TESIS DOCTORAL DE NOEMÍ SIVERIO (VENEZUELA) - CAPÍTULO 1: DEVELANDO LA PROBLEMÁTICA

Publicado 03/12/2019 20:21:32  | TESIS DOCTORAL DE NOEMÍ SIVERIO (VENEZUELA)


PENSADOR

Título de la Tesis Doctoral:

PSICOLOGÍA DEL HOMO COMPLEXUS PARA UNA EDUCACIÓN DESDE LA COMPRENSIÓN

Capítulo I: TEMÁTICA DE INTERÉS DOCTORAL - DEVELANDO LA PROBLEMÁTICA


… “un buen terapeuta tiene que ser inmensamente compasivo, porque no son sus técnicas de terapia lo que ayudan a la gente, es su amor…” Osho

En este Capítulo I, consideramos tres aspectos relevantes, a saber: Develando la problemática, senderos de la investigación y justificación de la misma. El primero de los puntos reseñados recoge el planteamiento de la situación problema, donde se hace una crítica a la psicología clásica, fundamentada en la racionalidad, así como también a la educación transmisora de conocimientos, que asume al otro desde la fabricación, alejándose ambas tendencias de la comprensión del ser humano y por ende de su condición de hombre complejo.

Refiriéndonos al segundo aspecto mencionado en líneas precedentes, es decir, los senderos de la investigación, éstos entrañan lo que vendría a ser los propósitos del estudio. Por último, el apartado que alude a la justificación refiere el deber ser, o a lo que aspiramos dibuje una psicología el homo complexus, por un lado, y por el otro la compresión de las personas desde esta ciencia conductual, para así poder hablar de una educación desde y para la compresión, que tome en cuenta la complejidad de las mismas.

Develando la problemática

Desde inicios de la civilización, el asunto psicológico ha fascinado al hombre en su etapa primitiva. Éste desde su pensamiento mítico o fantasmal fue dando explicaciones hasta el arribo de los filósofos de la edad antigua, que fueron en búsqueda por primera vez, de explicaciones racionales a los fenómenos psicológicos como la memoria, la personalidad, la inteligencia.

Es en la Edad Media cuando la religión se apropia de esta disciplina y la integra a su doctrina, pero en la época de la inquisición se retrocede a pensamientos elementales como la brujería o la posesión demoníaca. El avance de las Ciencias Biológicas y la Filosofía, logran concretar, a finales del siglo XIX, a la Psicología como Ciencia. Aunque en estos tiempos, muchos filósofos dudaban darle tal categoría, no obstante, este período de escepticismo fue superado. (León, 2009)

Por su parte, la historia de la Psicología se divide en tres grandes períodos: El animista, que se distingue por el pensar mítico, conduce a buscar la solución de los problemas fuera del propio mundo; dicho lapso es el más largo y del que menos respaldo documental se tiene (Hoyos, 2005). El segundo de los períodos referenciados comienza con los pensadores presocráticos quienes abordan los problemas del conocimiento rechazando en parte las explicaciones míticas y sobrenaturales con pretensión de explicaciones naturales y racionales abiertas a la discusión y a la crítica, es así como los griegos introducen el concepto alma, este adquiere un sentido metafísico con Platón y Aristóteles. Los presocráticos identifican el alma con la consciencia, introducen aditivamente el supuesto determinista, sustentado en el criterio que los fenómenos no obedecen al azar, ni a los dioses, sino a causas naturales determinando su aparición. (ob. cit).

Por su lado Sócrates, estimaba que la filosofía debía girar alrededor de la ética y del método mayéutico, proceso dialógico donde la verdad es puesta en movimiento en el acto de preguntar y responder. Es conocida su sentencia: “conócete a ti mismo”, como punto de partida de todo conocimiento.

En torno al período científico, surge en la época moderna con la aparición de movimientos como el Racionalismo y el Empirismo. Luego a mediados del siglo XIX se inicia el proceso de gestación de la nueva Psicología. Siendo a principios del siglo XX que se intenta estudiar al hombre desde el laboratorio, el precursor de este período científico fue Wundt quien abandona al “alma” como objeto de estudio de la Psicología y, en su lugar introduce el de “consciencia”, su mayor contribución es el empleo de criterios científicos y la fundación del primer instituto de Psicología Experimental en Alemania (García, 1996). Asimismo, se proponen en esta época diversos enfoques orientados bajo criterios científicos. Los principales fueron: Funcionalista, Conductista, Gestaltista, Genético Estructural, Humanista, sin dejar de lado al modelo Psicoanalítico basado en el inconsciente.

En este orden de ideas, puede decirse que la Psicología estudia la conducta y los procesos mentales. Trata de describir y explicar todos los aspectos del pensamiento, de la percepción, sentimientos y acciones humanas. Al ser considerada Ciencia, ella se basa en el método científico para encontrar respuestas. Es por eso, que si es entendida como experimental, se enmarca en la tradición positivista, utiliza un método científico de tipo cuantitativo a través de la contrastación de hipótesis, con variables cuantificables en contextos experimentales, acudiendo además a otras áreas de estudios científicos para ejemplificar mejor sus conceptos (León, 2009).

Las afirmaciones anteriores guían a precisar que la visión mecanicista cartesiana ha tenido influencia en la Psicología, en todas nuestras ciencias, y en la mentalidad general de los occidentales. Sobre el asunto, ese método cartesiano es analítico, consiste en dividir los problemas y pensamientos en cuantas partes sean posibles y luego disponerlos según un orden lógico.

Es importante destacar, que el racionalismo se ha convertido en la característica esencial del pensamiento científico moderno. Propiciando con esto la postura reduccionista, la convicción de que hay que reducir los fenómenos complejos a sus partes constitutivas para lograr entenderlos (Capra, 1992). Mientras tanto, pensar el conjunto de todo lo que existe desde la posibilidad de la fragmentación nos conduce a verlo de forma separada, como si se tratara de objetos cerrados, con autonomía absoluta y sin relaciones entre sí. Percibir el mundo de tal forma, transporta a la ilusión de que ese mundo y los individuos están realmente constituidos de fragmentos aislados, y, esto conducirá a actuar de tal manera que, de hecho, produciremos la verdadera fragmentación presupuesta en nuestra actitud (Bohm, 1992).

De acuerdo con la perspectiva señalada, se torna obvio que la Psicología ha tomado su forma del paradigma Clásico, caracterizándose por poseer una visión impregnada en lo fragmentario, lo mecanicista y por ende concebir a la realidad y al ser humano a partir de esa óptica, acobijándose ésta bajo el paradigma objetivista racionalista.

A este respecto, aquel paradigma desde el cual conocemos, valoramos y actuamos, propio de la modernidad y que sin lugar a dudas hizo avanzar a la Ciencia y a la Tecnología enfatiza en la desagregación de los procesos en sus partes constitutivas privilegiando el análisis y no tanto la síntesis. Siendo de este modo, una enquistada serie de ideas y valoraciones entre las que se pueden citar la visión del universo como un sistema mecánico compuesto de piezas, la del cuerpo humano como una máquina, la de la vida en sociedad como una lucha competitiva por la existencia y la creencia en el progreso material ilimitado, a través del crecimiento económico y tecnológico (ob. cit).

