EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA (1): No hay caos en el universo

Publicado 26/08/2015 23:35:43  | EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA


No hay caos en el universo

Toda mi vida he creído estar viviendo en un mundo caótico. Toda mi vida he buscado comprender por qué vivimos en un caos social y político con nefastas consecuencias psicológicas para las personas. Durante muchos años he estado elucubrando sobre la relación que hay entre la libertad, el caos y el orden. ¿Hay un orden preestablecido que nos sobrepasa y, por tanto, somos seres predeterminados? O por lo contrario, ¿tenemos libre albedrío a pesar de que la neuropsicología nos dice que somos una fábrica de ilusiones (Morgado, 2015)?

Ahora, después de cinco libros publicados y este sexto en camino, he comprendido que no hay caos en el universo. Esta intuición vino a mí durante una meditación, uno de esos momentos en los que te conectas con la Fuente de todo, y que da respuestas a tus preguntas. Más adelante aludiré cómo funciona ese proceso que invita a conocerse a sí mismo y también al mundo. La cuestión es que salí del estado meditativo con la firme seguridad de que en el universo no hay caos sino un orden bello y armonioso pero casi imperceptible para nosotros los humanos. Comprendí que, como parte de una totalidad mayor, el ser humano nunca tiene la última respuesta que pertenece, propiamente, a la Unidad divina que todo lo sabe. Nosotros los humanos tan sólo hacemos acopio de una ínfima parte de la sabiduría universal mediante el desarrollo de la filosofía y las ciencias.

La cuestión filosófica que ha perdurado por los siglos y sigue siendo el problema fundamental en el actual debate epistemológico, es saber cómo conectan el cuerpo y la mente, la razón y el espíritu. Para los escépticos materialistas científicos, la conciencia emerge de la materia, es decir, las ideas son formaciones nebulosas que emergen de un conglomerado de átomos, moléculas y células. Por lo contrario, los idealistas presuponemos un ser consciente independiente de la materia y que interactúa con ella. Es un problema de hondo calado filosófico acerca de la conciencia y que me ha llevado a ser un estudioso de la obra de Wilber. No solo comparto su erudición filosófica de la historia del pensamiento humano sino su concepción espiritual que otorga una profunda importancia a la introspección como más que probable camino de sabiduría. El esencial problema epistemológico es: ¿de dónde surgen las ideas? Tanto la física cuántica como las neurociencias se hallan lidiando con problemas metafísicos, es decir, genuinamente filosóficos al hacer evidente, respectivamente, que la realidad es unitaria y que el mundo dualista es ilusión.

Wilber contextualiza histórica y filosóficamente el principal problema de Occidente pero también de la humanidad: el “yo” (ego) ha caído preso de un mundo chato dominado por el “ello” (materialismo científico), lo cual crea una crisis existencial, intelectual y filosófica al “nosotros”. El giro epistemológico, tal como argumento en La educación cuántica (Martos, 2015a) es un nuevo paradigma de conocimiento que propugna una pedagogía introspectiva como vía de empoderamiento de cada uno de nosotros. Dicho de otro modo, emprender un camino ascendente hacia la sabiduría lo cual, coincidiendo con Wilber, la meditación es su principal puerta de acceso.

