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LA MUERTE DEL EGO

Publicado 12/09/2018 18:02:00  | 4 - LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


EGO

Este artículo es una reproducción de la nota 33 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.).

Extracto de la página 36:

Así, psicológicamente, el ego debe trascenderse conscientemente hacia una regenerada espiritualidad, en una fusión de la razón con el espíritu, sustituyendo el egoísmo por la compasión y la conciencia personal por la conciencia transpersonal (1); toda una trascendencia espiritual que permite ir Más allá del ego (Vaughan y Walsh, 2000) y ver el mundo como un todo holístico del cual somos un engranaje más en la naturaleza. La actual civilización está rompiendo el equilibrio natural y holístico de la vida, como acreditan las especulaciones sobre la Tercera Guerra Mundial por motivos económicos y energéticos. Será necesario un ingente esfuerzo de todos nosotros para salir de dicho atolladero, sin embargo, cualquier crisis es siempre una oportunidad de crecimiento personal y también colectivo. La actual crisis económica y social es también una crisis intelectual y espiritual de la humanidad, lo cual invita a repensar urgentemente el nuevo rumbo de este decrépito mundo. Y a ello he dirigido mis investigaciones, al conocimiento en profundidad de la naturaleza humana, en función de lo cual propugno que nuestra civilización debe cambiar urgentemente su derrotero que pasa, imperativamente, por una renovada pedagogía como pretende La educación cuántica. Una pedagogía cognitiva para cambiar el mundo, no desde fuera, sino desde el interior de las personas.


NOTA (1):

Etimológicamente el término transpersonal significa “más allá” o “a través” de lo personal, y en la literatura transpersonal se suele utilizar para hacer referencia a inquietudes, motivaciones, experiencias, estadios evolutivos, modos de ser y otros fenómenos que incluyen pero trascienden la esfera de la individualidad y de la personalidad humana, el yo o ego (Ferrer, 2003). Entre sus intereses centrales se encuentran “los procesos, valores y estados transpersonales, la conciencia unitiva, las experiencias cumbre, el éxtasis, la experiencia mística, la trascendencia, las teorías y prácticas de la meditación, los caminos espirituales, la realización (...) y los conceptos, experiencias y actividades con ellas relacionados” (Walsh y Vaughan, 1982:14). Entre sus objetivos principales se encuentra la delimitación de las fronteras y las variedades de la experiencia humana consciente (Rowan, 1996). (Cita extraída del trabajo de investigación de Doctorado titulado Complejidad y Psicología Transpersonal: Caos y autoorganización en psicoterapia, de Iker Puente Vigiola, Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Barcelona, 16 de Febrero de 2007).

Sin embargo, a los efectos prácticos de este ensayo, el concepto de conciencia transpersonal se implementa también con la siguiente definición: En los estados modificados de consciencia estudiados por la psicología transpersonal se producen cambios en el flujo del pensamiento, en la percepción de la realidad y a nivel emocional. En estos estados pueden ocurrir experiencias de catarsis y, sobre todo, experiencias místicas o extáticas, que diversos autores han definido como religiosas, trascendentes, transpersonales o experiencias cumbre. En estas vivencias el mundo se percibe como una totalidad, en la que el propio individuo está inmerso. Se produce, al mismo tiempo, una sensación subjetiva de unidad, en la que el Yo individual se diluye, desapareciendo toda distinción significativa entre el Yo y el mundo exterior. Esta experiencia es vivida por la persona como algo positivo, y autores como Maslow o Grof señalan que puede tener efectos beneficiosos y terapéuticos. Sin embargo, la disolución del Yo previa a la sensación subjetiva de unidad, puede ser vivida por el sujeto como un momento de caos, de desequilibrio y desestructuración, de pérdida de los puntos de referencia habituales. Diversos autores se han referido a esta experiencia como muerte del ego. (Grof, 1988; Wilber, 1996; Fericgla, 2006). (Cita extraída del artículo titulado Psicología Transpersonal y Ciencias de la Complejidad: Un amplio horizonte interdisciplinar a explorar, de Iker Puente, Journal of Transpersonal Research, 2009, Vol. 1 (1), pp 19-28 ISSN: 1989-6077).

Por tanto, en este ensayo, el paso de la conciencia personal a la conciencia transpersonal, debe interpretarse como la muerte del ego en su viaje iniciático hacia la percepción unitaria del sujeto cognoscente con el mundo (no dualidad entre sujeto y objeto), donde las emociones egoístas e individualistas dejan paso a la compasión. Se trataría, en suma, de un ascendente viaje iniciático-cognitivo similar al descrito como salida del mundo de las sombras en el Mito de la caverna de Platón, para luego transmitir de un modo descendente la sabiduría adquirida en el Mundo de las Ideas, donde la reina es el Amor.

Bibliografía:

Fericgla, José M. Los chamanismos a revisión. Barcelona: Kairós, 2006.

Ferrer, Jorge. Espiritualidad creativa: una visión participativa de lo transpersonal. Barcelona: Kairós, 2003.

Grof, Stanislav. Psicología Transpersonal: nacimiento, muerte y trascendencia en psicoterapia. Barcelona: Kairós, 1988.

Rowan, John. Lo transpersonal: psicoterapia y counselling. Barcelona: La Liebre de Marzo, 1996.

Vaughan, F y Walsh, R. Más allá del ego. Barcelona: Kairós, 2000.

Wilber, Ken. El proyecto Atman. Barcelona: Kairós, 1996.



UNA FILOSOFÍA ALTERNATIVA AL CAPITALISMO

Publicado 19/07/2018 18:19:11  | 4 - LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


amor

Este artículo es una reproducción de la nota 68 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA.

Extracto de la página 130:

Muchos pensamos que el capitalismo como ideología dominante está próximo a su fin, pero ello solo se llevará a cabo si hay un pensamiento alternativo suficientemente edificado epistemológica, filosófica, psicológica, social y educacionalmente (1). En suma un pensamiento alternativo al actual y eufemístico pensamiento único neoliberal (Martos, 2017), porque la lucha por la vida es la lucha por las ideas y, en la actualidad, los ricos llevan ventaja como bien se jactó Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del planeta: “Hay una lucha de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la clase rica, la que hace la guerra y estamos ganado”. Más claro, imposible. ¿Qué hacer? La educación cuántica, amigos lectores…






Nota (1):

La complejidad de la filosofía es de tal magnitud que, ni en las universidades ni en los estudios segundarios, hay una metodología para abordar el estudio de la historia del pensamiento de modo que el educando pueda entresacar un esquema básico para aprehender un pasado que le permita comprender su presente y, consecuentemente, decidir sobre su futuro con conocimiento de causa. Mi obra Una filosofía alternativa al capitalismo (Martos, 2017) tiene como motivación intentar erradicar la complejidad de la filosofía, de modo que, el estudiante disponga de una guía para entresacar el esqueleto cognitivo del embrollo filosófico que ha predominado en la historia de la filosofía occidental. He aquí el resumen de dicha obra:

Esta obra aborda la historia de la filosofía occidental desde los dualismos de la filosofía griega hasta la “rígida estructura” dualista entre sujeto y objeto que colapsó con el surgimiento de la física cuántica. El dualismo por antonomasia de la filosofía occidental son los ascendentes que aspiran a un cielo que no es de este mundo (religiones) y los descendentes que orientan la razón hacia el mundo de los sentidos (materialismo científico). Esa fractura dualista entre los ascendentes y los descendentes está en el origen de la falta de integración entre la conciencia (yo), la naturaleza (ello) y la moral (nosotros) desde que estas tres esferas fueron diferenciadas por Kant mediante sus Tres críticas.

Con el surgimiento de la razón en la edad moderna y el posterior capitalismo, la realidad histórico-social ha devenido en una deconstrucción del “nosotros” en “yoes” egocéntricos y, así, la realidad socio-psicológica ha concluido en una fragmentación de la conciencia individual y su disociación de la conciencia colectiva: ahí reside el gran fracaso epistemológico de la filosofía occidental. Para revertir ese colapso del Kosmos, Ken Wilber mediante su teoría de los cuatro cuadrantes, nos ilustra para salvar dicho abismo cultural, la crisis medioambiental y entrever la futura evolución del mundo mediante una intuición moral básica.

Ken Wilber, considerado como el “Einstein de la conciencia”, nos alumbra sobre dos modos de saber -racionalidad versus espiritualidad-, y nos permite vislumbrar una integración entre la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable como condición para trascender los viejos paradigmas de la humanidad hacia nuevos paradigmas sustentados en la filosofía transpersonal como disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia así como los estudios de la conciencia.

Así, la filosofía transpersonal se constituye en una filosofía alternativa al capitalismo y en un fundamento epistemológico para una educación transracional que implemente la razón con el corazón pues, el saber sin amor, es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo.

