POLÍTICA INTEGRAL DE KEN WILBER: HACIA UNA EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

Publicado 08/01/2019 20:25:44  | LA EDUCACIÓN TRANSRACIONAL


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niveles de conciencia

Este artículo ha sido publicado en la Revista Esfinge con ocasión del número especial dedicado a Ken Wilber.

En estos tiempos de desencanto con las ideologías políticas, tanto de izquierdas como de derechas, son necesarias políticas nuevas que trasciendan a las ideologías precedentes. La Política Integral de Ken Wilber es una alternativa política verdadera. Para hablar de “política” y de “integración”, es necesario conocer el pensamiento de Wilber desde su visión integral, así como su certera interpretación del fracaso epistemológico del pensamiento occidental, para luego conocer su propuesta resolutiva como intuición moral básica con la posibilidad de ser impartida mediante una educación transracional.

La visión integral

Ken Wilber presenta un mapa comprehensivo del Kosmos (1) y su desarrollo (véase especialmente sus obras Una Teoría de Todo; Sexo, Ecología, Espiritualidad y Breve historia de todas las cosas), prestándose dicha cosmovisión para un mapeo de los sistemas de creencia política. Wilber sostiene que todos los sistemas son simultáneamente tanto totalidades como partes. Siguiendo a Arthur Koestler, les llama un holón. Esto quiere decir que, cualquier sistema que podríamos mirar, sea un individuo, un átomo, una sociedad o un sistema de creencias, es simultáneamente algo que es parte de un todo mayor, incrustado en un contexto mayor y, al mismo tiempo, una unidad relativamente independiente. Más aún, cualquier holón dado tiene tanto un interior y un exterior. Pero un holón puede examinarse asimismo como una unidad individual apartada y también en su contexto colectivo. Wilber organiza conceptualmente los holones, por ejemplo, como en la Gran Cadena del Ser: materia-vida-mente-alma-Espíritu y, correlativamente, física-biología-psicología-teología-misticismo. La clave para entender este mapa es que, cada holón, puede trascenderse a sí mismo y, por consiguiente, introducir niveles o contextos más profundos.

Ken Wilber sostiene que todo fenómeno humano consta de cuatro facetas y no puede ser íntegramente comprendido si no se abordan las cuatro. El fundamento de estas cuatro vertientes de la realidad tiene que ver con los aspectos exterior e interior y sus formas individuales y colectivas. Los cuatro aspectos que se deberían estudiar para comprender todas las cosas serían, entonces, lo interior-individual (yo), lo exterior-individual (ello), lo interior-colectivo (nosotros cultural) y lo exterior-colectivo (nosotros social, ello):

Lo interior-individual: Es la experimentación del pensamiento en sí, con los símbolos, significados e imágenes mentales relativas. Este cuadrante trata de la verdad subjetiva, de la belleza, del arte. Es el cuadrante del mundo intencional. Su lenguaje es en primera persona del singular (yo), y su criterio de validez es la veracidad.

Lo exterior-individual: Mientras se vivencia el pensamiento están ocurriendo una serie de cambios en el cerebro como secreción de dopamina, de acetilcolina, conexiones neuronales, impulsos nerviosos, etc. Dichos hechos pueden ser empíricamente observables desde el exterior, utilizando el equipamiento tecnológico apropiado. Este cuadrante trata de la verdad objetiva de la ciencia. Es el cuadrante del mundo del comportamiento. Su lenguaje es en tercera persona (ello), y su criterio de validez es la precisión de la descripción: coincide lo observado con lo expresado.

Lo interior-colectivo: Ahora bien, los pensamientos que circulan por la mente tienen un sustrato cultural; en efecto, el pensamiento se realiza a partir de una serie de símbolos y significados sometido al proceso de culturización. Es el cuadrante de la verdad intersubjetiva, de la moral y la religión. Su lenguaje es en primera persona del plural (nosotros), y su criterio de validez consiste en la rectitud.