Tales planteamientos, hacen recordar que la Psicología al fundar sus bases epistemológicas en unas premisas positivistas caracterizadas por: la objetividad, la causalidad, el determinismo, la certidumbre, la certeza de la existencia de una única realidad cognoscible y aprehensible, a través de la razón se maneja con una ética identitaria que enfatiza en la identidad, la no contradicción, el tercero excluso, es decir, excluye todo aquello que sea confuso, múltiple, vincular, posicionándose de este modo en lo dicotómico, sustentando la afirmación del ser como absolutamente determinado.

De lo anterior deviene, que se descuida la idea de aceptar la duda pudiéndola combinar perfectamente con la fe, ya que es admisible el que ambas nociones pueden no solo coexistir sino dialogar una con otra. La fe corresponde a nuestros anhelos, necesidades, aspiraciones. Siendo probable que estemos destinados a ser seres que se alimentan tanto de una como de la otra. En este sentido se pronuncia (Morin, 2006), afirmando que la vida es una navegación sobre un océano de incertidumbre a través de archipiélagos de certeza, lo que hace pensar que se puede y se debe vivir con incertidumbre. Apoyando esto, nos encontramos con el criterio según el cual, los delirantes dicen siempre que hay que estar loco para no ver lo que ellos ven. Los únicos que tienen certezas son los delirantes, es por ello, que la evidencia es el mayor ardid del pensamiento: "que alguien dude me tranquiliza" (Cyrulnik, 2006 p.26).

Como complemento a lo ya mencionado, las causalidades lineales son abusivas; siendo nosotros quienes las fabricamos para dar al mundo una imagen reductora y por ende, reconfortante. En cuanto tengo una certeza, esta es el mejor de mis calmantes, pero conocemos el efecto de los calmantes, dan sueño y entumecen el pensamiento. Contrariamente una pequeña angustia, un leve debate, la mínima ejecución de una idea permiten crear otra idea, dar a luz y vivir una nueva teoría. (ob.cit).

Ahora bien, si concebimos al mundo y con él a las personas desde una parte de estas, asumiendo que esa parte es el todo, o que el mundo y los seres humanos son una serie discontinua de fragmentos, lo que hagamos, pensemos o digamos dependerá de esa percepción (Capra, 2000). Sobre la base de las ideas expuestas cabría preguntarse: ¿Qué pasa cuando desde la Psicología pensamos al otro desde una sola dimensión?

Al ser las cosas así, resulta claro que estaríamos en presencia de un ser humano mutilado, porque partimos de una concepción precisamente mutilante basada en la predicción, la reducción, el control y la objetividad, elementos constituyentes de esa Ciencia, lo que implica considerar a la persona como un ser aislado. Relacionado a esto, viene a la memoria el pensamiento de Pascal: "no puedo entender el todo si no conozco las partes y no puedo entender las partes si no conozco el todo", resultando esto una invitación a un pensamiento de ida y vuelta.

Se torna evidente que Occidente es efectivamente un fragmentador. Por lo demás, la fragmentación (producción de objetos parciales) es lo que ha valido a éste su poder técnico e intelectual. Ese mundo Occidental ha terminado por pensar y esa es su gran trampa, que se puede separar la parte del todo, cuando la parte es un solo elemento del todo. Categóricamente, es un despropósito haber hecho creer que un objeto científico podría ser coherente cuando es un pedazo de la realidad, recortado artificialmente por el pensamiento, la técnica y el laboratorio. (Cyrulnik, 2006).

Esto acompaña a la idea de que la reducción es un vicio, al esgrimir que para conocer un conjunto basta con definir sus elementos por separado. Desde tal arista, tendremos el dominio pero no el verdadero conocimiento y en absoluto la sabiduría. Atendiendo a lo expuesto, desde el siglo XVII se perfilan dos tipos de pensamiento. El de Descartes (que triunfó): "cuando veo un problema muy complicado, divido sus dificultades en pequeñas partes y cuando las he resuelto todas, he resuelto el todo", y el de Pascal que se enuncia según lo referenciado en líneas que preceden. Desgraciadamente Pascal no fue escuchado, ni siquiera comprendido (Morin, 2006). Por demás está decir que al entrañar el modelo cartesiano la separación del hombre y del animal, y el cuerpo del alma le permitió construir un objeto científico.

Por consiguiente la incidencia que ha tenido el pensamiento científico modernista, y su visión mecanicista, fragmentaria de la realidad y sus procesos, en los más variados campos del discurrir y la acción humana han sido de gran impacto, no escapando de ello la ciencia de la conducta humana, en el ámbito de ésta la perspectiva dominante ha tendido a ver los procesos como si se trataran de situaciones o estados últimos, acabados, sin ninguna relación entre sí. De igual forma, se ha expulsado de este tipo de percepción los valores, y la dimensión social de ellos (Capra, 1992).

Consecuencialmente, esta aprehensión de la realidad que predomina en los paradigmas contemporáneos, y en el caso particular de la Psicología, reduce toda relación dinámica a una mera asociación de causalidad o asociación mecánica, lo que ha llevado a creer que la realidad y los procesos están constituidos por estados y situaciones definitivos, cerrados y no por procesos, relaciones, tramas y redes significativas.

De ahí que la Psicología contemporánea todavía aparece influida por paradigmas racionalistas, los que aceptan que hay una realidad única, igual para todos y existente con independencia del observador (Maturana, 2008). O sea que a la luz de lo anterior esta Ciencia ofrece una escisión sujeto-objeto, fundamentada en esa creencia sobre la existencia de una sola realidad, cimentada adicionalmente en un pensamiento racional, dejando de lado la intuición y las emociones del individuo investigador al pensar que las mismas nos alejan de la verdad. Desestimando así que “la mente intuitiva es un don sagrado y la mente racional un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el don”. (Einstein, en Calaprise, 2014).

No obstante a esto, no se puede hablar del ser humano si no se lo considera como un ser biológico, emocional, cultural, espiritual, psicológico y social. La fantasía, el imaginario o el mito son realidades humanas fundamentales (Morin, 2006). Por eso se hace necesario tener presente que esa persona a la que se refiere la Psicología es racional y a la vez irracional, a título ilustrativo, indicaré las grandes irracionalidades en la que ha caído el hombre de hoy: barbaries, guerras, sicariatos y atentados, así también se pueden referenciar los constantes hechos violentos que amenazan el día a día del pueblo venezolano. Sin embargo, las afirmaciones anteriores tienen su antítesis representada en seres humanos como Mandela, Gandhi o la Hermana Teresa de Calcuta.

Lo que queremos significar es que ambas conductas forman parte de la humanidad, y se hace imperioso no olvidar que la irracionalidad configura al hombre. Hoy en día, tenemos que entender que es racional conocer los límites de la razón. Hay que demostrar una actitud de comprensión hacia los demás, saber que los que quedan atrapados en delirios ideológicos están poseídos, no saben lo que hacen. Esto es algo que el mundo occidental no ha entendido. (Morin, 2006).

Sin embargo, no se trata aquí de presentar una justificación ante los comportamientos que nos parecieran aberrantes, irracionales, sino que consideramos que éstos forman parte de las expresiones del ser humano, lo que nos impele a pensar y reflexionar en ellos, porque de lo contrario los tildamos de patologías, contribuyendo a construir un cerco a la comprensión. Partiendo de esto, se nos hace una invitación a no pasar desapercibido que lo aberrante, lo irracional, la escoria conforman la condición humana. Por lo que se enfatiza en el criterio de no excluir estos aspectos, si queremos tener una concepción del ser más amplia y compleja.

