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EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA (1): No hay caos en el universo

Publicado 26/08/2015 23:35:43  | EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA


No hay caos en el universo

Toda mi vida he creído estar viviendo en un mundo caótico. Toda mi vida he buscado comprender por qué vivimos en un caos social y político con nefastas consecuencias psicológicas para las personas. Durante muchos años he estado elucubrando sobre la relación que hay entre la libertad, el caos y el orden. ¿Hay un orden preestablecido que nos sobrepasa y, por tanto, somos seres predeterminados? O por lo contrario, ¿tenemos libre albedrío a pesar de que la neuropsicología nos dice que somos una fábrica de ilusiones (Morgado, 2015)?

Ahora, después de cinco libros publicados y este sexto en camino, he comprendido que no hay caos en el universo. Esta intuición vino a mí durante una meditación, uno de esos momentos en los que te conectas con la Fuente de todo, y que da respuestas a tus preguntas. Más adelante aludiré cómo funciona ese proceso que invita a conocerse a sí mismo y también al mundo. La cuestión es que salí del estado meditativo con la firme seguridad de que en el universo no hay caos sino un orden bello y armonioso pero casi imperceptible para nosotros los humanos. Comprendí que, como parte de una totalidad mayor, el ser humano nunca tiene la última respuesta que pertenece, propiamente, a la Unidad divina que todo lo sabe. Nosotros los humanos tan sólo hacemos acopio de una ínfima parte de la sabiduría universal mediante el desarrollo de la filosofía y las ciencias.

La cuestión filosófica que ha perdurado por los siglos y sigue siendo el problema fundamental en el actual debate epistemológico, es saber cómo conectan el cuerpo y la mente, la razón y el espíritu. Para los escépticos materialistas científicos, la conciencia emerge de la materia, es decir, las ideas son formaciones nebulosas que emergen de un conglomerado de átomos, moléculas y células. Por lo contrario, los idealistas presuponemos un ser consciente independiente de la materia y que interactúa con ella. Es un problema de hondo calado filosófico acerca de la conciencia y que me ha llevado a ser un estudioso de la obra de Wilber. No solo comparto su erudición filosófica de la historia del pensamiento humano sino su concepción espiritual que otorga una profunda importancia a la introspección como más que probable camino de sabiduría. El esencial problema epistemológico es: ¿de dónde surgen las ideas? Tanto la física cuántica como las neurociencias se hallan lidiando con problemas metafísicos, es decir, genuinamente filosóficos al hacer evidente, respectivamente, que la realidad es unitaria y que el mundo dualista es ilusión.

Wilber contextualiza histórica y filosóficamente el principal problema de Occidente pero también de la humanidad: el “yo” (ego) ha caído preso de un mundo chato dominado por el “ello” (materialismo científico), lo cual crea una crisis existencial, intelectual y filosófica al “nosotros”. El giro epistemológico, tal como argumento en La educación cuántica (Martos, 2015a) es un nuevo paradigma de conocimiento que propugna una pedagogía introspectiva como vía de empoderamiento de cada uno de nosotros. Dicho de otro modo, emprender un camino ascendente hacia la sabiduría lo cual, coincidiendo con Wilber, la meditación es su principal puerta de acceso.

Por tanto, en relación a la pregunta ¿de dónde vienen las ideas?, puedo afirmar con rotundidad que las ideas proceden de la Fuente, o Dios o Tao, da igual el nombre con el que se etiquete al innombrable. La cuestión es que, todas aquellas personas que han experimentado dicho camino interior, son seres conscientes de su propio consciencia, supraconscientes por decirlo de otra manera, y que permite tener acceso a una fuente de información si se dirige a ella en términos de humildad, sinceridad de propósito y bienintencionadamente. Todas nuestras preguntas hallan respuestas cuando, reconociendo nuestra propia ignorancia, estemos dispuestos a aprender de la Fuente que todo lo provee, porque no hay caos en el universo, todo estás ordenado pero no hemos llegado todavía a descifrar tal estado de sabiduría suprema. Quien sea que posea esa sabiduría suprema (que cada cual le ponga el nombre que quiera), sabe bien antes que nosotros, pobres criaturas racionales que obvian al Espíritu, de lo que nos conviene o no. Consecuentemente, cuando actuamos “desconectados” de la Fuente, es decir anteponemos el “ego”, cerramos una puerta a un camino de sabiduría presente en la filosofía perenne: el misticismo contemplativo. El Espíritu conoce el pasado, el presente y el futuro , y manifiesta dicho conocimiento a través de una sabia naturaleza , pero también desde la naturaleza mental que nos habla pero que pocos saben escuchar, como sabiamente nos anticipó Heráclito con el Logos. También Wilber (2005a: 67) asevera de que, la dirección de la evolución, es poner orden en el caos:

"La evolución tiene una dirección, un principio que, como suele decirse, pone orden en el caos y supone, dicho de otro modo, un impulso hacia el logro de una mayor profundidad. En este sentido, cada nuevo desarrollo supone una victoria sobre el caos que implica la aparición de un sentido y aumenta el valor intrínseco de Kosmos. Eso es precisamente lo que afirma el principio número 12, que la evolución tiende, de manera general, a moverse en la dirección de una complejidad creciente, de una diferenciación/integración creciente, de una organización/estructuración creciente, de una autonomía relativa creciente, de un telos creciente".

