EL AMOR ES LA LEY SUPREMA

Publicado 17/06/2020 02:13:14  | 14 - NOÉTICA DE AMADOR


amor
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Este artículo es una reproducción del epílogo de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA

Mi interés al leer todo libro no es tanto el contenido del cual pueda aprehender algún conocimiento, que también, sino conectar con la esencia del pensamiento del que escribe ello. Y para tal labor de sumergimiento en las entrañas de todo pensador, hay que fijarse sobre todo qué escribe en los agradecimientos y las dedicatorias. Porque un escritor, cuando culmina su obra, si le honra la verdad en la búsqueda del conocimiento, suele acordarse de las personas que han contribuido a su éxito porque, a la postre, en la vida nada puede hacerse individualmente, sino que somos todos interdependientes. Entonces, próximo a culminar la obra donde expone la esencia de sus pensamientos, el pensador, todo escritor de bien, también se propone recuperar pensativamente a las personas queridas que le han acompañado en las vicisitudes de la vida, como si un designo del destino se tratara, o como de un reconocimiento kármico, o como una sincronicidad por descubrir.

En cualquier caso, conscientes que somos todos nosotros de la inevitabilidad de la muerte tras la vida, podemos convenir de que lo único que puede subsistir son los pensamientos que cada cual puede tener sobre los difuntos pensadores, ya sean hombres de bien o servidores del mal, ya sean sabios u ignorantes, ya sean tiranos o esclavos. Después de la muerte, solo queda la vida misma que nos trasciende temporalmente a todos nosotros. Tras la muerte de todos nosotros, siempre vendrán otros que harán evolucionar el ciclo de la vida hacia la plenitud donde, ciencia y fe, según mi humilde propuesta, convergerán en una completa comunión hacia un racionalismo espiritual.

Desde el futuro nos observarán como una civilización que ha tocado el zénit del egoísmo y de la individualidad. No obstante, la partida no está perdida, pues en todo ser humano hay un germen de amor, aunque la mayoría no haya apercibido aún que hay que regar esa simiente para replantar el mundo con las flores del conocimiento y de la libertad. Porque solo con el conocimiento y en libertad se puede expresar el amor. Y eso precisamente es lo que hace todo escritor, al dedicar en plenitud de conciencia sus pensamientos a una persona querida o amada. No puede haber más amor que dedicar los pensamientos expresados en un libro a todas las personas que, de alguna u otra manera, han contribuido al presumible éxito del escritor.

Consecuentemente, el pensador que se sabe mortal, al dedicar y agradecer un libro, en realidad, lo que está haciendo inconscientemente es establecer las conexiones cuánticas (reconocimiento y amor) con las personas que han encajado en su vida como si de un puzle se tratara, pero, sobre todo, de un modo sincrónico en los términos de Jung. Vista la cosa así, desde la perspectiva de un elevado pensamiento, nuestra miserable vida no es más que una ínfima parte en el juego cósmico de la Naturaleza, como si de un holograma se tratara, donde vemos desfilar un pasado, un presente y un futuro, en los mejores de los casos según una esperanza de vida de setenta u ochenta años. ¿Qué representa dicho tiempo en la inmensidad del infinito Cosmos?

El espíritu de trascendencia no solo se refleja en la vida biológica mediante el ADN, sino también en el plano intelectual pues la cultura es precisamente eso: transmisión de conocimientos. Y ello es lo que humildemente reivindica todo genuino pensador, todo inquisitivo científico, a saber, trascender con su saber la herencia del conocimiento recibido, siempre incompleto, también manipulado y, por ende, falsamente democrático: todo un engaño histórico para las actuales generaciones de jóvenes. Por ello, mi último pensamiento es para todos aquellos imberbes pensadores que no aciertan a comprender este complejo mundo que les ha tocado vivir. Si les sirve de consolación, llevo toda una vida buscando también el sentido a la vida, y lo único que he averiguado después de tantos años de investigación, es que el conocimiento hace libre al hombre y que sin amor no se puede vivir.