Al igual es preciso valorar la idea que no hay soberanía de lo racional sobre la afectividad sino jerarquías en constante mutación, en donde nuestros instintos más bestiales terminan controlando nuestra inteligencia con tal de realizar sus fines. La razón no controla aquellas pulsiones más profundas, siendo este desequilibrio permanente a la vez, el origen de lo más horrible: asesinatos, destrucción y de lo más bello: invención, creación, poesía, imaginación. Si la racionalidad lo controlara todo no habría inventiva en la especie humana (Mac. Lean, en Morin. 2006).

Para tal efecto, no podemos entregarnos a la esperanza de un reino soberano de pura lógica, no somos ordenadores, aunque éstos vayan adquiriendo cada vez más cualidades nuevas, nunca tendrán experiencias vivas ni sentimientos. Es esto lo que no podemos disociar de nuestra inteligencia .De lo que se deriva que, si traemos a nuestro nivel consciente lo planteado, nos exige repensar la condición humana y ser menos ingenuos, entre tanto, la Educación tendería puentes hacia una Psicología que hiciera de su dominio el comprender más que el explicar la conducta del hombre, para que de esta forma, la primera, sea permeada por tal consideración.

Adicionalmente vale la pena recordar que existen dos caminos para abordar el estudio de la realidad, cualquiera que ella sea. Tomando por ejemplo, el ámbito educativo si se parte de la idea de Universo (realidad univoca), bajo un enfoque Positivista el docente cree tener un acceso privilegiado a la verdad, que puede ser directamente transmitida al estudiante. Por el contrario, al manejar la idea de Multiverso (múltiples realidades), bajo un enfoque Constructivista, el docente no se ve a sí mismo como portador de la verdad y pasará a considerar que el mundo generado por el estudiante es su único mundo posible. En este último caso la tarea del docente será la de ayudar al estudiante a entender su mundo, para de esa manera acercarse y comprender su realidad (Maturana, 2002).

Es significativo acotar que este mismo ejemplo aplica al campo de la Psicología, porque siendo ésta partidaria de la existencia de una realidad objetiva a la que tenemos acceso, coloca al psicólogo en una posición privilegiada: es portador de la verdad ya que considera que esa realidad es transmitida a la persona, tratándose de un profesional objetivo que dice a su vez objetivamente si ella está mal, decidiendo qué es lo que tiene que cambiar (Guidano, 1990). En contrapartida si se tuviera en cuenta la posibilidad de múltiples realidades, el psicólogo ya no es portador de la verdad, pasando así a aceptar que el mundo generado por el sujeto es su único mundo posible, esto lo llevaría a despojarse de la objetividad que lo envuelve, pudiendo así descender de su poderío y, haciendo un acto cognitivo comprender a ese ser humano que tiene enfrente.

Las conclusiones derivadas de lo hasta aquí presentado nos hacen pensar que la Psicología sigue anclada en un ser humano simplificado, compartimentalizado, fragmentado, al concebirlo desde lo tradicional, lo simplista, dando la espalda al pensamiento post moderno, donde no existe la verdad objetiva, sino las verdades de cada quien, de cada caso, de cada momento, de cada ser humano, contrariamente a esto, niega la existencia de una realidad múltiple, intangible, holística, subjetiva, que no diferencia entre sujeto y objeto de conocimiento. Tratándose de una ciencia de la conducta que considera al sujeto conocedor como esencialmente pasivo, concibiendo así a la persona como un ser aislado.

Cabe considerar, que ese Paradigma Científico Clásico del que hemos venido hablando al ser recepcionado por la Psicología lo fue por los modelos educativos, lo que hace ver al estudiante desde el prisma de la reducción y la predictibilidad. De acuerdo a esto nos preguntamos ¿qué sucede con la educación? ¿Por qué la educación sigue reproduciendo paradigmas clásicos, reduccionistas que conlleven a la generación de problemas no resueltos bajo estos referentes? Obviamente, porque esta descansa en ese paradigma psicológico clásico que comprende la simplicidad, la dualidad cartesiana, una noción de realidad como entidad final hecha, acabada, dada, sobre la base del determinismo, la causalidad y la predicción. Todo lo anterior logrado a través de un método que acerca al ser humano a la verdad y objetividad del objeto de conocimiento. Dentro de esta lógica podría estimarse que la Educación consiste en la transmisión de conocimientos, de quienes saben a los que no, de tal forma que éstos se adquieren mediante la absorción de datos e información.

Desde tales apreciaciones el proceso educacional parte de la validación de un conocimiento que hay que transmitir porque está acabado, esto lo facilita el hecho de considerar la dualidad de un sujeto que está fuera del objeto de conocimiento, y si este último es inmutable, regular, se puede a través de los métodos científicos conocer, medir, predecir. Siendo así porque bajo este enfoque la formación del conocimiento, es acabado y hay que entregarlo de esa forma (Maldonado, 1989). Entendiéndose de hecho que el aprendizaje parte de la idea de un sujeto pasivo que recibe ese conocimiento como un recipiente, que memoriza al mismo tiempo, porque éste se encuentra exterior a él (Freire, 2012).

En consecuencia, a partir de las consideraciones precedentes, pensamos que la actividad pedagógica por demás ajena a la comprensión, ve al alumno como un objeto de investigación y manipulación al que hay que observar y cuantificar. Entre tanto, la evaluación del resultado se circunscribe a la entrega de un conocimiento estático que fue adquirido de la misma forma por el docente, haciéndose énfasis en el producto, mas no en el proceso.

Si bien es cierto, estos elementos no estaban errados, constituyen el reflejo de un momento histórico, económico, político y social determinado, que produjeron paradigmas acordes a su movimiento, pero ahora estamos en un contexto diferente y se requiere que la Educación dirija su atención hacia modelos educacionales que apuntalen justo a la post modernidad ya que la misma sigue estando sumergida en los albores de la Modernidad. Esto es, al encontrarnos de cara a un Sistema Educativo aposentado en la transmisión del conocimiento, se asume al ser humano desde una Psicología reduccionista, y a la Educación a partir de los contenidos, viéndonos imposibilitados para tratar con el hombre planetario, resultando claro que remamos en pos de una concepción instrumental de ésta. Pasando por alto que su misión para esta era es fortalecer las condiciones que posibiliten la emergencia de una sociedad-mundo compuesta por ciudadanos protagonistas y críticamente comprometidos en la construcción de una civilización planetaria (Morín y Motta, 2006). Apoyándonos en estas ideas estimamos que frente al paso de la post-modernidad se requiere de una educación que preste atención a la incertidumbre, sustentada en lo complejo y no en lo simple, desestimando la causalidad, evidenciando que no existen conceptos referenciales, ni verdades absolutas, tomando en cuenta a un sujeto que construye sus verdades a partir de sus experiencias, reafirmando de esta forma su ser.

Pudiéndose decir entonces, que el objetivo de la educación en la modernidad ha sido disciplinar la subjetividad para que “no contamine con sus deformaciones la imagen aceptada del mundo” (Najmanovick, 2008 p.39). Se trata de una educación reproductora y a-subjetiva que se lleva a cabo en un espacio que pretende ser neutral e impersonal. Un espacio estructurado que irradia desde el maestro sin permitir interacciones horizontales, en donde cada ser humano debe reproducir copias mecánicas del conocimiento impartido (Ob cit). Ante lo mencionado, la educación post moderna tendrá que hacer espacio para que la potencia creativa de la subjetividad encuentre un ámbito legítimo de expresión en las instituciones educativas, con lo que nos permitiremos comprender al otro.

