacia el año 535 a. C. y falleció hacia el 484 a. C. Era natural de Éfeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor (actual Turquía). Como los demás filósofos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en gran parte se conocen sus aportes gracias a testimonios posteriores. Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa: se refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas. Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Logos. Este Logos no solo rige el devenir del mundo, sino que le habla al hombre, aunque la mayoría de las personas “no sabe escuchar ni hablar”. El orden real coincide con el orden de la razón, una “armonía invisible, mejor que la visible”, aunque Heráclito se lamenta de que la mayoría de las personas viva relegada a su propio mundo, incapaces de ver el real. Si bien Heráclito no desprecia el uso de los sentidos (como Platón) y los cree indispensables para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia. Era conocido como “el Oscuro”, por su expresión lapidaria y enigmática. Ha pasado a la historia como el modelo de la afirmación del devenir y del pensamiento dialéctico. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres: todo fluye. Los dos pilares de la filosofía de Heráclito son: el devenir perpetuo y la lucha de opuestos. Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el Logos, la razón universal, lo rige: “Todo surge conforme a medida y conforme a medida se extingue”. El hombre puede descubrir este Logos en su propio interior, pues el Logos es común e inmanente al hombre y a las cosas.
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AMANECE

AMANECE. MIL REFLEXIONES PARA INSPIRAR TU DESPERTAR

Desde mi más tierna infancia me ha atraído la sed de conocimiento. Para saciar dicha sed, he bebido en las fuentes intelectuales y espirituales más genuinas como Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel y Wilber, entre muchos otros. Cada gran pensador, a su manera personal y contextual de la época que la he tocado vivir, ha expuesto sus pensamientos acordes a su propia comprensión respecto de las tres categorías platónicas, respectivamente la Verdad, la Belleza y la Bondad: el Universo (material-"ello"), la Conciencia personal ("yo" donde reside el ego que debe ser transcendido hacia la conciencia transpersonal ) y la Espiritualidad -"nosotros" (esa conciencia transpersonal que, ahora, aspira a la sabiduría divina). Ese recorrido desde el mundo de los sentidos hacia la cognición humana y la trascendencia espiritual es comúnmente conocida como “despertar de la conciencia”, tal como lo plasmó magistralmente Platón en su alegoría del Mito de la caverna.

En la historia del pensamiento, por lo tanto, existen bellos pensamientos como faros perennes para orientar la ignorancia hacia la sabiduría y el egoísmo hacia el amor. Ciertamente, sabiduría y amor, son los fundamentos epistemológicos para alcanzar la conciencia de unidad, propia del estado místico donde se percibe la “realidad” como unidad en cuerpo, mente y Espíritu, una manifestación trina de la divinidad llamada Conciencia.

Esos pensamientos intelectuales y espirituales de la historia, reconvertidos en la Historia del pensamiento como asignatura filosófica impartida en la educación, son dignos de un cierto reconocimiento. Sin embargo, la filosofía se ha vuelto, ciertamente, compleja de entender por sí misma, como postulo. Es por ello que, auxiliarse de esos bellos pensamientos, de una forma resumida y sincrética sería, de alguna forma, aprehender lo mejor de cada pensador para acrecentar exponencialmente nuestra evolución espiritual. Esa encomiable labor ha sido realizada por Marcos González Roldán en su obra Amanecer. Mil reflexiones para inspirar tu Despertar.

Invito a reflexionar sobre cada uno de los mil pensamientos de dicha obra pues, a buen seguro, pueden ser luminarias para dispersar las sombras que hay en nuestros corazones.
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filosofia transpersonal

VISIÓN LÓGICA Y TRANSRACIONALIDAD

Este artículo es una reproducción de las notas 96 y 97 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.).

Extracto de la página 229:

Cuando la racionalidad llegue a dicha madurez, la humanidad alcanzará una perspectiva planetaria desde el siguiente paradigma en el orden histórico-temporal: la transracionalidad, lo que Wilber denomina visión centáurica-planetaria (1). Pero muchos serán los problemas a superar para que el paradigma del altermundismo dé paso al paradigma de la transracionalidad (2): la profunda brecha entre ricos y pobres, la ausencia de xenofobia y la definitiva instauración práctica de los Derechos Humanos. Será un estadio bastante duro para la humanidad pues habrá que reconsiderar todas las formas obsoletas de producción, así como todos los modos de interrelación entre la población mundial, pues la preservación de la vida o biosfera, será el común denominador para evitar la hecatombe. Para que la racionalidad se instale con mayoría de edad en la noosfera, la conciencia colectiva deberá transitar hacia una pedagogía con la mirada puesta en la conciencia transpersonal (esta es la finalidad pedagógica del presente ensayo). Cuando se logre afianzar el concepto socio-dinámico masa crítica de modo que, en la conciencia colectiva, predomine una mayoría de conciencias transpersonales, podrá entonces darse por iniciado el periodo de la transracionalidad. Será un momento cumbre para la humanidad, pues la racionalidad habrá conectado con la espiritualidad humana : será la culminación del segundo renacimiento humanístico, a saber, la integración simbiótica de las conciencias individuales en la conciencia colectiva. La noosfera emergerá desde su propia interioridad o racionalidad, cobrando cada vez más fuerza el paradigma de la transracionalidad.


NOTAS:

(1) La obra Sexo, Ecología, Espiritualidad de Ken Wilber (2005b) es un compendio de sabiduría científica y filosófica. En el capítulo 5 titulado La emergencia de la naturaleza humana, Wilber aborda la emergencia del Homo sapiens hasta la diferenciación de la biosfera y de la noosfera producida en Occidente aproximadamente en los siglos XVI y XVII. Según Wilber (p.207), “en otras palabras, con la diferenciación de la noosfera y la biosfera, la biología ya no determina el destino. Es decir, ya no lo determinaba necesariamente: las relaciones entre hombres y mujeres (y entre hombres y hombres) ya no estaban necesariamente dominadas por el pesado yugo de las diferencias y determinantes biológicos, la fuerza física y la reproducción”.

Prosigue Wilber (p. 215): “La diferencia principal entre la eco-devastación tribal y la moderna no es la presencia o ausencia de sabiduría, sino la presencia de medios más peligrosos, que utilizados con la misma ignorancia ahora pueden llegar a ser devastadores. Como veremos, nuestros enormes medios nos han llevado, por primera vez en la historia, a una disociación igualmente enorme entre la noosfera y la biosfera, y por tanto la cura no está en reactivar la forma tribal de ignorancia ecológica (deshacernos de nuestros medios), ni en continuar con la forma moderna de ignorancia (el mercado libre nos salvará), sino más bien en evolucionar y desarrollar una estructura de conciencia integradora que por primera vez integre biosfera y noosfera en una unión más alta y más profunda”.