En el universo no hay caos, todo es Belleza y Bondad en un preciso orden en relación a la Verdad: es lo que los hombres solemos llamar Dios, o Tao, o cualquier nombre que utilicemos para designar al innombrable que, en términos filosóficos ha sido diferenciado en cuatro cuadrantes o Gran Tres, según Wilber (2005a: 167-171):

"A lo largo de millones de años, la humanidad ha ido aprendiendo lentamente a diferenciar la verdad de la apariencia [individual exterior-“ello”], la bondad de la maldad [interior colectivo-“nosotros”], la belleza de la fealdad [exterior colectivo-“ello”] y la sinceridad del engaño [individual interior-“yo”]. Las cuatro verdades son los cuatros rostros a través de los cuales se manifiesta el Espíritu mientras que los criterios de validez son las formas en que conectamos con el Espíritu, las formas en que sintonizamos con el Kosmos. (…) Son estos distintos caminos de la verdad los que nos llevan más allá de nosotros, fuera de nosotros mismos, y nos obligan a refrenar nuestro egocentrismo y adaptarnos a verdades cada vez más amplías y más profundas. Desde la sintonía a la expiación y, desde ahí, a la unidad, hasta que, en una súbita conmoción, podamos llegar a reconocer nuestro Rostro Original, el Rostro que nos insta en voz baja pero insistente a recordar la Verdad, la Bondad y la Belleza. El Kosmos nos susurra desde todos los rincones. Dejemos, pues, que la sinceridad, la verdad, la bondad y la belleza resplandezcan como el marchamo de la radiante Vacuidad que nunca estuvo –y que nunca podrá estar- lejos de nosotros. El lenguaje del “ello”, el lenguaje del “yo” y el lenguaje del “nosotros”, son tres lenguajes (…) del Gran Tres, como la moral, la ciencia y el arte o como la Bondad, la Verdad y la Belleza platónica".

Espero haber sido clarividente en mi explicaciones sobre el por qué creo que el universo no es caótico, sino que, donde vemos caos, hay un subyacente orden que cada uno de nosotros debe descubrir mediante un camino ascendente hacia la sabiduría.


Referencias:

Morgado, Ignacio. La fábrica de las ilusiones. Barcelona: Ariel, 2015

Martos, Amador. La educación cuántica. Málaga: Corona Borealis, 2015a.

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairos, 2005a.


EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA (2): En todo caos hay un orden

Publicado 30/08/2015 13:31:22  | EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA


En todo caos hay un orden

Sin lugar a dudas, no hay caos en el universo sino un orden que se manifiesta en Bondad y Belleza en una precisa relación a la Verdad. Tal proposición que tiene connotaciones de una expresión mística, bajo la lupa del conocimiento, bajo el impulso de la ciencia, tiene toda su razón de ser. No en vano, primero la filosofía, y luego las disciplinas científicas se han desvivido para hallar el orden subyacente que mueve a la naturaleza. ¿Qué es la ciencia, sino una interpretación de leyes inmanentes a la naturaleza y el orden divino? Lo que podemos “comprender” mediante la ciencia se convierte en un orden de interpretación siempre parcial de la totalidad del Ser. En efecto, la ciencia busca su verdad en el “ello”, a decir de Wilber (2005a:160-170):

"El lenguaje del “ello” es un lenguaje objetivo y neutral, un lenguaje carente de valor; es el lenguaje en suma, utilizado por las ciencias empíricas, analíticas y sistémicas (desde la física hasta la biología, la cibernética, la sociología positivista, el conductismo y la teoría de sistemas). Se trata en otras palabras de un lenguaje monológuico, de un lenguaje que monologa con “ellos”, con meras superficies".