Bibliografía:

Martos, Amador. Una filosofía alternativa al capitalismo. España: Amazon, 2017.



LA INTUICIÓN ESPIRITUAL

Publicado 19/07/2018 14:51:39  | 4 - LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


LA INTUICIÓN ESPIRITUAL

Este artículo es una reproducción de la nota 107 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.).

Extracto de la página 269:

Es conveniente recordar a Morgado que, según Ken Wilber, el cerebro es un “ello” (externo) y la mente es un “yo” (interno). La epistemología de lo conmensurable tiene como objeto de estudio al “ello” mediante la ciencia, pero la interpretación cultural y de la conciencia subjetiva pertenecen propiamente a la hermenéutica de lo inconmensurable, una disputa histórica entre ciencia y religión. Como dijera Einstein: “Cada día sabemos más y entendemos menos”. Pero, principalmente, porque Morgado y tantos escépticos como él no han comprendido aún que hay dos modos de saber: el método científico y el trascendental. Es posible hacer una síntesis de ambos modos de saber mediante una genuina intuición espiritual (1) (Martos, 2017).


Nota (1):

Para aquel lector interesado en profundizar en la comprensión de la intuición espiritual, le remito a mi obra Filosofía transpersonal y educación transracional (Martos, 2017) , he aquí el resumen:

La síntesis de saberes mediante la intuición espiritual

Esta obra postula la integración del saber científico (epistemología de lo conmensurable) con la perenne espiritualidad (hermenéutica de lo inconmensurable), una síntesis respectivamente de la razón con el espíritu en un ejercicio de trascendencia desde la no dualidad, lo cual conlleva aprehenderse a uno mismo como conciencia de unidad mediante una auténtica intuición espiritual.

Esos dos modos de saber así aprehendidos mediante la intuición espiritual, posibilitan una síntesis entre la filosofía y la espiritualidad como condición para salvar el abismo cultural de la humanidad. Para tal finalidad, el autor recurre a tres inconmensurables pensadores: Platón, Kant y Wilber. Las Tres Grandes categorías platónicas -la Verdad, la Belleza y la Bondad- que fueron respectivamente diferenciadas por Kant mediante sus Tres críticas (“ello”, “yo” y “nosotros”), requieren imperativamente de una integración entre la naturaleza, la conciencia y la cultura.

La intuición moral básica argumentada por Ken Wilber se constituye como una necesaria cuestión ética para la integración del “ello”, “yo” y “nosotros” y, consecuentemente, en una ética epistémica dentro de un marco de una episteme transracional para salvar así el abismo cultural de la humanidad; dicho de otro modo, se argumenta una antropología filosófica que permita trascender la brecha epistemológica entre la racionalidad y la espiritualidad mediante una renovada interpretación de la historia del pensamiento, su ciencia y la propia espiritualidad pero, eminentemente, desde un revisionismo de la psicología cognitiva y educativa.

Esta obra reivindica una antropología filosófica que contemple a la filosofía transpersonal de Ken Wilber como disciplina que estudia a la espiritualidad y su relación con la ciencia así como los estudios de la conciencia, lo cual implica una reconstrucción epistemológica desde la sabiduría perenne para lograr la sanación trascendental del ser humano mediante una educación transracional que implemente la razón con el corazón. Así, la filosofía transpersonal y la educación transracional se vislumbran como una condición sine qua non para trascender a la crisis de conciencia en la que está inmersa la filosofía occidental.

No obstante, para contextualizar a la intuición espiritual en el constructo cognitivo de este ensayo, haré una sucinta referencia a la obra Breve historia de todas las cosas , en la que Wilber (2005) centra su atención en tres tópicos: la interpretación de las intuiciones espirituales, la ética medioambiental y las posibles líneas de desarrollo de la futura evolución del mundo. Por cuestión de espacio, me refiero a continuación solamente a las intuiciones espirituales en los términos explicados por Wilber:


Las intuiciones espirituales y el abismo cultural

No obstante el pecado de orgullo de la cultura occidental al marginar lo auténticamente espiritual, en opinión de Wilber, muchas personas tienen verdaderas intuiciones de los estadios transpersonales iniciales pero, a su juicio, son interpretadas o descifradas de una forma inapropiada por estar atrapadas en el moderno marco de referencia descendente y en su correspondiente disociación entre el yo, la cultura (nosotros) y la naturaleza (ello). Por ejemplo, una intuición del Alma Global del Mundo interpretada en función de su Yo superior -intencional-, tenderá a ignorar los componentes conductuales, sociales y culturales tan indispensables para la auténtica transformación (Figura 5.1). También puede ocurrir que se caiga en el otro extremo, que se sienta que es uno con el mundo y luego concluya que ese mundo con el que se ha fundido es la simple naturaleza empírica, ignorando entonces el mundo subjetivo e intersubjetivo (Figura 7.1). De modo que puede ocurrir que la intuición sea genuina pero que la interpretación termine tergiversando completamente las cosas cuando se realiza exclusivamente en función de su cuadrante favorito en lugar de rendir tributo por igual a los cuatro cuadrantes.

Según Wilber, cuando más en contacto se halle con el Yo superior, más comprometido estará usted con el mundo y con los demás, como un componente de su auténtico Yo, el Yo en el que todos somos Uno. Tener en cuenta los cuatro cuadrantes ayuda a manifestar esta realización y a respetar a todos y cada uno de los holones como una manifestación de lo Divino. Ciertamente, en la Suprema Identidad, uno está asentado en la Libertad, pero esa Libertad se manifiesta como actividad compasiva, como atención y como respeto. Las interpretaciones más certeras favorecen la posterior emergencia de intuiciones más profundas relativas a los dominios del “yo”, del “nosotros” y del “ello”, no solo en cuanto a la forma de actualizar el Yo superior sino también con respecto a la manera de integrarlo en la cultura (nosotros), encarnarlo en la naturaleza (ello) e impregnarlo en las instituciones sociales, en definitiva, una interpretación que tenga en cuenta los cuatro cuadrantes en los que se manifiesta el Espíritu.

El gran descubrimiento de la posmodernidad es que no existe nada dado de antemano, un descubrimiento que abre a los seres humanos a un Espíritu que deviene cada vez más agudamente consciente de sí mismo en la medida en que va recorriendo el camino que le conduce a despertar en la supraconciencia, sin embargo, los pensadores religiosos antimodernos se hallan completamente atrapados en la visión agraria del mundo y no comprenden siquiera las modalidades moderna y postmoderna del Espíritu. No parecen haber comprendido que la esencia de la modernidad consiste en la diferenciación del Gran Tres, despreciando así la evolución como proceso que está operando para socavar su autoridad. Es irónico que las mismas autoridades religiosas se hayan convertido en uno de los principales obstáculos para la aceptación moderna y postmoderna del Espíritu.

Se dice a veces que uno de los mayores problemas de las sociedades occidentales es el abismo existente entre ricos y pobres aunque, en opinión de Wilber, el abismo más alarmante es el abismo interior, un abismo cultural, un abismo de conciencia, un abismo, en suma, de profundidad. Y en cada nueva transformación cultural, este abismo cultural, este abismo de conciencia es cada vez mayor. El abismo que existe entre la profundidad promedio que ofrece esa cultura y el número de quienes realmente pueden alcanzarla, genera una tensión interna que puede propiciar la patología cultural. ¿Existe alguna solución?

El problema real tampoco es el abismo cultural, nuestro problema real es que ni siquiera podemos pensar en el abismo cultural. Y no podemos hacerlo porque vivimos en un mundo chato, un mundo que no reconoce la existencia de grados de conciencia, de profundidades, de valores y de méritos. En este mundo, todo tiene la misma profundidad, es decir, cero. Y puesto que nuestra chata visión del mundo ni siquiera reconoce la profundidad, tampoco puede reconocer el abismo profundo, el abismo cultural, el abismo de conciencia. En consecuencia, la explotación de los países desarrollados y “civilizados” proseguirá hasta el momento en que reconozcamos este problema y busquemos las formas de comenzar a resolverlo. Mientras sigamos sosteniendo esa visión chata del mundo, el abismo cultural no podrá ser resuelto, porque la visión chata del mundo niega de plano la existencia de la dimensión vertical, de la transformación interior, de la trascendencia. Y si nuestra visión del mundo sigue sin permitirnos reconocer el problema, no está lejos el momento en que el abismo cultural termine provocando el colapso de nuestra cultura.