A esa racionalidad en búsqueda de un planteamiento realmente planetario, universal o global, de naturaleza no coercitiva, da lugar a un tipo de conocimiento al que Wilber denomina “visión-lógica”. Según Wilber (p.233): “Cuando la racionalidad da todas sus perspectivas posibles, el conocimiento visión-lógica las suma en totalidad, que es simplemente el nuevo holón interno superior….En otras palabras, la visión lógica es un holón superior que opera sobre (y, por tanto, trasciende) a sus holones menores, como la racionalidad misma. La visión lógica, como tal, puede mantener en mente contradicciones, puede unificar opuestos, es dialéctica y no lineal (véase en ese sentido, a modo de ejemplo, la dinámica espiral propuesta por este pensador), y unifica lo que de otra forma serían nociones incompatibles, siempre y cuando se relacionen en un nuevo holón superior, negadas en su parcialidad pero preservadas en sus contribuciones positivas. Esto es lo que Hegel llamó “Razón” como opuesto a la “comprensión”. Esta es la causa por la que Hegel mantuvo que entre las características definidoras de la Razón (visión-lógica) estaba su capacidad de unificar opuestos y ver la identidad-en-diferencia. Como tal, Hegel fue uno de los primeros grandes filósofos de la visión-lógica, al igual que Schelling y Whitehead…la aprehensión explícita de la identidad diferenciada, “Razón no bifurcada” o visión-lógica, detrás de lo cual está lo transracional en su conjunto”.

A la visión del mundo o al espacio en el mundo de la visión-lógica la llama Wilber “existencial” o “centáurico”. El centauro es el animal mítico, medio humano y medio caballo, que Wilber toma como símbolo de la integración de cuerpo y mente, o biosfera y noosfera. Para Wilber, según sus propias palabras (p.235), “esta visión-lógica con su perspectiva centáurica del mundo, es la que, según mi criterio, representa la esperanza de la integración de la biosfera y la noosfera, la organización supranacional de conciencia planetaria, la cognición genuina del equilibrio ecológico, las formas no restringidas ni forzadas de discurso global, las formas no dominantes y no coercitivas de Estados federales, el flujo libre de intercambio comunicativo a nivel mundial, la producción de ciudadanos del mundo genuinos y la integración cultural de la individualidad femenina (por ejemplo, la integración del hombre y la mujer en la biosfera y la noosfera). Todo lo anterior, en mi opinión, no es sino la plataforma para las formas de conciencia superiores y transpersonales, que serían auténticamente interesantes y nos esperan en nuestro futuro colectivo; si es que llegamos a él”.

A dicha visión emergente, Jean Gebser la denominó como la mente integral-aperspectival que, según Wilber, es un término especialmente adecuado. La mente aperspectival, en otras palabras, es completamente holónica: contextos dentro de contextos dentro de contextos para siempre. Y, según Wilber, este mundo está en medio de los tortuosos dolores de parto de la emergencia colectiva de una nueva estructura de conciencia centáurica o visión-lógica, la mente integral-aperspectival. Así, en propias palabras de Gebser, las perspectivas del mundo egoico-racional son “reemplazadas por la expansión abierta del mundo abierto”, el “mundo aperspectival”: la culminación de la visión centrada en el mundo comenzó con la racionalidad y es completada por la visión-lógica. Pero, insiste Wilber (p.240), “la estructura integral puede integrar fisiosfera, biosfera y noosfera, que tiene el potencial de integrarlas. Depende de ti y de mi, de las acciones que realicemos cada uno de nosotros, que el potencial se actualice”. Consecuentemente, según Wilber (p.245), “hará falta un movimiento de visión-lógica de enorme poder integrador (integral aperspectival y universal-integral) para unir a todos los ciudadanos del mundo sobre una base centáurica: todos tenemos en común materia, cuerpo y mente (por no mencionar el Espíritu y un Yo anteriores a todo ello)”… “La transformación misma, está siendo construida en el corazón y la mente de aquellos individuos que están evolucionando hacia la visión centáurica-planetaria”… “La revolución, como siempre, vendrá desde dentro y se irá encajando en la forma externa”.

Todo lo anterior, según Wilber (p.249), apunta hacia un transnacionalismo: “Así, sin negar la importancia de los factores ecológicos, económicos y financieros en la transformación mundial, no olvidemos que todos ellos descansan, en última instancia, sobre la transformación correlativa de la conciencia humana: el abrazo global y la federación mundial solo pueden ser vistos, entendidos y puestos en práctica por individuos con una visión-lógica universal. Los nuevos recursos escasos incluirán no solo la escasez económico-material, sino también los recursos del significado de la vida, que ya no podrán ser hallados en uno mismo o en la tribu, raza o nación, sino que hallarán su contexto, su terapia, su omega y su liberación en el abrazo mundicéntrico a través del que circula la sangre de nuestra humanidad común y late el corazón único de un pequeño planeta que lucha por la supervivencia y anhela su liberación en un mañana más profundo y verdadero”.

A dicho transnacionalismo le corresponde un pluriculturalismo que debería trascender a los tribalismo mágicos basados en la sangre y el linaje étnico o el imperialismo mitológico, según Wilber (p.250): “remanentes del marxismo como “religión mítico-racional mundial”; fundamentalismos cristiano y musulmán que quieren convertir (obligar) al resto del mundo; misioneros mítico-religiosos con furia de proselitismo global; imperialismo económico-nacional cercano a lo mitológico por parte de los países desarrollados; y, sobre todo, la disolución de algunos de los modernos estados mítico-imperialistas en sus subholones tribales; una disolución bañada en sangre, lucha tribal y relaciones de parentesco a gran escala: la retribalización de grandes partes del mundo. Así, la mayor de las transformaciones a nivel mundial sería simplemente la adopción de la racionalidad global y de la tolerancia pluralista: la adopción de la racionalidad egoica en el camino hacia la visión-lógica centáurica”.

Para Wilber (p.251), “un multiculturalismo genuino no puede ser establecido tampoco por los “sentimientos” o “por la actuación desde el corazón”, porque mis sentimientos son solo míos, no necesariamente tuyos o de otro. Solo en el espacio del pluralismo racional se puede dar un lugar y una voz iguales a los distintos sentimientos, pensamientos y deseos. Desde esta plataforma de lo racional, es desde donde se puede alcanzar el estado siguiente, el verdaderamente integral-aperspectival (y universal-integral)”.