Lo exterior-colectivo: A su vez, la cultura también tiene sus componentes sociales (del mismo modo que el pensamiento interior tiene sus correlatos cerebrales exteriores): “Estos componentes sociales concretos son las modalidades tecnológicas, las fuerzas de producción (hortícola, agraria, industrial, etc.), las instituciones concretas, los códigos y pautas escritas, las ubicaciones geopolíticas (aldeas, poblados, estados, etcétera)” (Wilber, 2005b, 120). Es el cuadrante de la verdad inter-objetiva efectiva y de las ciencias sistémicas. Su lenguaje es también en tercera persona (ello), y su criterio de validez consiste en el ajuste funcional o efectividad.

La tercera Vía

Wilber señala que estos cuatro cuadrantes evolucionan conjunta y simultáneamente, ya que cualquier cambio en un cuadrante producirá cambios en los demás. Según Wilber, la política está representada en el cuadrante de lo “exterior-colectivo”, aunque no exclusivamente, dada la correlación existente entre los cuatro cuadrantes. Este modelo de los cuatro cuadrantes es útil a Wilber para interpretar la ideología de los liberales y los conservadores para, después, presentar una “Tercera vía” a través de su modelo. Para explicar las causas del sufrimiento humano, los liberales (o las izquierdas) suelen apelar a la causación externa, es decir, a instituciones sociales objetivas, por ejemplo, que la pobreza es el resultado de injustas fuerzas externas políticas y económicas. Por su parte, los conservadores apelan a una causación subjetiva, es decir, enfatizan el papel del individuo en detrimento de lo colectivo. Por tanto, los liberales apelan a causas de los cuadrantes del lado derecho (exterior individual y colectivo), mientras que los conservadores apelan a causas de los cuadrantes del lado izquierdo (interior individual y colectivo).

Para trascender esa dicotomía entre liberales y conservadores, es necesaria una “Tercera Vía” que integre ambos enfoques, y Wilber plantea dos cuestiones para dicho objetivo de integración:

En primer lugar, la necesidad de reconocer que tanto los cuadrantes exteriores como interiores son igualmente reales e importantes. Es decir, tan importante son los factores internos (valores, significado, moral, el desarrollo de la conciencia, etc.), como los factores externos (las condiciones económicas, el bienestar material, el medio ambiente y el desarrollo tecnológico).

Y, en segundo lugar, que es necesario reconocer y entender que existen estadios en el desarrollo subjetivo, es decir, que existe un proceso de evolución de la conciencia: Y nos propone su modelo conocido como espiral dinámica, el cual tiene 8 niveles:

1) Beige: nivel de supervivencia básica.
2) Violeta: nivel representado por el pensamiento mágico-animista.
3) Rojo: nivel de los dioses del poder y fundamento de los imperios feudales.
4) Azul: conformista, nivel representado por la ley y el orden, de jerarquías sociales rígidas, principios absolutistas y la mentalidad de rebaño.
5) Naranja: logro científico. Nivel dominado por el pensamiento científico y orientado hacia objetivos y beneficios materiales. Se empieza a buscar la verdad y el significado en términos individuales. Fundamento del materialismo y el liberalismo.
6) Verde: ego sensible. Nivel centrado en la relación entre los seres humanos, la comunidad, las redes y la sensibilidad ecológica. Relativismo pluralista, pensamiento igualitario, anti jerárquico, multiculturalista y que relativiza los valores. Fundamento de la ecología profunda, el postmodernismo, los derechos humanos y la teología de la liberación.
7) Amarillo: integrador. Nivel en el que las diferencias y pluralidades se integran de forma interdependiente. Va más allá del igualitarismo y del relativismo, apareciendo niveles naturales de excelencia.
8) Turquesa: holístico. Sistema holístico universal, donde múltiples niveles se entretejen en un sistema consciente. Se producen unificaciones entre diferentes niveles. El pensamiento turquesa es, además, consciente de todos los niveles de la espiral y de las interacciones existentes entre ellos (2) .

Wilber integra esta teoría en su modelo para interpretar la evolución del pensamiento político y las diferentes formas de gobierno, así como para analizar los diferentes conflictos políticos que se producen en el mundo actualmente y proporcionar una posible solución. Señala que los conflictos políticos actuales se encontrarían en el choque entre el nivel o meme azul y el naranja. Es decir, entre las diversas formas de fundamentalismos políticos y religiosos presentes en el mundo, y el pensamiento liberal, individualista y materialista propio del meme naranja.