Por ende, el haber adoptado la docencia una postura racionalista, mecanicista tiene sus consecuencias, porque el maestro reproduce ese mismo modelo en la actualidad, redundando en el comportamiento de la generación actual, ya que al hacer suyo el paradigma clásico queda sin herramientas para enfrentar los problemas que se presentan, encontrándose con las manos atadas, no pudiendo comprender a sus estudiantes y todo a consecuencia del paradigma adosado, y a la visión cientificista que campea en las aulas de clase.

En efecto, el profesor se ha quedado en el tiempo, él va por otro lado, estimándose así que estamos frente a un docente fondeado en el modernismo y la Educación ha afectado tanto a éste como a los alumnos, cuando el sistema educativo les ofrece algo que no tiene asidero, conllevando a que el primero se circunscriba a una práctica entrenada, poniendo a dormir el intelecto.

Resulta de interés añadir que los educadores no procuran movilizarse, porque tal vez no han tenido la oportunidad de ver las cosas diferentes, no se han dado cuenta que educar involucra mucho más que dar un contenido, y que consecuencialmente el lente de la modernidad hace ver el mundo de forma lineal, cambió el mundo y se sigue viendo al mismo con los lentes de la modernidad.

Deduciéndose de las ideas que anteceden que la validación que aún hacen los docentes de la realidad concebida bajo el sentido de un Paradigma Científico-Clásico, les impide entender la profundidad de modelos educacionales complejos, lo que facilitaría un redimensionar de la Educación, al preocuparse más por el ser humano. Desembocando en la observancia de un criterio más amplio que solo podría ser posible al apartarse del pensamiento reduccionista que los constriñe y aprisiona.

En resumidas cuentas se facilitaría un acercamiento hacia la concepción de una realidad como proceso complejo de intercambios, de interdependencias, una trama de vida, que no puede ser aprehendida como si se tratara de un conjunto de partes separadas unas de las otras, solo así podremos emprender la marcha hacia una Educación que deje atrás la simplificación y fragmentación del hombre, enrumbándose hacia formas educativas complejas (Capra, 2000).

Al mismo tiempo, el educador venezolano está encapsulado en el pasado lo que le impide reflexionar asiduamente sobre los problemas de su tiempo, posicionarse en el aquí y el ahora, para de esta manera asumir la obligación exigida por la época post moderna. Dentro de este marco, se insta al docente a desprenderse del criterio del estudiante pasivo y únicamente receptor, entender que ya no puede ser unidimensional o unidisciplinario porque estamos en la era del fin de los programas de estudios cerrados, acumulativos y sistemáticos. Esto se explica porque la post modernidad arrastra consigo una enseñanza distinta a la tradicional, al haber creado estudiantes aptos para desenvolverse en el caos, para anular lo estructurado y aislado, anhelando lo complejo, lo ecléctico, la multiplicidad de realidades y la variabilidad (Slattery, 1995).

Tenemos pues, que existe una robotización del educador que lo aleja de pensar sobre el problema social, educativo, político y psicológico del hombre de hoy. Esta mecanización del trabajo del docente se traduce en su comportamiento reflejado en la entrega de notas, firmar la hoja de asistencia y las comunicaciones, cumplir con los contenidos de un currículo lineal, haciendo a un lado su disposición y apertura al cambio, evitando con esto su acompasar con la revolución científica-técnica que trae consigo una nueva forma de producir y pensar la realidad acorde con los cambios históricos que se vienen sucediendo.

Del mismo modo, vivimos un momento histórico, social inédito y es necesario que el educador lo piense, lo reflexione, dilucidando estrategias para enfrentar la situación actual venezolana. De hecho, el escenario político y social ha venido experimentando cambios vertiginosos que por supuesto tienen repercusión tanto en la educación como en las respuestas educativas que giran alrededor del docente venezolano, quien está llamado por derecho y por deber a propiciar las acciones que le permitan movilizarse y enfrentar el estado en el que se encuentra nuestro país, que como es bien sabido está empapado de violencia, desesperanza, e intolerancia.

Ante esto, el maestro deberá estar presto a rescatar el respeto, la igualdad, la empatía, la solidaridad, la democracia, la tolerancia, la comprensión y la aceptación del otro, aspectos que están en nuestro medio, cubiertos por un velo de incomprensión que los hace imperceptibles a nuestros sentidos. En este caso es necesario tener una idea clara sobre el hecho de que la Educación queda afectada por la realidad de la sociedad que envuelve, teniendo como principal elemento el contexto en el cual se inscribe, constituyendo tarea prioritaria del docente ser el gestor de nuevos roles y funciones de esta dinámica cambiante (Mardones, 1999).

Estas razones conducen a discurrir acerca del hecho que es hora de adoptar líneas de ruptura con lo tradicional, con lo mecanicista, al tener presente que el profesor es arquitecto y ejecutor de ese proceso social, político, e individual de cambio, comprendiendo "que su tarea no se circunscribe a emitir contenidos de verdad, sino aquellos que encaminen la necesidad renovada para ser persona" (Zemelman, 2000 p.72).

Como complemento a lo que se ha tratado a lo largo de esta exposición, es sabido que en nuestro Sistema Educativo no educamos desde la comprensión, obedecemos tal y como quedó expresado, a una Educación programada, que asume al estudiante desde la fabricación. Requiriéndose entonces lo que representaría una revolución copérnica en pedagogía, siendo así una Educación centrada en la relación entre el sujeto y el mundo humano que lo acoge. Permitiendo construirse a sí mismo como “sujeto del mundo”: heredero de una historia en la que sepa qué está en juego, capaz de comprender el presente e inventar el futuro. Esa revolución no trata de fabricar un ser que satisfaga nuestros deseos, sino acogerlo como persona inscrita en una historia capaz de superarla. De aquí se desprende que no se trata de moldearla según mi gusto, pretendiendo obtener lo que nunca pude lograr (Meirieu, 2007).

Advirtiéndose que el aprendizaje es una decisión personal del que aprende, superando de este modo lo que le viene dado, subvirtiendo todas las definiciones en las que el entorno y él mismo tienden a encerrarle. Haciéndose inminente visualizar que la transmisión de saberes y conocimientos no se realiza nunca de manera mecánica, no pudiéndose obtener en forma de una duplicación de idénticos como la que podemos observar en muchas formas de enseñanza, derrumbándose con esto el mito de la Educación como fabricación donde todo educador quiere dar vida a lo que “fabrica”.

Resultando factible que la Educación se enfrenta a un problema: la insensata búsqueda por parte de muchos docentes de “construir un sujeto sumando conocimientos”, generando, una tal vez involuntaria, “fabricación del otro”, lo que indica que estos no son conscientes de su labor y se limitan a la mera transmisión de ciertos conocimientos disciplinares (ob. cit).

En ideas de Meirieu (2007), se afirma que aunque la Educación permite al hombre ser hombre, ésta no se debe convertir en un simple procedimiento técnico de elaboración, que visualiza a la persona como un elemento estático, que no se encuentra en un contexto específico y que no se enmarca en un universo cultural.