Según Wilber, cuando yo intuyo claramente al Espíritu, no solo intuyo su resplandor en mí mismo, sino que también lo intuyo en el dominio de los seres que comparten el Espíritu conmigo (en forma de su propia profundidad). Y es entonces cuando deseo proteger y promover ese Espíritu, no solo en mí sino en todos los seres en los que se manifiesta. Pero además, si intuyo claramente al Espíritu, también me siento alentado a implementar ese despliegue espiritual en tantos seres como pueda, es decir, no solo en los dominios del “yo” o del “nosotros”, sino que también me siento movilizado a implementar esta realización como un estado objetivo de cosas (en los dominios del “ello”, en el mundo). El hecho que el Espíritu se manifieste realmente en los cuatro cuadrantes (o, dicho de modo resumido, en los dominios del “yo”, del “nosotros” y del “ello”) supone también que la auténtica intuición espiritual es aprehendida con el deseo de expandir la profundidad del “yo” a la amplitud del “nosotros” y al estado objetivo de cosas del propio “ello”. En definitiva, proteger y promover la mayor profundidad a la mayor amplitud posible. Esa es, en opinión de Wilber, la intuición moral básica de todos los holones, sean o no humanos.


Bibliografía:

Martos, Amador. Filosofía transpersonal y educación transracional. España: Amazon, 2017.

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairós, 2005.



LA REVOLUCIÓN INTERIOR

Publicado 19/07/2018 13:12:32  | 4 - LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


LA REVOLUCIÓN INTERIOR

Este artículo es una reproducción de la nota 114 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.).

Extracto de la página 311:

En esa trifurca histórica y epistemológica, lo que está verdaderamente en juego es la democratización del saber, como reivindica La educación cuántica, que permita el ejercicio de la libertad con conocimiento de causa. La actual guerra que se libra en el mundo es por la libertad y el conocimiento, como acredita los espionajes mundiales realizados por la NSA estadounidense como expresión del libertinaje de los poderes fácticos. Porque solo el conocimiento puede hacernos libres. Así, La educación cuántica está estructurada cognitiva, psicológica y pedagógicamente para que cada persona se empodere de su libertad con conocimiento de causa, porque la revolución hay que hacerla en la calle, pero también en nuestro interior (1). Cuando dicha revolución interior se extienda como la pólvora, las religiones estarán muy cuestionadas por el racionalismo espiritual y los gobernantes por hordas de pueblos que clamarán justicia, paz y libertad para la humanidad entera.

Nota (1):

¿Qué es la consciencia? ¿Qué relación tiene con el cerebro, el intelecto o la mente? ¿Cómo incide nuestra concepción de la consciencia en el mundo en que habitamos? En La rebelión de la consciencia, José Luis San Miguel de Pablos (2014) plantea que la humanidad se encuentra en una encrucijada que va mucho más allá de lo económico o lo político. Nos encontramos ante una verdadera disyuntiva cognitiva. Más allá de las causas próximas y reconocibles de la actual crisis socio-económica (egoísmo, codicia, ultracapitalismo), en lo más profundo se encuentra precisamente el lastre de las concepciones y paradigmas de pensamiento dominantes. La fascinante tesis del libro es que gran parte de la responsabilidad por las patologías sociales existentes reside en la metafísica materialista, presupuesto filosófico esencial de la modernidad. La rebelión de la consciencia apuesta por dejar atrás el espejismo pseudocientífico del materialismo metafísico. La trascendencia de este paradigma constituye la única salida espiritual, política y ecosistémica para superar nuestra crisis contemporánea.

Bibliografía:

San Miguel de Pablos, José Luis. La rebelión de la consciencia. Barcelona: Kairós, 2014.



EN BUSCA DE LA COHERENCIA INTERNA

Publicado 01/04/2017 19:58:01  | 4 - LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


En busca de la coherencia interna

Este artículo está inspirado en una pregunta que me ha realizado una amiga llamada Lorena, y dice así: "Tengo una gran pregunta, ¿Todo lo que escribes lo aplicas?". Mi agradecimiento a Lorena por su perspicaz pregunta que ha supuesto para mí todo un reto de introspección y reflexión.

“¿Todo lo que escribes lo aplicas?” es efectivamente una gran pregunta, y requiere de una respuesta coherentemente reflexionada para colmar esa expectativa planteada. Esa pregunta no puede ser respondida con un simple sí o no. Responder “sí” implicaría un cierto aire de vanagloria, presunción y estado de perfección a los ojos de los demás, algo a mi entender harto difícil de alcanzar; mientras que responder “no” llevaría a creer que el que escribe es incoherente en sus actos con lo pensado y lo escrito, lo cual echaría por tierra todo el planteamiento teorético de sus escritos. Entre el “sí” y el “no” así expresados taxativamente, se vislumbra la posibilidad de una dialéctica ética que permita superar las limitaciones entre la teoría expresada en los escritos y su aplicación en la praxis.

Mi respuesta a la pregunta es ésta: Todo lo que escribo tiene su origen en la aplicación de los principios en los que creo. Pero todos los principios sobre lo que escribo no implica necesariamente que puedan ser llevados efectivamente a la práctica, y ello requiere indagar sobre el por qué de esa posibilidad o imposibilidad de que exista una coherencia entre lo que se escribe y piensa y lo que se aplica efectivamente. Aunque esta respuesta parezca un trabalenguas, no lo es en absoluto. Veámoslo con algunos ejemplos razonados.

Por ejemplo, creer en el principio de la búsqueda de la sabiduría me lleva a escribir sobre ella. Pero escribir acerca de la sabiduría no implica que yo sea sabio pues, para ello, debe haber una coherencia interna entre lo que siento (buscar la sabiduría), lo que pienso (pensar como un sabio) y actuar como un sabio. Cuando una persona siente una cosa, piensa otra y actúa diferente se pierde la coherencia interna, se pierde la conciencia de unidad interna, se produce una gran contradicción. Las contradicciones están en el origen de la falta de sentido en la vida, pues sentimos una cosa, pensamos otra diferente y actuamos contradictoriamente.

Otro ejemplo puede ser el principio de saber escuchar la “voz interior” -“Logos” en términos del filósofo Heráclito- (1) que nos habla pero que pocas personas saben escuchar, o nuestro “doble” como defiende el físico francés Garnier. Sin embargo, escribir sobre ese principio de la escucha interna no implica necesariamente que sea fácil llevarse a la práctica, pues requiere plena atención presente en el aquí y en el ahora, implica una plena intencionalidad en la introspección de la propia mirada interna para crear una predisposición receptiva en forma de certeras intuiciones y no meras divagaciones de la imaginación. Para llevar este proceso de escucha interna a la práctica es preciso ejercer la meditación, aquietar la mente de los ruidos mundanos que nos distraen y convertirse en un observador más allá de nuestra propia mente.

Un ejemplo más puede ser el principio del amor como eje teorético de todos mis escritos. Pero escribir sobre el amor tampoco implica que en todo momento tenga la predisposición mental de la compasión y menos aún en su aplicación práctica. Sentir el amor, pensar amorosamente y actuar compasivamente debería ser un estado unitivo de la conciencia como máxima coherencia interna para todo ser humano, sin embargo, las guerras y las injusticias del mundo externo tienen su origen en las contradicciones internas de los hombres y mujeres pues sienten la llamada compasiva pero piensan y actúan egoístamente y, consecuentemente, es causa de sufrimiento.

Así, con estos tres ejemplos anteriores, los principios de toda persona constituyen sus propias creencias sobre las que edifican su unipersonal “visión de la vida” y serían legítimamente sus máximas aspiraciones para dar un sentido a la vida. Y mucho se ha escrito, como yo lo hago, sobre todos los principios rectores del sentido de la vida (la sabiduría y el amor, entre las más importantes). Sin embargo, si a pesar de haberse escrito tantos libros de filosofía y literatura sobres los principios rectores de la humanidad e, incluso, que dispongamos de una carta de los Derechos Humanos, ¿por qué entonces no tenemos un mundo en paz y feliz para todas las personas?

Mi respuesta es que no logramos alcanzar una coherencia interna entre lo que sentimos, lo que pensamos y lo que hacemos, es decir, vivimos entre permanentes contradicciones. Superar esas contradicciones internas es un reto que yo me he propuesto de modo que, escribir, se ha convertido para mí en una psicoterapia a través de la cual expreso los principios en los que creo y, aunque sea difícil pensar en ello con rectitud ética y una aplicación práctica virtuosa, debería ser nuestra máxima aspiración. De alguna manera entonces, mi máxima aspiración es pensar y actuar acorde a los más nobles principios en los que creo, siento y sobre los que escribo pero, no obstante ello, como imperfecto humano que soy y consciente de mi incompletitud, sufro mucho cuando no lo consigo.