(2) La filosofía transpersonal, vuelvo a recordar, es una disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, sin embargo, es una actividad investigativa muy reciente en la historia del pensamiento (Wilber, 2005a). Con el surgimiento de las ciencias psicológicas y la “cuarta fuerza” de la psicología transpersonal, se ha iniciado un camino esperanzador de trascendencia de la conciencia egoica hacia la espiritualidad o “transpersonalidad”. Sin embargo, el término “transpersonal” no es todavía de dominio popular y menos aún su asunción académica para una futura educación generacional. No obstante, si la humanidad ha evolucionado de lo mítico a lo racional, como apunta Wilber (2005b: 617), estamos ahora situados en el filo de la percepción transracional. En dicho sentido, cabe destacar el artículo de Álvaro B. Márquez-Fernández y Zulay C. Díaz-Montiel (2011) La complejidad: hacia una epísteme transracional, cuyo resumen es el siguiente:

"En las ciencias sociales la crisis del paradigma positivista, es el resultado de su insuficiencia experimental para dar cuenta de la transformación de la experiencia del pensamiento en su interpretación de la realidad natural e histórica de la existencia. En la modernidad no fue posible consolidar un paradigma universalista que solo diera cuenta de espacios objetivados de la realidad a través de modelos racionales reduccionistas. Tal como lo señalan Morin, Najmanovich, Sotolongo-Codima Boaventura de Sousa, Reynoso, en sus postulados teóricos-metodológicos, cuando afirman que la experiencia del pensar racional es mucho más compleja y transdisciplinar, pues considera la realidad como un proceso en curso de estructuras que se recrean poiéticamente sin sujeción a causalidades predeterminadas. Esto es lo que explica, desde la perspectiva de una espíteme crítica, por qué las contingencias materiales de la experiencia racional y las formas de intercambios entre sistemas de diversa índole, le atribuyen al fenómeno del pensamiento una múltiple y transversal racionalidad a partir de la cual se desustantiva el mundo de los objetos y hace presente la subjetividad cognitiva del sujeto de pensamiento. Hacia ese inédito dominio de los procesos de la espíteme transracionales es que se orienta el pensamiento complejo como un momento de superación del positivismo."

Como objetivo ilustrativo de esta nota, destacamos la conclusión final de dicho artículo:

"Es necesario que esta riquísima cosmovisión que nos revela el aura de una nueva racionalidad para pensar y rehacer el mundo, se convierta en un programa transdisciplinar de investigaciones que logren desplazar nuestra experiencia deconstructiva de los fenómenos de la realidad en todos los órdenes del conocimiento hacia éticas epistémicas. La infinitud de formas posibles a las que apuntan las redes complejas de conocimiento, no es más que la posibilidad humana y natural de entender los ciclos y procesos de la vida en sentido generativo, nunca progresivo ni lineal."


BIBLIOGRAFÍA:

Márquez Fernández, Álvaro B.; Díaz Montiel, Zulay C. “La complejidad: hacia una epísteme transracional”. Telos, vol. 13, núm. 1, enero-abril, 2011, pp. 11-29. Universidad Privada Dr. Rafael Belloso Chacín Maracaibo, Venezuela.

Wilber, Ken. El espectro de la conciencia. Barcelona: Kairós, 2005a.

Wilber, Ken. Sexo, Ecología, Espiritualidad. Madrid: Gaia Ediciones, 2005b.
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Conciencia

TESIS DOCTORAL DE IKER PUENTE: COMPLEJIDAD Y PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL: CAOS, AUTOORGANIZACIÓN Y EXPERIENCIAS CUMBRE EN PSICOTERAPIA.

En el año 2014 tuve el privilegio de asistir a la defensa de la Tesis Doctoral de Iker Puente, titulada Complejidad y psicología transpersonal: caos, autoorganización y experiencias cumbre en psicoterapia. Y no solo fue un privilegio, sino un honor haber conocido a Iker Puente, pues su Tesis Doctoral es una referencia para toda aquella persona interesada en el marco teórico del pensamiento sistémico y las ciencias de la complejidad: permite un acercamiento y una comprensión a la revolución desde la física clásica (Copérnico, Kepler, Galileo, Newton, Einstein, entre otros) a la física cuántica (Plank, Bohr, Schödinger, Einsenberg) que llevaron a consideraciones filosóficas, del misticismo y del estudio de la conciencia (Capra, Chew, Pribam, Bohm, Grof).

Dicha evolución paradigmática en el ámbito de la física, tuvo como consecuencia el abordaje del pensamiento sistémico y la complejidad (Morín, Munné, Capra Grof, Smuts, Koestler) así como la derivación del estudio de las ciencias de la complejidad (teoría del Caos, teoría de la Geometría Fractal y teorías de la autoorganización en la psicología), lo cual llevó consecuentemente al estudio del recorrido histórico a través de la psicología y sus diversos autores y teorías: desde los filósofos griegos, pasando por Descartes, hasta James Mill, John Stuart Mill, la filosofía de Brentano, la fenomenología de Husserl, la emergencia de la psicología científica con Wundt, James, la psicología de la Gestalt, el psicoanálisis, el conductismo, la psicología humanista y, finalmente, la psicología transpersonal.

Con la psicología transpersonal, se recuperan las pincipales influencias históricas: el misticismo occidental, las tradiciones espirituales de oriente, la filosofía perenne, el chamanismo, la investigación psicolítica y psiquedelica, hasta llegar a los conceptos básicos acerca de los estados de la conciencia y la espiritualidad (Maslow, Grof, Wilber, Almendro, Fericgla, Cloninger).

Se llega, así, a las perspectivas de la psicología transpersonal y a las investigaciones sobre los estados modificados de conciencia, como son la meditación, la terapìa psiquedelica y la respiración holotrópica, holorenica y la catarsis.

Obviamos en esta breve presentación la investigación empírica de la Tesis Doctoral de Iker Puente, por su extensión y tecnicismos, pero invito al lector interesado a incursionar cognitivamente en esta amplia panorámica del conocimiento desde una perspectiva histórica y científica. Pienso que es una tesis pionera en el panorama intelectual y académico español, que alumbrará las mentes de las futuras generaciones en el estudio de la psicología transpersonal,
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El poder de la mente

EL PODER DE LA MENTE

Este artículo es una reproducción de la nota 42 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.).

Ya sea que esté luchando contra una enfermedad potencialmente mortal, que tenga una condición de salud “crónica” que la medicina occidental no ha sido capaz de curar, o que esté luchando contra los síntomas molestos que disminuyen su calidad de vida, o simplemente esperando para optimizar su energía, vitalidad y longevidad, hay pruebas científicas de que puede curarse a sí mismo.

Las cargas de los datos demuestran que la mente puede creer en sí misma también. En los ensayos clínicos, lo llamamos “el efecto placebo”. Los pacientes tratados con placebos no solo se sienten mejor, sino que ellos realmente saben que están mejor. Verrugas que desaparecen, se dilatan los bronquios, desaparecen inflamaciones, el crecimiento del cabello en las cabezas de los hombres calvos, úlceras que sanan, y otros fenómenos fisiológicos medibles.