Adicionalmente, y como se viene indicando, observamos la presencia de estudiantes post modernos en aulas modernas, y un docente que no ha entendido que no puede demandar de los alumnos pasividad, estaticidad, monotonía y menos solicitar de ellos atención a una clase efectuada a través de textos de estudio o pizarrón, llevada a cabo en una concepción lineal del tiempo, pues ellos, se han desarrollado en una cultura caótica, por tanto, demandan una Educación Compleja.

Para comprender más lo afirmado y para conocer más el tipo de alumno con el cual se relacionan los docentes, el currículo post moderno deberá considerar como elementos ineludibles el caos, la no racionalidad, y zonas de incertidumbre, porque el orden complejo que existe en las salas de clase y en las personas, es el lugar donde el pensamiento crítico, la intuición reflexiva, la resolución de problemas globales y la comprensión florecerá (Slattery, 1995).

Partiendo de los supuestos anteriores, es relevante un cambio de apreciación sobre el hombre y su quehacer en el mundo, obviando tendencias hacia leyes educativas y patrones de comportamientos concretos. Como complemento, la escuela anclada en el pasado por su labor transmisora de conocimiento, es desafiada a la vez por su misión de formar nuevas generaciones. Por lo que debe encuadrarse el horizonte educativo, ajustar la mirada y despertar el entusiasmo de los educadores abrumados por las dificultades cotidianas (Mardones, 1999).

Desde este punto de vista, la escuela no puede limitarse a transmitir saber e información. Urge recuperar su dimensión humanista, resistir la tentación de hacerla cada vez más eficaz y funcional. Tratándose, así de una escuela para la vida y desde la vida. Como se puede observar desde un contexto como el antes explicitado, se perfilan educadores hechos de material complejo, aptos para dar respuestas múltiples y contradictorias, abiertos, dialogantes, acompañantes de los procesos de búsqueda de cada uno de sus estudiantes.

En resumen, podría decirse que el docente está llamado a la tarea de humanizar, de suscitar en el otro lo mejor de él, acompañar a los demás y así acompañarse en la construcción de sí mismo, acortar distancias entre el hombre racional y el irracional, en todo caso, aceptar el aflorar del Homo-Complexus, esto sobre la base de una Psicología que no pierda de vista la complejidad del ser, sólo así podremos hablar de una Educación desde y para la comprensión. Ciertamente, tenemos que educar en el reconocimiento de la dignidad personal del otro en la diferencia. Apreciando igualmente que el hombre post moderno es abierto a las discrepancias, a la pluralidad, a la creatividad. Por lo tanto, no cabe educar para dominar el pensamiento propio de la objetividad científica, ésta es considerada como una enfermedad. En tal sentido (Vattimo, 1993 p.126), afirma “que todo intento de legitimación objetiva se ha revelado ilusoria”

Senderos de la investigación

- Reflexionar sobre una teoría psicológica abierta, multidimensional y compleja, del ser humano que emerge en la actualidad.

- Develar la incomprensión desde sus raíces, modalidades y efectos en el ser humano.

- Repensar la comprensión humana desde la apertura empática y la tolerancia hacia las ideas y formas diferentes.

- Teorizar sobre el ser humano que se configura en la actualidad como posibilidad para una Educación desde la comprensión.

Justificación

La Educación debe asumir que el ser humano no es una idea estática, definitiva sino que se asocia con la dinámica de la vida, con la naturaleza, con el contexto y con el entorno de la misma. Esto hace obligante estimar que la realidad como tal, no es algo que está fuera de él, no estando tampoco excluido del proceso de conocimiento, sino que forma parte de éste y lo constituye, lo forma. Consiguientemente, es necesario una visión amplia de lo educativo, no reducida a los determinismos y a la fragmentación que disuelve al sujeto en sus marcos inamovibles, de lo que se deduce que formar “es trabajar la multiplicidad de la persona” (Zemelman, 2000 p.112).

No obstante, al estar nuestro sistema educativo adherido a una Psicología que legitima la racionalidad, la objetividad y el determinismo entonces estamos viendo a la Educación con los ojos del ayer y no con los ojos de hoy, percibiéndose una falta de pertinencia, de contextualización con lo que tenemos actualmente, debido a que ésta marcha al ritmo del paradigma psicológico dominante todavía en estos tiempos, que no es otro que el Positivista.

Ante todo, necesitamos apreciar al hecho educativo desde el contexto socio-cultural, político y psicológico en el cual estamos inmersos, no dejando pasar por alto que la razón moderna con su defensa de la objetividad, de lo incondicionado ha tiranizado a la vida y con ello a la Educación (Vattimo, 1994). Es por eso que hay que cambiar de rumbo, descubriendo la subjetividad como guía, el sentimiento y no la razón unilateral debe orientar el tiempo nuevo (Corral, 2007).

A partir de estas ideas surge nuestro interés por llevar a cabo la investigación que nos ocupa, porque desde la psicología clásica y por ende desde nuestra educación hemos pasado por alto la complejidad del ser humano, viéndolo solo como sapiens, obviando su componente faber, ludens, mítico, espiritual, tratándose así de una persona cuyos constitutivos son a la vez la racionalidad e irracionalidad, la razón y el sentimiento, lo uno y lo múltiple, es decir, un homo complexus.

Además es importante que nos demos cuenta que estamos viviendo un tiempo que alude a la post modernidad como proceso de descubrimiento que supone un giro de la consciencia, la cual debe adoptar otro modo de percibir, de constituirse, ya no de ser, sino de sentir, de hacer, impregnando todos los órdenes de nuestras vidas y así a la Educación. Solo de esta manera podremos descubrir la dimensión de pluralidad, al permitirnos descubrir la propia inmersión en lo múltiple (Vásquez, 2012). Si nos colocamos de cara a esta perspectiva estaremos reconociendo la complejidad del ser humano, considerando así los factores antagónicos que coexiste en él, contemplando su subjetividad y su forma única de ser persona.

Por otro lado, nuestra época nombrada post moderna, imprime un concepto nuevo a nuestra civilización y por tanto a la Educación, que se traduce en una nueva forma de comprender la realidad, modelada por la inconformidad al orden preestablecido, por lo que consideramos de importancia la experiencia, la creatividad y el disfrute sobre lo que se aprende.

Pero para lograr esto es necesario pararnos frente a una psicología compleja que permita la compresión del otro, así como también requerimos que la educación abra un espacio a esa ciencia conductual, porque desde la tendencia clásica se torna inviable comprender al ser humano.

En este orden de ideas en nuestra justificación no podemos dejar de lado lo inminente que resulta para la acción educativa tener presente que el mundo post moderno ha engendrado estudiantes que desechan el metarelato, lo que no es otra cosa que la justificación de toda la realidad, dotar de sentido a toda ella. El estudiante del que se habla, no cree en un solo relato porque comprende que su existencia se ha vuelto compleja, que cada región existencial de su ser debe estar justificada por un relato propio, por un microrelato, dando así sentido a una parte delimitada de la realidad.

Lo anterior tiene su explicación en el hecho que al deslegitimarse en la post modernidad la racionalidad totalizadora se está en presencia de la muerte de los metarelatos, en donde la razón y su sujeto (como detentador de la unidad y la totalidad) desaparecen. Tratándose de un movimiento de deconstrucción del pensamiento y de las utopías de unidad que dan paso a la construcción social de la realidad (Vásquez, 2012).