Es por ello que todo escritor, desde su consciente libertad, tiene en sus pensamientos a sus seres queridos al finalizar una obra. Porque nadie es nada sin los otros. Cuando se toma consciencia de ello, se experimenta una inefabilidad en lo más profundo de uno mismo. Se adquiere consciencia de nuestra finita vida y que, en herencia, solo quedarán nuestros pensamientos en la memoria de nuestros seres queridos, o a través de la historia si adquieren relevancia cultural. Cuando tomas conciencia de tu finitud, solamente resta inmortalizarte a través de los pensamientos. De nosotros, en la memoria de los demás, solo quedarán nuestros pensamientos y el amor prodigado durante nuestra vida. Entonces es cuando nos damos cuenta de nuestra insignificancia humana, de que, para sobrevivir, hay que hacerlo con las ideas y que la idea suprema es el Amor. Porque son las ideas las que dirigen el mundo, y el Amor su correa de transmisión. Sin saber y sin amor, somos como muertos vivientes. Es por ello que la vida debe ser ante todo libertad con conocimiento de causa donde, saber y amor, deben ser los fundamentos de toda civilización que se precie de dicho apelativo.

Con lo aseverado anteriormente, se puede concluir que, para escribir un libro, no solo hay que tener la correspondiente claridad de ideas, sino que, además, hay que contar con las circunstancias favorables, así como la ayuda de muchas personas. Por tanto, el mérito de este libro no hay que atribuirlo falsamente al ego del que escribe esto sino al providencial destino que me ha conectado con los ilustres pensadores del pasado y del presente en los que he saciado mi sed de conocimientos, para proyectar hacia el futuro los pensamientos aquí defendidos como La educación cuántica.

Si una cosa hay cierta en la vida es que nacemos para aprender y moriremos con alguna lección aprendida. En este sentido, el saber y el amor, sin lugar a dudas, son los perennes faros que deberían alumbrar la vida de toda persona. Ciertamente, cuando era niño, recuerdo con precisión que me prometí a mí mismo buscar el amor de mi vida, así como saber la verdad que se ocultaba tras el fulgor de las estrellas. Parece increíble que dos ingenuos deseos infantiles, casi medio siglo después, se hayan concretado en una amorosa relación con mi esposa, así como la presente educación cuántica que reivindica el estudio de la conciencia donde, precisamente, se asienta la razón y el espíritu. Con estos dos fundamentos del ser humano, ¿cómo es posible que esta civilización viva pertinazmente en la caverna materialista? La crisis del capitalismo no es solamente una crisis económica y social sino, eminentemente, una crisis ecológica, intelectual y espiritual.

Con este ensayo, espero haber demostrado que, el cambio de paradigma que sufre actualmente la humanidad, es el de la propia conciencia humana que evoluciona sinérgicamente hacia la conciencia colectiva, es decir, hacia la consolidación de una masa crítica de personas que vislumbran cada vez más el racionalismo espiritual como modo complementario y holísticamente superior al materialismo científico, una metamorfosis cual si se tratara de la Era de Acuario o el Calendario Maya. En cualquier caso, el milagro que ha obrado la física cuántica ha sido el de re-direccionar la razón hacia el espíritu, ahora percibidos ambos desde el modo no dual, es decir, desde un genuino misticismo sustentado en el saber y el amor, y como guía unitiva para este decrépito mundo.

Aunque la fe sea lo último que hay que perder, tampoco hay que perder de vista que pensar, pero pensar bien, debe ser por antonomasia el objetivo de toda persona y sociedad para tratar de dar un sentido coherente y digno a la vida. Y en cuestiones del pensar, más que nunca se necesita de la filosofía, la madre de todos los saberes, y por añadidura sus representantes los filósofos, una especie aparentemente en vía de extinción y que he intentado recuperar en este ensayo.