Por tanto, en relación a la pregunta ¿de dónde vienen las ideas?, puedo afirmar con rotundidad que las ideas proceden de la Fuente, o Dios o Tao, da igual el nombre con el que se etiquete al innombrable. La cuestión es que, todas aquellas personas que han experimentado dicho camino interior, son seres conscientes de su propio consciencia, supraconscientes por decirlo de otra manera, y que permite tener acceso a una fuente de información si se dirige a ella en términos de humildad, sinceridad de propósito y bienintencionadamente. Todas nuestras preguntas hallan respuestas cuando, reconociendo nuestra propia ignorancia, estemos dispuestos a aprender de la Fuente que todo lo provee, porque no hay caos en el universo, todo estás ordenado pero no hemos llegado todavía a descifrar tal estado de sabiduría suprema. Quien sea que posea esa sabiduría suprema (que cada cual le ponga el nombre que quiera), sabe bien antes que nosotros, pobres criaturas racionales que obvian al Espíritu, de lo que nos conviene o no. Consecuentemente, cuando actuamos “desconectados” de la Fuente, es decir anteponemos el “ego”, cerramos una puerta a un camino de sabiduría presente en la filosofía perenne: el misticismo contemplativo. El Espíritu conoce el pasado, el presente y el futuro , y manifiesta dicho conocimiento a través de una sabia naturaleza , pero también desde la naturaleza mental que nos habla pero que pocos saben escuchar, como sabiamente nos anticipó Heráclito con el Logos. También Wilber (2005a: 67) asevera de que, la dirección de la evolución, es poner orden en el caos:

"La evolución tiene una dirección, un principio que, como suele decirse, pone orden en el caos y supone, dicho de otro modo, un impulso hacia el logro de una mayor profundidad. En este sentido, cada nuevo desarrollo supone una victoria sobre el caos que implica la aparición de un sentido y aumenta el valor intrínseco de Kosmos. Eso es precisamente lo que afirma el principio número 12, que la evolución tiende, de manera general, a moverse en la dirección de una complejidad creciente, de una diferenciación/integración creciente, de una organización/estructuración creciente, de una autonomía relativa creciente, de un telos creciente".

En el universo no hay caos, todo es Belleza y Bondad en un preciso orden en relación a la Verdad: es lo que los hombres solemos llamar Dios, o Tao, o cualquier nombre que utilicemos para designar al innombrable que, en términos filosóficos ha sido diferenciado en cuatro cuadrantes o Gran Tres, según Wilber (2005a: 167-171):

"A lo largo de millones de años, la humanidad ha ido aprendiendo lentamente a diferenciar la verdad de la apariencia [individual exterior-“ello”], la bondad de la maldad [interior colectivo-“nosotros”], la belleza de la fealdad [exterior colectivo-“ello”] y la sinceridad del engaño [individual interior-“yo”]. Las cuatro verdades son los cuatros rostros a través de los cuales se manifiesta el Espíritu mientras que los criterios de validez son las formas en que conectamos con el Espíritu, las formas en que sintonizamos con el Kosmos. (…) Son estos distintos caminos de la verdad los que nos llevan más allá de nosotros, fuera de nosotros mismos, y nos obligan a refrenar nuestro egocentrismo y adaptarnos a verdades cada vez más amplías y más profundas. Desde la sintonía a la expiación y, desde ahí, a la unidad, hasta que, en una súbita conmoción, podamos llegar a reconocer nuestro Rostro Original, el Rostro que nos insta en voz baja pero insistente a recordar la Verdad, la Bondad y la Belleza. El Kosmos nos susurra desde todos los rincones. Dejemos, pues, que la sinceridad, la verdad, la bondad y la belleza resplandezcan como el marchamo de la radiante Vacuidad que nunca estuvo –y que nunca podrá estar- lejos de nosotros. El lenguaje del “ello”, el lenguaje del “yo” y el lenguaje del “nosotros”, son tres lenguajes (…) del Gran Tres, como la moral, la ciencia y el arte o como la Bondad, la Verdad y la Belleza platónica".

Espero haber sido clarividente en mi explicaciones sobre el por qué creo que el universo no es caótico, sino que, donde vemos caos, hay un subyacente orden que cada uno de nosotros debe descubrir mediante un camino ascendente hacia la sabiduría.


Referencias:

Morgado, Ignacio. La fábrica de las ilusiones. Barcelona: Ariel, 2015

Martos, Amador. La educación cuántica. Málaga: Corona Borealis, 2015a.

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairos, 2005a.

volver



"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


Copyright © pensarenserrico.es  |  Aviso legal  |  Mapa web