Del párrafo anterior deviene que es menester que comprendamos que nuestra era contemporánea se caracteriza por referir a un pensamiento débil, portavoz de la sospecha, se trata de un pensamiento eminentemente crítico, que no tolera ninguna pretensión totalitaria sobre la realidad, al negar la interpretación última y definitiva de ésta. Contraviniéndose esto con el pensamiento fuerte reinante en la modernidad, que se muestra rígido, basado en una verdad objetiva, por lo que desde esa perspectiva es imposible justificar la existencia del ser humano a partir de un relato propio, en otras palabras lo que los pensadores post modernos llaman microrelatos (Vattimo, 1993).

Tales apreciaciones se sintonizan con lo que hemos venido expresando en referencia al criterio de realidad, que resultaría beneficioso asumiera la Psicología y por ende la Educación, al entender que no hay una realidad real, sino representaciones de ella, donde intervienen los imaginarios patológicos y las visiones supuestamente distorsionadas. En otras palabras, ésta no es una, sino la conforman sensaciones, visiones e interpretaciones. Al pararnos frente a estas consideraciones podremos dilucidar que nuestros estudiantes necesitan una Educación que vea con el alma, la mente, el espíritu, con el espacio relacional, psíquico, emocional y complejo que vivimos y que deseamos que ellos vivan (Maturana, 2008).

Un punto de vista interesante es que la Psicología se ha estado abriendo hacia la complejidad, de tal forma que la Educación debe voltear su mirada hacia una Psicología Compleja. Al respecto, se da cuenta de unas teorías psicológicas inspiradas en la post modernidad, lo que es indicativo del cambio que ha operado la época en el discurso psicológico. Dichas teorías están representadas por una Psicología basada en la deconstrucción, una psicoterapia inspirada en la física quántica, y en varias teorías deconstructivas-constructivas entre las que sobre sale el Construccionismo Social, que ha profundizado en el estudio del Self (yo), como constructor de la realidad (Gergen, 1992).

Hacen parte de estas teorías, el paradigma narrativo según el cual los seres humanos son narradores de historias, siendo sus pensamientos imaginativos, su manejo se da mediante la búsqueda de significados teniendo en cuenta que la realidad es compleja, que la interpretación o hermenéutica y la narrativa, son las vías adecuadas para acceder a ella, ya que el papel de la narración en la organización del “sí mismo” es central. (Ruíz, 2003).

Otro pensador influyente en este campo de la Psicología compleja es Maturana, quien desde la Biología señala la distinción en el proceso de conocimiento, el cambio radical de la relación observador-observado. Planteando que “las explicaciones del observador, son explicaciones de la experiencia, y ese es su carácter auto-referencial, interactivo y constructivo, que se reconoce en cada ser humano” (Maturana, 1993).

Sumado a las posturas mencionadas se hace referencia al modelo humanista que considera al hombre en sí como un ser potencialmente libre y creativo, cuyo comportamiento puede depender más de su marco conceptual interior, que de la coacción de impulsos internos o de la presión de fuerzas exteriores (Martínez, 2012).

Con base a este último planteamiento, la epistemología de la Psicología Humanista está orientada a la comprensión del hombre como persona, ofreciendo un modo de pensar sobre éste, que modifica la imagen que tenemos de los seres humanos, liberando a la Ciencia Conductual de las restricciones con las que se ha venido manejando, porque el énfasis de esta Psicología a la estamos haciendo referencia está puesto en las cualidades del ser como la elección, la creatividad, la valoración, la autorrealización, opuestos a un pensar sobre las personas en términos mecanicistas, reduccionistas. Es de interés traer a colación que este enfoque humanista es abierto a la Complejidad y viene acompañado del criterio que incluye en su línea de pensamiento lo equiparable con la neurociencia actual, señalando que el sistema cognitivo y el sistema límbico, no son independientes uno del otro, sino que forman un supra sistema de orden superior que integra la razón y el sentimiento, en todo caso, se le confiere un lugar predominante a la intuición. En relación a esto, Pascal señaló: "el corazón tiene razones que la razón no entiende" (Martínez, 1999), siendo también apoyado por Einstein (ob. cit) en la siguiente expresión: "la única cosa realmente valiosa es la intuición".

Así también vemos emerger una psicología transpersonal de corte eminentemente compleja que reconoce la dimensión espiritual y trascendente de la naturaleza humana y de la existencia, abonando el terreno hacia una educación que ponga su mirada en la comprensión del otro, que alude a lo transracional, transpersonal lo que permitirá al ser humano conectarse con su profunda interioridad, a saber escucharse así mismo, en definitiva a empoderarse conscientemente de su libertad con conocimiento de causa, con el consecuente trascender del ego, orientándose hacia un ¨nosotros¨ (Martos, 2017).

En atención a lo anterior aspiramos a que nuestro Sistema Educativo vaya hacia la búsqueda de una Psicología compleja o del hombre complejo que otorgue preponderancia al significado y valor en oposición al énfasis en la objetividad metodológica a expensas de la significación, por lo que es apremiante seguir el camino hacia una Ciencia de la Conducta que se torne abierta. Dado que el hombre contemporáneo es incomprendido desde la Psicología y por tanto desde la educación, por tratarse de un homo complexus donde habitan lo antagónico, lo racional e irracional, esto lo hace ser diferente e inédito en muchos aspectos, por lo que necesitamos una ciencia conductual con un criterio más amplio ya que desde la concepción tradicional no se le da respuestas a ese ser humano que emerge en la actualidad.

Por lo tanto, reiteramos que para propiciar una educación desde y para la comprensión debo comprender a la Psicología desde la complejidad, ya que hemos venido concibiendo al otro desde un enfoque psicológico clásico que impide su comprensión.

A fin de cuentas, al encaminarnos hacia una Psicología con este corte nos damos cuenta de que uno de sus ejes principales es la convicción de que los hombres viven subjetivamente, al percibir el mundo externo de acuerdo con su realidad personal, traducida en sus necesidades, deseos, aspiraciones, valores y sentimientos, erigiéndose en un enfoque de adentro hacia afuera. Rechazando en definitiva el punto de partida de las Ciencias tradicionales que comienza con el presupuesto de la existencia de un mundo objetivo externo del cual la persona es una parte.

Así pues, al abrazar el acto educativo una plataforma como la citada, la planificación curricular deberá hacer énfasis en la fidelidad a lo humano, que no es otra cosa que la atención a su realidad, al análisis, a la planificación con base a lo que vive y siente el ser, tornándose así más humana, más sentida, más comprensiva.

De lo antes expuesto se deriva que para la Educación debería constituir un aporte sustancial este reflexionar de criterios, al hacerle frente al rompimiento de su postura altamente racionalista lo que ayudaría a entender que "el hombre puede ser más sabio que su intelecto" (Rogers, 2000 p.56). Favoreciendo de esta forma su alejamiento del modelo educativo tradicional del que hace gala, dirigiéndose hacia un aprendizaje interno, en oposición al supuesto que defiende el pensamiento que todo puede ser enseñado.