Por tanto, sin ánimo de justificarme sino de buscar una mayor perfección, en respuesta a la pregunta de mi amiga Lorena que ha suscitado esta reflexión, no siempre aplico lo que escribo, pero siempre escribo sobre los principios que deberían ser las guías orientadores de nuestras acciones en relación con las demás personas. Y ello se convierte entonces en la aspiración de alcanzar una sabiduría que te permita pensar y actuar en coherencia con lo que sientes, es decir, un “camino ascendente hacia la sabiduría” no exento de dificultades a las que nos enfrentamos existencialmente mediante nuestra propia conciencia .

Gracias amiga Lorena por permitirme, con tu perspicaz pregunta, conocerme un poco más a mí mismo.

REFERENCIA:

(1) Heráclito de Éfeso fue un filósofo griego. Nació hacia el año 535 a. C. y falleció hacia el 484 a. C. Era natural de Éfeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor (actual Turquía). Como los demás filósofos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en gran parte se conocen sus aportes gracias a testimonios posteriores. Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa: se refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas. Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Logos. Este Logos no solo rige el devenir del mundo, sino que le habla al hombre, aunque la mayoría de las personas “no sabe escuchar ni hablar”. El orden real coincide con el orden de la razón, una “armonía invisible, mejor que la visible”, aunque Heráclito se lamenta de que la mayoría de las personas viva relegada a su propio mundo, incapaces de ver el real. Si bien Heráclito no desprecia el uso de los sentidos (como Platón) y los cree indispensables para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia. Era conocido como “el Oscuro”, por su expresión lapidaria y enigmática. Ha pasado a la historia como el modelo de la afirmación del devenir y del pensamiento dialéctico. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres: todo fluye. Los dos pilares de la filosofía de Heráclito son: el devenir perpetuo y la lucha de opuestos. Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el logos, la razón universal, lo rige: “Todo surge conforme a medida y conforme a medida se extingue”. El hombre puede descubrir este logos en su propio interior, pues el logos es común e inmanente al hombre y a las cosas.



LIBERTAD, SUFRIMIENTO Y LA RAZÓN TIRÁNICA

Publicado 25/03/2017 21:09:03  | 4 - LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


Libertad, sufrimiento y la razón tiránica

Este artículo está inspirado en una conversación con un amigo, Emilio Diego, a quién le decía yo que “no hay mayor libertad que la libertad interior, la que nos libera de todo sufrimiento exterior”; a lo cual me preguntó Emilio Diego: “¿La libertad presupone sufrimiento? Ciertamente es una pregunta pertinente de ser analizada y respondida con la debida extensión que requieren esos dos temas así relacionados: la libertad y el sufrimiento.La libertad es un tema complejo y extenso, y así lo traté en mi obra Pensar en ser libre, no obstante, se pueden apuntar algunas generalidades para el objetivo de este artículo.



Según Wilber, una de las principales ironías de la modernidad fue que la misma diferenciación del Gran Tres (1) -que permitió el gran paso adelante hacia el logro de una mayor libertad- propició también el colapso en el mundo chato (2) y absurdo de las meras superficies. ¡Una mayor libertad para ser superficial! Para Platón, Plotino, Emerson y Eckhart, la naturaleza es una expresión del Espíritu pero, la ontología industrial que solo reconocía a la naturaleza, invadió y colonizó todos los otros dominios, provocando el hundimiento del Kosmos (3) en un mundo empírico. El hecho es que el marco de referencia descendente destruyó el Gran Tres -la mente, la cultura y la naturaleza- y perpetuó su disociación, su falta de integración, sembrando la tierra con sus fragmentos. La salvación -si es que es posible- reside en la integración del Gran Tres: la naturaleza (ello), la moral (nosotros) y la mente (yo).

De modo que, a partir de la modernidad, la razón egoica fue imponiendo su particular visión e interpretación de la realidad, hasta el punto de negar la trascendencia espiritual que había dominado mediante los ascendentes en el transcurrir temporal desde San Agustín al Renacimiento. Ahora la razón, incluso, era motivo para las revoluciones en contra del Estado y la Iglesia, facilitando así el surgimiento de las democracias. La razón, así, propició la libertad de los individuos, una libertad que con el discurrir de los siglos se ha convertido en el actual libertinaje.

La libertad, pues, ejercida desde la razón ha posibilitado los mayores logros de la humanidad en el terreno científico y el conocimiento del mundo objetivo pero, sin embargo, esa misma libertad ha sido ejercida para los más abominables crímenes contra la humanidad en toda la historia. En nombre de la razón, cualquier ideología puede ser abanderada para ejercerla libremente: así ocurrió con las cruzadas católicas en nombre de Dios, también el nazismo invocó a la superioridad de una cierta raza para justificar un holocausto humano; la libertad de los mercados económicos en un mundo globalizado, asimismo, también ha soslayado la libertad de los pueblos y de los individuos para someterlas a los intereses plutocráticos; la pretendida libertad de las democracias, cómo no, tampoco es cierta pues la galopante corrupción de los partidos políticos al servicio de la oligarquía financiera socava la pretendida libertad colectiva de los Estados; y cómo no aludir al imperialismo norteamericano que ha intervenido por doquier en todo el mundo con la pretendida excusa de potenciar la libertad de los pueblos, cuando en realidad había una subyacente intención de someter al mundo a un dominio unipolar y militarizado. En función de los anteriores ejemplos, es innegable que en nombre de una pretendida libertad se ha infligido mucho sufrimiento a las personas y los pueblos en general a través de la historia y que, en pleno siglo XXI, todavía imperan guerras a diestro y siniestro. Por tanto, la libertad ha sido reconvertida en un libertinaje mediante una razón tiránica.

Así, la tesis a modo de pregunta citada al principio, a saber, que la libertad genera sufrimiento, no es una entelequia sino una realidad muy viva a través de la historia y en nuestra era contemporánea también. La cuestión de fondo es saber ¿cómo y por qué se produce tanto sufrimiento en nombre de la libertad? Cabe señalar que todos los sistemas éticos surgidos desde las religiones así como en el derecho, apuntan a un intento de paliar dicho sufrimiento. La ética religiosa queda circunscrita al ejercicio voluntario de sus correspondientes fieles y, por tanto, concierne a la moralidad de los individuos en el ejercicio de su libertad. Sin embargo, en derecho, ese amplio margen moral de los individuos es restringido y traducido a leyes que, en la medida de lo posible, tratan de impartir justicia allí donde los individuos causan sufrimiento en el ejercicio de su libertad. Pero es obvio que, dicha justicia humana, tampoco es “justa” pues la libertad judicial es ninguneada por los políticos de turno que interfieren en la configuración ideológica afín en las propias estructuras judiciales, amén de la potestad del gobierno de turno en poder indultar a sus propios corruptos. De ahí que haya una justicia de primer y según orden, una para ricos y otra para pobres y, consecuentemente, el sufrimiento y las injusticias también están regidas en cierto modo por la capacidad adquisitiva de cada persona. Si la justicia no es igual para todos, el sufrimiento acaecido por el correspondiente ejercicio de la libertad, tampoco es equitativo cuando se trata de imponer las correspondientes penas judiciales.

Así, consecuentemente, es cierto que el ejercicio de la libertad genera un sufrimiento y, como tesis del inicio de este artículo, se trata de un sufrimiento acaecido en el ejercicio de la libertad exterior, mediante los actos de cada cual. De un modo ontológico, la libertad “exterior” es aquella ejercida en el dualismo “sujeto-objeto”, es decir, la persona contra el mundo, una proyección hacia el sufrimiento que se inicia, según muchos teóricos, con la alienación del sujeto durante el proceso del nacimiento del yo emocional, como origen de la conciencia fragmentada. Y dicho sufrimiento, siguiendo la teoría de la evolución de la conciencia de Ken Wilber, no se puede paliar hasta alcanzar los dominios supraconscientes, momento en el cual es posible la liberación del sufrimiento inherente al espacio, el tiempo y los objetos, y emanciparse así del terror intrínseco al valle de lágrimas denominado samsara (Forma o mundo manifiesto). Así pues, como decía al principio, “no hay mayor libertad que la libertad interior, la que nos libera de todo sufrimiento exterior”.