Todo lector que, como propongo en este ensayo, aprenda a pensar bien y ser compasivo, está en el camino ascendente de la sabiduría hacia la iluminación cognitiva donde, razón (saber) y espíritu (amor), se unen en la inefabilidad, en una experiencia cumbre como diría Maslow, o mística como la aquí propuesta. Porque en el universo solo hay información que viaja a través de una energía conocida como amor, ¿o acaso no es ello lo que pretende todo padre o madre con sus hijos: educar con amor?; dicha información es susceptible de ser transfigurada en conocimiento que trasciende el pasado, el presente y el futuro, conformándose así en un Mundo de las Ideas solamente accesible para los perseverantes buscadores de la verdad. Pero como casi siempre en la historia, el reconocimiento llega en el ocaso de la vida, cuándo no a título póstumo, o nunca. En eso precisamente consiste la evolución cultural, intentar progresar gracias al amor por la sabiduría, un ideal en desuso que hay que recuperar inexorablemente porque, esta civilización, está viviendo, respectivamente, en el desamor y en la incultura, es decir, en la ausencia de una genuina espiritualidad en conjugación con la excelsa de los saberes: la filosofía.

Mi humilde propuesta filosófica ha consistido en la reestructuración de la historia del pensamiento a modo de dinámica espiral en La educación cuántica aquí propuesta. Dicho sintagma es una invitación a colaborar en el segundo renacimiento que se está gestando en la historia del pensamiento: El “yo” racional surgido de la mente cartesiana, luego de pasar por la criba del criticismo kantiano, se ha fragmentado y disociado de la colectividad con el paso de los siglos, perdiéndose entonces el pensamiento crítico como único baluarte para no ser un esclavo de un perverso sistema de pensamiento “único” y “neoliberal”. Para recuperar la libertad, como he tratado de evidenciar en este trabajo, más que nunca debemos aprender a sanar nuestro ego poniéndolo al servicio de todos nosotros, pues no puede haber una libertad individual sin una libertad colectiva. Al hacer ello, estaremos contribuyendo al segundo renacimiento de la humanidad.

El primer renacimiento de la humanidad supuso la salida de la razón de las garras de la dogmática fe religiosa. Sin embargo, dicho racionalismo ha caído preso del ego plutocrático sin apenas perturbar a la doctrina espiritual de las religiones. Esa dicotomía entre razón y espíritu ha persistido durante varios siglos en el pensamiento occidental, hasta que la física cuántica evidenció que la dualidad sujeto-objeto era epistemológicamente incompleta, pues el modo no dual de conocimiento, el misticismo, se presenta como el genuino camino hacia la sabiduría exenta del sectarismo espiritual de las religiones. Así, el segundo renacimiento de la humanidad está consistiendo en la salida de la razón de las garras del neoliberalismo para entrelazarse cuánticamente con el espíritu, porque solo en una percepción de la no dualidad entre razón y espíritu, podrá darse una salida a este convulso mundo donde la ciencia (razón) y las religiones (espíritu), en manos ambas de unos peligrosos psicópatas desde hace más de dos mil años, hacen de todos nosotros unos esclavos productores de bienes de consumo, unos pésimos pensadores al carecer de una educación filosófica, y unos lobos salvajes como dijeran Plauto y Hobbes: “El hombre es un lobo para el hombre”.

Esa característica depredadora es el egoísmo como esencia humana mediante la cual hombre termina siendo su propio verdugo. La desigual distribución de la riqueza en este mundo parece dar la razón a esta idea. Desde siempre, la naturaleza ha sido más sabia y, así como las incontables especies animales viven en simbiosis, el ser humano es el único con capacidad para acabar con la biosfera y la noosfera. Es en ese rescoldo de lucha entre la razón y el espíritu, respectivamente una pugna entre el “yo” contra el “nosotros”, donde se está fraguando el segundo renacimiento de la humanidad.