Por lo anteriormente expresado es que estamos apostando, a una Psicología Compleja, que emprenda un viaje hacia lo significativo que es pensar en un ser humano multidimensional: psicológico, biológico, espiritual, social, racional e irracional, tecnológico, mitológico porque no se puede hablar del ser humano si no se le considera a partir de estas magnitudes donde el dejar correr la fantasía, permitir el paso a la imaginación o al mito son realidades humanas imprescindibles (Morin, 2006). Así que, el acercamiento a los saberes tendrá que promover todo lo que la persona lleva en su naturaleza, como posibilidad de ser.

Transitando por otros horizontes, es innegable que se viven tiempos de incomprensión, por eso se hace necesaria una Educación desde y para la comprensión, requiriéndose para ello tomar en cuenta la complejidad, lo uno y lo múltiple del ser humano.

Entonces: ¿Qué significa educar desde y para la comprensión? Educar para la comprensión humana es justo la misión espiritual de la Educación, lo que garantiza la solidaridad intelectual y moral de la humanidad (Morin, 2000). Esta comprensión de la que se habla comporta un conocimiento de sujeto a sujeto, incluyendo necesariamente un proceso de empatía, de otredad, identificación y de proyección, de carácter intersubjetiva que requiere de apertura y generosidad. En tal sentido se afirma que: “La legitimidad del otro no es negada aun en el desacuerdo” (Maturana, 2008).

Entendiéndose que hoy en día la incomprensión se expande en la vida cotidiana suscitando calumnias, agresiones, homicidios psíquicos (deseos de muerte), por lo que es menester que la educación ejerza un papel protagónico en aras de desarrollar tanto la comprensión intelectual como la humana. Así la ética de la comprensión nos pide comprender la incomprensión, sabiendo que no se trata de excusar o acusar sino de evitar la condena irremediable, perentoria (Morin, 2000).

Es relevante que la Educación avizore que la comprensión es la forma que tiene un sujeto de conocer a otro sujeto, necesitándose que una educación desde y para la comprensión parta de un discurso que enfatice en la agrupación, la conexión, la comunicación de la empatía, la comunidad, la otredad y la comunión, en oposición, a los discursos compartimentados, tecno-científicos que se extienden en la actualidad, no viendo más que secciones, eliminando todo aquello que sea carne, vida, pasión, sentido, humanidad (Morin, 2006).

Aunado a lo ya expresado se debe educar para sentir-pensar, lo que representa tomar en cuenta al otro en la justicia y en la solidaridad, reconociendo que la emoción es la base de la razón. Al mismo tiempo educar para sentir-pensar es hacerlo no sólo para el desarrollo de las inteligencias y del pensamiento, sino para el primoramiento del "corazón", para la evolución de la consciencia y el espíritu, educando sin reprimir, pues “hemos sido reprimidos durante siglos en nombre de algo que el mundo moderno denominó Ciencia” (Maturana, 1999 p.28).

A todas luces la postura que antecede nos conduce a lo que representa una Educación fundamentada en la comprensión implicando que el amor es la piedra angular de ésta, y de la convivencia humana. Atendiendo a estas consideraciones, el educar es un canto de coraje, de amor hacia la realidad que no teme y que busca transformar con espíritu comprometido y fraternal. Por ello, es diálogo, comunicación entre los hombres que no se da en el vacío sino en situaciones concretas de orden social, económico y político, siendo, un constante vivir experiencias mutuas entre el educador y el educando, quienes en conflicto dan vida a la concientización (Ob cit).

Así, la enseñanza exige respeto a la autonomía del ser del educando, saber escuchar y mostrar consideración a los saberes del mismo: "nadie es, si se prohíbe que otros sean" (Freire, 2012 p.26). Mientras tanto, la Educación no puede ser una isla que cierre sus puertas a la realidad social, económica y política. Ella está llamada a recoger las expectativas, sentimientos, vivencias y problemas del pueblo, orientándose de esta forma a la comprensión .Derivándose de todo esto que “educar es llevar fuera de uno mismo” (Cyrulnik, 2006 p.36).

En el marco de tales señalamientos, pensamos que el deber ser de la educación es orientarse hacia la enseñanza de la comprensión, lo que se traduce en no reducir al ser humano, sino abordarlo en toda su diversidad y complejidad, promoviendo la apertura empática hacia los demás y la tolerancia hacia ideas y formas diferentes, mientras no atenten a la dignidad. De acuerdo a esto, la Educación del futuro deberá centrarse en la condición humana y en la comprensión, por haberse vuelto ésta crucial para las personas, pues bien, si sabemos comprender antes de condenar estaremos en la vía de la humanización de las relaciones humanas. Pero es necesario además, que la misma favorezca la aptitud natural de la mente, así como la inteligencia espiritual e intelectual, estimulando el empleo de éstas, por lo que se necesitará el libre ejercicio de la curiosidad, que a menudo se ve afectada por la instrucción, cuando en realidad se persigue estimularla (Morin, 2000).

Se trata entonces de un acto Humanista, en donde todas las facetas del proceso enseñanza-aprendizaje enfatizan en la unidad y multiplicidad de cada ser humano, la integración de los aspectos cognoscitivos con los afectivos, apertura empática y la dignidad personal, ya que el gran problema de la modernidad es el comportamiento egocéntrico exacerbado que anula e invisibiliza al otro que como una persona legítima junto a nosotros configura el mundo social. Lo anterior subraya la importancia de una Educación desde y para la comprensión, tan necesaria para nuestra nación, al resultar irrefutable el hecho que en ella estamos enfrentando una situación coyuntural signada por la polarización, el rechazo a las ideas diferentes, siendo esto la piedra angular de la problemática imperante en el país. Por lo que consideramos que una educación desde y para la comprensión requiere tomar en cuenta la complejidad, lo uno y lo múltiple del ser humano porque desde el positivismo no se puede hablar de comprensión, otredad, alteridad, empatía, esto se explica porque nuestros discursos pedagógicos y psicológicos surgen del mismo, por ello es necesario trascender para poder comprender, implicando que “desde la comprensión” me involucro como docente y comprendo al otro, entre tanto, “para la comprensión”, la educación va más allá de los contenidos, por el contrario se prepara al ser humano para comprender a sus semejantes y a sí mismo. Educar desde y para la comprensión alude al amor en términos de Maturana, que lo define como “el reconocimiento del otro como un legítimo otro en la convivencia” (Maturana, 2002 p.72)

Ahora bien, hay una necesidad de teorizar sobre ese ser humano que se configura en la actualidad y de su educación desde la comprensión así como también sobre una Psicología del Homo Complexus, porque la visión que aquí adoptamos parte del supuesto de otorgarle importancia a la complejidad humana, tornándose imposible reducir al hombre a una sola condición, de hecho, creemos en la infinitud de éste, de tal forma que no es acabado, de ahí que se encuentra en un proceso constante de metamorfosis lo que nos obliga a negar la apreciación fragmentada ,racionalista y estática del mismo.

Por lo que resulta fundamental esa teorización al facilitar la entrada al hombre que emerge, se trata de esa persona que tenemos hoy en nuestras aulas de clase, un sujeto post moderno que se relaciona, percibe, valora, piensa, vive de manera distinta y tiene una apreciación diferente de la realidad, un ser que ya no puede verse desde el principio de reducción que restringe lo complejo a lo simple, que obedece a una lógica mecánica y sin duda, resulta ser determinista, con lo que se suprime así lo humano de lo humano, dicho de otra forma, sus pasiones, emociones y alegrías.

