LA IMPLANTACIÓN DEL MICROCHIP COMO PASO PREVIO AL TRANSHUMANISMO

Publicado 18/07/2018 22:41:15  | 9 - MANIPULACIÓN ECONÓMICA, SOCIAL Y POLÍTICA


MICRO

Este artículo es una reproducción de la nota 49 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA.

Extracto de la página 73:

El “sesgo moral” está creciendo exponencialmente en aras de un empoderamiento de la conciencia colectiva, pues el conocimiento sin moralidad es la causa del derrumbamiento de la actual civilización. Si damos alas al “sesgo científico” sin un control moral por parte de los ciudadanos, estaremos a un paso de la implantación subcutánea de un microchip como paso previo al transhumanismo y, ello, para un mayor y mejor control por parte de los poderes fácticos (1) . El “sesgo científico” ya está siendo utilizado para el control de Internet, es decir, de nuestras comunicaciones y pensamientos como lo demuestra el reciente espionaje mundial realizado para la NSA estadounidense. Así, la información se ha convertido en un tráfico de influencia para los intereses plutocráticos (Serrano, 2010). Definitivamente, el “sesgo científico” (saber) y el “sesgo moral” (libertad) son indisociables, como dos caras de la misma moneda.

Nota: .

El uso de los microchips subcutáneos para varios fines totalmente necesarios está siendo visto como la única y más viable alternativa para enfrentar muchos problemas, como por ejemplo en los enfermos de Alzheimer o en el seguimiento de personas secuestradas. Sin embargo, al margen de estas loables intenciones, el surgimiento del terrorismo sirve de perfecto pretexto para que algunos estados totalitaristas, en especial los Estados Unidos, socaven la privacidad personal, una cuestión que algunos interpretan como “El sello de la bestia” tal como está descrito en la Biblia: “Y la bestia hace que a todos, a pequeños y a grandes, a ricos y a pobres, a libres y a esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar ni vender, sino el que tenga la marca, es decir, el nombre de la bestia”. (Apocalipsis 13:16-17). Otras personas interpretan ello como la consumación de un estado totalitario como en su día fue descrito en la obras Un mundo feliz de Aldous Huxley, o 1984 de George Orwell.

Dicha tesis de socavar la privacidad personal a manos de un estado totalitario no es una entelequia pues, según La Organización de las Naciones Unidas, para el año 2030, cada habitante del planeta Tierra poseerá un chip de identificación biométrica, el cual, tendrá validez en todas las naciones y será la única identificación que necesitará una persona. Asimismo, las personas que no formen parte del sistema, podrían enfrentar sanciones. Siguiendo esta línea, la ONU ya ha comenzado a trabajar en este proyecto, con los refugiados que llegan a Europa. La organización recolecta sus huellas, detalles biométricos, detalles de su rostro e iris, todos estos datos son enviados a una central. De resultar eficiente, se espera aplicar esta tecnología a escala global. En esta misma instancia, es posible que aquellos que no estén adheridos al nuevo sistema, se les niegue la posibilidad de acceder al empleo, ayuda legal o incluso, puede que se les limite el acceso a servicios de salud. Finalmente, si es cierto que todo esto es un plan para controlarnos, ¿accederías a formar parte?, ¿o te negarías incluso sabiendo los riesgos que conlleva?

A algunos les puede parecer una pesadilla orwelliana, pero en Suecia es una realidad. Miles de suecos ya tienen implantados microchips en sus cuerpos para no tener que llevar consigo tarjetas o billetes de tren. Unas 3.000 personas en Suecia se han insertado bajo la piel un microchip, que es tan pequeño como un grano de arroz, en los últimos tres años. La tecnología fue utilizada por primera vez en el país en 2015, pero los implantes ya han ayudado a reemplazar una gran cantidad de necesidades diarias. De la implantación del microchip al transhumanismo, solo hay un paso.

En la obra Evolucionarios, el potencial espiritual de la idea más importante de la ciencia, Carter Phipps (2013) dedica un capítulo al transhumanismo como un punto de inflexión exponencial, del cual voy a reproducir una sinopsis.

El término “transhumanismo” fue acuñado en 1957 por el evolucionista Julian Huxley bajo unas convicciones profundamente humanistas que aboga por una nueva exploración de la naturaleza humana y de sus posibilidades arraigada en nuestra comprensión de la evolución, una nueva aventura evolutiva que, en su opinión, podía ser mejor etiquetada como “transhumanismo”. Sin embargo, la preocupación de los transhumanistas, la mayoría de ellos fundamentalmente materialistas, excluyen los aspectos religiosos. Mediante la inteligencia artificial, la nanotecnología, la biotecnología, la robótica, la esperanza de vida, la genética, los viajes espaciales y la teoría computacional, la ciencia está tratando de crear una emulación del cerebro que, teóricamente al menos, nos permitirá transferir nuestra consciencia desde el cuerpo físico a otros soportes. En dicho sentido, el término “singularidad”, en su acepción más amplia, se refiere a la fusión entre seres humanos y máquinas.

El transhumanismo, a fin de cuentas, significa trascender las arraigadas categorías que nos hacen humanos: manipularemos nuestro código genético, modificaremos nuestras mentes y recuerdos con minúsculos nanoordenadores, expandiremos nuestro equipamiento sensorial, prolongaremos espectacularmente nuestra vida y acabaremos, según algunos, trascendiendo el cuerpo biológico, por no mencionar la creación de la vida e inteligencia artificial que puede superar o hasta suplantar la nuestra. No es de extrañar que los transhumanistas hayan sido acusados de pecar de un utopismo ingenuo y hasta peligroso y de que juegan a ser dioses careciendo de sabiduría y el conocimiento necesario. Solo una nueva visión del mundo podrá satisfacer las necesidades espirituales, morales y filosóficas que nos impondrá un mundo post-singular…siempre y cuando ese movimiento cultural haga acto de presencia.

Concluye Carter Phipps que, la humanidad, está jugando a ser Dios y será mejor que aprenda a hacerlo bien. Sospecha que dicho aprendizaje pasa por una comprensión mucho más profunda de la evolución de la cultura humana, de los valores humanos y, en última instancia, de la consciencia humana. Si el movimiento transhumanista tiene un talón de Aquiles, dice Phipps, se trata de la tendencia a simplificar la naturaleza de la consciencia y de la mente y a confundirla con la complejidad de la información.


Bibliografía:

Phipps, Carter. Evolucionarios. El potencial espiritual de la idea más importante de la ciencia. Barcelona: Kairós, 2013.

Serrano, Pascual. Traficantes de información. La historia de los grupos de comunicación españoles. Madrid: Foca, 2010.


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"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


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