La Tercera Vía consiste, pues, en integrar y trascender los diferentes niveles. El modelo de Wilber es para transcender e incluir a las ideologías liberales y conservadoras.

Ahora veamos el origen de los cuatro cuadrantes propuestos por Wilber. Corresponden a las formas clásicas de conceptualizar el mundo en la filosofía occidental. Desde la filosofía griega con Platón, y especialmente desde Immanuel Kant, el reino de la filosofía ha estado dividido en lo verdadero (la verdad objetiva), el bien (la verdad moral), y lo bello (la verdad estética). Y el desastre fundamental de la sociedad moderna ha consistido en separar estas tres esferas unas de otras, lo cual ha abocado al fracaso epistemológico de Occidente.

El fracaso epistemológico de Occidente

El pensamiento occidental se ha caracterizado por la constante universal de abordar el problema del hombre desde el dualismo: materia y espíritu, cuerpo y alma, cerebro y mente. Las teorías dualistas acerca de los principios de la realidad humana se inspiraron en el pensamiento griego platónico-aristotélico, después asumido por las escuelas escolásticas. Toda la historia de la filosofía occidental está transitada por la inquietud de encontrar la solución al problema del conocimiento, en definitiva, intentar dar una explicación coherente de la conciencia.

Kant (2005,2006,2008), mediante sus Tres críticas, Crítica de la razón pura; Crítica del juicio y Crítica de la razón práctica, produjo la diferenciación de las tres grandes categorías platónicas: la Bondad (la moral, el “nosotros”-cultura-), la Verdad (objetiva, propia del “ello”-ciencia-) y la Belleza (la dimensión estética percibida por cada “yo”-arte). El resultado tras la diferenciación fue concluyente: “Dios en cualquiera de sus formas fue declarado muerto, solo la naturaleza estaba viva. La razón, en reacción al mito, eligió así mirar casi exclusivamente hacia abajo, y en esa mirada fulminante nació el mundo occidental moderno” (Wilber, 2005a, 466). La mala noticia, por el contrario, es que la postmodernidad no ha logrado la integración respectivamente de la cultura, la naturaleza y la conciencia, y este sería el gran fracaso epistemológico de Occidente.

En efecto, la diferenciación de esas tres esferas kantianas (la moral, la ciencia y la dimensión estética) adquirieron vida propia por separado en vez de estar subordinadas a la religión, como fue el caso en la Edad Media o antes, cuando la Iglesia determinaba lo que era verdadero, correcto y bello. El fracaso epistemológico de Occidente y de la postmodernidad, por tanto, es no haber logrado la integración del “yo” (arte), el “nosotros” (moral) y el “ello” (ciencia). Esta es una de las conclusiones de la obra de Wilber Breve historia de todas las cosas.

Los ascendentes y los descendentes

Wilber considera que Occidente ha olvidado completamente las dimensiones espirituales, propiciando la aparición de un “mundo chato”. Mundo dominado por los ascendentes (la religión) y los descendentes (el materialismo científico), que han llevado al colapso de la modernidad.

Explica la génesis de dicho problema occidental: “Todo comenzó a cambiar radicalmente con el Renacimiento y la emergencia de la modernidad, un cambio que alcanzaría su punto culminante con la Ilustración y la Edad de la Razón y que bien podríamos resumir diciendo que los ascendentes fueron reemplazados por los descendentes.” (Wilber, 2005b, 339). La lucha entre los ascendentes y los descendentes es la batalla arquetípica que tiene lugar en el mismo corazón de la tradición occidental:

“El camino ascendente es el camino puramente trascendental y ultramundano. Se trata de un camino puritano, ascético y yóguico, un camino que suele despreciar -e incluso negar- el cuerpo, los sentidos, la sexualidad, la Tierra y la carne. Este camino busca la salvación en un reino que no es de este mundo (…) El camino ascendente glorifica la unidad, no la multiplicidad; la vacuidad, no la forma; los cielos, no la tierra. El camino descendente, por su parte, afirma exactamente lo contrario. Este es un camino esencialmente intramundano, un camino que no glorifica la unidad sino la multiplicidad. El camino descendente enaltece la Tierra, el cuerpo, los sentidos e incluso la sexualidad. Un camino que llega incluso a identificar el espíritu con el mundo sensorial (…) Se trata de un camino puramente inmanente que rechaza la trascendencia”. (Wilber, 2005b, 30).