También sabemos que puede ocurrir todo lo contrario, y la mente puede pensar en sí mismo como un enfermo, lo que los investigadores laman “el efecto nocebo”. Cuando los pacientes reciben inyecciones con solución salina y les dijeron que era quimioterapia, vomitaban y perdían su cabello.

¿Cómo suceden tales cosas? En su libro Mind Over: La prueba científica. Usted puede curarse, Lissa Rankin explica la ciencia que hay detrás de cómo un pensamiento o una emoción positiva o negativa en la mente se traducen en la reparación espontánea en el cuerpo.

Como resultado, el cuerpo se ha construido los mecanismos de auto-reparación que fijan proteínas dañadas, la reparación del ADN, los desequilibrios hormonales correctos, y engullen las células del cáncer, agentes infecciosos, y cuerpos extraños a los que nuestros cuerpos están expuestos a diario. Estos mecanismos explican las remisiones espontáneas que se reportan en la literatura médica de, aparentemente, enfermedades “incurables” como la etapa 4 del cáncer, el VIH, el hipotiroidismo, la diabetes, e incluso una herida de arma de fuego. Sin embargo, los pacientes a menudo se sienten impotentes para aprovechar estos mecanismos de auto-reparación naturales.

En ese libro, la Doctora Rankin enseña un proceso de seis pasos fundamentales científicamente que pueden seguir para optimizar la capacidad del cuerpo para dar la vuelta sus mecanismos de auto-reparación natural cuando el cuerpo se enferma. También enseña las herramientas para poner en práctica el poder de la mente, como la medicina preventiva, para aumentar la probabilidad de que un día morirá a “edad avanzada”, en lugar de morir demasiado joven como resultado de la desactivación de la capacidad del cuerpo para repararse a sí mismo.

¿Lo que desactiva los mecanismos de auto-reparación naturales del cuerpo? Todos sabemos que el estrés es malo para el cuerpo. Pero, ¿entiendes cómo funciona eso? Los datos demuestran que el estrés se presenta en diferentes formas –el estrés de sentirse solo, el estrés laboral, estrés financiero, el estrés marital, estrés familiar, el estrés de sentimiento creativamente bloqueado o espiritualmente desconectado.

Independientemente de lo que desencadena qué tipo de estrés, esto desencadena una serie de pasos fisiológicos asociados con el hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y la respuesta de “lucha o huida” del sistema nervioso simpático. En otras palabras, si usted está estresado por el dinero, su matrimonio, o su trabajo, su cuerpo no puede saber la diferencia entre una amenaza percibida, tales como la quiebra inminente, y una quiebra real como ser perseguido por un león.

Pero aquí viene lo bueno. El cuerpo solo puede repararse a sí mismo cuando está en un estado de reposo fisiológico. Cada vez que el cuerpo piensa que es hora de “huir del león” (o cualquier amenaza percibida), se cierra la auto-reparación. Después de todo, ¿quién se preocupa por el mantenimiento a largo plazo como matar a las células cancerosas no deseadas si estás a punto de ser comido por un león?

En Mind Over: La prueba científica. Usted puede curarse, la Doctora Rankin nos describe acciones, ejemplos, no solo la prueba científica de que se puede curarse a sí mismo, sino también consejos para usar el poder de la mente para optimizar los mecanismos de auto-reparación naturales del cuerpo, para que la prevención de enfermedades y remisiones espontáneas no sean solo algo que ocurre al azar, sino algo que podríamos ser capaces de experimentar por nosotros mismos.

(Fuente: consejosdelconejo.com)
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Evolucionarios

EVOLUCIONARIOS

Este artículo es una reproducción de las notas 39 y 40 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.).

Extracto de la página 64:

Si una cosa indica las anteriores demostraciones, es que el mundo interno de las personas está conectado con el mundo externo, conformando un todo interdependiente, un universo en vibración que los antiguos maestros védicos enseñaban como Nada Brahma. El campo vibratorio es inherente a todas las investigaciones espirituales verdaderas, así como las investigaciones científicas. Es el mismo campo de energía observado por santos, budas, yoguis, místicos, chamanes, sacerdotes y videntes en su interior. Esta antigua sabiduría ha sido olvidada por nuestra sociedad moderna por haber incursionado con el pensamiento en el mundo exterior de la forma en vez de profundizar en el mundo interior mediante la meditación (1) . “El camino intermedio” de Buda, el “Justo medio” de Aristóteles y el “Tao” de las filosofías orientales, todos ellos invitan a buscar el correcto equilibrio entre nuestro mundo externo e interno. En vez de ello, como se ha visto en el prólogo, la postmodernidad ha fragmentado el ego de las personas, disociándolas de la colectividad y provocando enfermedades sociales jamás vistas en la historia de la humanidad. ¿Hacia dónde se encamina nuestra civilización? ¿Han quedado obsoletas ciertas creencias? ¿Estamos experimentando una evolución (2) holística hacia una nueva realidad?

NOTAS:

(1) La filosofía perenne propugna la trascendencia del ilusorio dualismo entre cuerpo y mente mediante la meditación, logrando así la unicidad del propio ser humano con el universo, un camino de sabiduría que pretendidamente conduce hasta la iluminación (Wilber, 2005e). En dicho sentido, un equipo de psiquiatras del Hospital General de Massachusetts ha realizado el primer estudio que documenta cómo ejercitar la meditación durante ocho semanas puede afectar al cerebro. Según sus conclusiones, publicadas en Psychiatry Research (Lazar, 2011), la práctica de un programa de meditación durante ocho semanas puede provocar considerables cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés. Es decir, que algo considerado espiritual, nos transforma físicamente y puede mejorar nuestro bienestar y nuestra salud.

(2) “Cuando escuchamos hablar de evolución, todos pensamos en fósiles, simios, Darwin y Dawkins. Pero la idea de evolución es mucho más profunda y amplia. En la actualidad, un movimiento de científicos, filósofos y pensadores espirituales visionarios -a los que Carter Phipps llama “evolucionarios”- está forjando una nueva visión de la evolución que reconoce la importancia de la ciencia, remodela la cultura y actualiza de forma radical la espiritualidad. Este extraordinario libro constituye la primera guía popular de introducción al pensamiento de “evolucionarios” como Teilhard de Chardin, Ken Wilber, Sri Aurobindo, Jean Gebser, Ray Kurzweil o Charles Darwin, unas mentes que iluminan los secretos de nuestro pasado y amplían el paisaje de nuestro futuro. Una obra magistral de ciencia y espiritualidad”.