A partir de las percepciones sobre esta nueva persona, cabe mencionar que ella ya no habita el reino de la racionalidad, que ha atrofiado su comprensión, su reflexión, tratándose de una razón mutilada y mutilante. Ahora estamos frente a alguien que posee un pensamiento que separa, junto con un pensamiento que distingue y que enlaza estrechamente, configurando así las partes y el todo, viendo no sólo la presencia de las partes en el todo sino la presencia del todo en las partes (Morín, 2000).

Como resultado de estas consideraciones, se explica que una Educación desde y para la comprensión abrigue al homo complexus, porque desde el enfoque tradicional se promueve una inteligencia parcelada, compartimentada, mecanicista, disyuntiva, reduccionista, que no tiene lugar para lo complejo del mundo y del hombre, ni para la comprensión del otro, al romper, fragmentar, fraccionar los problemas, separando lo que está unido y unidimensionalizando lo multidimensional.

En otro contexto, esta investigación nace porque existe una inquietud personal hacia el otro, por la relación con el otro y por la forma de éste relacionarse, bajo esta perspectiva, se da la necesidad de reconocerlo, aprender a vivir con la diferencia, con el distinto, aceptando lo diferente a mí. Siendo, la legitimidad del otro y el respeto por él o ella, dos modos de relaciones congruentes y complementarias que se implican recíprocamente. Lo anterior solo puede hacerse realidad con un aditivo que lo fortalece, el amor, porque para comprender sin juzgar se requiere una alta dosis del mismo, nos enfermaríamos al vivir un modo de vida que lo niegue sistemáticamente, en efecto, biológicamente hemos llegado a este estado porque él ha sido quien nos sostiene (Maturana, 2000).

Al respecto, es admisible referir nuevamente lo benéfico de la empatía porque ponerse en el lugar del otro es enriquecerse, pero supone un esfuerzo, ésto ha sido sistemáticamente pasado por alto en educación, con lo que se ha desestimado una actitud que conduce a descubrir otro continente mental, una nueva forma de pensar, una nueva manera de ser hombre. Es una cuestión clave, se trata de una jugada a todo o nada: o nos enriquecemos abriéndonos a su mundo o hacemos una teoría coherente y lo descalificamos, lo excomulgamos, lo excluimos (Cyrulnik, 2006).

Según lo dicho, un mundo en el que no se comprendiera al otro, en el que lo percibiéramos como enemigo, cerrándonos a él, es un mundo de horror. Es saludable recordar que abrirse a sí mismo y abrirse al otro son efectivamente las dos caras de la misma moneda (Morin, 2006). Por tanto es, necesario asirnos desde la educación a la idea, que como seres humanos, pertenecemos a la única especie viviente capaz de figurarse las representaciones de sus semejantes. Eso nos obliga a partir en busca de su mundo mental, de sus teorías, de sus representaciones, y emociones. Estando compelidos a no vivir en un solo mundo, porque de ser así nos convertiríamos en dictadores (Cyrulnik, 2006).

Pudiéndose argüir adicionalmente que se trata de un proceso de proyección e identificación. Me proyecto sobre otro y lo identifico conmigo, entonces solo de esta forma siento que yo soy tú, y en cierto modo el otro se abre porque deja de ser sometido a la explicación, no colocándose en una posición defensiva. Cuando empatizo, comprendo, siendo esto último la forma que tiene el sujeto de conocer a otro sujeto. Sin esta clase de relaciones humanas no hay posibilidad alguna (Morin, 2006).

En otro orden de ideas se mencionará la relevancia de la investigación, comenzaré diciendo que a través de ella nos permitiremos hacer un inciso en la tendencia moderna que rodea a la Psicología y por ende a nuestra Educación, al considerar que existe otra manera de apreciar el mundo que trasciende los parámetros objetivistas, lineales, estáticos en pos de la emergencia de nuevas formas de relación psicológica, siendo una apertura que bien se compagina con el pensamiento contemporáneo; mientras la historia en un esquema clásico es vista bajo la relación sujeto-objeto, en este estudio el hombre es participe de la misma, la vive, la crea y es a la par sujeto-objeto de esa historia.

Es por esto, que creemos firmemente en una teoría psicológica que lleve el sello de la post modernidad, de la complejidad del ser sabiendo que no hay nada concluido y si todo un camino por recorrer, no obstante, vamos a abonar el terreno de la reflexión que pudiera facilitarnos mirar con otros ojos al ser humano en su unicidad y multiplicidad, pasando así a ser artífices de la comprensión en detrimento de su contraparte que en cierta forma está representada por nuestra incapacidad para sumergirnos en la empatía, influyendo tal actitud en nuestro mundo educativo.

En otra línea de pensamiento nos preguntamos por qué estamos preocupados por el Homo Complexus, el hombre de hoy donde prevalece lo mítico, lo racional e irracional. Evidentemente porque existe la necesidad de pensar a ese nuevo ser, ya que el Homo Sapiens (hombre racional), ha entrado en crisis desde finales del siglo XX, más sin embargo existe una ceguera frente al Homo Complexus (Sartori, 2002). Así pues, al tener presente a ese hombre post moderno esto se revertirá en una mayor comprensión de él, lo que a su vez demandaría una redimensión educativa que apunte fundamentalmente hacia la comprensión del otro. Es así porque como ha quedado establecido en el devenir discursivo de esta tesis doctoral nuestra Educación se sustenta en los contenidos, por lo que se requiere ubicar en su contexto a esa persona que emerge, solo así podremos hablar de una Educación que entierre sus raíces en la comprensión.

Aditivamente a lo hasta aquí expuesto, tenemos otros aspecto significativo en nuestro trabajo, enmarcado en el hecho que a través del mismo no estamos promoviendo o justificando actitudes irracionales, sino que consideramos que éstas no pueden obviarse o excluirse de los aspectos que son inherentes a las personas. Es la negación lo que finalmente genera inconvenientes y barbaries, la visión compleja del hombre ayudaría a su comprensión y a entender las potencialidades o posibilidades de ser que este implica. Requiriéndose para esto, tener presente que cada uno lleva en sí la posibilidad del amor y del sacrificio, del odio y del resentimiento, de la venganza y del perdón. Reconocer eso es reconocer la identidad humana. El principio de esta identidad es unitas multiplex, la unidad múltiple, tanto desde el punto de vista biológico como cultural e individual (Morin, 1993).

Otro criterio, que estimamos sobresaliente dentro de la investigación es reconocer que el miedo a comprender forma parte de la incomprensión, quienes se niegan a hacerlo rechazan la comprensión porque impediría la condena. Mas sin embargo, al concebirla no estamos justificando. La comprensión no conduce a la posibilidad de juzgar, sino a la necesidad de complejizar nuestro juicio. Por lo tanto, por ejemplo, comprender es entender cómo y por qué se odia o se desprecia, comprender a quien mata no significa tolerar el asesinato que se comete. En este sentido, la comprensión favorece el juicio intelectual, pero no impide la condena moral, no es reconocer la inocencia, ni abstenerse de actuar, es reconocer que los autores de crímenes e infamias son también seres humanos (Morin, 2003).

Por último cabe destacar además que no pretendemos dar soluciones más si generar insumos teóricos que constituyan un aporte para seguir reflexionando sobre la naturaleza compleja del ser humano enfatizando en la necesidad de una educación desde y para la comprensión del otro, afianzada en una psicología para el homo complexus.


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"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


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