Pero no es en la lucha sino en la unión entre los ascendentes y los descendentes donde podremos encontrar armonía, porque solo podremos salvarnos, por así decirlo, cuando ambas facciones se reconcilien. Wilber relaciona dicha integración entre lo ascendente y lo descendente con la unión entre la sabiduría (Droit, 2011) y la compasión. (Hüther, 2015). En efecto, tanto en Oriente como en Occidente, el camino de ascenso desde los muchos hasta el Uno es el camino de la sabiduría, porque la sabiduría ve que detrás de todas las formas y la diversidad de los fenómenos descansa el Uno, el Bien.

El camino de descenso, por su parte, es el camino de la compasión, porque el Uno se manifiesta realmente como los muchos y, en consecuencia, todas las formas deben ser tratadas con el mismo respeto y compasión. Y la unión entre esas dos corrientes, entre la sabiduría y la compasión, constituye el fin y el sustrato de toda auténtica espiritualidad. Esta es precisamente la visión no dual, la unión entre el Flujo y el Reflujo de Plotino, entre Dios y la Divinidad, entre la Vacuidad y la Forma, entre la sabiduría y la compasión, entre lo ascendente y lo descendente.

La intuición moral básica

La anterior contienda entre los ascendentes (religión) y los descendentes (materialismo científico) puede trascenderse según Wilber mediante una intuición moral básica: una auténtica intuición espiritual que debe ser aprehendida con el deseo de expandir la profundidad del “yo” a la amplitud del “nosotros” y al estado objetivo de cosas del propio “ello”. Esto se consigue mediante la asunción de los correspondientes derechos y responsabilidades, para orientar así éticamente los actos, pensamientos y sentimientos. La integración de la conciencia (yo), la ciencia (ello) y la moral (nosotros) -las tres esferas del saber diferenciadas por Kant en sus Tres críticas- aprehendida como una intuición moral básica, puede ser postulada, entonces, como una ética epistémica en toda regla.

Vivimos pues en una época para repensar la relación entre la racionalidad y la espiritualidad, una tarea que subyace en toda la obra de Wilber. Así se convierte en un embajador emblemático de la filosofía transpersonal, ignorada desde el punto de vista académico. El término transpersonal no es todavía de dominio popular y menos aún su asunción académica para educar a las generaciones futuras. Sin embargo, si la humanidad ha evolucionado de lo mítico a lo racional, ¿hacia dónde evoluciona ahora? (Phipps, 2013), Wilber nos da la respuesta: “Aquí estamos, en la racionalidad, situados en el filo de la percepción transracional”.

Una política integral mediante una educación transracional

Según Wilber, cuantos más niveles de desarrollo tenga una determinada cultura, mayor es su probabilidad de que las cosas vayan mal. Cuanta mayor es la profundidad de una sociedad, mayores son también las cargas impuestas sobre la educación y transformación de sus ciudadanos. La transformación del mundo implica, pues, un abismo cultural por superar. En efecto, nuestra actual cosmovisión del mundo bajo el influjo de la racionalidad positivista que predomina en El espejismo de la ciencia (Sheldrake, 2013), como adalid de la suprema “verdad”, margina a las humanidades como medio para una interpretación crítica de la realidad actual; como revitalización de la cultura; como reflexión sobre las grandes cuestiones personales y sociales, y como catalizadores de la creatividad (Alvira y Spang, 2006). A pesar de ello, según Wilber, la evolución del Kosmos no se detendrá pues se vislumbra la trascendencia hacia una episteme transracional (Márquez y Díaz, 2011) con proyección en La filosofía educativa en el ámbito universitario (Rodriguez, 2017, 1):