Tal es la sinopsis de presentación de la obra Evolucionarios. El potencial espiritual de la idea más importante de la ciencia, de Carter Phipps (2013). Una obra recomendable pues sus presupuestos dan cobijo intelectual a este ensayo y, también, como apunta Carter Phipps, debería inspirar a una nueva generación de “evolucionarios” donde, el término “evolución”, debe ser interpretado como un metaconcepto que trasciende categorías intelectuales e integra disciplinas separadas: no solo la evolución científica, sino también la evolución de la tecnología, la evolución de la cooperación, la evolución de la consciencia, la evolución de las visiones del mundo, la evolución de la información, la evolución de los valores, la evolución de la espiritualidad y la evolución de la religión.

BIBLIOGRAFÍA:

Phipps, Carter. Evolucionarios. El potencial espiritual de la idea más importante de la ciencia. Barcelona: Kairós, 2013.
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UN NUEVO MUNDO

FILOSOFÍA Y PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL

Este artículo es una reproducción de la nota xxx de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA.

En primer lugar, por filosofía tradicional se entiende, en este ensayo, el cuerpo de conocimientos que se iniciaron con la filosofía moderna hasta llegar a la postmodernidad y concluyeron en la filosofía contemporánea como contraposición historicista a la reciente filosofía transpersonal iniciada por Ken Wilber. Esta filosofía tradicional ha desembocado en el pensamiento único neoliberal que ha secuestrado a la racionalidad colectiva expresada en las democracias occidentales, sometiendo a estas a una plutocracia. Del mismo modo que la filosofía escolástica supeditó la razón a la fe, el economicismo neoliberal ha sometido la razón al servicio de la fe ciega en los mercados. Al reincorporar la espiritualidad en la razón humana, la filosofía transpersonal es una renovada visión y una superación paradigmática de la filosofía tradicional.

En segundo lugar, por psicología tradicional hay que entender a aquella forma de acercarse a lo psíquico a través de la introspección y el autoanálisis, no excluyendo, por cierto la observación objetiva de comportamientos. En este último sentido, la observación objetiva de los comportamientos entendidos como psicología científica, delimita el dominio de su competencia, prescindiendo de todo aquello que no se someta a la medición y a la sistematización experimental. Nociones como “yo”, “alma”, “vivencia”, “voluntad”, “conciencia”, son eliminadas cuando no modificadas por la psicología científica.

El problema de la psicología tradicional es su incapacidad para conseguir el consenso en la interpretación y explicación de los fenómenos psíquicos, debido al germen subjetivo implícito en la introspección y su dependencia del lenguaje verbal. Pero la psicología científica va más allá pues, mediante su reduccionismo, amputa y ejerce violencia sobre los fenómenos de la vida anímica.

Es evidente que la actividad psíquica no se agota en sus manifestaciones sensibles, concretas o fisiológicas. Asimismo, no se puede negar la estrecha vinculación de lo psíquico y la actividad neurofisiológica y endocrina. Sin embargo, dichas manifestaciones alcanzan matices difíciles de reducir a un patrón mecanicista. Estas últimas interpretaciones han mostrado el fracaso teórico del conductismo, aunque sus resultados sean de gran utilidad en áreas como la rehabilitación laboral y las terapias conductuales. Del mismo modo, la introspección y el psicoanálisis han mostrado sus debilidades, pero nadie puede objetar su utilidad para la vida diaria y como instrumento de autoconocimiento. Sin embargo, desde una perspectiva de la historia, frente a la psicología tradicional se yergue la psicología transpersonal como “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista.

En tercer lugar y consecuencia de la anterior argumentación, la psicología transpersonal nació a finales de los años sesenta en los EE.UU. a raíz del interés de un grupo de psicólogos, psiquiatras y psicoterapeutas (entre los que se encontraba Anthony Sutich y Abraham Maslow, fundadores de la psicología humanista, y el psiquiatra Stanislav Grof) en expandir el marco de la psicología humanista más allá de su centro de atención sobre el yo individual, interesándose por el estudio de la dimensión espiritual y trascendente de la naturaleza humana y de la existencia. Sus fundadores pretendían realizar una integración de las tradiciones místicas occidentales y orientales con la psicología humanista (Vaugham, 1982). La orientación transpersonal surge, pues, del encuentro entre la psicología occidental (en particular de las escuelas psicoanalíticas junguiana, humanista y existencial) y las tradiciones contemplativas de Oriente (en especial el budismo zen, el taoísmo y el hinduismo) (Ferrer, 2003). (Cita extraída del siguiente ensayo: Filosofía oriental y ciencias cognitivas: una introducción. Iker Puente. Universidad Autónoma de Barcelona, Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Enrahonar. Quaderns de Filosofia, 2011, Vol.47 Pág.15 a 37).
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Saber o no saber, esa es la cuestión

El ESPECTRO DE LA CONCIENCIA

Este artículo es una reproducción de la nota 3 de la obra FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL.

Wilber, en su obra El espectro de la conciencia , aborda de un modo epistemológico dos modos de saber : el conocimiento simbólico (dualidad sujeto-objeto) y el misticismo contemplativo (no-dualidad entre sujeto-objeto), dos modos de saber diferentes pero complementarios. Según Wilber (2005a: 55-56):

Esos dos modos de conocer son universales, es decir, han sido reconocidos de una forma u otra en diversos momentos y lugares a lo largo de la historia de la humanidad, desde el taoísmo hasta William James, desde el Vedanta hasta Alfred North Whitehead y desde el Zen hasta la teología cristiana. (…) También con toda claridad en el hinduismo.

Sin embargo, la civilización occidental es la historia del primer modo de saber que ha evolucionado hasta la extenuación de su “rígida estructura” dualista con el surgimiento de la mecánica cuántica. Esos dos modos de saber también son contemplados por los padres fundadores de la relatividad y de la física cuántica (Wilber, 2013) y, correlativamente, aluden los mundos antagónicos entre la ciencia y la religión, respectivamente, entre el saber racional y el metafísico, ambos aunados por los “místicos cuánticos” en un racionalismo espiritual adoptado como filosofía transpersonal y convirtiéndose en un fundamento epistemológico para un nuevo paradigma de conocimiento integrador de la filosofía con la espiritualidad (Martos, 2015).

Dicho cambio de paradigma cognitivo es imperceptible para muchos coetáneos, sin embargo, va a incidir irremediablemente en la transformación de la conciencia colectiva, y generará consecuentemente cambios de paradigmas pensativos en el “yo” (psicología), el “nosotros” (moral y culturalmente) y el “ello” (ciencia y naturaleza). Y esos cambios psicológicos, sociológicos, culturales, morales y científicos van a ser una tarea ingente por descifrar desde el actual nivel de ignorancia colectiva (Mayos et al., 2011), pues las instituciones sociales y cognitivas (científicas y educativas) están siendo ninguneadas por Los amos del mundo (Navarro, 2012), unos mercaderes sin escrúpulos que anteponen el “yo” al “nosotros”. De ese atasco de la conciencia colectiva, de esa crisis cultural, de ese mundo chato (1), solo se puede salir colectivamente mediante un cambio de paradigma cognitivo que afecta a nuestro tradicional sistema de pensamiento occidental (capitalismo), y que requiere de una integración entre el “yo”, el “nosotros” y el “ello”. Y para dicho fin, es más necesario que nunca hacer metafísica, buscar las causas primeras en palabras de Aristóteles, y no quedarnos en la planicie de un mundo chato donde la razón se disocia del espíritu, como si tal cosa fuera posible, pues los que así piensan no han vislumbrado aún que separar la razón del espíritu es crear los dualismos que han llevado a la deriva del pensamiento occidental, buscando asir la “realidad” mediante el desprecio de la trascendencia espiritual, así como una disociación del “nosotros” y un reduccionismo positivista del “yo”. Desolador pensamiento occidental.