La línea divisoria, por decirlo de alguna manera, entre el sufrimiento y el no sufrimiento, se halla correlativamente en la libertad ejercida desde el egoísmo humano (el típico y ya clásico ego) y la trascendencia de dicho ego mediante una libertad ejercida desde la compasión. Dicho de otro modo, cualquier argumentación desde la razón tiránica (religiosa, política, narcisista, institucional o cualquier otra forma en que la razón disfraza la libertad para el ejercicio de cualquier ideología), se convierte en una causa de sufrimiento pues solo sirve al ego del teórico que defiende una pretendida libertad en el ejercicio de su propia razón. Así, todo aquel que quiera tener la “razón”, al tenerla con o sin razón, ya está causando sufrimiento en aquellos que pretendidamente carecen de ella, pues como dijera el mismo Descartes acerca del reparto igualitario del buen sentido:

"El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él que aun los más difíciles de contentar en cualquier otra cosa no suelen desear más del que tienen. Al respecto no es verosímil que todos se equivoquen, sino que más bien esto testimonia que la capacidad de juzgar bien y de distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que se llama el buen sentido o la razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y así la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que los otros, sino solamente de que conducimos nuestros pensamientos por distintas vías y no consideramos las mismas cosas. Pues no se trata de tener el ingenio bueno, sino que lo principal es aplicarlo bien. Las almas más grandes son capaces de los mayores vicios, tanto como de las mayores virtudes; y los que andan muy despacio pueden avanzar mucho más, si siguen el camino recto, que los que corren pero se alejan de él."

Evidentemente, esa razón egoica que provoca tanto sufrimiento es más propia de los enfoques occidentales. Las escuelas orientales, por otra parte, suelen mostrar un mayor interés por el nivel mental, eludiendo así por completo los niveles egocéntricos. En pocas palabras, el propósito de las psicoterapias occidentales es el de “reparar” el yo individual, mientras que en los enfoques orientales se proponen trascender el yo. Si deseamos ir más allá de los confines del yo individual, encontrar un nivel de conciencia todavía más rico y generoso, aprendamos entonces de los investigadores del nivel mental, en su mayoría “orientales”, que se ocupan del concienciamiento místico y de la conciencia cósmica. El objetivo primordial de los enfoques orientales no son el de reforzar el ego, sino el de trascenderlo de un modo total y completo, para alcanzar la liberación y la iluminación. Estos enfoques pretenden conectar con un nivel de conciencia que ofrece una libertad total y la liberación completa de la raíz de todo sufrimiento.

La inmensa mayoría de la gente, especialmente la sociedad occidental, no está preparada, dispuesta o capacitada para seguir una experiencia mística, ni es conveniente empujarla a dicha aventura. Sin embargo, como queda acreditado mediante la meditación, solo una libertad enfocada al mejoramiento personal, a la evolución de la propia conciencia desde el ego personal hacia la transpersonalidad, puede posibilitar una auténtica revolución generada desde el interior de los individuos. Y en ese sentido, cada vez que nuestra razón tiránica haga acto de presencia, deberemos estar lo suficientemente alertas para que no sea ejercida de un modo déspota sino, en su lugar, dejar que fluya la libertad compasiva para evitar así infligir sufrimiento en los demás mediante nuestros actos, pero también en nosotros mismos pues todo sufrimiento generado a los demás es como si nos lo hiciéramos a nosotros mismos. No en vano, el imperativo categórico kantiano (o “nosotros kantiano”) (4) sigue siendo la asignatura pendiente de superar por la filosofía occidental, y la causa más que probable de todo el sufrimiento que Occidente ha propagado desde la modernidad.

Como decíamos pues al inicio de este artículo, la diferenciación del Gran Tres -la mente, la cultura y la naturaleza- y su perpetua disociación está en el origen de tanto sufrimiento en este mundo y, la salvación, solo puede provenir de la integración de la ciencia (ello), la moral (nosotros) y la persona (yo). Y dicha integración solo es posible mediante el ejercicio de la genuina filosofía platónica resumida sucintamente en esta cita: “La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma entorno al Ser”. Y ese diálogo interior debe enfocarse principalmente a la evolución de la conciencia de cada cual, pues como dijera el inconmensurable Sócrates: “Aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a sí mismo”.

Es bajo dichas premisa que, yo personalmente, trato de evitar que la razón tiránica haga acto de presencia en el ámbito familiar, social, en los diversos foros de las redes sociales y, en general, en cualquier actividad discursiva donde deba intervenir la palabra. Y es así como pienso que “no hay mayor libertad que la libertad interior, la que nos libera de todo sufrimiento exterior”, pues como dijera el insigne Aristóteles, “El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”.


REFERENCIAS:

(1) La visión racional-industrial del mundo sostenida por la Ilustración cumplió con funciones muy importantes como la aparición de la democracia, la abolición de la esclavitud, el surgimiento del feminismo liberal, la emergencia de la ecología y las ciencias sistémicas, entre algunas más, pero sin duda, la más importante puesta en escena fue la diferenciación entre el arte (yo), la ciencia (ello) y la moral (nosotros), el Gran Tres diferenciado por Kant a través de sus Tres críticas.

Tras el Renacimiento surgió la Edad de la Razón o Filosofía Moderna cuyo uno de sus máximo exponente fue Kant. Con las Tres críticas -La crítica de la razón pura (Kant, 2005), La crítica de la razón práctica (Kant, 2008) y La crítica del juicio (Kant, 2006a)-, se produce una diferenciación de tres esferas: la ciencia, la moralidad y el arte. Con esta diferenciación, ya no había vuelta atrás. En el sincretismo mítico, la ciencia, la moralidad y el arte, estaban todavía globalmente fusionados. Por ejemplo: una “verdad” científica era verdadera solamente si encajaba en el dogma religioso. Con Kant, cada una de estas tres esferas se diferencia y se liberan para desarrollar su propio potencial:

-La esfera de la ciencia empírica trata con aquellos aspectos de la realidad que pueden ser investigados de forma relativamente “objetiva” y descritos en un lenguaje, es decir, verdades proposicionales y descriptivas (ello).

-La esfera práctica o razón moral, se refiere a cómo tú y yo podemos interactuar pragmáticamente e interrelacionarnos en términos que tenemos algo en común, es decir, un entendimiento mutuo (nosotros).

-La esfera del arte o juicio estético se refiere a cómo me expreso y qué es lo que expreso de mí, es decir, la profundidad del yo individual: sinceridad y expresividad (yo).

(2) Wilber (2005: 177):

Los grandes e innegables avances de las ciencias empíricas que tuvieron lugar en el periodo que va desde el Renacimiento hasta la Ilustración, nos hicieron creer que toda realidad podía ser abordada y descrita en los términos objetivos propios del lenguaje monológuico del “ello” e, inversamente, que si algo no podía ser estudiado y descrito de un modo objetivo y empírico, no era “realmente real”. Así fue como el Gran Tres terminó reducido al “Gran Uno” del materialismo científico, las exterioridades, los objetos y los sistemas científicos [denominado por Wilber como una visión chata del mundo].

(3) Wilber examina el curso del desarrollo evolutivo a través de tres dominios a los que denomina materia (o cosmos), vida (o biosfera) y mente (o noosfera), y todo ello en conjunto es referido como “Kosmos”. Wilber pone especial énfasis en diferenciar cosmos de Kosmos, pues la mayor parte de las cosmologías están contaminadas por el sesgo materialista que les lleva a presuponer que el cosmos físico es la dimensión real y que todo lo demás debe ser explicado con referencia al plano material, siendo un enfoque brutal que arroja a la totalidad del Kosmos contra el muro del reduccionismo. Wilber no quiere hacer cosmología sino Kosmología.

(4) El “nosotros” kantiano se debe interpretar como la esfera práctica o razón moral, es decir, a cómo tú y yo podemos interactuar pragmáticamente e interrelacionarnos en términos que tenemos algo en común, es decir, un entendimiento mutuo. La obra La crítica de la razón práctica de Kant (2008) trata de la filosofía ética y moral que, durante el siglo XX, se convirtió en el principal punto de referencia para toda la filosofía moral. El imperativo categórico es un concepto central en la ética kantiana, y de toda la ética deontológica moderna posterior. Pretende ser un mandamiento autónomo (no dependiente de ninguna religión ni ideología) y autosuficiente, capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones. Kant empleó por primera vez el término en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (Kant, 2006b). Según Kant, del imperativo categórico existen tres formulaciones: 1- “Obra solo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”. 2- “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca solo como un medio”. 3- “Obra como si, por medio de tus máximas, fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines”.


BIBLIOGRAFÍA:

Kant, Immanuel. La crítica de la razón pura. Madrid: Taurus, 2005.

Kant, Immanuel. La crítica del juicio. Barcelona: Espasa libros, 2006a.

Kant, Immanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Madrid: Tecnos, 2006b.

Kant, Immanuel. La crítica de la razón práctica. Buenos Aires: Losada, 2008.

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairós, 2005.



LA MEDITACIÓN

Publicado 26/02/2017 20:48:00  | 4 - LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


La meditación

Este artículo está reproducido en el capítulo 13 de la tercera parte de la obra FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

"Si vivimos en la locura esquizofrénica de un mundo exterior donde solo hay caos e ignorancia, es preciso buscar el propio orden de cada cual en la profundidad de nuestro ser" (Amador Martos, filósofo transpersonal).