La cuestión de fondo es que el materialista científico, desde la razón, pretende suplantar a la Razón en un alarde de soberbia. El científico materialista no niega que haya un orden bajo el aparente caos objeto de sus estudios, bien al contrario, su metodología científica estriba en descubrir el velo de la Verdad, aunque sin demasiado éxito al decir de Wilber (2005a: 48-49):

"El Bing Bang ha convertido en idealista a todo aquel que piense. Primero no había absolutamente nada, luego tiene lugar el Bing Bang y ¡he aquí que aparece algo! Esto es muy extraño. De la vacuidad más completa emerge todo el mundo de lo manifiesto. Para la ciencia tradicional esto ha supuesto un duro golpe porque impone un límite de tiempo al estúpido azar que, según se suponía, explicaba el universo. ¿Recuerda usted aquel ejemplo de los mil monos y Shakespeare, un ejemplo según el cual el azar podía dar lugar al universo ordenado? El que afirmaba que, disponiendo de suficiente tiempo, un puñado de monos aporreando las teclas de una máquina de escribir terminarían escribiendo una obra de teatro de Shakespeare. ¡Disponiendo de suficiente tiempo! La probabilidad de que, de ese modo, los monos pudieran escribir una obra de Shakespeare sería de uno entre diez elevado a cuarenta. Tal vez algo así pudiera ocurrir en un lapso de mil billones de años. Pero el hecho es que el universo no tiene mil billones de años sino sólo doce mil millones de años. Y esto ha cambiado completamente las cosas. Los cálculos efectuados por los científicos, desde Fred Hoyle hasta F.B. Salisbury, muestran de manera contundente que en doce mil millones de años ni siquiera existe la posibilidad de producir una simple enzima. En otras palabras, algo distinto al azar es lo que está empujando al universo. El azar era la tabla de salvación, el dios, de los científicos tradicionales porque servía para explicarlo todo. El azar –y un tiempo infinito- podrá llegar incluso a crear el universo. Hoy en día, sin embargo, los científicos saben que no disponen de un tiempo interminable y, en consecuencia, su antiguo dios ha fracasado miserablemente. Ese dios ha muerto, el azar no puede explicar el universo porque, de hecho, es precisamente el azar lo que el universo se está esforzando laboriosamente por superar, es precisamente el azar lo que se ve superado por el impulso autotrascendente del Kosmos. Lo cual es otra forma de decir que la autotrascendencia está integrada en el universo, que la autotrascendencia constituye uno de los cuatro impulsos de todo holón".

Cuando buscamos comprender, ya sea desde la ciencia o la filosofía hermenéutica, se presupone tácitamente un subyacente orden por descubrir en aquello que se nos presenta como caótico en términos negativos, una sentencia que tiene su correspondiente significado positivo al aseverar nuestro desconocimiento u ignorancia acerca de una determinada materia de estudio. Desde nuestra ignorancia, desde nuestra interpretación caótica, pretendemos dar un salto cualitativo hacia un conocimiento superior que ponga “orden” en nuestras ideas. Sería algo así como hallar el “eslabón perdido” que permitiera enlazar nuestro desconocimiento o ignorancia sobre una materia determinada hacia una comprensión jerárquicamente superior y hasta entonces velada a nuestros límites naturales de cognición. Esa premisa de hallar un orden cognitivo en una apariencia caótica, subyace tanto en la actitud filosófica como científica, aunque no siempre con tino según apunta Wilber (2005a: 392-394):

"La Ilustración se aprestó a la búsqueda de cualquier “eslabón perdido” de la Gran Cadena del Ser, a la búsqueda de todos los “eslabones perdidos” entre las distintas especies. ¡Y todo esto ocurría dos décadas antes de que Darwin publicara El origen de las especies! ¡Todo el mundo dedicándose a la búsqueda de eslabones perdidos! La búsqueda del eslabón perdido, por ejemplo, también estaba detrás de la investigación de los microorganismos (cuya existencia había deducido Leibniz para llenar ciertas fisuras existentes en la Gran Cadena), y lo mismo ocurrió con la creencia en la vida en otros planetas (deducida por Giordano Bruno basándose también en la Gran Cadena del Ser). Así pues, la noción de eslabón perdido no se basaba tanto en los datos empíricos científicos como en la misma idea de la Gran Cadena del Ser. Una idea por cierto neoplatónica porque, de un modo u otro, todo esto se remonta a Plotino. El Espíritu, según Plotino, es tan pleno y completo que, cuando se vuelca en la creación, lo impregna absolutamente todo, sin dejar agujeros, fisuras ni eslabones perdidos. Y la Gran Holoarquía de Plotino (figura 14.1) es la forma en que esos eslabones, o niveles, se conectan, se incluyen y se engloban mutuamente a lo largo del camino que conduce desde la materia hasta Dios. La modernidad, sin embargo, atada a un marco de referencia exclusivamente descendente, nos ofrece una visión de la evolución que concluye en la razón y nos lleva también a interpretar toda la Gran Cadena en términos meramente empíricos y naturales que nos impiden llegar a comprender y explicar el impulso autotrascendente de esta evolución que, no obstante, ¡ha terminado convirtiéndose en el dios de nuestro tiempo!".