NOTA:

(1) Wilber (2005b: 177):

Los grandes e innegables avances de las ciencias empíricas que tuvieron lugar en el periodo que va desde el Renacimiento hasta la Ilustración, nos hicieron creer que toda realidad podía ser abordada y descrita en los términos objetivos propios del lenguaje monológuico del “ello” e, inversamente, que si algo no podía ser estudiado y descrito de un modo objetivo y empírico, no era “realmente real”. Así fue como el Gran Tres terminó reducido al “Gran Uno” del materialismo científico, las exterioridades, los objetos y los sistemas científicos [denominado por Wilber como una visión chata del mundo].

BIBLIOGRAFÍA:

Martos, Amador. La educación cuántica. Un nuevo paradigma de conocimiento. España: Amazon, 2015 (1ª ed.), 2017 (2ª edición revisada y ampliada).

Mayos, G., Brey, A., Campàs, J., Innerarity, D., Ruiz, F. y Subirats, M. La sociedad de la ignorancia. Barcelona: Ediciones Península, 2011.

Navarro, Vinçens. Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero. Barcelona : Espasa libros, 2012.

Wilber, Ken. El espectro de la conciencia. Barcelona: Kairós, 2005a.

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairós, 2005b.

Wilber, Ken. Cuestiones cuánticas. Barcelona: Kairós, 2013.
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conciencia transpersonal

LA CONCIENCIA TRANSPERSONAL

Este artículo es una reproducción del capítulo 4-5 La conciencia transpersonal de la segunda parte de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA.

Hasta aquí la argumentación, pienso, magistralmente expuesta por Ken Wilber respecto a los dos modos de saber. Desde el surgimiento de la física cuántica, tal es el debate entre los materialistas científicos (método científico) y los mal llamados “místicos cuánticos”(método trascendental). Dicha dicotomía cognitiva, en realidad, es una réplica epistemológica entre la ciencia como medio de conocimiento objetivo y el misticismo como conocimiento revelado que plantean las diversas religiones. Por tanto, el debate que se plantea desde el surgimiento de la física cuántica es el encontronazo entre la racionalidad y la espiritualidad (Laszlo, 2007), una cuestión de hondo calado abordada pedagógicamente como La educación cuántica y que propugna ese nuevo paradigma de conocimiento donde el “misticismo cuántico” debe ser reconsiderado como filosofía transpersonal.

Sin embargo, dicha cuestión también puede ser consultada en Cuestiones cuánticas, una obra de Ken Wilber (2013) que recopila los escritos místicos de los físicos más famosos del mundo. Son unos escritos místicos de los científicos más eminentes de nuestra era, los padres fundadores de la relatividad y de la física cuántica. Todos ellos, con un lenguaje asequible y ajeno a la terminología técnica, expresan su convicción de que la física y la mística, de alguna manera, son complementarias. Sin lugar a dudas, son cada vez más los científicos que escapan de la exclusiva mirada del materialismo científico y abrazan a la espiritualidad.

Ken Wilber, en esta magistral clase de filosofía de la ciencia, nos demuestra que hay dos modos de conocer: el método científico y el trascendental, diferentes pero complementarios. El primero languidece con el pensamiento occidental al proyectarse el sujeto en el objeto, el materialismo, el poder de la razón destruyendo la biosfera, en definitiva, todo un racionalismo pragmático; y el segundo, el racionalismo espiritual, es el artífice de un nuevo mundo que vislumbra el empoderamiento consciente de las personas, y cuya primera condición es trascender el ego para ver la vida de un modo compasivo, y que para cambiar el mundo, hay que comenzar precisamente por uno mismo, uniendo la sabiduría (Droit, 2011) y el amor (Hüther, 2015) en una nueva percepción consciente no dual, pues conocimiento y amor son como dos caras de la misma moneda donde, el saber sin amor, es puro egoísmo.

Es dicho proceso de autopoiesis desde la razón al espíritu colectivo el causante del problema epistemológico entre los materialistas científicos y los místicos cuánticos. El método científico como único medio de llegar al conocimiento, mediante la física cuántica, ha llegado a los confines del universo: el propio sujeto, pues objeto y sujeto son una y la misma cosa. Todo un giro copernicano del “ver para creer” al “creer para ver”, uno nuevo paradigma de conocimiento propuesto por los místicos cuánticos al aunar ciencia y espiritualidad, restando así supremacía respectivamente a los poderes fácticos quienes controlan la ciencia, y a las religiones quienes obnubilan la razón de sus fieles. Dicha introspección inquiere, inexorablemente, de un nuevo paradigma de conocimiento, una tarea ya emprendida por científicos como Ken Wilber (2005a), Fritjof Capra (2000), Amit Goswami (2010), Rupert Sheldrake (1994), Deepak Chopra (2007), Joe Dispenza (2012), Jean-Pierre Garnier Malet (2012), Bruce Lipton (2007), Félix Torán (2011), Pim Van Lommel (2012), Alexander Eben (2013), Michio Kaku (2007), Eduardo Zancolli (2003), Francisco Barsonell (2012), José Miguel Gaona (2012), etcétera.