La filosofía perenne propugna la trascendencia del ilusorio dualismo entre cuerpo y mente mediante la meditación, logrando así la unicidad del propio ser humano con el universo, un camino de sabiduría que pretendidamente conduce hasta la iluminación (Wilber, 2005). En dicho sentido, un equipo de psiquiatras del Hospital General de Massachusetts ha realizado el primer estudio que documenta cómo ejercitar la meditación durante ocho semanas puede afectar al cerebro. Según sus conclusiones, publicadas en Psychiatry Research (Lazar, 2011), la práctica de un programa de meditación durante ocho semanas puede provocar considerables cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés. Es decir, que algo considerado espiritual, nos transforma físicamente y puede mejorar nuestro bienestar y nuestra salud.

En este sentido, cabe señalar que la meditación está siendo introducida en el ámbito escolar con resultados especialmente esperanzadores. Ese es el planteamiento de Robert W. Coleman, profesor de un colegio en Baltimore. El programa funciona junto a una organización sin ánimo de lucro llamada Holistic Life Foundation. Los resultados están siendo magníficos, con un increíble cambio de actitud en la mayoría de los niños con problemas de violencia y mal comportamiento en general. Del mismo modo, una escuela pública en Montevideo, Uruguay, previene la violencia y el bullying con la meditación y los ejercicios de la disciplina espiritual Falun Dafa. Es un proyecto escolar introducido por la docente de 6° grado Yennyfer Quartino que busca construir una cultura en convivencia pacífica, permitiendo que los niños experimenten paz interna y solucionen sus conflictos en armonía. En consecuencia, Quartino diseñó un proyecto enfocado en los Derechos Humanos como camino hacia una cultura para la paz.

Concluyendo, pues, la meditación es una herramienta esencial para aumentar la inteligencia emocional, transformar emociones y alcanzar un estado de paz y concentración. Muchos colegios están integrando ya estas técnicas en sus dinámicas educativas en busca de los beneficios que aporta a su alumnado. En dicho sentido, unos 200 colegios públicos españoles han incorporado el “mindfulness” al horario escolar. Es una práctica de raíces budistas pero sin sus connotaciones religiosas, y que consiste en tomar consciencia del momento presente, atendiendo a las emociones: en clases con alumnos cada vez más hiperestimulados, les permite parar 15 minutos al día (Fuente: laeducacioncuantica.org).

Así pues, la trascendencia del ilusorio dualismo entre cuerpo y mente mediante la meditación, se constituye en un camino de sabiduría que posibilita la sanación trascendental al lograr paz interior, mejoramiento de la salud y bienestar tanto individual como colectivo mediante la compasión.


REFERENCIAS:

Lazar, S. (2011). “Mindfulness practice leads to increases in regional brain gray matter density”. En: Psychiatry Research: Neuroimaging, Nº 191(1), 36 a 43.Hospital General de Massachusetts, Harvard Medical School, Boston, EE.UU.

Wilber, Ken (2005), “Aquello que está siempre listo”, en: Wilber, El espectro de la conciencia (pp.375-432), Kairós, Barcelona.



EL "MISTICISMO CUÁNTICO" NO ES UNA PSEUDOCIENCIA SINO FILOSOFÍA TRANSPERSONAL

Publicado 26/02/2017 20:04:33  | 4 - LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


El

Este artículo está reproducido como nota número 31 en la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.)

"El “misticismo cuántico” debe ser rehabilitado de un modo pedagógico como filosofía transpersonal, por simple justicia histórica" (Amador Martos, filósofo transpersonal).

El “misticismo cuántico” es un término peyorativo utilizado por los ortodoxos materialistas científicos para calificar de pseudociencia la creencia de que las leyes de la mecánica cuántica incorporan ideas místicas. Sin embargo, desde un punto de vista epistemológico, Wilber (2005a) ha demostrado que el conocimiento simbólico (dualidad entre sujeto y objeto) y el misticismo contemplativo (no dualidad entre sujeto y objeto) son dos modos de saber diferentes pero complementarios. Así, la no dualidad entre sujeto y objeto se presenta como una alternativa epistemológica al tradicional materialismo científico (dualidad entre sujeto y objeto), aunque los escépticos la descalifiquen despectivamente como “misticismo cuántico”.

La experiencia mística o filosofía del misticismo es una filosofía de la espiritualidad como sustrato epistemológico de la filosofía perenne. Según los partidarios de la filosofía perenne, hay una realidad última que puede ser aprehendida por el intelecto en determinadas condiciones especiales (Ferrer, 2003). En dicho sentido, la meditación es una puerta de acceso a dicha realidad superior y puede provocar considerables cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés. Es decir, que algo considerado espiritual, nos transforma físicamente y puede mejorar nuestro bienestar y nuestra salud (Lazar, 2011). Dicha dimensión espiritual y trascendente de la naturaleza humana y de la existencia, en el ámbito de la psicología, tiene su correlato con el surgimiento de la psicología transpersonal como “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista. Dichos planteamientos trascendentales han sido plasmados en la Tesis Doctoral de Iker Puente, titulada Complejidad y Psicología Transpersonal: Caos, autoorganización y experiencias cumbre en psicoterapia (Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Barcelona, 2014).

Por tanto, en función de los anteriores apuntes, desde un punto de vista estrictamente epistemológico y científico, el “misticismo cuántico” es un anacronismo histórico que perdura en el establischment académico oficial, razón por la cual en la obra La educación cuántica se realiza la pertinente argumentación para que el “misticismo cuántico” sea reconsiderado como filosofía transpersonal. Así, por justicia histórica y epistemológica, es pertinente el reconocimiento de la filosofía transpersonal como paradigmática trascendencia a la crisis que padece la filosofía occidental al sustentarse exclusivamente en un materialismo científico que ha colapsado al Kosmos (1) en un mundo chato (2).

Consecuentemente, el misticismo y la meditación se constituyen en una puerta de acceso para la sanación trascendental del ser humano en el mismo sentido que ya lo apuntara Platón: “La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma entorno al Ser”, a buen seguro un camino ascendente hacia la sabiduría que no debería descuidar ningún mortal.


REFERENCIAS:

Ferrer, Jorge. Espiritualidad creativa: una visión participativa de lo transpersonal. Barcelona: Kairós, 2003.

Lazar, S. (2011). “Mindfulness practice leads to increases in regional brain gray matter density”. En: Psychiatry Research: Neuroimaging, Nº 191(1), 36 a 43.Hospital General de Massachusetts, Harvard Medical School, Boston, EE.UU.

Wilber, Ken (2005a), “Dos modos de saber”, en: Wilber, El espectro de la conciencia (pp.35-59), Kairós, Barcelona.

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairós, 2005b.

(1) Wilber examina el curso del desarrollo evolutivo a través de tres dominios a los que denomina materia (o cosmos), vida (o biosfera) y mente (o noosfera), y todo ello en conjunto es referido como “Kosmos”. Wilber pone especial énfasis en diferenciar cosmos de Kosmos, pues la mayor parte de las cosmologías están contaminadas por el sesgo materialista que les lleva a presuponer que el cosmos físico es la dimensión real y que todo lo demás debe ser explicado con referencia al plano material, siendo un enfoque brutal que arroja a la totalidad del Kosmos contra el muro del reduccionismo. Wilber no quiere hacer cosmología sino Kosmología.

(2) Wilber (2005b: 177):

Los grandes e innegables avances de las ciencias empíricas que tuvieron lugar en el periodo que va desde el Renacimiento hasta la Ilustración, nos hicieron creer que toda realidad podía ser abordada y descrita en los términos objetivos propios del lenguaje monológuico del “ello” e, inversamente, que si algo no podía ser estudiado y descrito de un modo objetivo y empírico, no era “realmente real”. Así fue como el Gran Tres terminó reducido al “Gran Uno” del materialismo científico, las exterioridades, los objetos y los sistemas científicos [denominado por Wilber como una visión chata del mundo].



LA EXPERIENCIA MÍSTICA

Publicado 26/02/2017 19:21:26  | 4 - LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


La experiencia mística

Este artículo está reproducido como nota número 68 en la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.)

Este artículo está reproducido en la segunda parte de la obra CIENCIA, FILOSOFÍA, ESPIRITUALIDAD

"El misticismo es otro modo de saber diferente pero complementario con el método científico, y se sustenta en la introspección de los propios pensamientos con la finalidad de trascender las connotaciones negativas del egocentrismo hacia la genuina espiritualidad exenta de apriorismos dogmáticos religiosos" (Amador Martos, filósofo transpersonal).