Sin lugar a dudas, bajo toda apariencia caótica subyace un orden por descubrir, en caso contrario, ¿qué sentido tendría hacer ciencia o filosofar? Sin embargo, el caos mayor es aquel que, instalado en nuestra ignorancia, impide caminar con la razón en el sendero ascendente hacia la sabiduría. Para tal fin, es preciso emular a Descartes, quien tuvo que estructurar unas reglas del pensamiento en su Discurso del método (Descartes, 1999) , porque un pensamiento que no se piensa correctamente así mismo, es un pensamiento caótico donde reina la ignorancia.


Referencias:

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairos, 2005a.

Descartes, René. Discurso del método. Madrid : Ediciones escolares, 1999.

El Discurso del método, cuyo título completo es Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias, es la principal obra escrita por René Descartes (1596-1650) y una obra fundamental de la filosofía occidental con implicaciones para el desarrollo de la filosofía y de la ciencia. Descartes tituló esta obra Discurso del método con una finalidad precisa. En una carta que dirige a Marin Mersenne le explica que la ha titulado Discurso y no Tratado para poner de manifiesto que no tenía intención de enseñar, sino solo de hablar. Con esto Descartes trata de alejarse de cualquier problema que pudiese surgir con sus contemporáneos por las ideas vertidas en esta obra y además escapa así de una posible condena eclesiástica como había ocurrido poco tiempo antes con Galileo y cuyas ideas Descartes no consideraba desacertadas.


EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA (3): El caos es ignorancia

Publicado 01/09/2015 21:07:25  | EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA


El caos es ignorancia

Este es el tercero de una serie de artículos dedicados a la relación entre el caos y al orden. En el primero artículo, contemplé que "No hay caos en el universo". En el segundo artículo que "En todo caos hay un orden". Ahora argumentaré de que "El caos es sinónimo de ignorancia".

Lo más grave de la ignorancia como sinónimo del caos, es que puede llevar este mundo a un genocidio globalizado, según Wilber (2005a: 88):

"La ignorancia respaldada por la tecnología primordial o tribal es capaz de infligir un daño limitado, pero esa misma ignorancia apoyada por la industria es capaz de destruir la totalidad del planeta. Tenemos, pues, que separar estos dos puntos, la ignorancia y los medios de que disponemos para ejercerla, porque con la modernidad y la ciencia tenemos, por vez primera en la historia, una forma de superar nuestra ignorancia, en el mismo instante preciso en que hemos creado los medios para que esa ignorancia resulte globalmente genocida. Finalmente sabemos más pero si no actuamos en concordancia con lo que sabemos terminaremos todos muertos, lo cual aporta un nuevo significado a la frase de Confucio : Que puedas vivir en un tiempo interesante”.

La ignorancia nos puede llevar literalmente al caos. Por tanto, es a la sabiduría donde hay que poner la mirada, la misma filosofía que nos quitan de los colegios, para sustituirla por mera información, que no equivale a conocimiento, y sin conocimiento no hay pensamiento. Eudald Carbonell en el prólogo de la obra La sociedad de la ignorancia (Mayos y Brey, 2011), nos advierte de lo siguiente:

“La tecnología y su socialización generan tensiones y divisiones en nuestra estructuras ecológicas y culturales. No se ha producido, pues, una socialización efectiva del conocimiento, y ello impide que caminemos hacia la sociedad del pensamiento, tal como deberíamos hacer. Debemos trabajar en la perspectiva de generar una nueva conciencia crítica de especie. Solamente con una evolución responsable, construida a través del proceso consciente, podremos convertir el conocimiento en pensamiento, y alejarnos así de la sociedad de la ignorancia”.

Tal ignorancia perdura desde la Ilustración, según Wilber (2005a: 366):

"La rebelión postilustrada o postmoderna comenzó entre los siglos XVIII y XIX. Las profundas contradicciones inherentes al paradigma fundamental de la Ilustración no tardaron en empañar los logros positivos de la modernidad con sus deplorables secuelas negativas. Y cuando ese esplandor de la modernidad se vio eclipsado por sus miserias, “las fuerzas del eco” [Romanticismo de la naturaleza] se alzaron en contra de “las fuerzas del ego” [Ilustración racionalista] y comenzó una terrible batalla entre cuyas humeantes ruinas todavía seguimos viviendo hoy en día. Bajo la violenta ofensiva de la industrialización, la visión del mundo exclusivamente descendente (2) y la gran red de los “ellos” (3) interrelacionados –dentro de la cual todavía vivimos, nos movemos, pensamos y nos sentimos- terminaron imponiéndose a la mente moderna y postmoderna".