Hay dos modos de saber. Que cada cual, según sus convicciones, elija el suyo. Sin embargo, mediante la sabia argumentación de Ken Wilber, esos dos modos de saber se constituyen en sustratos epistemológicos y permiten diferenciar respectivamente entre la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable (Martos, 2015), entre la ciencia y la religión, entre la razón y el espíritu. Con la emergencia de la mente a partir de la modernidad, el Espíritu comienza a tomar conciencia de sí mismo, lo cual, entre otras cosas, introduce en el mundo la conciencia moral, una moral, por cierto, completamente ajena al mundo de la naturaleza. Por tanto, el Espíritu está comenzando a despertar a sí mismo, conocerse a sí mismo a través de los símbolos, los conceptos, dando así origen al mundo de la razón y, en particular, al mundo de las morales conscientes. Así, pues, la naturaleza es Espíritu objetivo, mientras que la mente es Espíritu subjetivo. En ese momento histórico -en el momento en que la mente y la naturaleza se diferenciaron-, el mundo parece escindirse en dos, la mente reflexiva y la naturaleza reflejada, pero la modernidad se hallaba temporalmente estancada en la batalla entre la mente y la naturaleza, entre el ego y el eco. En opinión de Shelling, esta síntesis no dual como identidad entre el sujeto y el objeto en un acto atemporal de autoconocimiento, es una intuición mística directa. Para Shelling, y también para su amigo y discípulo Hegel, el Espíritu se enajena de sí mismo para dar lugar a la naturaleza objetiva, despierta a sí mismo en la mente subjetiva y termina retornando así en la pura conciencia inmediata no dual en la que sujeto y objeto son uno, y la naturaleza y la mente se funden en la actualización del Espíritu. El Espíritu se conoce a sí mismo objetivamente como naturaleza, se conoce subjetivamente como mente y se conoce absolutamente como Espíritu. Esos tres momentos también son conocidos como subconsciente, consciente y supraconsciente, o dicho de otro modo, prepersonal, personal y transpersonal; o preracional, racional y transracional; o biosfera, noosfera y teosfera (Wilber, 2005b: 396-398).

Todo ello, traducido en términos evolutivos y psicológicos (Laszlo, 2004), equivale a decir que El gen egoísta (Dawkins, 2002) puede ser trascendido conscientemente Más allá del ego (Vaughan y Walsh,2000), dicho de otro modo, el egoísmo puede ser trascendido hacia la compasión y, respectivamente, la conciencia personal hacia la conciencia transpersonal (1) (Martos, 2008). Así, desde dicha perspectiva, la afirmación de Dawkins (2002: 3) de que “el amor universal y el bienestar de las especies consideradas en su conjunto son conceptos que, simplemente, carecen de sentido en cuanto a la evolución”, es un simple reduccionismo desde el materialismo científico, obnibulado por una prepotencia racional en cuanto causa explicativa al obviar que el Kosmos (2) es autotrascendente y regido por los veinte principios (3). Dicho de otro modo, La evolución del amor (Hüther, 2015) ya es contemplada desde la neurobiología y la sociobiología como un fenómeno de la evolución humana pues, más allá del valor de los genes egoístas o la superviviencia del más fuerte, interviene la capacidad de elección de pareja por motivos distintos a la simple atracción física o el instinto reproductor. Para Hüther, a pesar del surgimiento de la razón y del pensamiento crítico, el sentimiento del amor sigue siendo importante por su influencia en el futuro de la especie humana pues es la fuente de nuestra creatividad y la base de nuestra existencia y nuestros logros culturales y, más decisorio aún, nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta. En definitiva, la única fuerza que puede vencer a la competencia autodestructiva es el amor mediante el compromiso de equipo y la creatividad participativa.


NOTAS:

(1) Etimológicamente el término transpersonal significa “más allá” o “a través” de lo personal, y en la literatura transpersonal se suele utilizar para hacer referencia a inquietudes, motivaciones, experiencias, estadios evolutivos, modos de ser y otros fenómenos que incluyen pero trascienden la esfera de la individualidad y de la personalidad humana, el yo o ego (Ferrer, 2002). Entre sus intereses centrales se encuentran “los procesos, valores y estados transpersonales, la conciencia unitiva, las experiencias cumbre, el éxtasis, la experiencia mística, la trascendencia, las teorías y prácticas de la meditación, los caminos espirituales, la realización (...) y los conceptos, experiencias y actividades con ellas relacionados” (Walsh y Vaughan, 1982:14). Entre sus objetivos principales se encuentra la delimitación de las fronteras y las variedades de la experiencia humana consciente (Rowan, 1996). (Cita extraída del trabajo de investigación de Doctorado titulado Complejidad y Psicología Transpersonal: Caos, autoorganización y experiencia cumbre en psicoterapia, de Iker Puente Vigiola, Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Barcelona, 16 de Febrero de 2007).

Sin embargo, a los efectos prácticos de este ensayo, el concepto de conciencia transpersonal se implementa también con la siguiente definición: En los estados modificados de consciencia estudiados por la psicología transpersonal se producen cambios en el flujo del pensamiento, en la percepción de la realidad y a nivel emocional. En estos estados pueden ocurrir experiencias de catarsis y, sobre todo, experiencias místicas o extáticas, que diversos autores han definido como religiosas, trascendentes, transpersonales o experiencias cumbre. En estas vivencias el mundo se percibe como una totalidad, en la que el propio individuo está inmerso. Se produce, al mismo tiempo, una sensación subjetiva de unidad, en la que el Yo individual se diluye, desapareciendo toda distinción significativa entre el Yo y el mundo exterior. Esta experiencia es vivida por la persona como algo positivo, y autores como Maslow o Grof señalan que puede tener efectos beneficiosos y terapéuticos. Sin embargo, la disolución del Yo previa a la sensación subjetiva de unidad, puede ser vivida por el sujeto como un momento de caos, de desequilibrio y desestructuración, de pérdida de los puntos de referencia habituales. Diversos autores se han referido a esta experiencia como muerte del ego. (Grof, 1988; Wilber, 1996; Fericgla, 2006). (Cita extraída del artículo titulado Psicología Transpersonal y Ciencias de la Complejidad: Un amplio horizonte interdisciplinar a explorar, de Iker Puente, Journal of Transpersonal Research, 2009, Vol. 1 (1), pp 19-28 ISSN: 1989-6077).

Por tanto, en este ensayo, el paso de la conciencia personala la conciencia transpersonal, debe interpretarse como la muerte del ego en su viaje iniciático hacia la percepción unitaria del sujeto cognoscente con el mundo (no dualidad entre sujeto y objeto), donde las emociones egoístas e individualistas dejan paso a la compasión. Se trataría, en suma, de un ascendente viaje iniciático-cognitivo similar al descrito como salida del mundo de las sombras en el Mito de la Caverna de Platón, para luego transmitir de un modo descendente la sabiduría adquirida en el Mundo de las Ideas, donde la reina es el Amor.

(2) Wilber examina el curso del desarrollo evolutivo a través de tres dominios a los que denomina materia (o cosmos), vida (o biosfera) y mente (o noosfera), y todo ello en conjunto es referido como “Kosmos”. Wilber pone especial énfasis en diferenciar cosmos de Kosmos, pues la mayor parte de las cosmologías están contaminadas por el sesgo materialista que les lleva a presuponer que el cosmos físico es la dimensión real y que todo lo demás debe ser explicado con referencia al plano material, siendo un enfoque brutal que arroja a la totalidad del Kosmos contra el muro del reduccionismo. Wilber no quiere hacer cosmología sino Kosmología.