¿Somos todos potencialmente místicos? ¿Cuál es la relación entre mística y esquizofrenia? ¿Cómo interpretar el testimonio de los grandes místicos? ¿Qué tuvieron en común el Buda, Jesús, Plotino, Dante, Santa Teresa, William Blake y Edgar Allan Poe? ¿Cuál es el influjo de las drogas? ¿Cuántos son los estados de conciencia?

En La experiencia mística y los estados de conciencia (White, 1980), se recopila en un solo volumen los ensayos más importantes que se han escrito sobre el tema general de los estados superiores de conciencia. Contrastando las opiniones de distintos autores -algunos tan relevantes como Bucke, Huxley, Watts, Wilber o Maslow-, dicha obra intenta encontrar el denominador común de una serie de experiencias que han sido llamadas diferentemente: "conciencia cósmica", "experiencia cumbre", "inconsciente trascendental". Mientras una parte de los autores sitúa el fenómeno de los estados superiores de conciencia dentro de un contexto místico-religioso, otros optan por una descripción en términos psicológicos. La yuxtaposición de estos diversos enfoques configura un diálogo enormemente útil -y de lectura apasionante- sobre el tema eterno de la experiencia trascendental.

Como complemento a dicha obra, se reproduce también a continuación citas extraídas de la Tesis Doctoral de Iker Puente, titulada Complejidad y Psicología Transpersonal: Caos, autoorganización y experiencias cumbre en psicoterapia (Universidad Autónoma de Barcelona, 2014):

El pensamiento occidental, especialmente el cristianismo y la obra de algunos místicos cristianos, ejercen una influencia importante sobre el desarrollo y los planteamientos de la psicología transpersonal, sobre todo en relación a la importancia otorgada y la forma de entender conceptos como la espiritualidad, el misticismo, la unidad, el desapego y la experiencia mística (González, 2005). Especialmente influyentes fueron las obras de algunos místicos cristianos como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Maestro Eckhart, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, los relatos que realizaron de sus experiencias místicas. Durante mucho tiempo, el término empleado en Occidente para referirse a este tipo de experiencias y prácticas era el de contemplación, y solo recientemente se comenzaron a emplear de forma extensa los términos místico y misticismo. Los místicos cristianos generalmente describían el camino hacia el éxtasis o la trascendencia como una escalera que partía de la tierra hasta llegar al cielo, y que el místico tenía que recorrer peldaño a peldaño. Esta escalera tendría tres estadios principales:la vida purgativa, la vida iluminativa y la vida unitiva. La meta del místico es alcanzar la vida unitiva, que se entiende como un estado de perfecta contemplación. La vida purgativa implica la autodisciplina, el aislamiento y el ascetismo; es un estado en el que permanece la visión dualista del mundo, y en el que se concentra la atención en la propia individualidad. En la vida iluminativa se deben concentrar todos los sentimientos y pensamientos en Dios. La vida unitiva es la esencia de todo misticismo; en este estado se produce la aniquilación del yo y la unión con la divinidad, superándose todo dualismo (Rubia, 2003). (pp. 210-211).

Uno de los estudios clásicos sobre el misticismo cristiano fue realizado a principio de siglo por Evelyn Underhyll (1993). Esta autora parte de una perspectiva espiritual-trascendental, ya que considera que la esencia del misticismo es la conciencia directa y la unión última con lo Absoluto, con la Realidad Divina. Asimismo, señala cuatro pruebas de la experiencia mística: 1) el misticismo es práctico, se caracteriza por la experiencia directa y la acción; 2) es una actividad complementaria espiritual y trascendente; 3) la tarea y el método del misticismo es el amor; 4) entraña una experiencia psicológica concreta. (p. 212).

Huxley afirma que la Verdad única y universal de la filosofía perenne se puede hallar en el núcleo de las enseñanzas místicas de las diferentes tradiciones religiosas. Los místicos de las diferentes épocas y culturas pueden trascender los esquemas conceptuales propios de su cultura durante sus experiencias místicas, accediendo a una comprensión directa e intuitiva de la realidad. Por lo tanto, los perennialistas distinguen entre la experiencia mística, que es universal y atemporal, y su interpretación, que estaría determinada por la cultura y el momento histórico. La experiencia mística es siempre la misma, aunque las interpretaciones sean diferentes. (p.217).

Ferrer (2003) resume las características comunes compartidas por las diferentes tradiciones religiosas que señalan los defensores modernos de la filosofía perenne. Los principios fundamentales que se encuentran en el núcleo de la filosofía perenne serían los siguientes (pp.217-218):

1 - El Espíritu es el fundamento primordial ontológico, epistemológico y axiológico del cosmos. El Espíritu, la Conciencia Pura o la Mente Universal es la esencia fundamental de la naturaleza humana y de la totalidad de la realidad.

2 - La realidad es ontológicamente idéntica al Espíritu que la origina. Este espíritu es inmanente y trascendente al mismo tiempo y es, en esencia, idéntico a la consciencia humana más profunda.

3 - Creencia en una cosmología involutiva, que afirma que el universo físico es el resultado de un proceso de emanación, restricción o involución del Espíritu.

4 - Ontología y axiología jerárquicas. Creencia en que la realidad está compuesta por varias capas o niveles de existencia jerárquicamente organizados, idea conocida como la Gran Cadena del Ser. Los niveles superiores de la jerarquía están más próximos al espíritu, y por tanto son más reales y valiosos.

5 - Epistemología jerárquica. Teoría del conocimiento que afirma que el conocimiento de los reinos superiores de la ontología jerárquica es más esencial y revela más sobre la realidad. Por lo tanto, es un conocimiento más valioso y verdadero.

Las ideas y principios de la filosofía perenne influyeron de diversas formas en numerosos psicólogos transpersonales, incluyendo a Stanislav Grof (1988) y Ken Wilber (1996). Pero posteriormente la filosofía perenne ha sido criticada dentro del movimiento transpersonal por diversas razones, entre ellas, por hacer hincapié en las similaridades entre las experiencias místicas y la filosofía de diferentes culturas, pasando por alto y menospreciando las diferencias que se encuentran entre ellas (Ferrer, 2003). (pp. 217-218).

Francisco Rubia, en su libro sobre la experiencia mística desde el campo de la neurobiología afirma: “A pesar de la dificultad que encuentran los místicos para traducir sus experiencias en palabras, lo que se conoce como inefabilidad, tenemos, sin embargo, muchos informes que atestiguan su enorme carga afectiva y su capacidad de transformación de la conducta posterior de los sujetos de estas experiencias” (Rubia, 2003: 125). (p.340).


Bbibliografía:

Ferrer, Jorge. Espiritualidad creativa: una visión participativa de lo transpersonal. Barcelona: Kairós, 2003.

González, Ana María. Colisión de paradigmas. Barcelona: Kairós, 2005.

Grof, Stanislav. Psicología Transpersonal: nacimiento, muerte y trascendencia en psicoterapia. Barcelona: Kairós, 1988.

Rubia, Francisco. La conexión divina. La experiencia mística y la neurobiología. Barcelona: Crítica, 2003.

Underhyll, Evelyn. Mysticism: the nature and development of spiritual consciousness. Oxford: Oneworld, 1993.

White, John. La experiencia mística y los estados de la conciencia. Barcelona: Kairós, 1980.

Wilber, Ken. El proyecto Atman. Barcelona: Kairós, 1996.



LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL COMO ALTERNATIVA AL CAOS PENSATIVO DE OCCIDENTE

Publicado 16/11/2016 20:42:08  | 4 - LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL


La filosofía transpersonal como alternativa al caos pensativo de Occidente

Este artículo está reproducido en el capítulo 14 de la tercera parte de la obra FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

El peregrinaje de la razón a través de la historia del pensamiento, propició los senderos divergentes entre la sociología (racionalismo pragmático) y la psicología (racionalismo espiritual) . El reduccionismo psicológico en alianza con la filosofía materialista, serían los encargados de dar cuenta de esa “realidad” de ahí fuera, desplazando así de un modo histórico y psicológico a la filosofía perenne (2), hasta que el movimiento peyorativamente llamado misticismo cuántico recuperó esa ancestral sabiduría como un sendero de sanación trascendental para los males de Occidente. Imperceptiblemente para muchos, se está produciendo una trascendencia holística desde la razón al espíritu a modo de un segundo renacimiento humanístico .

La visión espiritual inherente al ser humano precisa de un giro participativo (Ferrer y Sherman, 2011) a la espiritualidad, el misticismo y el estudio de las religiones, cuestiones que pertenecen propiamente a la metafísica. En filosofía, la metafísica estudia los aspectos de la realidad que son inaccesibles a la investigación científica. Según Kant, una afirmación es metafísica cuando afirma algo sustancial o relevante sobre un asunto (“cuando emite un juicio sintético sobre un asunto”) que por principio escapa a toda posibilidad de ser experimentado sensiblemente por el ser humano. Algunos filósofos han sostenido que el ser humano tiene una predisposición natural hacia la metafísica. Kant la calificó de “necesidad inevitable”. Arthur Schopenhauer incluso definió al ser humano como “animal metafísico”. ¿No es la metafísica el modo de saber trascendental?