Una ignorancia sin buenos presagios para la humanidad, según Wilber (2005a: 442):

"El enfoque exclusivamente descendente (2) desprecia todo camino ascendente (1) y le acusa de ser el culpable de casi todos los problemas que aquejan a la humanidad y a Gaia. Pero el odio es recíproco, porque unos y otros se hallan atrapados en la misma ignorancia de dispersión y exterioridad que ha sido la auténtica causa de todos los problemas de la humanidad. Desde hace unos dos mil años, los ascendentes (1) y los descendentes (2) se hallan enzarzados en la misma batalla, una batalla en la que cada bando reclama ser la Totalidad y acusa al otro de ser el Mal, fracturando así el mundo en una pesadilla de odio y rechazo. Después de tantos años de lucha, los ascendentes (1) y los descendentes (2) siguen atrapados en la misma locura".

La locura esquizofrénica del pensamiento occidental es fundamentalmente una enfermedad de carácter epistemológico: obviar la no dualidad de la conciencia, una integración del camino ascendente con el camino descendente, un objetivo fundamentalmente perseguido por Wilber (2005a: 32) en su obra:

Los ascendentes (1) y los descendentes (2) sólo podrán salvarse, por así decirlo, uniéndose (4). Y quienes no contribuyan a esta integración no sólo destruirá la única Tierra de la que disponemos sino que también dificultan el acceso al único Cielo que, de otro modo, podríamos alcanzar.

Si vivimos en la locura esquizofrénica de un mundo exterior donde sólo hay caos e ignorancia, es preciso buscar el propio orden de cada cual en la profundidad de nuestro ser. Pero esta cuestión será aludida en un próximo artículo.


Referencias:

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairos, 2005a.

Mayos, Gonçal y Brey, Antoni. La sociedad de la ignorancia. Barcelona: Península, 2011

(1) El camino ascendente es el camino puramente trascendental y ultramundano. Se trata de un camino puritano, ascético y yóguico, un camino que suele despreciar- e incluso negar- el cuerpo, los sentidos, la sexualidad, la Tierra y la carne. Este camino busca la salvación en un reino que no es de este mundo. El camino ascendente glorifica la unidad no la multiplicidad.

(2) El camino descendente, por su parte afirma exactamente lo contrario, Éste es un camino esencialmente intramundano, un camino que no glorifica la unidad sino la multiplicidad. El camino descendente enaltece la Tierra, el cuerpo, los sentidos e incluso la sexualidad, un camino que llega incluso a identificar el espíritu con el mundo sensorial. Se trata de un camino puramente inmanente que rechaza la trascendencia.

(3) Wilber hace hincapié de que el cerebro forma parte de la naturaleza, pero la mente no forma parte del cerebro, pues la conciencia es una dimensión interna cuyo correlato externo es el cerebro objetivo. La mente es un “yo” y el cerebro es un “ello”. Sólo es posible acceder a la mente a través de la introspección, la comunicación y la interpretación. Aunque la conciencia, los valores y los significados sean inherentes a las profundidades del Kosmos (Espíritu o Naturaleza), no pueden ser encontrados en el cosmos (naturaleza), es decir, son inherentes a las profundidades interiores. Así fue como el Espíritu se suicidó y terminó convirtiéndose en un fantasma. Ese fue el motivo por el que teóricos como Foucault han atacado con tanta dureza las “ciencias del hombre” que aparecieron en el siglo XVIII, pues los seres humanos eran estudiados en sus dimensiones objetivas y empíricas y, en consecuencia, fueron reducidos a meros “ellos”.


(4) CAMINO ASCENDENTE: Camino ascendente de la conciencia personal, a saber, evolución de la conciencia como posibilidad de lograr más y más conocimientos hasta hallar la sabiduría. (Es lo equivalente a la salida del mundo de las sombras en el Mito de la Caverna de Platón).

CAMINO DESCENDENTE: Camino descendente de la conciencia transpersonal, es decir, todo el saber adquirido en el camino ascendente se revierte en la humanidad en tanto que la conciencia es transmisora de conocimientos a la vez que conciencia solidaria (transpersonal). (Es lo equivalente al retorno al mundo de las sombras en el Mito de la Caverna de Platón).


EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA (4): Busca tu propio orden

Publicado 22/09/2015 22:55:09  | EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA


Busca tu propio orden

Para comprender este artículo, recomiendo encarecidamente haber seguido mi hilo discursivo mediante la lectura cronológica de estos tres anteriores artículos: "No hay caos en el universo", "En todo caos hay un orden" y "El caos es ignorancia".