En dicho proceso de autopoiesis desde la razón hacia el espíritu colectivo, cada cual debe reconocer qué papel juega en esa lucha histórica entre la ciencia y la espiritualidad. La Conciencia Universal de la cual participamos, ya sea mediante el Logos de Heráclito (1) o el “doble” de Garnier, me ha susurrado los pensamientos aquí expresados y el camino a seguir, a saber, evolucionar conscientemente por el sendero ascendente hacia la sabiduría como un ideal que garantiza, sino la plena felicidad, sin embargo, sí una inefable experiencia al fusionar razón (saber) y espíritu (amor) en el modo no dual de conocimiento, lo que en palabras de Platón viene a ser “un silencioso diálogo del alma consigo misma, entorno al Ser”.

Tales son los pensamientos que fluyen de estas teclas hacia los genuinos pensadores del futuro; porque el presente de este pensador se convierte en un pasado para todo aquel que lee estás líneas desde el futuro. Y si tengo el beneplácito del lector en los argumentos defendidos en este ensayo, quedará demostrado que, desde mi presente, que es un pasado para dicho lector, he podido viajar al futuro para evidenciar qué es eso del “pensamiento cuántico”.

Con ello, pienso, quedará evidenciado cómo funciona en realidad el entrelazamiento cuántico, que no es otra cosa que información que, como si de un holograma se tratara, está en perpetua evolución a modo de dinámica espiral a través de la vida misma. Una vida donde debería prevalecer el amor como defienden los santos, yoguis, maestros espirituales o avatares que ha dado la historia. Por tanto, en esencia, en la vida de cada cual, más que nunca es necesaria una educación cuántica para aprehender que, el saber y el amor, son los fundamentos de la mayor prueba empírica, pero no en el mundo de los sentidos sino, eminentemente, en el Mundo de las Ideas, como si de una causa-efecto se tratara entre el que trasmite un conocimiento al futuro a través de los libros y el que aprehende ese saber del pasado. Así es como pasado, presente y futuro están interconectados por el amor al conocimiento. Ello sí que es un entrelazamiento cuántico en el Mundo de las Ideas, por puro amor al saber entre el que escribe y el que lee.

Decididamente, nuestra vida es un interludio consciente para evolucionar mediante la sabiduría hacia nuestra naturaleza divina, oculta en la profundidad de nuestro ser, y que no es otra que el Amor. La vida es percibida como un caos por todo neófito en filosofía perenne. Sin embargo, en la vida subyace un orden divino cuyas leyes pueden ser aprehendidas mediante la búsqueda inquisitiva de la sabiduría. Y en ese devenir entre el caos y el orden, siempre los eternos contrarios, el Amor es la ley suprema que posibilita dar el más sublime de los sentidos a la vida.


Nota 1:

Heráclito de Éfeso fue un filósofo griego. Nació hacia el año 535 a. C. y falleció hacia el 484 a. C. Era natural de Éfeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor (actual Turquía). Como los demás filósofos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en gran parte se conocen sus aportes gracias a testimonios posteriores. Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa: se refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas. Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Logos. Este Logos no solo rige el devenir del mundo, sino que le habla al hombre, aunque la mayoría de las personas “no sabe escuchar ni hablar”. El orden real coincide con el orden de la razón, una “armonía invisible, mejor que la visible”, aunque Heráclito se lamenta de que la mayoría de las personas viva relegada a su propio mundo, incapaces de ver el real. Si bien Heráclito no desprecia el uso de los sentidos (como Platón) y los cree indispensables para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia. Era conocido como “el Oscuro”, por su expresión lapidaria y enigmática. Ha pasado a la historia como el modelo de la afirmación del devenir y del pensamiento dialéctico. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres: todo fluye. Los dos pilares de la filosofía de Heráclito son: el devenir perpetuo y la lucha de opuestos. Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el Logos, la razón universal, lo rige: “Todo surge conforme a medida y conforme a medida se extingue”. El hombre puede descubrir este Logos en su propio interior, pues el Logos es común e inmanente al hombre y a las cosas.


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"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


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