(3) Wilber en Sexo, Ecología, Espiritualidad,72-119:

1- La realidad como un todo no está compuesta de cosas u de procesos, sino de holones.

2- Los holones muestran cuatro capacidades fundamentales: autopreservación, autoadaptación, autotrascendencia y autodisolución. Estas cuatros características son muy importantes y las vamos a estudiar una a una.

3- Autopreservación. Los holones se definen no por la materia de que están hechos (puede no haber materia) ni por el contexto en el que viven (aunque son inseparables de él), sino por el patrón relativamente autónomo y coherente que presenta. La totalidad del holón se muestra en la capacidad de preservar su patrón.

4- Autoadaptación. Un holón funciona no solo como una totalidad autopreservadora sino también como parte de otro todo mayor, y en su capacidad de ser una parte debe adaptarse o acomodarse a otros holones (no autopoiesis sino alopoiesis; no asimilación sino acomodación).

5- Autotrascendencia (o autotransformación). La autotrascendencia es simplemente la capacidad que tiene un sistema de llegar más allá de lo dado, e introducir en cierta medida algo novedoso; una capacidad sin la cual es seguro que la evolución no hubiera podido ni siquiera comenzar. El universo tiene la capacidad intrínseca de ir más allá de lo que fue anteriormente.

6- Autodisolución. Dado que cada holón es también un supraholón, cuando es borrado –cuando se autodisuelve en sus subholones- tiende a seguir el mismo camino descendente que éstos han seguido en el camino ascendente: las células se descomponen en moléculas, que a su vez se descomponen en átomos, y éstos en partículas que desaparecen en las probabilidades nubes transfinitas de “burbujas dentro de burbujas”.

7- Los holones emergen. Emergen nuevos holones debido a la capacidad de autotrascendencia. Primero las partículas subatómicas; después los átomos, moléculas, los polímeros; después las células, y así sucesivamente.

8- Los holones emergen holárquicamente. Es decir, jerárquicamente, como una serie ascendente de totalidades/partes. Los organismos contienen células, pero no al revés; las células contienen moléculas, pero no al revés; las moléculas contienen átomos, pero no al revés.

9- Cada holón emergente trasciende pero incluye a sus predecesores. Todas las estructuras básica y funciones son preservadas y llevadas a una identidad mayor, pero todas las estructuras de exclusividad y las funciones que existían debido, al aislamiento, a la separación, a la parcialidad, a la individualidad separada, son simplemente abandonadas y reemplazadas por una individualidad más profunda que alcanza una comunión más amplia de desarrollo.

10- Lo inferior establece las posibilidades de lo superior; lo superior estable las probabilidades de lo inferior. Aunque un nivel superior va “más allá” de lo dado en el nivel inferior, no viola las leyes o patrones del nivel inferior; no está determinado por el nivel inferior, pero tampoco puede ignorarlo. Mi cuerpo sigue las leyes de la gravedad, mi mente se rige por otras leyes, las de comunicación simbólica y la sintaxis lingüística; pero si mi cuerpo se cae por un precipicio, mi mente va con él.

11- El número de niveles que comprende una jerarquía determinada si esta es “superficial” o “profunda”; y al número de holones en su nivel dado le llamaremos su “extensión”. Esto es importante porque establece que no es solo el tamaño de una población lo que estable el orden de riqueza (u orden de emergencia cualitativa), sino más bien viene dado por su profundidad. Veremos que una de las confusiones más generalizadas de las teorías ecológicas generales o del nuevo paradigma (ya sean “pop” o “serias”) es que a menudo confunden gran extensión con gran profundidad.

12- Cada nivel sucesivo de la evolución produce MAYOR profundidad y MENOR extensión. Así, el número de moléculas de agua en el universo siempre será menor que el número de átomos de hidrógeno y de oxígeno. El número de células en el universo siempre será menor que el de moléculas, y así sucesivamente. Simplemente quiere decir que el número de totalidades siempre será menor que el número de partes, indefinidamente. Cuando mayor sea la profundidad de un holón, tanto mayor será su nivel de conciencia. El espectro de la evolución es un espectro de conciencia. Y se puede empezar a ver que las dimensiones espirituales constituyen el tejido mismo de la profundidad del Kosmos.

13- Destruye un holón de cualquier tipo y habrás destruido todos sus holones superiores y ninguno de sus inferiores. Es decir: cuando menos profundidad tiene un holón, tanto más fundamental es para el Kosmos, porque es un componente de muchos otros holones.

14- Las holoarquías coevolucionan. Significa que la “unidad” de evolución no es el holón aislado (molécula individual, planta, o animal), sino un holón más dentro del entorno inseparablemente ligado a él. Es decir, la evolución es ecológica en el sentido más amplio.

15- Lo micro está en una relación de intercambio con lo macro en todos los niveles de su profundidad. Por ejemplo, el ser humano y los tres niveles de materia, vida y mente: todos estos niveles mantienen su existencia a través de una red increíblemente rica de relaciones de intercambio con holones de la misma profundidad en su entorno.

16- La evolución tiende a seguir la dirección de mayor complejidad. El biólogo alemán Woltereck acuño el término anamorfosis – significa, literalmente, “no ser conforme”- para definir lo que vio como rasgo central y universal de la naturaleza: la emergencia de una complejidad cada vez mayor.

17- La evolución tiende a seguir la dirección de mayor diferenciación/integración. Este principio fue dado en su forma actual, por primera vez, por Herbert Spencer (en First principles, 1862): la evolución es un “cambio desde una homogeneidad incoherente e indefinida a una heterogeneidad coherente y definida, a través de continuas diferenciaciones e integraciones”.

18- La organización/estructuración va en aumento. La evolución se mueve del sistema más simple al más complejo y desde el nivel de organización menor hacia el mayor.

19- La evolución tiende a seguir la dirección de autonomía relativa creciente. Este es un concepto muy poco comprendido. Simplemente hace referencia a la capacidad de un holón para autopreservarse en medio de las fluctuaciones ambientales (autonomía relativa es otra forma de decir individualidad). Y de acuerdo con las ciencias de la complejidad, cuando más profundo es un holón, mayor es su autonomía relativa. La autonomía relativa simplemente se refiere a cierta flexibilidad ante el cambio de las condiciones ambientales.

20- La evolución tiende a seguir la dirección de un Telos creciente. El régimen, canon, código o estructura profunda de un holón actúa como un imán, un atractor, un punto omega en miniatura, para la realización de ese holón en el espacio y el tiempo. Es decir, el punto final del sistema tiene a “atraer” la realización (o desarrollo) del holón en esa dirección, ya sea un sistema físico, biológico o mental. Ha surgido toda una disciplina dentro de la teoría general de sistemas para dedicarse al estudio de las propiedades de los atractores caóticos y de los sistemas por ellos gobernados; se le conoce popularmente como la teoría del caos.


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