Ahora bien, ¿por dónde empezar a poner orden en nuestras ideas? ¿A quién acudir? Como hemos citado anteriormente, hay que acudir a la Fuente que lo sabe todo, incluso lo que más nos conviene. Sólo hay que dirigirse a la fuente de sabiduría con humildad y sinceridad, y preguntar sobre aquello que nos atormenta o nos preocupa. Preguntar se convierte en el método más directo para hallar soluciones a nuestros problemas o preocupaciones. Y ello se puede llevar a cabo mediante la meditación, según Wilber (2005a: 290.291):

"Los arquetipos, los auténticos arquetipos, son una experiencia meditativa imposible de comprender hasta que se realice la experiencia. No se trata de imágines que se muevan en el espacio mítico ni de conceptos filosóficos que existan en el espacio racional, sino de experiencias meditativas que aparecen en el espacio sutil. De modo que la experiencia meditativa puede proporcionarle los datos arquetipos que luego deberá interpretar. Y la interpretación más comúnmente aceptada es que usted está contemplando las formas básicas y los fundamentos del mundo manifiesto, contemplando directamente el Rostro de lo Divino. Como decía Emerson, que los intrusos se quiten los zapatos porque nos adentramos ahora en los dominios del Dios interior".

Efectivamente, en nuestro interior es donde debemos hallar las respuestas, donde se nos está permitido contemplar el Rostro de lo Divino, algo que los modernos investigadores desdeñan como “mera metafísica” porque no puede ser demostrado. Una cuestión que Wilber (2005a: 292-293) rebate con la siguiente argumentación:

"Pero el hecho es que, para ello [contemplar el Rostro de lo Divino mediante los arquetipos], usted debería llevar a cabo el experimento y descubrir los datos por sí mismo y luego tendría que interpretarlos. Si no lleva a cabo el experimento –la meditación, el modelo, el paradigma- carecerá de los datos necesarios para llevar a cabo la interpretación. Si usted trata de explicarle a alguien que se halle en la visión mágica o mítica del mundo que la suma de los cuadrados de los catetos de un triangulo rectángulo es igual al cuadrado de la hipotenusa, no llegará muy lejos, porque se trata de un algo ajeno al mundo empírico y que carece, en consecuencia, de localización simple. Y no por ello, sin embargo, su afirmación dejará de ser completamente cierta. Usted está realizando un experimento matemático en el interior de su conciencia, una experiencia cuyos resultados pueden ser verificados por quienes lleven a cabo el mismo experimento. Se trata de algo público, reproducible y falseable, de un conocimiento comunal cuyos resultados existen en el espacio racional del mundo y pueden ser fácilmente corroborados por todos aquellos que realicen el experimento. Y esto mismo es aplicable para cualquier otro tipo de experiencia interior de la conciencia, de los cuales la meditación es uno de los más antiguos, estudiados y reproducidos. Mantener, pues, una actitud escéptica es sumamente saludable, pero yo le invito a llevar a cabo ese experimento interior conmigo, a descubrir los datos por sí mismo, y luego le ayudaré a interpretarlos. Pero, en el caso de que no quiera llevar a cabo el experimento, no deberá reírse de quienes sí lo hacen".

Por tanto, es posible poner orden a nuestras inquietudes, que todos las tenemos, con una actitud meditativa y así dar respuestas a nuestras más profundas preguntas. Todos tenemos preguntas por resolver, ya sean de carácter existencial, intelectual o emocional. Y todas ellas pueden tener respuesta (Wilber, 2005b: 15-16):

"G.Spencer Brow, en su notable libro Laws of form, dijo que el nuevo conocimiento llega cuando simplemente tienes en mente lo que necesitas saber. Sigue manteniendo el problema en tu mente y acabarás resolviéndolo. La historia de los seres humanos ciertamente testifica este hecho. Un individuo se topa con un problema y simplemente se obsesiona con él hasta que consigue resolverlo. Y lo divertido es que el problema se resuelve siempre. Antes o después, el problema cede. Puede requerir una semana, un mes, un año, una década, un siglo o un milenio, pero el Kosmos es tal que las soluciones siempre acaban llegando. Durante millones de años la gente miraba la luna y quería caminar sobre ella…Creo que cualquier persona competente es capaz de tener los problemas en su mente hasta que éstos ceden y revelan sus secretos; lo que no todo el mundo posee es la pasión, la voluntad o la insana obsesión necesarias para poder mantener el problema durante el suficiente tiempo o con la intensidad necesaria".