“Se trata de educar más allá del bienestar individual y colectivo propuesto por una sociedad del éxito personal y del consumo, trabajar en función del porvenir de la civilización y la supervivencia de la raza humana y del planeta; ya que una persona consciente de su compromiso existencial puede alcanzar grandes logros e impactar en el bienestar de los demás gracias a un humanismo trascendental y verdadero. Por eso la educación universitaria debe considerarse como el modo formativo humanista para emprender cualquier objetivo elevado, verdaderamente humano, comunitario y social, sea a través del currículo de carácter ético-espiritual de todas las profesiones, o de una formación filosófica en torno a las dimensiones antropológicas existenciales del sentido de la vida desde el compromiso social”.

Consecuentemente, la filosofía transpersonal de Wilber (aunque él se desligó de la psicología transpersonal para proponer su psicología integral) puede ser postulada como un nuevo paradigma de conocimiento (Martos, 2018) y en una asignatura educativa para una educación transracional (Martos, 2017) que implemente la razón con el corazón (Toro, 2014): una educación transracional con una misión eminentemente espiritual sustentada en la intuición moral básica de Wilber. En dicho sentido, la meditación es una puerta de acceso a dicha realidad superior y puede provocar considerables cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés (Lazar, 2011). Es decir, que algo considerado espiritual, nos transforma físicamente y puede mejorar nuestro bienestar y nuestra salud (Martos, 2018, 345):

La meditación, aplicada prácticamente en los centros escolares, tiene espectaculares resultados: estimula la creatividad de los niños, ayuda en el desarrollo de la inteligencia emocional, reduce la violencia conocida como bullying, mejora los procesos de aprendizaje, aminora la sobre estimulación propia de la era de Internet y mejora la convivencia escolar. La meditación se convierte así en un medio para la sanación trascendental del ser humano desde la infancia. Como aseveró el matemático griego Pitágoras, “educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”.

Una educación transracional fundamentada en la filosofía transpersonal propuesta por Wilber se convierte, consecuentemente, en una renovada pedagogía para la trascendencia espiritual mediante la meditación, entre otras prácticas que deberíamos rescatar. Postula un revisionismo psicológico que incorpore a la espiritualidad con la misión de transcender la brecha epistemológica entre la racionalidad y la espiritualidad también a nivel social y cultural: La educación espiritual de los niños (Monserrat, 2014) es un imperativo para instaurar en el futuro una Vida espiritual en una sociedad digital (Torralba, 2012); consecuentemente, Espiritualidad y educación social (Benavent, 2013) es un binomio inseparable para trascender La sociedad de la ignorancia (Mayos et al., 2011) y, por antonomasia, es El desafío ético de la educación (Gracia, 2018).

El gran mérito de Ken Wilber es haber estructurado una visión integral (cuatro cuadrantes), trascendiendo e integrando las filosofías de Platón y Kant. Además, evidencia el fracaso epistemológico del pensamiento occidental al no haber integrado la naturaleza (ello), la conciencia (yo) y la cultura (nosotros). También nos provee la solución mediante su intuición moral básica como auténtica y genuina espiritualidad.

La filosofía transpersonal e integral de Ken Wilber como disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, puede postularse como asignatura educativa para la sanación trascendental del ser humano mediante una educación transracional.

Como apunta Wilber, todo cambio se presenta bajo los cuatro cuadrantes, y por tanto, habrá que comenzar a pulir el diamante en bruto que todos nosotros tenemos en el fondo de nuestro ser (“yo”-interior individual) mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez, un sendero de sabiduría que permitiría la integración de todos “nosotros” en una comprensión mutua (interior colectivo) y, entre todos, cambiar entonces el ajuste funcional de un sistema social (“ello”-exterior colectivo) inmerso en un mundo chato. En definitiva, necesitamos una política integral para transcender la crisis de conciencia en la que está inmersa la filosofía occidental y, así, salvar el abismo cultural de la humanidad.