Los pensadores transpersonales tienen una característica pensativa en común: poseen un racionalismo espiritual que propugna la trascendencia de la dualidad (entre sujeto y objeto) hacía la no-dualidad (misticismo contemplativo) . Sin embargo, ese modo de saber trascendental ha sido injustamente tildado como “misticismo cuántico” por el materialismo científico y debería ser referido como filosofía transpersonal (1) (Martos, 2015a), un incipiente paradigma de pensamiento sin el pertinente reconocimiento desde una perspectiva académica e histórica. La historia es siempre cruel con los genuinos pensadores que piensan más allá del pensamiento dominante establecido (Gregori, 2000). Descartes (1999) camufló sus reglas del pensamiento como “Discurso” en vez de “Tratado” para escapar así de una posible condena eclesiástica como había ocurrido poco tiempo antes con Galileo. También el poder de los burgueses capitalistas fue puesto en entredicho por Marx, cuyo reconocimiento intelectual está siendo evidente en la actualidad (Martos, 2012a). Anacrónicamente, la historia del pensamiento occidental es la historia de un ego (yo) fragmentado y disociado de la colectividad (nosotros), un trastorno epistemológico que necesita de una urgente sanación trascendental , tal como propone de un modo pedagógico La educación cuántica (Martos, 2015b) mediante la filosofía transpersonal.

Ken Wilber (2005) ha logrado estructurar una filosofía transpersonal que aúna la racionalidad del pensamiento occidental con la trascendencia espiritual. A ello hay que sumar la psicología transpersonal (2) surgida como “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista. Existen iniciativas desde el ámbito de la psicología académica para integrar lo “transpersonal” como objeto de estudio serio y científico, como acredita la revista Journal of Transpersonal Research, integrada en la Asociación Transpersonal Europea (EUROTAS) (3) . En el ámbito universitario, es digna de mención la tesis doctoral de Iker Puente titulada Complejidad y psicología transpersonal: Caos y autoorganización en psicoterapia (Universidad Autónoma de Barcelona).

Es evidente que existe por tanto un cambio de paradigma desde la psicología tradicional a la psicología transpersonal. Por psicología tradicional hay que entender a aquella forma de acercarse a lo psíquico mediante un reduccionismo materialista que ejerce violencia sobre los fenómenos de la vida anímica: nociones como “yo”, “alma”, “vivencia”, “voluntad”, “conciencia” son eliminadas cuando no modificadas por la psicología científica. Sin embargo, desde una cronología histórica, frente a la psicología tradicional se yergue la psicología transpersonal como “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista, la cual contribuye a sellar la brecha epistemológica entre ciencia y espiritualidad (Martos, 2012b, 66): “Holística y epistemológicamente, la filosofía transpersonal y la psicología transpersonal están jugando un papel paradigmático en la trascendencia de la racionalidad hacia la espiritualidad, contribuyendo inherentemente a la incubación del futuro paradigma: el racionalismo espiritual”.

No solo hay una crisis epistemológica en la filosofía materialista, también se tambalean los dogmas religiosos sustentados en la fe ciega y sin atisbo de racionalidad. La filosofía transpersonal cuestiona los conocimientos transmitidos dogmáticamente por las religiones y, en su lugar, reivindica una incursión de la ciencia en la genuina espiritualidad, hasta ahora respectivamente en manos de los poderes fácticos y de las religiones. El “misticismo cuántico” es un término peyorativo que debe ser reconsiderado como filosofía transpersonal (Martos, 2015a), y cuyo activismo científico ha devenido en un activismo cuántico (Martos, 2015c) desde el surgimiento de la mecánica cuántica.


NOTAS:

(1) La filosofía transpersonal es una disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia así como los estudios de la conciencia. El filósofo Ken Wilber es un emblemático representante del movimiento transpersonal que surge del encuentro entre la psicología occidental (en particular de las escuelas psicoanalíticas, junguiana, humanista y existencial) y las tradiciones contemplativas de Oriente (en especial el budismo zen, el taoísmo y el hinduismo).

(2) Según el psicólogo transpersonal Iker Puente (2011, 18):

"La idea de una filosofía perenne aparece a lo largo de toda la filosofía occidental, y ha ido tomando diversas formas a lo largo de su historia. El término philosophia perennis fue empleado por primera vez por Agustino Steuco en 1540 en su libro De perenni philosophia, un tratado de filosofía cristiana en el que defendía la existencia de un núcleo común en la filosofía de toda la humanidad que se mantiene idéntico a través del curso de la historia. (…) Esta unidad en el conocimiento humano deriva, según los partidarios de la filosofía perenne, de la existencia de una realidad última que puede ser aprehendida por el intelecto en determinadas condiciones especiales".

Dicha dimensión espiritual y trascendente de la naturaleza humana y de la existencia, en el ámbito de la psicología, tiene su correlato con el surgimiento de la psicología transpersonal como “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista. Según Iker Puente (2011, 24):

"La psicología transpersonal nació a finales de los años sesenta en los EE.UU. a raíz del interés de un grupo de psicólogos, psiquiatras y psicoterapeutas (entre los que se encontraba Anthony Sutich y Abraham Maslow, fundadores de la psicología humanista, y el psiquiatra Stanislav Grof) en expandir el marco de la psicología humanista más allá de su centro de atención sobre el yo individual, interesándose por el estudio de la dimensión espiritual y trascendente de la naturaleza humana y de la existencia. Sus fundadores pretendían realizar una integración de las tradiciones místicas occidentales y orientales con la psicología humanista. La orientación transpersonal surge, pues, del encuentro entre la psicología occidental (en particular de las escuelas psicoanalíticas junguiana, humanista y existencial) y las tradiciones contemplativas de Oriente (en especial el budismo zen, el taoísmo y el hinduismo)".

(3) EUROTAS es la única asociación Transpersonal de ámbito Europeo, y su origen se remonta al año 1984. Se funda durante la Primera Conferencia Europea Transpersonal celebrada en Bruselas, organizada por la asociación Transpersonal de Bélgica, y liderada por un grupo variado de profesionales, tanto del ámbito de la salud, como de la ciencia y la espiritualidad.Con el objetivo de difundir, debatir e investigar el fenómeno Transpersonal en todas sus facetas, EUROTAS incluye entre sus miembros a las diferentes asociaciones Transpersonales europeas, y también a personas a título individual. Como garantía de rigor profesional, se ha creado una certificación Europea de psicoterapia Transpersonal, así como una certificación de formación homologada para centros e institutos. Hoy en día, cuenta con miembros de 25 países diferentes, funcionando como una red profesional de comunicación e investigación. Anualmente se organiza una conferencia a nivel internacional en uno de estos países, coordinada por la Asociación Transpersonal representante del mismo. El año 2008 l’ Associació Catalana Transpersonal tuvo el honor de coordinar la X Conferencia Europea Transpersonalque tuvo lugar en Barcelona. EUROTAS combina el rigor científico y espiritual con las oportunidades de cooperación, beneficio mutuo, intercambio y amistad.


BIBLIOGRAFÍA:

Descartes, René (1999), Discurso del método,Ediciones escolares, Madrid.

Ferrer, Jorge y Sherman, Jacob, (2011), El giro participativo, Kairós, Barcelona.

Gregori, Javier (2000), ¡Esto es imposible!: científicos visionarios a quienes nadie creyó, pero que cambiaron el mundo, Aguilar, Madrid.

Martos, Amador (2012a), Capitalismo y conciencia, Bubok, Madrid.

Martos, A. (2012b), “La evolución de la conciencia desde un análisis político, social y filosófico transpersonal”. En: Journal of Transpersonal Research, Nº 4 (1), 47-68.

Martos, Amador (2015a), “Filosofía transpersonal”, en: Martos, La educación cuántica (pp.67-75), Corona Borealis, Málaga.

Martos, Amador (2015b), La educación cuántica, Corona Borealis, Málaga.

Martos, Amador (2015c), “El activismo cuántico”, en: Martos, La educación cuántica (pp.254-261), Corona Borealis, Málaga.

Puente, I. (2011). “Filosofía oriental y ciencias cognitivas: una introducción”. En: Enrahonar. Quaderns de Filosofia, Nº 47, 15 a 37. Universidad Autónoma de Barcelona, España.

Wilber, Ken (2005), Sexo, Ecología, Espiritualidad,Gaia Ediciones, Madrid.



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"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


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