Llevo toda mi vida haciéndome preguntas para intentar comprender este caótico mundo. Y si una cosa he aprendido es que, efectivamente, las respuestas llegan pregunta tras pregunta. Sin embargo, cada respuesta que me ha sido revelada desvela un nuevo significado dentro de una complejidad mayor. Como diría Einstein: “Cada día sabemos más y entendemos menos”. Principalmente, porque se ha obviado integrar los dos modos de saber (Wilber, 2005c): el método científico (dualidad sujeto-objeto) que ha dominado la filosofía tradicional del pensamiento occidental, y el misticismo contemplativo (no dualidad sujeto-objeto) propuesto por la filosofía perenne. Indudablemente, la meditación puede poner orden en nuestra vida e inquietudes porque, esencialmente, así como el caos es a la ignorancia, el orden es a la sabiduría.

Referencia:

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairos, 2005a.

Wilber, Ken. Sexo, Ecología, Espiritualidad. Madrid: Gaia Ediciones, 2005b.

Wilber, Ken. El espectro de la conciencia. Barcelona: Kairós, 2005c


EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA (5): El orden es sabiduría

Publicado 24/09/2015 22:39:47  | EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA


El orden es sabiduría

Para comprender este artículo, recomiendo encarecidamente haber seguido mi hilo discursivo mediante la lectura cronológica de estos cuatro anteriores artículos: "No hay caos en el universo", "En todo caos hay un orden", "El caos es ignorancia" y "Busca tu propio orden".

Cuando la ignorancia que subyace en toda visión caótica del mundo es trascendida mediante el saber, se logra entonces un orden superior de conocimiento, un paso hacia la sabiduría. Y a mayor profundidad en el conocimiento, mayor sabiduría. ¿Equivale ello a afirmar que una persona culta, inteligente o con un gran bagaje intelectual es inherentemente una persona sabia? No necesariamente. La sabiduría es un proceso ascendente muy loable pero que, sin embargo, está inexpugnablemente asociada a la ética entro otras condiciones, según Wilber (2005a: 317):

"El secreto fundamental de las escuelas no duales consiste en que no hay modo de elaborar una forma de acercarse más a Dios porque sólo hay un Dios. Pero al mismo tiempo, todo esto tiene lugar dentro de un marco de referencia ético, de modo que usted no puede jugar a ser un Vagabundo del Dharma y decir que está en la no dualidad. De hecho, en la mayor parte de estas tradiciones [no duales] usted debe dominar los tres primeros estadios del desarrollo transpersonal (psíquico, sutil y causal) antes de que le sea permitido incluso hablar del cuarto estado no dual. En todos esos casos, pues, la “loca sabiduría” ocurre en una atmósfera rigurosamente ética. Pero lo verdaderamente importante es que, en las tradiciones no duales, usted se compromete, mediante un voto muy sagrado –un voto que es, al mismo tiempo, el fundamento de toda su práctica-, a no desvanecerse en la cesación, a no ocultarse en el nirvana. (…) Con este voto, usted se compromete a cabalgar la ola del samsara hasta que todos los seres atrapados en ella puedan reconocerla como una manifestación de la Vacuidad, se compromete a atravesar la cesación y la no dualidad tan rápidamente como sea posible, para poder ayudar a todos los seres a reconocer lo No Nacido en medio de la misma existencia. (…) La iluminación es, en realidad, primordial, pero esta iluminación perdura y usted nunca deja de ser uno con todos los cambios de forma que aparecen de continuo".

Así pues, ¿cuál es el fin último de la sabiduría como camino ascendente? Como no puede ser de otra manera, la integración con lo descendente, con la compasión. Como se ha visto, los ascendentes y los descendentes no integrados son el fundamental problema epistemológico de Occidente, y ahora toca realizar la integración (Wilber, 2005a: 334):

Pregunta: Usted relaciona esta integración entre la sabiduría y la compasión.
Ken Wilber: Sí. Esto es algo que podemos advertir tanto en Oriente como en Occidente. El camino de ascenso desde los muchos hasta el Uno es el camino de la sabiduría, porque la sabiduría ve que detrás de todas las formas y la diversidad de los fenómenos descansa el Uno, el Bien, la incalificable Vacuidad frente a la cual todas las formas devienen ilusorias, fugaces e impermanentes. La sabiduría es el camino de regreso de los muchos hasta el Uno. Como dicen en Oriente, prajna, la sabiduría, nos permite ver que toda Forma es Vacuidad. El camino de descenso, por su parte, es el camino de la compasión, porque el Uno se manifiesta realmente como los muchos y, en consecuencia, todas las formas deben ser tratadas con el mismo respeto y compasión. La compasión, o bondad es, de hecho, el mecanismo mismo de la manifestación. El Uno se manifiesta como los muchos a través de un acto de compasión y caridad infinita y nosotros debemos aceptar a los muchos con la misma exquisita compasión y respeto con la que nos dirigimos al Uno. Como dicen en Oriente, Karuna, la compasión, nos permite ver que la Vacuidad es Forma. El hecho histórico fundamental es que los grandes sistemas no duales de Plotino, en Occidente, y de Nagarjuna, en Oriente, insisten en la necesidad de equilibrar e integrar esos dos movimientos. La corriente ascendente o trascendental de la sabiduría, Eros o prajna, debe ser armonizada por la corriente descendente o inmanente de la compasión, Agape o karuna. Y la unión entre esas dos corrientes, la unión entre el Uno y los muchos, entre la Vacuidad y la Forma, entre la sabiduría y la compasión, en el corazón no dual de Un Solo Sabor, constituye el origen, el fin y el sustrato de toda auténtica espiritualidad.