NOTAS:

(1) Wilber examina el curso del desarrollo evolutivo a través de tres dominios a los que denomina materia (o cosmos), vida (o biosfera) y mente (o noosfera), y todo ello en conjunto es referido como “Kosmos”. Wilber pone especial énfasis en diferenciar cosmos de Kosmos, pues la mayor parte de las cosmologías están contaminadas por el sesgo materialista que los lleva a presuponer que el cosmos físico es la dimensión real y que todo lo demás debe ser explicado con referencia al plano material, siendo un enfoque brutal que arroja a la totalidad del Kosmos contra el muro del reduccionismo. Wilber no quiere hacer cosmología sino Kosmología.

(2) Nota sobre los colores: los colores que se mencionan aquí son de la Dinámica Espiral, que representan los estadios en la línea de valores, y fueron usados por Ken Wilber hace tiempo. Hoy día ha creado una escala de colores que no representan los estados de ninguna línea del desarrollo en particular, sino los diversos niveles de altitud de la conciencia por la que van atravesando las distintas líneas. Así, podríamos hablar de cognición naranja, visión del mundo naranja, moralidad naranja, etc. Estos colores, que representan las distintas altitudes de la conciencia (junto con las visiones del mundo que se tienen cuando el yo está identificado con esa altitud de la conciencia) son, de abajo a arriba: infrarrojo (arcaica); magenta (mágica); rojo (mágica-mítica); ámbar (mítica); naranja (racional); verde (pluralista); esmeralda (holística); turquesa (integral); añil (para-mente); violeta (meta-mente); ultravioleta (sobremente); clara luz (supermente).


BIBLIOGRAFÍA:

Alvira, R. y Spang, K. (2006). Humanidades para el siglo XXI. Navarra, España: Ediciones Universidad de Navarra.

Benavent, E. (2013). Espiritualidad y educación social. Barcelona, España: Universitat Oberta de Catalunya.

Droit, R. (2011). El ideal de la sabiduría. Barcelona, España: Kairós.

Gracia, J. (2018). El desafío ético de la educación. Madrid, España: Dykinson.

Hüther, G. (2015). La evolución del amor. Barcelona, España: Plataforma.

Kant, I. (2005). Crítica de la razón pura. Madrid, España: Taurus.

Kant, I (2006). Crítica del juicio. Barcelona, España: Espasa Libros.

Kant, I. (2008). Crítica de la razón práctica. Buenos Aires, Argentina: Losada.

Lazar, S. (2011). Mindfulness practice leads to increases in regional brain gray matter density. Psychiatry Research: Neuroimaging, Nº 191(1), 36-43. Hospital General de Massachusetts, Harvard Medical School, Boston, EE.UU.

Márquez, A. y Díaz, Z. (2011). La complejidad: hacia una epísteme transracional. Telos, vol.13(1). 11-29. Universidad Privada Dr. Rafael Belloso Chacín Maracaibo, Venezuela.

Martos, A. (2017). Filosofía transpersonal y educación transracional. La síntesis de saberes mediante la intuición espiritual. Tarragona, España: Amazon.

Martos, A. (2018). La educación cuántica. Un nuevo paradigma de conocimiento. Tarragona, España, Amazon.

Mayos, G. et al. (2011). La sociedad de la ignorancia. Barcelona, España: Península.

Monserrat, L. (2014). Espiritualidad natural: La educación espiritual de los niños. Ideas para padres y maestros. Barcelona: Kairós.

Phipps, C. (2013). Evolucionarios. El potencial espiritual de la idea más importante de la ciencia. Barcelona: Kairós.

Rodríguez, M.A. (2017). La filosofía educativa en el ámbito universitario. Universidad de Carabobo, Venezuela.

Sheldrake, R. (2013). El espejismo de la ciencia. Barcelona, España: Kairós.

Torralba, F. (2012). Vida espiritual en una sociedad digital. Lleida, España: Milenio.

Toro, José M. Educar con corazón. Bilbao: Desclee de Brouwer, 2014

Wilber, K. (2005a). Sexo, Ecología, Espiritualidad. Madrid, España: Gaia Ediciones.

Wilber, K.(2005b). Breve historia de todas las cosas. Barcelona, España: Kairós


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"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


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