Referencia:

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairos, 2005a.


EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA (6): La sabiduría es amor

Publicado 30/09/2015 23:34:16  | EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA


La sabiduría es amor

Con este artículo, concluyo una serie de seis publicaciones cronológicas sobre el "orden" y el "caos". Para aprehender el hilo discursivo de mis pensamientos, ruego la lectura de los cinco anteriores artículos: "No hay caos en el universo", "En todo caos hay un orden", "El caos es ignorancia", "Busca tu propio bien" y "El orden es sabiduría".

Toda persona que haya iniciado un sendero de sabiduría, acaba convergiendo en el amor (Wilber, 2005a: 443):

"La solución consiste en llegar a unificar y armonizar, de algún modo, estas dos corrientes, de forma que la sabiduría y la compasión puedan aunar sus esfuerzos en la búsqueda de un Espíritu que trascienda e incluya este mundo, un Espíritu eternamente anterior y que, no obstante, englobe este mundo y todos sus seres con un amor, una compasión, un cuidado y un respeto infinitos, la más tierna de las misericordias y la más resplandeciente de las miradas".

Concluyendo, la sabiduría y el amor no pueden ser encapsulados y prescritos por un médico, sino que deben ser aprehendidos consciente y prácticamente por todo sincero buscador de la verdad. Porque no hay mayor verdad que el amor (espiritualidad), y el amor a la verdad es el camino (filosofía), todo un reto de integración entre la razón (yo) y el espíritu (nosotros) con la salvaguarda de la naturaleza (ello). Integrar el Gran Tres es el reto todavía pendiente para la humanidad desde que fue diferenciado por Kant mediante sus Tres críticas. El gran mérito de Wilber desde la perspectiva de la historia de la filosofía, es haber delineado los cuatro Rostros del Espíritu mediante los cuatro cuadrantes, es haber cartografiado los caminos de la evolución de la conciencia y haber señalado la profundidad que debe ser descubierta por cada uno de nosotros mediante la meditación. Wilber también nos describe un mundo chato dominado por el materialismo científico que impide con su dogmatismo epistemológico la integración con el Espíritu. No obstante, Wilber nos deja un análisis hermenéutico de la historia del pensamiento y de la evolución de la conciencia como pocos en el mundo, no en vano, es considerado como el “Einstein” de la conciencia.

Mi humilde labor en esta serie de artículos es apoyarme en el andamio epistemológico y hermenéutico estructurado por este inconmensurable pensador contemporáneo y, cuya obra, está siendo marginada por el establischment académico oficial. En la historia de la filosofía ha habido inconmensurables pensadores como Aristóteles, Platón y Kant entre los más grandes. Wilber no debería ocupar un rango menor pues su extensa y exhaustiva obra incluye y trasciende a todos los anteriores pensadores a él. Una trascendencia que solamente puede ser experimentada e interpretada en la profundidad de la conciencia mediante la meditación.

Como apunta Wilber, todo cambio se presenta bajo los cuatro cuadrantes, y por tanto, habrá que comenzar a pulir el diamante en bruto que todos nosotros tenemos en el fondo de nuestro ser (“yo”, interior individual) mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez, un sendero de sabiduría que permitiría la integración de todos “nosotros” en una comprensión mutua (interior colectivo) y, entre todos, cambiar entonces el ajuste funcional de un sistema social (“ello”, exterior individual y colectivo) inmerso en un mundo chato o “viejo mundo”. Así fue como anduve un camino intentando rastrear la disociación entre el “yo”, el “nosotros” y el “ello” en este convulso mundo que nos ha tocado vivir.


Referencia:

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairos, 2005a.



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"Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos, no obstante el regalo más valioso que se le puede dar,
es desarrollarles la conciencia" (John Gay, dramaturgo inglés).


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